Mostrando entradas con la etiqueta esperanza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta esperanza. Mostrar todas las entradas

21 enero 2025

Fuisteis extranjeros en el país de Egipto. Reflexiones sugeridas por la lectura de "Esperanza"

Francisco Javier Bernad Morales

Comienza la autobiografía del papa Francisco con un relato estremecedor: el de un naufragio, el del trasatlántico Principessa Mafalda que hacía el trayecto entre Génova y Buenos Aires, hundido el 25 de octubre de 1927 frente a la costa brasileña. No era un buque lujoso, aunque lo había sido en unos tiempos ya lejanos, antes de que la falta de mantenimiento lo convirtiera en un mamotreto flotante en el que trasladar a gentes ansiosas por rehacer su vida en otro mundo, lejos de la miseria. Para ese barco habían sacado pasaje Giovanni Bergoglio, su esposa Rosa y su hijo Mario, pero la imposibilidad de vender sus escasos bienes antes de la partida, los llevó a aplazar el viaje. Saldrían finalmente el 1 de febrero de 1929. Andando el tiempo, Mario se casaría con otra hija de inmigrantes, Regina, y de ellos nacería en 1936 su primer hijo, Jorge Mario.

Es un recuerdo familiar que conduce a la evocación de otras tragedias. La del Sirio, también hundido, o las quizá aún más espeluznantes, los muertos por hambre en el Matteo Bruzzo y el Carlo Raggio, por asfixia en el Frisca o por cólera en el Remo. Francisco menciona solo barcos italianos, pero no parece aventurado suponer que los españoles, los griegos, los irlandeses, los polacos, etc. viajaban en parecidas condiciones y experimentaban los mismos padecimientos. Aunque ha transcurrido un siglo desde entonces, no son hechos del pasado, sino que continúan sucediendo cada día ante nuestros ojos. Hay diferencias, claro está. Ahora disponemos de medios tecnológicos que nos muestran en nuestra propia casa, en nuestro propio teléfono móvil, los rostros de las víctimas. Ahora podemos contemplar en directo su sufrimiento. Son imágenes desgarradoras que enseguida olvidamos. Quizá la visión cotidiana del horror haya embotado nuestra sensibilidad. Compiten además por nuestra atención con otras más amables y en apariencia intrascendentes.  Pero no nos engañemos, solo lo son en apariencia, pues cumplen una función: la de cegarnos ante el abismo que se abre a nuestro alrededor. Hay otra obvia diferencia. En aquel tiempo eran los europeos, en particular los del sur y el este, así como los irlandeses, quienes emigraban. Hoy nuestros países, Italia y España, están entre los que se han convertido en el destino soñado por los desheredados.

Entonces, como ahora, la realidad distaba mucho del atractivo cuadro pintado por los agentes de inmigración que recorrían aldeas y pueblos contando las maravillas de ultramar, relatando historias de éxito frecuentemente falsas y ocultando los fracasos y sufrimientos. Muchos jornaleros, arrendatarios y obreros se dejaban seducir por un espejismo. Otros, más escépticos, se decidían también a emprender la aventura: al fin y al cabo lo peor que les podría ocurrir ―pensaban― sería seguir pasando hambre. La emigración no ofrecía certezas, sino simplemente una esperanza, por leve que fuera, de mejora. Tras haber gastado a menudo sus pocos recursos en el viaje, al llegar a Buenos Aires, después de la desinfección y un examen médico, les aguardaba un barracón cenagoso de madera carcomida, eufemísticamente denominado Hotel de Inmigrantes, en el que podían permanecer un máximo de cinco días, un tiempo que se suponía suficiente para encontrar trabajo. Los abuelos de Francisco tuvieron suerte. Otros familiares los habían precedido y los acogieron.

Por eso ―cuenta Francisco― en su primer viaje como pontífice, acudió a Lampedusa, esa pequeña isla italiana del centro del Mediterráneo, a la que, procedentes de África, llegan tantos inmigrantes con riesgo de su vida, tras haber dejado atrás entre las olas a muchos otros compañeros menos afortunados.

Se trata, como se ha señalado, de una historia plenamente actual que nos llama a reflexionar sobre nuestra responsabilidad como habitantes del mundo desarrollado ante quienes, procedentes del sur global, abandonan una tierra que no les ofrece perspectivas para proyectos de futuro. El recuerdo de ese tiempo, en términos históricos reciente, en que los europeos buscábamos en otras tierras el sustento que en nuestro suelo se nos negaba debiera bastar para que grabáramos en nuestro corazón el mandato del Éxodo: «No molestarás al extranjero ni le oprimirás, pues extranjeros fuisteis vosotros en el país de Egipto» (Éx 22,21). Porque el pueblo de Israel sufrió maltrato y opresión en tierra extraña se le ordena no que pague con la misma moneda, sino justamente que haga lo contrario: que acoja al extranjero: «Como a uno de vuestros indígenas habéis de considerar al extranjero que con vosotros es huésped y le amarás como a ti mismo, pues extranjeros habéis sido en el país de Egipto» (Lv 19,34). Nuestro comportamiento, sin embargo, incluso el de muchos que nos consideramos cristianos y hasta frecuentamos la iglesia y recibimos los sacramentos, se aleja con frecuencia del mandato divino. Cada día hallan más eco las voces que señalan al inmigrante como una amenaza para nuestro bienestar y nuestra identidad colectiva, y, en consecuencia, preconizan la erección de barreras defensivas de orden legal y hasta físico. Cabe decir, remedando a los animales rebeldes de Orwell: «Todos los hombres son hermanos, pero unos son más hermanos que otros»

Ciertamente, los seres humanos vivimos necesariamente en comunidad y poseemos, por tanto, identidades colectivas. Son estas múltiples como también lo son las comunidades a que pertenecemos, aunque, como es natural, plantean grados de compromiso y exigencia muy variables. Ser socio de un club deportivo o miembro de una asociación de antiguos alumnos no es equiparable a pertenecer a una confesión religiosa o poseer una nacionalidad. Todas ellas tienen, sin embargo, en común el establecer lazos de cohesión entre sus miembros y, al mismo tiempo, definir una frontera que los separa del exterior. El mundo queda así dividido en dos grupos: nosotros y los otros.

Desde el siglo XIX la nación se convierte en el referente cardinal de la identidad colectiva y cala de tal manera en las conciencias que permea incluso el universalismo católico y el internacionalismo revolucionario. La consigna «los proletarios no tienen patria» contenida en el Manifiesto Comunista deja paso, ante la creciente amenaza de la Alemania hitleriana, a «la Unión Soviética es la patria del proletariado». En consecuencia, el objetivo de la III Internacional se desplaza desde la propagación mundial de la revolución a la defensa de la Unión Soviética, En el interior, en tanto, se reaviva el espíritu patriótico mediante el recurso a grandes mitos del nacionalismo ruso, como el príncipe Alejandro Nevski, canonizado por la Iglesia ortodoxa y símbolo de la victoria sobre el expansionismo germánico de los caballeros teutónicos. A él le dedicó Eisenstein en 1938 una película que sería galardonada con el premio Stalin.

En la estela del romanticismo alemán, una multitud de historiadores, folkloristas, filólogos y pensadores en general se habían lanzado a la búsqueda de los rasgos definitorios del Volksgeist, el espíritu propio que singulariza a cada pueblo y se transmite de generación en generación, pero que solo alcanza la plenitud de sus posibilidades cuando el Volk se constituye como estado nación. Charles Maurras, líder de Action Française, un literato y político agnóstico, antialemán ―aunque colaboracionista durante el régimen de Vichy― y más clásico que romántico, verá en el catolicismo un elemento esencial del espíritu nacional; de ahí extraerá el corolario de que protestantes y judíos no son auténticos franceses, sino traidores, cuando no en acto, al menos en potencia. Que Dreyfuss hubiera o no cometido la acción que se le imputaba era, en realidad,  irrelevante frente al innegable hecho de que era judío. En nuestro país, una corriente de pensamiento en la que destacan como figuras eminentes Menéndez Pelayo y Ramiro de Maeztu, ambos (el segundo en su madurez), al contrario de Maurras, sinceramente católicos, interpretará España como una nación forjada en la lucha secular contra judíos, musulmanes y protestantes, a la que la Providencia ha elegido para llevar el Evangelio a los confines del mundo. La nación no es para ellos una forma transitoria de organización social, sino una realidad dotada de unos caracteres específicos que la diferencian de las demás naciones, se hunden en un pasado remoto y están llamados a perpetuarse a través de los siglos en cumplimiento de un destino propio ―«Sobre España inmortal, solo Dios», escribió el doctor Albiñana, fundador del Partido Nacionalista Español―. De hecho, la nación deviene un ídolo y la distinción entre nosotros y los otros, inherente a toda identidad colectiva y en general inofensiva ―los no socios no pueden participar en determinadas actividades―, se torna en una oposición de carácter absoluto. La comunidad no solo se cierra sobre sí misma y restringe a sus miembros los lazos de solidaridad ―primero debemos satisfacer las necesidades de los nuestros y, en todo caso, luego atenderemos a los otros―, sino que expulsa de su seno a quien no comparte los rasgos que supuestamente la diferencian. Si aceptamos con Menéndez Pelayo y Ramiro de Maeztu que el catolicismo es elemento esencial del ser español, se impone una consecuencia lógica: el no católico, sea cual fuere su origen, no puede ser aceptado como miembro legítimo de la comunidad nacional.

El inmigrante aparece como el otro, siempre mirado con suspicacia. En momentos de dificultades será el chivo expiatorio sobre el que cargar las frustraciones de la comunidad: tiene otras costumbres, nos quita el trabajo, vive de los servicios sociales, es un delincuente… Pero Jesús, cuando le preguntan ¿quién es mi prójimo? nos conduce a una respuesta inesperada que parece desafiar el sentido común. Nuestro prójimo resulta ser el samaritano (Lc 10, 25-37), por tanto, el otro. Pero ¿por qué lo elige a él y no a un gentil como símbolo de la alteridad? Sin duda, porque pertenece a una comunidad despreciada. Aunque quizá haya más razones. La frontera mental entre el gentil y el judío es evidente, pero el samaritano se sitúa en una zona ambigua. Él también es monoteísta y da culto a Yahveh, su libro sagrado es la Torá (el Pentateuco) y su profeta, Moisés. Hay, claro está, diferencias: rechaza los Profetas y los Escritos ―que junto a la Torá constituyen el Tanaj (la Biblia judía)― y su templo no se yergue en Jerusalén, sino en el monte Gerizim.  En realidad, es alguien cercano, tanto que un observador desprevenido quizá lo tomara por uno de nosotros. Por eso, para evitar que su alteridad se difumine, los muros levantados contra él son más altos y más gruesos. No es algo que deba sorprendernos. Los cristianos no nos hemos comportado de distinta manera. También nosotros hemos construido barreras para separarnos no solo de los paganos o de los judíos y musulmanes, sino también de los herejes, es decir, de aquellos que declarándose seguidores de Cristo no comparten algunas de nuestras creencias: el católico contra el protestante y el protestante contra el católico. Nuestra historia rezuma sangre derramada en nombre de Cristo. Pero Jesús no quiere eso, él dialoga con la samaritana (Jn 4), no nos llama a erigir muros, sino a derribar las barreras de la alteridad. Nos dice: el herido es tu hermano, no desvíes tu camino, no apartes la vista, no le preguntes por su patria, por su lengua o por su Dios; míralo al rostro y socórrelo.

19 noviembre 2024

Nuevo libro del Papa Francisco

Les ofrecemos la sinopsis del nuevo libro del Papa Francisco La esperanza no defrauda nunca.

Sinopsis

En este libro centrado en el Jubileo de 2025, el papa Francisco nos invita a caminar juntos hacia un futuro cargado de retos y esperanza. A través de seis rostros —una mujer embarazada, un pobre, un migrante, un civil atrapado en una guerra, y el rostro de un abuelo y su nieto—, Francisco reflexiona sobre las grandes preguntas que atraviesan nuestro tiempo: la familia, la desigualdad, las migraciones, los conflictos armados y el diálogo entre generaciones. También aborda los retos más actuales: desde la inteligencia artificial, que plantea preguntas éticas urgentes, hasta la crisis climática, que nos pide repensar cómo vivimos y proteger nuestra casa común. Nos recuerda que la esperanza no es una emoción pasajera, sino un regalo que nos sostiene, y que requiere cuidado y compromiso. Esa esperanza no se queda quieta, nos empuja a avanzar con fuerza, como el viento en la vela. Con todo, nos lanza una propuesta valiente: hacer de la esperanza una tarea colectiva, convertirla en gestos concretos de justicia, amor y solidaridad que transformen la realidad.



28 octubre 2014

Encuentro con Jesús

Zaida C. de Ramón

Nunca olvidaré aquel día
cuando a mi vida llegaste
en tinieblas yo me hallaba,
mas Tú mi senda alumbraste.

Entre multitud de gente
vagaba sin esperanza
como un barco a la deriva
naufragando, iba mi alma.

A inquirir comencé un día
¿qué pasaba? no sabía
entre temores y dudas,
existía mas no vivía.

¿Qué pasa conmigo, Dios?
¿Qué es lo que me está pasando?
Quiero reír y no puedo;
siempre termino llorando."

"Ayúdame mi buen Dios; "
ayúdame, te lo pido
sana ya mi corazón
y llena hoy mi vacío."

Al momento algo ocurrió;
Su Palabra El enviaba
"Soy la luz", dijo el Señor;
por una piedra me hablaba

Mi corazón se alumbró;
comprendí lo que pasaba
Al instante me rendí
pues JESÚS me visitaba.

Desde entonces soy feliz;
tengo paz y tengo gozo
si me persiguen y ofenden,
como JESÚS, yo perdono.

Hoy oro, canto y alabo
a mi Salvador bendito
no me canso de adorar a mi Dios,
pues El lo hizo.

¡Gloria doy a mi Señor!
¡Gloria al Espíritu Santo!
¡Gloria al Padre que me dió
lo que yo estaba anhelando.

¿Quieres tú también lo mismo?
¿Ansías vivir un cambio?
Ven hoy a mi Salvador,
mi JESÚS te está esperando.



06 octubre 2014

Que nuestro deseo de la vida eterna se ejercite en la oración

San Agustín

De la carta de San Agustín, obispo, a Proba
Carta 130,8,15.17- 9,18

¿Por qué en la oración nos preocupamos de tantas cosas y nos preguntamos cómo hemos de orar, temiendo que nuestras plegarias no procedan con rectitud, en lugar de limitarnos a decir con el salmo: Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo? En aquella morada, los días no consisten en el empezar y en el pasar uno después de otro ni el comienzo de un día significa el fin del anterior; todos los días se dan simultáneamente, y ninguno se termina allí donde ni la vida ni sus días tienen fin.

Para que lográramos esta vida dichosa, la misma Vida verdadera y dichosa nos enseñó a orar; pero no quiso que lo hiciéramos con muchas palabras, como si nos escuchara mejor cuanto más locuaces nos mostráramos, pues, como el mismo Señor dijo, oramos a aquel que conoce nuestras necesidades aun antes de que se las expongamos.

Puede resultar extraño que nos exhorte a orar aquel que conoce nuestras necesidades antes de que se las expongamos, si no comprendemos que nuestro Dios y Señor no pretende que le descubramos nuestros deseos, pues él ciertamente no puede desconocerlos, sino que pretende que, por la oración, se acreciente nuestra capacidad de desear, para que así nos hagamos más capaces de recibir los dones que nos prepara. Sus dones, en efecto, son muy grandes, y nuestra capacidad de recibir es pequeña e insignificante. Por eso, se nos dice: Ensanchaos; no os unzáis al mismo yugo con los infieles.

Cuanto más fielmente creemos, más firmemente esperamos y más ardientemente deseamos este don, más capaces somos de recibirlo; se trata de un don realmente inmenso, tanto, que ni el ojo vio, pues no se trata de un color; ni el oído oyó, pues no es ningún sonido; ni vino al pensamiento del hombre, ya que es el pensamiento del hombre el que debe ir a aquel don para alcanzarlo.

Así, pues, constantemente oramos por medio de la fe, de la esperanza y de la caridad, con un deseo ininterrumpido. Pero, además, en determinados días y horas, oramos a Dios también con palabras, para que, amonestándonos a nosotros mismos por medio de estos signos externos, vayamos tomando conciencia de cómo progresamos en nuestro deseo y, de este modo, nos animemos a proseguir en él. Porque, sin duda alguna, el efecto será tanto mayor, cuanto más intenso haya sido el afecto que lo hubiera precedido. Por tanto, aquello que nos dice el Apóstol: Sed constantes en orar, ¿qué otra cosa puede significar sino que debemos desear incesantemente la vida dichosa, que es la vida eterna, la cual nos ha de venir del único que la puede dar?

30 septiembre 2014

Mientras vas de camino

Raúl Canali

Mientras vas de camino, agradece a la tierra
que te acuna y te aloja como madre y maestra,
tiene arrugas su rostro, montañosa belleza,
tienen vida sus ríos; llevan sangre sus venas.

Mientras vas de camino y te empujan los vientos
y te empapa la lluvia y el sol quema en silencio.
Sentirás que la vida tiene su movimiento,
obedece a su ritmo, que te lleve su aliento.

Mientras vas de camino, mientras llega tu muerte,
cada instante es tan frágil y a la vez es tan fuerte.
No vivir de rutinas, celebrar cada encuentro,
saborear que lo simple está lleno de eterno.

Mientras vas de camino, guarda todo en tu adentro,
las lecciones más grandes las explica el tiempo,
una hoja en blanco sea tu alma serena,
que los pueblos escriban allí lo que Dios quiera.

Mientras vas de camino, solidario y hermano,
cargarán en tus hombros mil dolores cansados,
sacarán tus sudores, serás hijo en sus casas,
confiarán sus secretos, te hablarán de esperanza.

Mientras vas de camino, transitados senderos,
gritarán desde abajo que no eres el primero.
Te sabrás peregrino, abrirás tu memoria,
buscarás que tus huellas también se hagan historia.

24 diciembre 2013

Feliz Navidad

¿Si la esperanza se acaba
y la Babel se comienza
qué antorcha iluminará
los caminos de la tierra?
                (F. García Lorca)


02 diciembre 2013

Oración de Adviento

Marcelo A. Murúa
Tiempo de Adviento,
Tiempo de espera.
Dios que se acerca,
Dios que ya llega.
Esperanza del pueblo,
la vida nueva.
El Reino nace,
don y tarea. 
Te cantamos Padre bueno
a la esperanza.
Con María, ayúdanos Señor,
a vivir generosos en la entrega,
a ofrecer nuestra vida como ella,
a escuchar tu Palabra en todo tiempo,
a practicar sin descanso el Evangelio,
ayúdanos a vivir solidarios con los que sufren,
con quienes hoy como ayer
en Belén no tienen lugar. Te cantamos Padre Bueno
a la esperanza.
Con los pastores de Belén,
ayúdanos señor
a vivir la Vigilia de tu Reino,
a correr presurosos a tu encuentro,
a descubrir tu Rostro en medio del pueblo,
a no quedarnos "dormidos" en la construcción del mundo nuevo. Te cantamos Padre Bueno
a la esperanza.
Con los ángeles de Belén,
ayúdanos Señor,
a cantar al mundo entero tu Presencia,
¡Dios-está-con- nosotros !
Construyamos la paz entre los hombres,
Edifiquemos la Justicia entre los pueblos. Te cantamos Padre Bueno
a la esperanza.
Con Jesús niño-Dios,
ayúdanos Señor,
a abrigar la esperanza que nace en cada Adviento,
a escuchar los clamores de tu pueblo,
a regar con nuestras vidas
la semilla de tu Reino,
a ser Mensajeros de tu Amor,
a construir comunidades de servicio y oración. Navidad, fiesta del hombre.
Navidad, fiesta de Dios.
Queremos ser tus Testigos,
danos la fuerza Señor.



25 abril 2013

31 octubre 2012

La autosuperación y la resiliencia en Precious

Laura Bernad Sáez


Precious nos presenta una realidad abrumadora a través de la vida de una adolescente de Harlem. Desde los tres años de edad, Precious sufre los abusos sexuales de su padre ante una madre pasiva que, en lugar de dirigir su ira hacia su marido, quien realmente está hiriendo a las dos, la escupe con fuerza contra Precious criándola entre insultos, gritos y agresiones físicas. La película, a pesar de no mostrar las escenas más duras de forma explícita, nos hace sentir en todo momento la violencia de cada situación y la impotencia de la adolescente. Sin embargo, la fuerza de espíritu de Precious y su capacidad para integrar estas situaciones traumáticas como una parte más de la vida y dejarlas atrás, conseguirán transmitirnos optimismo y esperanza.
La película comienza con la expulsión de Precious del instituto debido a su embarazo. Nadie en el instituto sabe que el padre del bebé que espera es su mismo padre. La directora muestra en su entrevista con la adolescente ciertos prejuicios que, según parece, la llevan a pensar que se trata de una chica poco inteligente e irresponsable. Debido a la intercesión del profesor de matemáticas, al que Precious tiene especial estima, se le propone a Precious la alternativa de estudiar en una escuela diferente. Aunque la directora se traslada hasta su domicilio para comunicarle la noticia, se puede observar cierta falta de interés y de empatía. Si bien es cierto que le transmite toda la información necesaria y que solo hablan por el telefonillo, es más que evidente que algo no marcha bien en la familia de la adolescente y la directora no hace nada por averiguar qué es. Así, podríamos describir la relación de Precious con la institución como una relación fría y formal. Los profesores y la directora hacen lo que deben hacer, dar clase y aplicar las normas, olvidando que tratan con personas que no merecen que se trivialicen sus problemas. Así, Precious tampoco concebirá el instituto como un lugar seguro al que poder confiar todos sus secretos.
Sin embargo, la vida de Precious cambia totalmente cuando empieza las clases en la escuela alternativa. Allí descubrirá un tipo de enseñanza que hasta el momento desconocía. Miss Rain, su profesora, comenzará la sesión con un juego de presentación. Las alumnas deberán decir su nombre, dónde nacieron, su color favorito, algo que hacen bien y por qué están allí. Ella misma es la primera en hablar. De esta manera, crea un clima de confianza, ya que la mejor manera de que confíen en uno es confiando primero, y favorece que las chicas se conozcan entre ellas un poco más. Aunque Precious al principio se muestra un poco reticente a realizar el ejercicio, pronto accede a hacerlo. Cuando dice que no hace bien nada, algo que su madre le repite constantemente, la profesora le dice que todos somos buenos en algo. Entonces reconoce que es buena cocinando. Las alumnas tendrán que elaborar un diario. En él escribirán cada día y la profesora las responderá. Será a través de la escritura como Precious conseguirá ir abriéndose hacia su profesora y sus compañeras, integrándose plenamente en la clase y haciendo amigas de verdad. El diario cobrará una especial importancia durante la estancia de Precious en el hospital tras haber dado a luz a su pequeño Abdel, ya que se convertirá en el medio de comunicación entre la adolescente y Miss Rain a través del cual Precious empezará a confiarle sus dudas y sus problemas. Miss Rain muestra una metodología totalmente diferente a la del instituto ordinario, en la que las emociones y los problemas personales de las alumnas constituirán una parte importante del aprendizaje.
El enorme contraste entre el instituto ordinario y la escuela alternativa se hace más que evidente en las diferentes maneras que tienen la directora y Miss Rain de reaccionar ante un problema. Cuando se descubre el embarazo de Precious, la directora la expulsa del instituto aplicando las normas y la traslada a la escuela alternativa; mientras que cuando Precious se va de casa con el pequeño Abdel tras la agresión por parte de su madre a ambos, Miss Rain realiza innumerables llamadas para conseguirles un hogar y les acoge en su propia casa hasta encontrarlo.
Precious encuentra durante su estancia en casa de su profesora el cariño, el calor y la comprensión que sus propios padres no le han dado. Precious empieza a sufrir los abusos sexuales por parte de su padre a los tres años. La madre de Precious vive esta situación como un ataque hacia ella misma, en vez de hacia su hija. Siente que la niña llena una necesidad de su marido que ella no es capaz de llenar, y, en múltiples ocasiones durante la película, la acusa de haberle ‘robado a su hombre’. De esta manera, la madre de Precious se nos presenta como una mujer insegura, victimista y egoísta, llena de zonas erróneas que le impiden comportarse como una buena madre. Además de los abusos físicos que perpetra contra su hija, lanzándole objetos, tirando al pequeño Abdul al suelo y arrojándole la televisión por las escaleras, podemos observar durante la película un momento de abuso sexual. Se nos muestra a la madre de Precious masturbándose y, cuando su hija le pide dinero, le dice que ‘suba a terminar el trabajo’. Aunque durante la película vivimos el embarazo de su segundo hijo, Precious ya es madre de una niña de cuatro años, a la que llama Mongo, como ella dice, abreviatura de mongoloide, ya que tiene síndrome de Down. La niña vive con la abuela de Precious, pero cuando reciben la visita de la asistente social se reúnen todas en la casa, para que la madre de Precious reciba la prestación por la manutención de dos menores. El odio de la madre de Precious también afecta a la pequeña. Para terminar la panorámica familiar de Precious tenemos a su abuela. Como Precious nos cuenta, la abuela tiene miedo a la madre. Por eso, no deja que Precious se quede con ella y solo se hace cargo de la niña. Censura constantemente el comportamiento de la madre, aunque tampoco se impone para proteger a su nieta. Así, el panorama familiar de la adolescente es desgarrador y, por supuesto, provoca la baja autoestima de Precious, que, lejos de recibir algún tipo de refuerzo positivo por las cosas que hace bien, no hace más que recibir castigos que no le corresponden.
Sin embargo, como he dicho anteriormente, entre tanto drama encontramos un atisbo de esperanza, que es resiliencia y autosuperación. Precious tiene un sistema muy personal de evadirse de las situaciones más traumáticas, trasladándose a lugares seguros en los que se siente reforzada de manera positiva, imaginándose que es una actriz famosa, una modelo o una cantante. Esta evasión de la realidad sin duda la ayuda a sortear las difíciles situaciones que se la presentan. Además, es una persona que, a pesar de todo el sufrimiento que lleva a sus espaldas, se hace querer. Cautiva a su profesora y a sus compañeras, al enfermero que la trata en el hospital, a la asistente social y a su vecina. Acepta las limitaciones de los demás, comprendiendo que aunque la asistente social le cae bien no puede ayudarla, y es capaz de tomar decisiones, como no volver a ver a su madre y hacerse cargo de sus hijos. No solo consigue aprender a leer y a escribir, sino que además le dan un premio de abecedario. Y el descubrir que tiene SIDA no hace sino reforzar su voluntad de ser una buena madre para sus hijos. En definitiva, se trata de una gran película que nos muestra que detrás de los problemas más descorazonadores podemos encontrarnos personas increíbles.