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25 diciembre 2015

Luz de Navidad

Lope de Vega

Yo vengo de ver, Antón,
un niño en pobrezas tales,
que le dí para pañales
las telas del corazón.

04 septiembre 2014

Fiesta de la Virgen

Hoy celebramos la solemnidad de Nuestra Señora de la Consolación, patrona de los padres agustinos. Con este motivo, incluimos un bello poema de alabanza a Nuestra Madre, escrito en el siglo XVI  por el también sacerdote,  además de escritor, Félix  Lope de Vega y Carpio.

Lope de Vega 

Cantando el Verbo divino
Un alto tan soberano, 
Como de Dios voz y mano, 
A ser contrabajo vino,
Bajando hasta el punto humano; 
Que aunque es de sus pies el suelo 
El serafín de más vuelo 
Y el más levantado trono,
Bajó por la tierra el tono 
Hoy la música del cielo.

Una Virgen no tocada
Toca con destreza tanta
El arpa de David santa,
Como la tiene abrazada,
Que adonde el infierno espanta,
Dos puntos solos tocó, 
El bajo y el alto juntó, 
Que, como en una pregunta 
Con un Sí Dios y hombre junta, 
En dos puntos se cifró.

De un fiat comienza el Fa, 
De su obediencia y su fe, 
Vió Dios el Mi, siendo el Re 
Rey, y reparó que en La 
Virgen estrella Sol fue. 
Pero después que nació, 
Cifrada en dos puntos vio 
La tierra por su consuelo, 
El armonía del cielo, 
Sol y La que le parió.

08 septiembre 2012

Oración a la Natividad de María

Lope de Vega

Hoy nace una clara estrella
tan divina y celestial,
que con ser estrella, es tal,
que el mismo sol nace della.
De Ana y de Joaquín oriente
de aquesta estrella divina
sale su luz clara y dina
de ser pura eternamente:
el Alba más clara y bella
no le puede ser igual,
que con ser estrella, es tal,
que el mismo sol nace della.
No le iguala lumbre alguna
de cuantas bordan el cielo,
 porque es el humilde suelo
de sus pies la blanca luna:
nace en el suelo tan bella, y
con luz tan celestial;
que con ser estrella, es tal,
que del mismo sol nace della.

12 julio 2012

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?


Lope de Vega

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!
¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!