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03 mayo 2026

La ecología integral en la vida de la familia

INTRODUCCIÓN 

Una perspectiva de la familia

Tomando como punto de partida la exhortación apostólica postsinodal Amoris laetitia, este manual busca inspirar y animar a las familias a adoptar actitudes y prácticas que promuevan las enseñanzas de la encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de nuestra casa común y sobre el desarrollo humano integral. Propone vías concretas de reflexión y ofrece sugerencias sobre cómo practicar una ecología integral, con la familia como protagonista. Si queremos cuidar “el ambiente y la calidad de vida humana” (cf. LS 142), tiene sentido adoptar el principio de subsidiariedad y comenzar por el grupo social más básico, la familia, en cuyo seno se dan las relaciones sociales primarias. Por eso es tan importante trabajar para proteger, promover y capacitar a las familias, así como facilitar su relación con los diferentes sectores de la sociedad civil, las empresas, la sanidad, la instrucción y el gobierno local. Para ello, es necesario comprender a fondo el papel de las familias. Esperamos que todas las familias acojan este manual y aprendan sobre la ecología integral.

Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral

Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida

Pulse sobre la imagen para descargar el documento



19 noviembre 2024

Nuevo libro del Papa Francisco

Les ofrecemos la sinopsis del nuevo libro del Papa Francisco La esperanza no defrauda nunca.

Sinopsis

En este libro centrado en el Jubileo de 2025, el papa Francisco nos invita a caminar juntos hacia un futuro cargado de retos y esperanza. A través de seis rostros —una mujer embarazada, un pobre, un migrante, un civil atrapado en una guerra, y el rostro de un abuelo y su nieto—, Francisco reflexiona sobre las grandes preguntas que atraviesan nuestro tiempo: la familia, la desigualdad, las migraciones, los conflictos armados y el diálogo entre generaciones. También aborda los retos más actuales: desde la inteligencia artificial, que plantea preguntas éticas urgentes, hasta la crisis climática, que nos pide repensar cómo vivimos y proteger nuestra casa común. Nos recuerda que la esperanza no es una emoción pasajera, sino un regalo que nos sostiene, y que requiere cuidado y compromiso. Esa esperanza no se queda quieta, nos empuja a avanzar con fuerza, como el viento en la vela. Con todo, nos lanza una propuesta valiente: hacer de la esperanza una tarea colectiva, convertirla en gestos concretos de justicia, amor y solidaridad que transformen la realidad.



08 mayo 2015

Oración por la familia

Papa Francisco

Jesús, María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.

Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas Iglesias domésticas.

Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.

Santa Familia de Nazaret,
que el próximo Sínodo de los Obispos
haga tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.

Jesús, María y José,

escuchad, acoged nuestra súplica.

27 junio 2014

Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización

En octubre de este año se celebrará el Sínodo de la Familia, de carácter extraordinario y urgente. En él participarán los presidentes de las conferencias episcopales y los jefes de los departamentos del Vaticano. Un año más tarde, tendrá lugar un sínodo ordinario, al que seguirá una exhortación apostólica.
Aquí podemos leer el documento preparatorio.

12 septiembre 2012

Todo por la Revolución


Francisco Javier Bernad Morales

Generación Mao (Barcelona, Planeta, 2009), escrito por Xinran, constituye un testimonio estremecedor del espejismo totalitario. Al modo de Los que susurran, de Orlando Figes, la obra se construye a partir de una serie de entrevistas; en este caso, no con supervivientes del Gulag, sino con veteranos que vivieron las grandes transformaciones de la China del siglo XX. Son relatos diversos, aunque podríamos aislar algunos rasgos compartidos. Llama sobre todo la atención, la dificultad, casi imposibilidad, que estos ancianos encuentran para comunicar a sus hijos y nietos aquello que han vivido. De no ser por Xinran, que les obliga a bucear en el recuerdo, su memoria se desvanecería y pronto un heroísmo y un sufrimiento que forman parte de la base de nuestro mundo caerían en un absoluto olvido. Son vidas obviamente distintas, pero unidas conforman un poliedro en el que se encierran las ilusiones, espejismos y atrocidades del siglo XX. No es hoy mi intención entrar en un análisis pormenorizado del libro. Me limitaré a llamar la atención sobre una de las historias tan trágicas como entrañables que contiene. La de quienes, según la propia autora, constituyen un matrimonio distinguido: el señor y la señora You.

Hablemos primero de él. Estudiante aventajado de Física opta, a instancias del Partido, por la Geofísica, y marcha a completar su formación a Moscú. Son los años inmediatamente posteriores al triunfo de la Revolución y las relaciones sinosoviéticas aún son buenas. Al regreso le esperan importantes puestos como encargado de las prospecciones petrolíferas en diversas regiones a cual más inhóspita. Es un hombre tenaz e inagotable, hasta el punto de que recibe el título de Héroe del trabajo, algo que supone un magnífico premio: la colección de las obras completas de Mao. Su vida es dura. Se aloja en barracones o tiendas de campaña y, pese a su prestigio y a su capacidad, apenas obtiene la ración de alimentos necesaria para mantener la vida. El único combustible son boñigas de vaca. Y, sin embargo, You es un privilegiado, un cuadro dirigente del Partido, un científico famoso, no uno de esos miserables condenados a la rehabilitación mediante el trabajo.

Ocupémonos ahora de su esposa. Apenas adolescente, marcha a cientos de kilómetros del hogar para proseguir los estudios y luego se alista voluntariamente en un destacamento de prospección petrolífera. No juzga necesario visitar a sus padres para despedirse o siquiera informarlos de su decisión. Allá, en el lejano Xian, conocerá a quien pronto será su marido. Las costumbres han cambiado y el matrimonio ya no se concierta en la infancia mediante acuerdo entre las familias. Los activistas solo precisan la autorización del Partido. Aún casados, los esposos duermen separados: él en el pabellón de los hombres; ella en el de las mujeres. Hay una habitación que durante unas horas pueden compartir tras solicitarlo y esperar a que les llegue el turno. Así los You engendran a tres hijos, que son enviados rápidamente junto a los abuelos, pues las tareas revolucionarias les impiden ocuparse de ellos.

Y, sin embargo, se diría que son felices. Se han entregado en cuerpo y alma a la revolución y no precisan otra recompensa. Pero un día el señor You se convierte repentinamente en sospechoso: ha estudiado en la Unión Soviética y posee un receptor de radio. Los Guardias Rojos lo acosan como contrarrevolucionario. Pierde sus puestos de responsabilidad y se ve obligado a trabajar como mecánico. A sus hijos, que viven a miles de kilómetros y a los que apenas conoce, se les prohíbe la asistencia a la escuela. Luego, tras la muerte de Mao, vendrá la rehabilitación. De nuevo, los cargos importantes. Ahora incluso el dinero. Pero una barrera infranqueable se alza entre los You y sus hijos. Esos niños a quienes ignoraron, absorbidos como estaban en la edificación del mundo socialista; esas criaturas confiadas al sacrificio de unos abuelos silenciosos, a las que imaginarios pecados de sus padres privaron del acceso a la educación. En su vejez, los You sienten un inmenso remordimiento. Saben ahora que entre la Revolución y los hijos se equivocaron al elegir y entienden que causaron un mal que ya no pueden remediar.

31 julio 2012

El Matrimonio

Benedicto XVI

 …La familia, fundada sobre el matrimonio entre el hombre y la mujer, está también llamada al igual que la Iglesia a ser imagen del Dios Único en Tres Personas. Al principio, en efecto, “creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: “Creced, multiplicaos” “. Dios creó al ser humano hombre y mujer, con la misma dignidad, pero también con características propias y complementarias, para que los dos fueran un don el uno para el otro, se valorarán recíprocamente y realizarán una comunidad de amor y de vida. El amor es lo que hace de la persona humana la auténtica imagen de la Trinidad, imagen de Dios. Queridos esposos, viviendo el matrimonio no os dais cualquier cosa o actividad, sino la vida entera. Y vuestro amor es fecundo, en primer lugar, para vosotros mismos, porque deseáis y realizáis el bien el uno al otro, experimentando la alegría del recibir y del dar. Es fecundo también en la procreación, generosa y responsable, de los hijos, en el cuidado esmerado de ellos y en la educación metódica y sabia. Es fecundo, en fin, para la sociedad, porque la vida familiar es la primera e insustituible escuela de virtudes sociales, como el respeto de las personas, la gratuidad, la confianza, la responsabilidad, la solidaridad, la cooperación….

 VII Encuentro Mundial de las Familias- Homilía Misa. Domingo 3, 6, 2012)

22 junio 2012

La familia contemporánea

Carmen Sáez

VÁZQUEZ DE PRADA, MERCEDES. Historia de la familia contemporánea. Principales cambios en los siglos XIX y XX. Ed. Rialp. Pamplona,  2008. 24,5 x 16,5, 222 pp.

Mercedes Vázquez de Prada, profesora de Historia Contemporánea en la Universidad de Navarra y de Historia de la Familia en el Máster en Matrimonio y Familia en el Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad de Navarra, nos ofrece en este libro un riguroso estudio histórico sobre la evolución de la institución familiar en los siglos XIX y XX en el que analiza los factores de cambio y las consecuencias, determinantes económicos e ideológicos que marcan una situación nueva. Desde la objetividad de la investigación  sobre la transformación de la familia tradicional en nuevas formas de convivencia, aún permaneciendo rasgos de la anterior, que son consideradas también como familia por la sociedad actual, se deriva una crítica que desvela una desazón por la pérdida de valores tales como la estabilidad afectiva que favorece el crecimiento de los hijos o el valor de la vida como bien otorgado por Dios. Se dibuja así una situación en la que la familia convencional es minoritaria frente a otros modelos alternativos. Si bien, al presentar las innovaciones que han ido sucediéndose, destaca rasgos considerados como positivos, así todo lo relacionado con la liberación de la mujer es visto como una aportación que mejora su situación, siempre que no la reduzca  a mero objeto de placer. Algo que critica con fundamento y que sin duda está llevando a diversos desequilibrios personales propios y colaterales es la trivialización de las relaciones sexuales que cosifican a los individuos privándolos de una necesaria e importante humanidad.
Cada capítulo es iniciado con una introducción que sitúa el contenido a tratar y termina con un resumen claro y conciso de los puntos abordados, así como una bibliografía que documenta la exposición.
A pesar de ser un libro científico, el lenguaje es accesible y su contenido es apropiado tanto para el estudio como para la divulgación.

09 enero 2012

Los que susurran

Francisco Javier Bernad Morales

Hace ya algún tiempo leí Los que susurran de Orlando Figes. Es un libro largo, de casi mil páginas edificado sobre cientos de entrevistas a supervivientes de la represión soviética. Desfilan en él toda suerte de personajes, desde humildes campesinos desconocidos a miembros destacados del Partido, cuyas vidas se entrelazan en ocasiones de manera sorprendente y que, con sus testimonios, nos permiten adentrarnos en los efectos del terror sobre la vida diaria. Conocemos así un mundo regido por la desconfianza, en el que nadie habla en voz alta por temor a que le escuche un informante y en que todos ocultan sus pensamientos y a menudo su pasado. No existe ninguna intimidad en unas ciudades en que varias familias se ven obligadas a compartir una misma vivienda y en que generalmente las cocinas, los baños y otros servicios son de uso comunitario. Ni siquiera en el dormitorio pueden los esposos estar seguros de que en la habitación vecina no se escuchan sus palabras. Es un hacinamiento que no nace tan solo de las dificultades económicas, sino que sobre todo resulta de una política deliberada, tendente a debilitar los lazos familiares y a romper así el más fuerte lazo de solidaridad entre los seres humanos. Los dirigentes revolucionarios comprenden que la familia es el más formidable enemigo de la utopía en construcción, algo que ya habían señalado Platón, Moro o Campanella, y por eso contra ella dirigen una gran parte de su esfuerzo. La convivencia forzada en un espacio mínimo es campo abonado para disputas, envidias y enemistades, que fácilmente pueden dirimirse con denuncias ante la policía por los motivos más triviales: el vecino ha contado un chiste o ha hecho un comentario antisoviético, ha escuchado una emisora de radio extranjera o en una ocasión recibió la visita de alguien que posteriormente fue detenido por trotskista o bujarinista; quizá se le ha escapado una sonrisa mientras se escuchaba por un altavoz un discurso de Stalin. No hace falta más para que una persona sea detenida y deportada durante años a un campo de trabajo. En realidad, ni siquiera es preciso que se haya cometido una de estas faltas, pues el Gulag se rige por sus propias normas y precisa un aporte continuo de mano de obra esclava. Las repúblicas, las regiones y los distritos deben contribuir con una cuota fijada por las autoridades. Otro tanto ocurre con las condenas a muerte. Es preciso alcanzar los objetivos marcados en el plan, lo mismo que con la producción de acero o de algodón.

Nadie está a salvo de que un día se le señale como enemigo del pueblo. Todos miden cuidadosamente sus gestos y palabras. El pertenecer a una familia estigmatizada como zarista, kulak o contrarrevolucionaria, cierra las puertas de la universidad e impide el acceso a los mejores puestos de trabajo. Por eso muchos ocultan su pasado, incluso a sus cónyuges. En compensación, la policía parece extrañamente ineficaz. Es posible vivir con documentación falsa u obtener una nueva, aunque persiste siempre el temor a ser descubierto. Pero la detención llega en cualquier momento, sin que a menudo sea dado discernir un motivo mínimamente objetivo. Son muchas las víctimas que aceptan, con todo, una culpabilidad que les lleva a escrutar en sus acciones y palabras en busca de aquello que deberían haber evitado. Aún más son los que piensan que en su caso particular quizá se haya cometido un error, pero que eso no invalida el sistema, convencidos de que es necesario mantener la vigilancia contra unos omnipresentes enemigos de la Revolución. La sospecha envenena las relaciones humanas hasta extremos apenas concebibles. Una noche la policía se presenta en el diminuto apartamento compartido, lo registra y se lleva a alguien. De algunos no vuelve a saberse. Son muchos los casos en que se dan informaciones falsas a las familias. Quizá, mientras sus hijos creen que está recluida en un campo, la madre ha sido ejecutada. En otras ocasiones se permite el envío de correspondencia e incluso de paquetes. La vida de los que quedan en libertad tras el arresto de un familiar no es fácil. A menudo se ven expulsados de la vivienda y del trabajo o se les imponen limitaciones en los estudios, puede que incluso se les niegue la cartilla de racionamiento. Convertidos para siempre en sospechosos, muchos desarrollan como estrategia para sobrevivir una adhesión inquebrantable al Partido, que puede llevarles a renegar públicamente de sus padres, a sumarse al coro de acusadores, en un intento de mantenerse a salvo, de lavar la mancha de ser hijos de un enemigo del pueblo.

Son muchas las escenas estremecedoras relatadas en el libro. Para que el lector pueda hacerse cierta idea reproduciré una poco truculenta, más bien vulgar. Así recuerda Sofía Ozemblovskaia su expulsión de los Pioneros (organización soviética para niños de diez a catorce años) tras haber sido vista en una iglesia:

De repente publicaron un anuncio −un “avance informativo”− en el periódico mural del corredor de la escuela: “¡Todos a formar filas inmediatamente1”. Los niños se apresuraron a salir de sus aulas y formaron en el patio. A mí me hicieron parar frente a ellos para avergonzarme. Los niños gritaban: “¡Qué vergüenza ha causado a nuestra brigada por haber ido a la iglesia!”, “¡No es digna de llevar el pañuelo!” [un pañuelo rojo era el distintivo de los Pioneros], “No tiene derecho a usarlo!”. Me arrojaron tierra y polvo. (p. 67)

FIGES, Orlando. Los que susurran. Barcelona, Edhasa, 2009.