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05 marzo 2015

Oración, ayuno y limosna

Juan Pablo II

Durante la Cuaresma oímos frecuentemente las palabras: oración, ayuno, limosna, que ya recordé el Miércoles de Ceniza. Estamos habituados a pensar en ellas como en obras piadosas y buenas que todo cristiano debe realizar, sobre todo en este período. Tal modo de pensar es correcto, pero no completo. La oración, la limosna y el ayuno requieren ser comprendidos más profundamente si queremos insertarlos más a fondo en nuestra vida y no considerarlos simplemente como prácticas pasajeras, que exigen de nosotros sólo algo momentáneo o que sólo momentáneamente nos privan de algo. Con tal modo de pensar no llegaremos todavía al verdadero sentido y a la verdadera fuerza que la oración, el ayuno y la limosna tienen en el proceso de la conversión a Dios y de nuestra madurez espiritual. Una y otra van unidas: maduramos espiritualmente convirtiéndonos a Dios, y la conversión se realiza mediante la oración, como también mediante el ayuno y la limosna, entendidos adecuadamente.


Acaso convenga decir que aquí no se trata sólo de prácticas pasajeras, sino de actitudes constantes que dan una forma duradera a nuestra conversión a Dios. La Cuaresma, como tiempo litúrgico, dura sólo cuarenta días al año: en cambio, debemos tender siempre a Dios; esto significa que es necesario convertirse continuamente. La Cuaresma debe dejar una impronta fuerte e indeleble en nuestra vida. Debe renovar en nosotros la conciencia de nuestra unión con Jesucristo, que nos hace ver la necesidad de la conversión y nos indica los caminos para realizarla. La oración, el ayuno y la limosna son precisamente los caminos que Cristo nos ha indicado.


Catequesis de 14 de febrero de 1979

24 enero 2012

Infancia misionera

Carmen Sáez Gutiérrez
22 de enero. Jornada de Infancia Misionera 2012
La Obra de la Infancia Misionera fue fundada en 1843 por Monseñor Carlos Augusto de Forbin-Janson, obispo de Nancy (Francia) como gesto solidario hacia los niños y niñas que vivían en situación de extrema pobreza y necesidad en lugares apartados, de misión.
La idea no era otra que promover la ayuda de los niños y niñas de países desarrollados a los niños de otras tierras, que harían efectiva tanto de forma material, con algo de dinero como en forma de oración.
En 1950 el Papa Pio XII estableció que se celebrara un día anual para promover con la oración y la limosna la hoy llamada Obra de Infancia Misionera. Su preparación se inicia con la campaña “Sembradores de Estrellas” cuya finalidad es que los niños y niñas en fechas próximas a la Navidad sean mensajeros de la Buena Noticia que nos trae Jesús.
Hoy día cobra especial significado la celebración de esta Jornada, pues con el lema “Una gran red de solidaridad…para cambiar el mundo” se trata de que los más pequeños que se inician en la fe cristiana sean desde el primer momento en que abrazan la fe, partícipes del plan de Jesús, llevando a otros niños y niñas que no han tenido la oportunidad de conocerle el mensaje del sentido de una vida cristiana en plenitud para construir poco a poco, cada uno con su granito de arena el Reino de Dios. Y esto no es posible sin una conciencia de que todos somos hermanos y debemos tener unas mínimas condiciones de vida digna, motivo por el cual se hace necesaria la ayuda económica, que es posible gracias a la renuncia de nuestro pequeño mundo del despilfarro para dar a cada uno lo que le corresponde, y por supuesto, tampoco es posible sin la oración sincera a Jesús para que nos acompañe en nuestro caminar.