30 diciembre 2013

El husitismo después de Hus (II)

Francisco Javier Bernad Morales

Tabor se había convertido en un centro de atracción al que acudían siervos, campesinos, criados y hasta pequeños nobles empobrecidos. Allí, bajo la dirección de clérigos milenaristas encabezados por Martín Huska, se constituyó una sociedad en la que estaba proscrita la propiedad privada y en la que el pueblo elegía a los magistrados encargados de repartir, según las necesidades, los recursos disponibles. También la Iglesia experimentó una notable transformación. En primer lugar, el puesto de obispo se hizo electivo, si bien solo los sacerdotes tenían en este caso derechos electorales; pero pronto las cosas fueron más allá, pues tendió a borrarse la diferencia entre laicos y eclesiásticos, ya que se consideró que la ordenación carecía de importancia frente al hecho de vivir de acuerdo con Cristo[1]. En consecuencia, todos los fieles podían administrar los sacramentos. Ya en la primavera de 1420 este modelo revolucionario de administración se extendió a Pisek y Vodnany. Nicolás de Hus[2], nombrado hetmán (comandante) del ejército taborita, entendía su misión como una guerra santa contra los pecadores, en la que no cabía tomar botín ni hacer prisioneros.

Como es lógico, la nobleza y la burguesía praguense intentaron enseguida marcar distancias con el radicalismo de Tabor. Con este objetivo, ya en 1420, plasmaron su programa por escrito en los llamados cuatro puntos de Praga: libertad de predicación, comunión bajo las dos especies, pobreza de los clérigos y castigo de los pecados públicos por el poder civil. Sin embargo, la actitud del rey Segismundo, quien solo veía en unos y otros a súbditos rebeldes, y del papa Martín V, que llamó a la cruzada contra los herejes, propició una alianza entre los moderados, conocidos como utraquistas, y los revolucionarios taboritas. El 14 de julio, en la colina de Vítkov de Praga, los husitas, mandados por Juan Zizka, alcanzaron la primera victoria sobre los cruzados.

Zizka[3], que pronto se convirtió en un rival de Nicolás de Hus, al contrario que este, no parecía influido por el milenarismo y respetaba la vida de los prisioneros, así como permitía a sus hombres apoderarse del botín en lugar de destruirlo. Llegó incluso a pactar treguas con el enemigo. Tras consolidar su prestigio con una serie de victorias en el sur de Bohemia que le llevaron a ocupar diversas ciudades y castillos, se enfrentó con los sacerdotes taboritas al proponer que se ofreciera el trono al rey de Polonia. La muerte repentina de Nicolás de Hus evitó un choque entre ambos.

Después de la victoria de Praga, los sospechosos de apoyar el catolicismo fueron expulsados de la ciudad, en tanto que sus bienes quedaban confiscados. Sin embargo, estos no pasaron a engrosar una caja común, como era el deseo de los taboritas, sino que aumentaron la riqueza de los dirigentes utraquistas. Con ocasión de la discusión sobre los cuatro puntos, con la finalidad de establecer un programa común, la tensión entre ambos sectores subió de tono, ya que los radicales pretendieron incluir entre los pecados mortales que debían ser castigados por la autoridad civil, los vestidos suntuosos, la embriaguez y los abusos en el comercio. Exigieron, asimismo, que la Ciudad Vieja, donde se hallaba la universidad y dominaban los utraquistas, fuese gobernada según la autoridad de la Biblia. Tras numerosos incidentes, el 22 de agosto, los taboritas abandonaron Praga, frustrados por no haber podido imponer sus concepciones.





[1] MACEK, Joseph, La revolución husita, Madrid, Siglo XXI, 1975, p. 111
[2] No tenía ningún parentesco con Jan Hus.
[3] Miembro de la pequeña nobleza, había participado como mercenario en los enfrentamientos entre distintos bandos señoriales, y luego se había unido al ejército polaco de Ladislao Jagellón en su lucha contra los Caballeros Teutónicos.

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