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27 enero 2024

Reflexión sobre el Holocausto

Francisco Javier Bernad Morales

Con motivo de la celebración del Día de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto, quiero compartir con ustedes una breve reflexión sobre aquel acontecimiento.

El nazismo, como toda ideología racista, se fundamenta en la convicción de que la especie humana se divide en razas dotadas por naturaleza de capacidades y aptitudes diferentes, lo que permite jerarquizarlas. Según esta visión, ampliamente compartida por los europeos y los eurodescendientes, a los blancos puros les correspondería el grado más alto de desarrollo racional y moral, en tanto que el resto de los pueblos se hallarían más próximos a la animalidad, sujetos a impulsos y pasiones que difícilmente alcanzan a controlar. De esta manera se justificaban las pretensiones de dominio sobre los territorios eslavos, cuyas poblaciones se suponían mezcladas con elementos asiáticos. Sin embargo, la visión nacionalsocialista de los judíos va más allá de lo que podríamos denominar racismo clásico. Para Hitler los judíos, según expone en Mein Kampf, no constituyen meramente una raza inferior, sino que, en una concepción totalmente maniquea, son el reverso del ario. Mientras que este encarna las fuerzas luminosas y creativas, el judío es el elemento oscuro y destructor, que se enfrenta con el primero en un combate escatológico que solo puede concluir con la destrucción de uno de ellos. El judío, por su propia naturaleza, sin que en ello intervenga su voluntad, segregaría, del mismo modo que los microorganismos producen toxinas, los elementos disgregadores de la sociedad. La lista de estos es amplia y contradictoria. Incluye el igualitarismo, la compasión, el feminismo, la democracia, la pornografía, la prostitución, la homosexualidad, el capitalismo financiero, el socialismo, y también, aunque eso a menudo se ocultara de cara al exterior, el cristianismo. Todos ellos serían fruto de la naturaleza del judío como la peste lo es de la bacteria Yersinia pestis. Por eso el trato dado a los judíos es distinto. Mientras que el Generalplan Ost contempla, mediante la muerte y la deportación, una drástica reducción del número de eslavos y la ocupación de sus tierras por colonos arios; para los judíos no se prevé otra cosa que la aniquilación total. La derrota de Alemania fue vivida por el núcleo nazi más ideologizado como el triunfo del mal. Así lo sintieron el ministro de Propaganda Joseph Goebbels y su esposa Magda, hasta el extremo de que envenenaron a sus seis hijos antes de suicidarse. Como ella había escrito pocos días antes del crimen: «Nuestra magnífica idea se hunde, y con ella todo lo hermoso, admirable, noble y bueno que he conocido en mi vida. Vivir en el mundo que viene después del Führer y del nacionalsocialismo ya no vale la pena» (Carta de Magda Goebbels a Harald Quandt, 28 de abril de 1945).

27 enero 2022

Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto

Hoy, 27 de enero, aniversario de la liberación de Auschwitz, conmemoramos a las víctimas del Holocausto, del intento de exterminio del pueblo judío, llevado a cabo por la Alemania nazi. Para recordarlas hemos escogido el testimonio de una superviviente: Odette Elina que nació en París en 1910 y perdió a su padre y su hermano menor, asesinados en el Holocausto. Ella misma fue deportada a Auschwitz en abril de 1944.

Esta mañana vinieron a buscar a cien mujeres a nuestro block...
Como siempre, en casos similares, no sabíamos si nos conducirían al horno, al control de piojos o a otro Lager.
Sería un día mucho más triste de lo que habíamos previsto. Debíamos conducir hasta Auschwitz cien carritos de bebé.
Los había de todo tipo. Grandes, bajos, viejos, modernos, bonitos, pobres. Pero aún guardaban la tibieza de los bebés que habían cobijado y que acababan de ser quemados.
Las almohadas conservaban la forma de sus pequeños cráneos. Aquí y allá colgaba un gorro, una manta bordada, un babero.
Para hacer aquel trayecto habían escogido a cien mujeres.
Cien mujeres que eran madres o que hubieran podido serlo,
Cien mujeres cuya razón de vida hubiera podido ser la maternidad.
Cien mujeres temblaron de horror al contacto con algo que es suave, siempre, por encima de todas las cosas.
Cien mujeres tocaron el fondo del desamparo y de la desesperación.

Elina, Odette (2008), Sin flores ni coronas. Auschwitz-Birkenau, 1944-1945, Cáceres, Periférica, p. 24.

Nosotros tenemos la obligación de mantener vivo el recuerdo de las víctimas. Se lo debemos a ellas y a su inmenso sufrimiento; pero también a nosotros mismos, a nuestros hijos y nietos, para que jamás aquello pueda repetirse.

Oremos porque nunca más el odio, el racismo y la xenofobia nos impiden reconocer el rostro de nuestro prójimo.