15 abril 2026
El Papa recuerda a las mártires agustinas
El encuentro de esta tarde con León XIV era muy esperado por las Hermanas Misioneras Agustinas. El Papa llegó para una visita privada después de las 16:30 al Centro de Bienvenida y Amistad, ubicado en Bab El Oued, un municipio densamente poblado de la provincia de Argel. Ya había estado aquí cuando era Prior General de la Orden de San Agustín, en 2004 y 2009. Las hermanas lo recuerdan bien: siempre cordial, hombre de pocas palabras, pero muy cercano a ellas. Un hermano agustino y, por lo tanto, uno de la familia.
El Pontífice acudió a rendir homenaje a la memoria de Sor Esther Paniagua y Sor Caridad Álvarez Martín Alonso, las dos agustinas que vivían aquí y fueron asesinadas durante la guerra civil argelina el 23 de octubre de 1994, cuando se dirigían a misa. Las monjas figuran entre los 19 mártires de Argelia, beatificados en Orán, en el santuario de Notre-Dame de Santa Cruz, el 8 de mayo de 2018.
20 mayo 2014
Un recuerdo para Cari y Esther
21 octubre 2011
Agustinas Misioneras en Argelia
El día 23 de octubre de 1994, las hermanas Agustinas Misioneras, Esther Paniagua Alonso y Caridad Álvarez Martín, regresaban, tras asistir a misa, a su residencia en un barrio marginal de Argel en el que atendían un hospital. No pudieron, sin embargo, llegar a su destino, aunque quizá, jugando con las
palabras, pudiéramos decir que fueron alcanzadas por él. Un comando islamista abrió fuego contra ellas y terminó con sus vidas. Su nombre queda unido al de muchos otros mártires, entre ellos Christian de Chergé, recientemente citado en estas páginas. Es difícil expresar la tristeza que produce recordar estos hechos. Al hacerlo evocamos de manera inevitable que esas tierras tan duramente castigadas por el terrorismo, y en las que la iglesia Católica mantiene una presencia apenas testimonial, formaron parte un día de las provincias romanas de África y Numidia, y que en ellas la Cristiandad dio frutos espléndidos de los que, tras tantos siglos, aún se alimentan nuestro pensamiento y nuestra piedad. Hablamos del país que vio nacer y morir a San
Agustín y en el que este realizó la mayor parte de su obra pastoral. Muy pocos vestigios quedan de aquel antiguo esplendor. Pero no debemos permitir que la nostalgia nos arrastre al pesimismo. La sangre de los mártires no puede haberse derramado en vano. Al contrario, fertilizará el suelo y fructificará en obras de amor.No podemos dejar que nos gane el desánimo. Caridad, Esther y tantos otros no lo aceptarían. Ellas no ofrecieron su vida inútilmente. La dieron por el prójimo, ese ser con rostro, según lo define Emmanuel Levinas; la sacrificaron por el hermano, en cuya faz doliente veían la imagen de Jesús camino del Calvario. Ellas son un ejemplo que quisiéramos ser capaces de imitar. Roguemos, pues, al Señor que nos otorgue la fortaleza necesaria para hacerlo. Añadamos, por último, a nuestra oración una petición por todos los cristianos y por todos aquellos que sufren persecución a causa de la sed de verdad y de justicia; muy en especial por nuestros hermanos maronitas[1] y coptos[2]: que el Altísimo los conforte y los auxilie en las duras pruebas que deben afrontar.
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[1] La iglesia Maronita es una iglesia Católica de rito oriental en plena comunión con Roma. La mayoría de sus adeptos residen en el Líbano, pero en los últimos años, muchos de ellos ante el auge del islamismo han emigrado a otros países.
[2] Se denomina coptos a los cristianos egipcios. En su mayor parte pertenecen a la iglesia Ortodoxa Copta. Tradicionalmente han sido discriminados y en los últimos tiempos sufren frecuentes ataques, muchos de ellos mortales, sin que las autoridades parezcan tomar medidas para protegerlos.