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27 enero 2026

Nota de prensa de la Conferencia Episcopal sobre el proceso de regularización extraordinaria de personas migrantes

"La Red de Entidades para el Desarrollo Solidario (REDES), la Conferencia Española de Religiosos (CONFER), Cáritas y el Departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española celebran el anuncio de un proceso que lleve a la regularización extraordinaria de personas migrantes que viven en nuestro país. Consideran esta medida como un acto de justicia social y reconocimiento a tantas personas migrantes que con su trabajo llevan tiempo contribuyendo al desarrollo de nuestro país aún a costa de mantenerles en situación irregular.

Este Grupo Eclesial de apoyo a la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) considera que la regularización extraordinaria es un complemento imprescindible al Reglamento de Extranjería, al ofrecer respuesta a quienes no pueden acogerse a las vías ordinarias".

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04 octubre 2025

Declaración institucional de la Conferencia Episcopal Española sobre la masacre de Gaza

La Comisión Permanente de los obispos españoles, en su 271 reunión celebrada los días 30 de septiembre y 1 de octubre, hace pública una declaración institucional sobre la masacre en Gaza.

Ofrecemos la declaración íntegra:

Uniéndonos al papa León XIV, a las víctimas de la violencia y a tantos hombres y mujeres de buena voluntad, clamamos por la paz en Gaza, así como en Ucrania, Sudán, Myanmar, región del Sahel, Haití, Nigeria y otros países y zonas del mundo que están en guerra. Es urgente, como creyentes seguir orando y, como ciudadanos, mantener un posicionamiento moral y político que se una a la palabra del mismo Dios para gritar: ¡no matarás!

Ningún fin justifica nunca el empleo de medios perversos como el terrorismo de Hamás o la masacre, respuesta desproporcionada e inhumana, a la que el Gobierno de Israel está sometiendo a la población civil de Gaza por los crímenes execrables cometidos el 7 de octubre. Es imprescindible parar la guerra, liberar a los rehenes, condenar el terrorismo y edificar unas relaciones entre las personas y los pueblos desde el respeto a la dignidad sagrada de la vida humana, la legalidad internacional y la búsqueda del bien común. Bienvenidas sean las iniciativas para lograr la paz.

Ante tanto sufrimiento provocado injustamente no podemos permanecer indiferentes.


27 enero 2016

Destinados a proclamar las grandezas del Señor

Esta semana está especialmente destinada a orar por la unión de todos los cristianos. Por este motivo hemos extraído un texto del Mensaje de los Obispos de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales, que presentamos a continuación.


A lo largo de este último año han tenido lugar importantes acontecimientos relacionados con el ecumenismo y el diálogo interreligioso que nos abren a la esperanza y nos mueven a un compromiso mayor. En este sentido, cabe recordar las reiteradas afirmaciones del papa Francisco sobre el escándalo que supone la desunión y la importancia que tiene para él la búsqueda de la unidad de los cristianos: «Alcanzar esa meta, hacia la cual nos encaminamos con confianza, representa una de mis principales preocupaciones, por la cual no dejo nunca de orar a Dios». Así les dijo a una delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla que lo visitó el 27 de junio 2015, con ocasión de la solemnidad de san Pedro y san Pablo. En nuestro contexto español queremos destacar la visita que realizó el cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, a Valencia a principios de marzo del año pasado. Organizada por la Facultad de Teología de Valencia, el Centro Ecuménico Interconfesional de Valencia y el Centro Ecuménico Padre Congar, tuvo varios momentos señalados, como la conferencia que impartió el 4 de marzo en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer con el elocuente título: «Ut unum sint: El ecumenismo como obligación eclesiológica del Concilio Vaticano II». También cabe señalar en el contexto actual la tan dolorosa persecución de cristianos en distintas partes del mundo, las afirmaciones del papa Francisco sobre el «ecumenismo de la sangre», que ya ha repetido en diferentes ocasiones. Una de ellas ha sido un video-mensaje con motivo de una jornada de diálogo y oración celebrada en mayo, en la diócesis estadounidense de Phoenix, junto a un grupo de pastores evangélicos pentecostales: «me viene a la mente decir algo que puede ser una insensatez, o quizás una herejía, no sé. Pero hay alguien que “sabe” que, pese a las diferencias, somos uno. Y es el que nos persigue. El que persigue hoy día a los cristianos, el que nos unge con el martirio, sabe que los cristianos son discípulos de Cristo: ¡que son uno, que son hermanos! No le interesa si son evangélicos, ortodoxos, luteranos, católicos, apostólicos… ¡no le interesa! Son cristianos. Y esa sangre se junta. Hoy estamos viviendo, queridos hermanos, el “ecumenismo de la sangre”. Esto nos tiene que animar a hacer lo que estamos haciendo hoy: orar, hablar entre nosotros, acortar distancias, hermanarnos cada vez más». Los obispos de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales queremos aprovechar este mensaje para hacer un llamamiento a las comunidades cristianas a la solidaridad efectiva con estos hermanos nuestros que padecen persecución a causa de su fe. Al mismo tiempo oramos por la paz y pedimos que cesen los actos violentos e inhumanos.


Los Obispos de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales Enero 2016

10 mayo 2015

Pascua del enfermo

Conferencia Episcopal Española
Departamento de Pastoral de la Salud

Oración

Señor, en mi vida me pregunto
muchas veces cómo actuarías Tú.
Te veo junto a los enfermos, cómo les ayudas,
y cómo afrontas Tú el sufrimiento.
¡Cuánto me falta para parecerme a Ti!
Dame tu Espíritu, Señor.
Dame un corazón misericordioso como el tuyo.
Llénalo de esperanza cuando estoy enfermo
o cuando acompaño a quien lo está.
Ilumina mi mirada
para acercarme a los enfermos y sus familias
descubriendo sus necesidades,
pero también sus riquezas y recursos.
Y tú, María, que guardabas
todos los misterios de la vida en el corazón,
haz que yo guarde en el mío las preciosas
–y a veces dolorosas experiencias
compartidas en medio del dolor,
y las transforme en Vida.

15 enero 2014

¿Es que Cristo está dividido?

Conferencia Episcopal Española

Pablo destaca dos elementos centrales del discipulado cristiano en los que estamos intrínsecamente ligados a Cristo: el bautismo y la cruz de Cristo. No nos bautizaron en Pablo, y él no fue crucificado por nosotros; nuestra unidad es en Cristo y nuestra vida y nuestra salvación vienen de Él. A pesar de esto, todos participamos en un grupo o en otro, y nuestras Iglesias locales alimentan en nosotros la fe y nos ayudan a caminar como discípulos de Jesús. La conclusión del asunto, tanto para Pablo como para nosotros, no es solo nuestro sentido de pertenencia a una Iglesia particular, sino el propósito de proclamar la buena nueva, el evangelio al que hemos respondido con fe y alegría. Ahora debemos compartir este mensaje con el mundo. La conclusión de Pablo nos reta a preguntarnos si tenemos una buena noticia en Cristo que transmitirnos unos a otros, o si llevamos división incluso en el nombre de Cristo y, en palabras de Pablo, vaciando la cruz de su poder.

Materiales para la Semana de Oración por la unidad de los cristianos




19 mayo 2013

Creí y por eso hablé

Comisión Episcopal de Apostolado Seglar

Mensaje de los obispos de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar con motivo del "día de la acción católica y del apostolado seglar" en la solemnidad de Pentecostés, 19 de mayo de 2013.

La solemne celebración de Pentecostés nos invita a profesar nuestra fe en la presencia y en la acción del Espíritu Santo, que el Señor Jesús había prometido a sus discípulos, y a invocar su efusión sobre la Iglesia y sobre el mundo entero. La presencia del Espíritu Santo es la que nos ayuda a comprender todo lo trasmitido por el Señor (cf. Jn 14, 26); y su testimonio, que ilumina nuestra fe, nos convierte en testigos de la Palabra y de la Resurrección de Jesús (cf. Jn 15, 26-27). La vivencia de esta fiesta nos hace poner nuestra confianza en la acción de la tercera persona de la Trinidad e implorar su venida: «Ven Espíritu Santo»,  para que aumente nuestra fe y nos sintamos fortalecidos para trasmitir el Evangelio.

El versículo de la Escritura que acompaña al lema de este año, «Creí y por eso hablé» (2 Cor 4, 13), propuesto por san Pablo a la comunidad de Corinto, nos muestra que la acción evangelizadora del Apóstol de las gentes está presidida por lo que él mismo llama «espíritu de fe». Es esa fe la que le lleva a hablar. Podríamos decir que el dinamismo de la fe desemboca en el anuncio de lo creído. El valor y la fuerza de la predicación está en proporción a la intensidad de nuestra fe. Desde el principio la Iglesia sabe que este es el camino para evangelizar, que creamos en  el Hijo de Dios.

Renovar nuestra fe en Jesucristo. Esta idea está en el propósito de Benedicto XVI al convocar el Año de la fe, en el cincuenta aniversario de la inauguración del concilio Vaticano II: «El Año de la fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo». Esta conversión a Cristo se convierte en la condición inicial e indispensable para poder poner en marcha el proceso evangelizador que el mundo de hoy necesita. Conversión a la que todos los fieles estamos llamados. Una conversión real, que conlleva un cambio de vida y un mayor afán evangelizador. La Iglesia, y los creyentes que a ella pertenecen, transmiten lo que viven. No se puede transmitir aquello en lo cual no se cree y no se vive. No se puede transmitir el Evangelio sin saber lo que significa “estar” con Jesús, vivir en el Espíritu de Jesús la experiencia del Padre. No hay fruto si no se está unido a la vid. No hay pesca si faenamos solos toda la noche, sin la presencia a nuestro lado del Resucitado.

Benedicto XVI centra muy bien esta cuestión esencial: «Quisiera esbozar un camino que sea útil para comprender de manera más profunda no solo los contenidos de la fe, sino, juntamente también con eso, el acto con el que decidimos entregarnos totalmente y con plena libertad a Dios». En el fondo se trata de caer en la cuenta de que es importante conocer mejor lo que creemos, pero que es fundamental el fortalecimiento del acto de fe en Dios, y en Cristo, por el que realmente creemos lo que ellos nos han revelado. Porque, antes que el conocimiento de cosas y misterios,  la fe es decidirse a estar con el Señor para vivir en Él y dejarse trasformar por la gracia que actúa hasta lo más íntimo.
Esa trasformación engendra la misión. «Con el corazón se cree y con los labios se profesa» (cf. Rom 10, 10). «Profesar con la boca indica, a su vez, que la fe implica un testimonio y un compromiso público (…)»
La fe, precisamente porque es un acto de la libertad, exige también la responsabilidad social de lo que se cree. La Iglesia en el día de Pentecostés muestra con toda evidencia esta dimensión pública del creer y del anunciar a todos sin temor la propia fe. Es el don del Espíritu Santo el que capacita para la misión y fortalece nuestro testimonio, haciéndolo franco y valeroso».

En este día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar os animamos a recuperar un texto de la exhortación apostólica postsinodal, Christifideles laici, de la que se cumplirán 25 años el próximo mes de diciembre:

«Los fieles laicos —debido a su participación en el oficio profético de Cristo— están plenamente implicados en esta tarea (la nueva evangelización) de la Iglesia. En concreto, les corresponde testificar cómo la fe cristiana —más o menos conscientemente percibida e invocada por todos— constituye la única respuesta plenamente válida a los problemas y expectativas que la vida plantea a cada hombre y a cada sociedad. Esto será posible si los fieles laicos saben superar en ellos mismos la fractura entre el Evangelio y la vida, recomponiendo en su vida familiar cotidiana, en el trabajo y en la sociedad, esa unidad de vida que en el Evangelio encuentra inspiración y fuerza para realizarse en plenitud».

En estos momentos de crisis social, económica y de fe por los que está atravesando nuestro país, en los que las posibles respuestas parecen insuficientes, desde la esperanza cristiana es bueno recordar que existe un lazo indisoluble entre la fe y la caridad. Igual que no debe existir una fractura entre nuestra fe y nuestra vida, tampoco podemos caer en la tentación de pensar que fe y caridad están separadas o que de algún modo una se opone a la otra. Es mucho el sufrimiento que nos golpea y que, por desgracia, en muchas ocasiones se ceba con los más débiles y marginados, con los que nos sentimos especialmente solidarios y cercanos. Pero el compromiso activo de los católicos con los más necesitados, surge siempre de una fe que se trasforma en amor, cuyo fruto es el servicio a los más pobres, en feliz expresión de la beata Teresa de Calcuta. No puede ser de otra manera: la fe nos hace acoger el mandamiento nuevo de Jesús; la caridad nos da la dicha de ponerlo en práctica (cf. Jn 13 13-17).

Queremos, en comunión con todos los obispos, dar gracias a Dios, en este día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, por tantos queridos fieles laicos que con gran empeño estáis renovando vuestra alegría de creer y recuperando el entusiasmo de trasmitir la fe, y que estáis estrechamente comprometidos entregando vuestras personas y recursos a favor de los más necesitados. Seguro que vuestra solicitud, generosidad y entrega a favor de la Iglesia y de todos los hombres se verá recompensada con la fecundidad de vuestro apostolado.

Elevamos nuestra oración al Espíritu Santo en esta solemnidad de Pentecostés, para que llene de su gracia a toda la Iglesia, a la Acción Católica, a nuestros Movimientos del Apostolado Seglar y a todos los bautizados, para que «impulsados por la celebración del Año de la fe, todos juntos, pastores y fieles, nos esforzaremos por responder fielmente a la misión de siempre: llevar a Jesucristo al hombre, y conducir al hombre al encuentro con Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, realmente presente en la Iglesia y contemporáneo en cada hombre».

X Carlos Osoro Sierra, Arzobispo de Valencia. Presidente

X Juan Antonio Reig Pla, Obispo de Alcalá de Henares. Vicepresidente

X Carlos Manuel Escribano Subías, Obispo de Teruel y Albarracín

X Antonio Algora Hernando, Obispo de Ciudad Real

X Atilano Rodríguez Martínez. Obispo de Sigüenza-Guadalajara

X José Ignacio Munilla Aguirre, Obispo de San Sebastián

X Xavier Novell Gomà, Obispo de Solsona

X Esteban Escudero Torres, Obispo de Palencia

X José Mazuelos Pérez, Obispo de Jerez de la Frontera

X Ángel Rubio Castro, Obispo de Segovia

X Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos

X Mario Iceta Gavicagogeascoa, Obispo de Bilbao

X Gerardo Melgar Viciosa, Obispo de Osma-Soria

X Francesc Pardo Artigas, Obispo de Girona