Por su interés enlazamos a una entrevista publicada por el Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica. En ella Ribelino Ricopa, miembro del pueblo kukama y animador cristiano en la parroquia de Santa Rita de Casia, señala la necesidad de que la Iglesia, como afirmó el papa Francisco, comunique el Evangelio "con categorías propias de la cultura en que es enunciado" (Querida Amazonia, 68).
07 noviembre 2025
02 mayo 2025
El Papa Francisco, un hombre de palabra
Les ofrecemos el tráiler del documental "El Papa Francisco, un hombre de palabra", dirigido por Wim Wenders.
01 mayo 2025
1º de mayo. San José Obrero, Día Internacional del Trabajador
27 abril 2025
Funeral por el Papa Francisco
El miércoles 30 de abril celebraremos a las 20:00 h. la misa funeral por el eterno descanso de Nuestro Santo Padre, el Papa Francisco. Están todos invitados.
22 abril 2025
En el fallecimiento del Papa Francisco
Mensaje del P. Alejandro Moral Antón, Prior General de la Orden de San Agustín, con ocasión del fallecimiento del Papa Francisco
Tras el fallecimiento del Santo Padre, el Papa Francisco, el Prior General de la Orden de San Agustín, el padre Alejandro Moral Antón, insta a la Orden de San Agustín a rezar por su eterno descanso en un emotivo y sentido mensaje de quien lo conoció de cerca. “Nunca podré agradecer suficientemente su apoyo, sus consejos, su cercanía, su paternidad, su cariño y simpatía”.
Texto completo
21 abril 2025
Con el papa Francisco
Con inmenso pesar hemos recibido la noticia de que el papa Francisco ha partido al encuentro del Señor.
13 marzo 2025
XII aniversario del papa Francisco
Hoy celebramos los doce años de pontificado de Francisco. Al tiempo que rezamos por su salud, queremos recordar el momento de su elección mediante la primera entrevista que como Papa concedió a Antonio Spadaro, entonces director de la revista La Civiltà Cattolica,
"Cuando entro a su habitación, el Papa ofrece que me siente en una butaca. Sus problemas de espalda hacen que él deba ocupar una silla más alta y rígida que la mía. El ambiente es simple y austero. Sobre el escritorio, el espacio de trabajo es pequeño. Me impresiona lo esencial de los muebles y las demás cosas. Los libros son pocos, son pocos los papeles, pocos los objetos. Entre estos, una imagen de san Francisco, una estatua de Nuestra Señora de Luján, patrona de Argentina, un crucifijo y una estatua de san José sorprendido en el sueño, muy parecida a la que vi en su despacho de rector y superior provincial en el Colegio Máximo de San Miguel. La espiritualidad de Bergoglio no está hecha de «energías en armonía», como las llamaría él, sino de rostros humanos: Cristo, san Francisco, san José, María".
12 febrero 2025
Carta del Santo Padre Francisco a los obispos de los Estados Unidos de América
Queridos hermanos en el episcopado:
Les dirijo unas palabras, en estos delicados momentos que viven como Pastores del Pueblo de Dios que camina en los Estados Unidos de América.
1. El itinerario de la esclavitud a la libertad que el Pueblo de Israel recorrió, tal y como lo narra el libro del Éxodo, nos invita a mirar la realidad de nuestro tiempo, tan claramente marcada por el fenómeno de la migración, como un momento decisivo de la Historia para reafirmar no sólo nuestra fe en un Dios siempre cercano, encarnado, migrante y refugiado, sino la dignidad infinita y trascendente de toda persona humana. [1]
2. Estas palabras con las que comienzo no están articuladas artificialmente. Incluso un examen somero de la Doctrina social de la Iglesia exhibe con gran fuerza que Jesucristo es el verdadero Emanuel (cf. Mt 1,23), por lo que no ha vivido al margen de la experiencia difícil de ser expulsado de su propia tierra a causa de un inminente riesgo de vida, y de la experiencia de tener que refugiarse en una sociedad y en una cultura ajenas a las propias. El Hijo de Dios, al hacerse hombre, también eligió vivir el drama de la inmigración. Me gusta recordar, entre otras, las palabras con las que el Papa Pío XII iniciaba su Constitución apostólica sobre el cuidado de los migrantes, que se considera como la carta magna del pensamiento de la Iglesia sobre las migraciones:
«La familia de Nazaret en exilio, Jesús, María y José, emigrantes en Egipto y allí refugiados para sustraerse a la ira de un rey impío, son el modelo, el ejemplo y el consuelo de los emigrantes y peregrinos de cada época y país, de todos los prófugos de cualquier condición que, acuciados por las persecuciones o por la necesidad, se ven obligados a abandonar la patria, la amada familia y los amigos entrañables para dirigirse a tierras extranjeras». [2]
3. Asimismo, Jesucristo, amando a todos con un amor universal, nos educa en el reconocimiento permanente de la dignidad de cada ser humano, sin excepción. De hecho, cuando hablamos de “dignidad infinita y trascendente”, queremos subrayar que el valor más decisivo que posee la persona humana, rebasa y sostiene toda otra consideración de carácter jurídico que pueda hacerse para regular la vida en sociedad. Por lo tanto, todos los fieles cristianos y los hombres de buena voluntad, estamos llamados a mirar la legitimidad de las normas y de las políticas públicas a la luz de la dignidad de la persona y sus derechos fundamentales, no viceversa.
29 enero 2025
Día Mundial de la Acción Frente al Cambio Climático
En un momento especialmente crítico, cuando vemos que crecen las fuerzas que se oponen a las políticas ambientales, las palabras del papa Francisco nos recuerdan la urgencia de la acción frente al cambio climático:
"Más de tres mil
millones y medio de personas viven en la actualidad en regiones altamente
sensibles a las devastaciones del cambio climático, que los empuja a
migraciones forzosas, a jugarse la vida en viajes desesperados. Hemos saqueado,
contaminado y explotado sin freno los recursos naturales, hasta comprometer
nuestra propia supervivencia y la de nuestros hermanos y hermanas. Honrar el
mandato divino de proteger la casa común, y al mismo tiempo defender la
sacralidad y la dignidad de todas las vidas humanas es, en la actualidad, una
de las mayores emergencias de nuestro tiempo. El espectro del cambio climático
se cierne amenazadoramente sobre el agua, el aire, los alimentos y los sistemas
energéticos, e igual de alarmantes son las amenazas a la salud pública: las
previsiones son preocupantes, el tiempo apremia. Hay que reducir a la mitad la
tasa de calentamiento en el breve plazo de un cuarto de siglo, y para hacerlo
es indispensable una acción inmediata y enérgica, un enfoque universal capaz de
producir cuanto antes cambios progresivos y la adopción de decisiones políticas
comprometidas".
Francisco, Esperanza. La autobiografía, (2025) Barcelona, Plaza y Janés, p. 305.
Les invitamos también a leer el documento Llevar a cabo acciones inmediatas para evitar una catástrofe, en la app AgustinosLlevar a cabo acciones inmediatas para evitar una catástrofe
27 enero 2025
Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto
"Como hizo ayer en el Ángelus, Francisco, recordando el sufrimiento y las lágrimas de las víctimas del Holocausto, reitera su grito: «¡Nunca más!». E insta a no olvidar ni negar el exterminio de millones de judíos":
“El horror del exterminio de millones de judíos no puede ser olvidado ni negado. Recordamos también a tantos cristianos, entre ellos numerosos mártires. Trabajemos todos juntos para erradicar la plaga del antisemitismo, junto con todas las formas de persecución religiosa”
21 enero 2025
Fuisteis extranjeros en el país de Egipto. Reflexiones sugeridas por la lectura de "Esperanza"
Francisco Javier Bernad Morales
Comienza la autobiografía del
papa Francisco con un relato estremecedor: el de un naufragio, el del
trasatlántico Principessa Mafalda que hacía el trayecto entre Génova y Buenos
Aires, hundido el 25 de octubre de 1927 frente a la costa brasileña. No era un
buque lujoso, aunque lo había sido en unos tiempos ya lejanos, antes de que la falta
de mantenimiento lo convirtiera en un mamotreto flotante en el que trasladar a gentes
ansiosas por rehacer su vida en otro mundo, lejos de la miseria. Para ese barco
habían sacado pasaje Giovanni Bergoglio, su esposa Rosa y su hijo Mario, pero
la imposibilidad de vender sus escasos bienes antes de la partida, los llevó a
aplazar el viaje. Saldrían finalmente el 1 de febrero de 1929. Andando el
tiempo, Mario se casaría con otra hija de inmigrantes, Regina, y de ellos
nacería en 1936 su primer hijo, Jorge Mario.
Es un recuerdo familiar que
conduce a la evocación de otras tragedias. La del Sirio, también hundido, o las
quizá aún más espeluznantes, los muertos por hambre en el Matteo Bruzzo y el
Carlo Raggio, por asfixia en el Frisca o por cólera en el Remo. Francisco
menciona solo barcos italianos, pero no parece aventurado suponer que los
españoles, los griegos, los irlandeses, los polacos, etc. viajaban en parecidas
condiciones y experimentaban los mismos padecimientos. Aunque ha transcurrido
un siglo desde entonces, no son hechos del pasado, sino que continúan sucediendo
cada día ante nuestros ojos. Hay diferencias, claro está. Ahora disponemos de
medios tecnológicos que nos muestran en nuestra propia casa, en nuestro propio
teléfono móvil, los rostros de las víctimas. Ahora podemos contemplar en
directo su sufrimiento. Son imágenes desgarradoras que enseguida olvidamos.
Quizá la visión cotidiana del horror haya embotado nuestra sensibilidad.
Compiten además por nuestra atención con otras más amables y en apariencia
intrascendentes. Pero no nos engañemos,
solo lo son en apariencia, pues cumplen una función: la de cegarnos ante el
abismo que se abre a nuestro alrededor. Hay otra obvia diferencia. En aquel
tiempo eran los europeos, en particular los del sur y el este, así como los
irlandeses, quienes emigraban. Hoy nuestros países, Italia y España, están
entre los que se han convertido en el destino soñado por los desheredados.
Entonces, como ahora, la realidad
distaba mucho del atractivo cuadro pintado por los agentes de inmigración que
recorrían aldeas y pueblos contando las maravillas de ultramar, relatando
historias de éxito frecuentemente falsas y ocultando los fracasos y
sufrimientos. Muchos jornaleros, arrendatarios y obreros se dejaban seducir por
un espejismo. Otros, más escépticos, se decidían también a emprender la
aventura: al fin y al cabo lo peor que les podría ocurrir ―pensaban― sería
seguir pasando hambre. La emigración no ofrecía certezas, sino simplemente una
esperanza, por leve que fuera, de mejora. Tras haber gastado a menudo sus pocos
recursos en el viaje, al llegar a Buenos Aires, después de la desinfección y un
examen médico, les aguardaba un barracón cenagoso de madera carcomida,
eufemísticamente denominado Hotel de Inmigrantes, en el que podían permanecer
un máximo de cinco días, un tiempo que se suponía suficiente para encontrar
trabajo. Los abuelos de Francisco tuvieron suerte. Otros familiares los habían
precedido y los acogieron.
Por eso ―cuenta Francisco― en su
primer viaje como pontífice, acudió a Lampedusa, esa pequeña isla italiana del
centro del Mediterráneo, a la que, procedentes de África, llegan tantos
inmigrantes con riesgo de su vida, tras haber dejado atrás entre las olas a muchos
otros compañeros menos afortunados.
Se trata, como se ha señalado, de
una historia plenamente actual que nos llama a reflexionar sobre nuestra responsabilidad
como habitantes del mundo desarrollado ante quienes, procedentes del sur global,
abandonan una tierra que no les ofrece perspectivas para proyectos de futuro. El
recuerdo de ese tiempo, en términos históricos reciente, en que los europeos
buscábamos en otras tierras el sustento que en nuestro suelo se nos negaba
debiera bastar para que grabáramos en nuestro corazón el mandato del Éxodo:
«No molestarás al extranjero ni le oprimirás, pues extranjeros fuisteis
vosotros en el país de Egipto» (Éx 22,21). Porque el pueblo de Israel sufrió
maltrato y opresión en tierra extraña se le ordena no que pague con la misma
moneda, sino justamente que haga lo contrario: que acoja al extranjero: «Como
a uno de vuestros indígenas habéis de considerar al extranjero que con vosotros
es huésped y le amarás como a ti mismo, pues extranjeros habéis sido en el país
de Egipto» (Lv 19,34). Nuestro comportamiento, sin embargo, incluso el de muchos
que nos consideramos cristianos y hasta frecuentamos la iglesia y recibimos los
sacramentos, se aleja con frecuencia del mandato divino. Cada día hallan más
eco las voces que señalan al inmigrante como una amenaza para nuestro bienestar
y nuestra identidad colectiva, y, en consecuencia, preconizan la erección de
barreras defensivas de orden legal y hasta físico. Cabe decir, remedando a los
animales rebeldes de Orwell: «Todos los hombres son hermanos, pero unos son más
hermanos que otros»
Ciertamente, los seres humanos
vivimos necesariamente en comunidad y poseemos, por tanto, identidades
colectivas. Son estas múltiples como también lo son las comunidades a que
pertenecemos, aunque, como es natural, plantean grados de compromiso y
exigencia muy variables. Ser socio de un club deportivo o miembro de una
asociación de antiguos alumnos no es equiparable a pertenecer a una confesión
religiosa o poseer una nacionalidad. Todas ellas tienen, sin embargo, en común
el establecer lazos de cohesión entre sus miembros y, al mismo tiempo, definir
una frontera que los separa del exterior. El mundo queda así dividido en dos
grupos: nosotros y los otros.
Desde el siglo XIX la nación se
convierte en el referente cardinal de la identidad colectiva y cala de tal
manera en las conciencias que permea incluso el universalismo católico y el
internacionalismo revolucionario. La consigna «los proletarios no tienen
patria» contenida en el Manifiesto Comunista deja paso, ante la
creciente amenaza de la Alemania hitleriana, a «la Unión Soviética es la patria
del proletariado». En consecuencia, el objetivo de la III Internacional se
desplaza desde la propagación mundial de la revolución a la defensa de la Unión
Soviética, En el interior, en tanto, se reaviva el espíritu patriótico mediante
el recurso a grandes mitos del nacionalismo ruso, como el príncipe Alejandro
Nevski, canonizado por la Iglesia ortodoxa y símbolo de la victoria sobre el
expansionismo germánico de los caballeros teutónicos. A él le dedicó Eisenstein
en 1938 una película que sería galardonada con el premio Stalin.
En la estela del romanticismo
alemán, una multitud de historiadores, folkloristas, filólogos y pensadores en
general se habían lanzado a la búsqueda de los rasgos definitorios del Volksgeist,
el espíritu propio que singulariza a cada pueblo y se transmite de generación
en generación, pero que solo alcanza la plenitud de sus posibilidades cuando el
Volk se constituye como estado nación. Charles Maurras, líder de Action
Française, un literato y político agnóstico, antialemán ―aunque
colaboracionista durante el régimen de Vichy― y más clásico que romántico, verá
en el catolicismo un elemento esencial del espíritu nacional; de ahí extraerá
el corolario de que protestantes y judíos no son auténticos franceses, sino
traidores, cuando no en acto, al menos en potencia. Que Dreyfuss hubiera o no
cometido la acción que se le imputaba era, en realidad, irrelevante frente al innegable hecho de que
era judío. En nuestro país, una corriente de pensamiento en la que destacan como
figuras eminentes Menéndez Pelayo y Ramiro de Maeztu, ambos (el segundo en su
madurez), al contrario de Maurras, sinceramente católicos, interpretará España
como una nación forjada en la lucha secular contra judíos, musulmanes y
protestantes, a la que la Providencia ha elegido para llevar el Evangelio a los
confines del mundo. La nación no es para ellos una forma transitoria de
organización social, sino una realidad dotada de unos caracteres específicos
que la diferencian de las demás naciones, se hunden en un pasado remoto y están
llamados a perpetuarse a través de los siglos en cumplimiento de un destino
propio ―«Sobre España inmortal, solo Dios», escribió el doctor Albiñana,
fundador del Partido Nacionalista Español―. De hecho, la nación deviene un
ídolo y la distinción entre nosotros y los otros, inherente a
toda identidad colectiva y en general inofensiva ―los no socios no pueden
participar en determinadas actividades―, se torna en una oposición de carácter
absoluto. La comunidad no solo se cierra sobre sí misma y restringe a sus
miembros los lazos de solidaridad ―primero debemos satisfacer las necesidades
de los nuestros y, en todo caso, luego atenderemos a los otros―,
sino que expulsa de su seno a quien no comparte los rasgos que supuestamente la
diferencian. Si aceptamos con Menéndez Pelayo y Ramiro de Maeztu que el
catolicismo es elemento esencial del ser español, se impone una
consecuencia lógica: el no católico, sea cual fuere su origen, no puede ser
aceptado como miembro legítimo de la comunidad nacional.
El inmigrante aparece como el otro,
siempre mirado con suspicacia. En momentos de dificultades será el chivo
expiatorio sobre el que cargar las frustraciones de la comunidad: tiene otras
costumbres, nos quita el trabajo, vive de los servicios sociales, es un
delincuente… Pero Jesús, cuando le preguntan ¿quién es mi prójimo? nos conduce
a una respuesta inesperada que parece desafiar el sentido común. Nuestro
prójimo resulta ser el samaritano (Lc 10, 25-37), por tanto, el otro.
Pero ¿por qué lo elige a él y no a un gentil como símbolo de la alteridad? Sin
duda, porque pertenece a una comunidad despreciada. Aunque quizá haya más
razones. La frontera mental entre el gentil y el judío es evidente, pero el
samaritano se sitúa en una zona ambigua. Él también es monoteísta y da culto a
Yahveh, su libro sagrado es la Torá (el Pentateuco) y su profeta,
Moisés. Hay, claro está, diferencias: rechaza los Profetas y los Escritos
―que junto a la Torá constituyen el Tanaj (la Biblia
judía)― y su templo no se yergue en Jerusalén, sino en el monte Gerizim. En realidad, es alguien cercano, tanto que un
observador desprevenido quizá lo tomara por uno de nosotros. Por eso,
para evitar que su alteridad se difumine, los muros levantados contra él son
más altos y más gruesos. No es algo que deba sorprendernos. Los cristianos no
nos hemos comportado de distinta manera. También nosotros hemos construido
barreras para separarnos no solo de los paganos o de los judíos y musulmanes,
sino también de los herejes, es decir, de aquellos que declarándose seguidores
de Cristo no comparten algunas de nuestras creencias: el católico contra el
protestante y el protestante contra el católico. Nuestra historia rezuma sangre
derramada en nombre de Cristo. Pero Jesús no quiere eso, él dialoga con la
samaritana (Jn 4), no nos llama a erigir muros, sino a derribar las
barreras de la alteridad. Nos dice: el herido es tu hermano, no desvíes tu
camino, no apartes la vista, no le preguntes por su patria, por su lengua o por
su Dios; míralo al rostro y socórrelo.
18 enero 2025
Nuestra responsabilidad ante los pueblos originarios
En su autobiografía de reciente aparición, el papa Francisco engarza los acontecimientos de su vida con profundas e iluminadoras reflexiones sobre el mensaje cristiano en el mundo de hoy. A continuación reproducimos una de ellas referida a los pueblos originarios.
"Qué desolador resulta ver en la actualidad la destrucción de los bosques y de las selvas, de los territorios que durante siglos y milenios los pueblos nativos han sabido respetar y preservar. Hoy esas tierras y esos pueblos son arrasados por el frenesí de un malentendido progreso. Los ríos que han conocido los juegos de los niños y que han dado de comer a sus padres están sucios, contaminados, muertos. Y es probable que los pueblos originarios nunca hayan estado tan amenazados en sus territorios como ahora. En mis viajes apostólicos a Temuco, entre el pueblo mapuche, y a Puerto Maldonado, entre los pueblos de la Amazonia, o a Chiapas, y en la conferencia de Aparecida, respiré la sabiduría, los conocimientos, y también las profundas heridas de aquellos hombres y de aquellas mujeres que saben relacionarse armoniosamente con la naturaleza, a la que respetan como fuente de sustento, como casa común y altar del compartir humano. Y sin embargo demasiadas veces, y de manera sistemática y estructural, esos pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Muchos han considerado inferiores sus valores, su cultura, sus tradiciones. Muchos otros, cautivados por el ansia de poder y de dinero, los han despojado de sus tierras, qua han saqueado, contaminado, invadido. En las palabras de la cantautora y poeta chilena Violeta Parra: «Arauco tiene una pena que no la puedo callar, son injusticias de siglos que todos ven aplicar». Arauco es la región de los mapuches. Esos dolores, esos lutos, esas injusticias son algo por lo que toda la humanidad ha de pedir perdón".
"Confundir unidad con uniformidad es una tentación diabólica. La unidad no es un simulacro de integración forzosa ni de marginación armonizadora. Es, más bien, una diferencia reconciliada. La unidad de quien se escucha y se respeta es la única arma que tenemos contra la «deforestación», y, ante todo, contra la deforestación de la esperanza y de la conciencia. La verdad, una verdad dramática y urgente, es que hoy tenemos una necesidad apremiante de esa sabiduría, de esos conocimientos, e incluso del tesoro doloroso de esas heridas. Por eso dije humildemente a los jóvenes de los pueblos indígenas: no os resignéis a lo que está pasando. No renunciéis a vuestra vida y a vuestros sueños. Preparaos, formaos, pero, por favor, no renunciéis a la herencia de vuestros abuelos, de vuestros antepasados. Porque el mundo tiene una enorme necesidad de vosotros, y os necesitamos tal como sois. Convertíos en nuestros maestros: la crisis ambiental que vivimos, una de las mayores de la historia, y sus raíces humanas y sociales, nos toca e interpela a todos. Ya no podemos mirar hacia otro lado".
Francisco (2025), Esperanza. La autobiografía, Barcelona, Plaza y Janés, p. 58
19 noviembre 2024
Nuevo libro del Papa Francisco
Les ofrecemos la sinopsis del nuevo libro del Papa Francisco La esperanza no defrauda nunca.
Sinopsis
En este libro centrado en el Jubileo de 2025, el papa Francisco nos invita a caminar juntos hacia un futuro cargado de retos y esperanza. A través de seis rostros —una mujer embarazada, un pobre, un migrante, un civil atrapado en una guerra, y el rostro de un abuelo y su nieto—, Francisco reflexiona sobre las grandes preguntas que atraviesan nuestro tiempo: la familia, la desigualdad, las migraciones, los conflictos armados y el diálogo entre generaciones. También aborda los retos más actuales: desde la inteligencia artificial, que plantea preguntas éticas urgentes, hasta la crisis climática, que nos pide repensar cómo vivimos y proteger nuestra casa común. Nos recuerda que la esperanza no es una emoción pasajera, sino un regalo que nos sostiene, y que requiere cuidado y compromiso. Esa esperanza no se queda quieta, nos empuja a avanzar con fuerza, como el viento en la vela. Con todo, nos lanza una propuesta valiente: hacer de la esperanza una tarea colectiva, convertirla en gestos concretos de justicia, amor y solidaridad que transformen la realidad.
28 junio 2024
Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de Oración por el cuidado de la Creación
Queridos hermanos y hermanas:
“Espera y actúa con la creación” es el tema de la Jornada de oración por el cuidado de la creación, que se celebrará el próximo 1 de septiembre. Hace referencia a la Carta de san Pablo a los romanos 8,19-25, donde el apóstol aclara lo que significa vivir según el Espíritu y se concentra en la esperanza cierta de la salvación por medio de la fe, que es la vida nueva en Cristo. [...]
La salvación cristiana entra en la profundidad del dolor del mundo, que no sólo afecta a los seres humanos, sino a todo el universo; a la naturaleza misma, oikos del hombre, su ambiente vital; comprende la creación como “paraíso terrenal”, la madre tierra, que debería ser lugar de alegría y promesa de felicidad para todos. El optimismo cristiano se fundamenta en una esperanza viva; sabe que todo tiende a la gloria de Dios, a la consumación final en su paz, a la resurrección corporal en la justicia, “de gloria en gloria”. En el transcurrir del tiempo, sin embargo, compartimos dolor y sufrimiento. [...]
Todo el cosmos y toda criatura gimen y anhelan “ansiosamente” que se supere la condición actual y se restablezca la originaria: en efecto, la liberación del hombre comporta también la de todas las demás criaturas que, solidarias con la condición humana, han sido sometidas al yugo de la esclavitud. Al igual que la humanidad, la creación ―sin culpa alguna― está esclavizada y se encuentra incapacitada para realizar aquello para lo que fue concebida, es decir, para tener un sentido y una finalidad duraderos; está sujeta a la disolución y a la muerte, agravadas por el abuso humano de la naturaleza. [...]
En la expectación esperanzada y perseverante de la venida gloriosa de Jesús, el Espíritu Santo mantiene alerta a la comunidad creyente y la instruye continuamente, llamándola a la conversión de estilos de vida, para que se oponga a la degradación humana del medio ambiente y manifieste esa crítica social que es, ante todo, testimonio de la posibilidad de cambio. [...]
26 mayo 2024
Domingo de la Santísima Trinidad
"El Padre nos ha creado, el Hijo nos ha salvado y el Espíritu Santo nos acompaña"
Papa Francisco
(Primera Jornada Mundial del Niño 2024)
04 diciembre 2023
05 octubre 2023
Laudate Deum
En la exhortación apostólica Laudate Deum publicada ayer 4 de octubre, el Papa Francisco vuelve sobre las cuestiones planteadas hace ocho años en la encíclica Laudato si', y a las que se ha referido en múltiples ocasiones a lo largo de su pontificado. Tras exponer, frente a opiniones negacionistas carentes de respaldo científico, la realidad del cambio climático y sus causas antrópicas, apunta al paradigma tecnocrático, la creencia en que es posible un crecimiento indefinido basado en la ciencia y en la tecnología y en que el poder humano es susceptible de aumentar de forma ilimitada. Así "Todo lo que existe deja de ser un don que se agradece, se valora y se cuida, y se convierte en un esclavo, en víctima de cualquier capricho de la mente humana y de sus capacidades" (22). Es una ideología que considera a la naturaleza como algo externo al ser humano, un simple objeto disponible para ser utilizado, y que en el aspecto económico se orienta hacia la búsqueda del máximo beneficio con el menor costo, lo que hace imposible "cualquier sincera preocupación por la casa común y cualquier inquietud por promover a los descartados de la sociedad" (31).
Tras una exposición de logros y fracasos de las conferencias mundiales sobre el cambio climático (COP), el Papa Francisco fija su atención en la COP28 que se celebrará próximamente en Dubai. Recuerda que si persiste el ritmo actual de calentamiento pronto se superará el límite de 1,5 ºC, considerado como el máximo deseable y que podríamos alcanzar un punto crítico irreversible de catastróficas consecuencias que, como siempre, se cebarían con particular virulencia sobre los más débiles. Para evitarlo, la COP28 debería adoptar "formas vinculantes de transición energética que tengan tres características; que sean eficientes, que sean obligatorias y que se puedan monitorear fácilmente. Esto para lograr que se inicie un nuevo proceso destacado por tes aspectos: que sea drástico, que sea intenso y que cuente con el compromiso de todos" (59).
13 julio 2023
Con los pueblos aislados de la Amazonia
Desde el lado opuesto de la plaza, un leonés con miles de kilómetros de ríos amazónicos a sus cuestas observa los vestigios de una historia que parece repetirse. En su mesita de café, un documento público del peso de una guía telefónica sobre medio siglo de vertidos en el lote petrolero 192, en el norte de Loreto. El obispo católico de Iquitos, Miguel Ángel Cadenas, es conocido por defender la dignidad de comunidades desatendidas y afectadas por actividades extractivas irresponsables. Ahora, también lo es por reivindicar el derecho de los pueblos indígenas aislados a la vida y al no contacto. “La codicia se hacía, y se sigue haciendo, muy evidente en la Amazonía”.
Cómo viven los últimos pueblos aislados de la Tierra
11 febrero 2023
Reunión Mundial del Foro de los Pueblos Indígenas
Ayer viernes, el Papa Francisco recibió en audiencia a los participantes en la 6ª Reunión Mundial del Foro de los Pueblos Indígenas, ante quienes reconoció el papel fundamental que desempeñan los pueblos indígenas en la protección del medio ambiente y resaltó su sabiduría "para encontrar soluciones globales a los inmensos desafíos que el cambio climático plantea a diario a la humanidad".
02 diciembre 2022
Carta del Santo Padre a los participantes en el Congreso Mundial de la Educación Católica
Lettera del Santo Padre ai partecipanti al Congresso Mondiale dell’Educazione Cattolica (Marsiglia, 1°-3 dicembre 2022), 01.12.2022
Al señor Philippe Richard
Secretario General de la
Oficina Internacional de la Educación Católica (OIEC)
Señor Secretario General:
Con gusto respondo a su solicitud de unirme al Congreso promovido por la Oficina Internacional de la Educación Católica, que se celebra en Marsella del 1 al 3 de diciembre, y en el que participan exponentes de esta parte esencial de la vida de la Iglesia, llegados de todas las partes de mundo.
Para la sociedad, la educación es ciertamente un deber ineludible, y en muchos casos un desafío acuciante. Para el cristiano es, además, una forma de participación en la función profética que Jesús dejó a su Iglesia. Por tanto, cuando nos acercamos a la educación no podemos hacerlo pensando en algo meramente humano, centrando la cuestión en programas, capacitaciones, recursos, ámbitos de recepción, ya que la vocación cristiana nos pide dar voz a una Palabra que no es nuestra, que nos supera, que nos trasciende.
Lógicamente la enseñanza de la escuela católica no se limita a cuestiones confesionales y los contenidos están abiertos a todas las ramas del saber y a cualquier persona que busque esta instrucción. Pero del mismo modo que decimos que la actividad de la escuela no puede reducirse a impartir materias, sino a formar personas en su integridad; al hablar de la escuela católica, es igualmente irrenunciable ese componente profético, que no sólo da al hombre la aptitud para adquirir unos conocimientos, sino también para conocerse a sí mismo y para reconocerse como un ser capaz de amar y ser amado.
Con ello no hablamos de proselitismo, ni mucho menos de excluir de nuestras escuelas a los que no piensan como nosotros. Lo que quiero decir es que la escuela en su conjunto se configure como una lección de vida en la que se integran distintos elementos, en íntima colaboración con otras instancias, como la familia o la sociedad. De ese modo, en lo cotidiano, en lo imperceptible, en lo vivido, la identidad de nuestras escuelas conseguirá hacerse presente y entablar un diálogo, ser una palabra que pueda, al mismo tiempo, ser interpelante para las personas de fe y tender puentes de diálogo con los no creyentes.
La gran pregunta es: ¿cómo conseguir que la escuela católica sea realmente lo que el Señor le pide? Me parece que la respuesta está en el mismo Jesús. Miremos cómo fue enviado Él y cómo envía a sus discípulos; cómo enseñaba Él y cómo les pide a ellos que enseñen. Lo primero que vemos es que su envío es a la vez un acto de amor y de obediencia. Y así, envía a sus discípulos como miembros de su cuerpo, para que, según la propia vocación, transparenten el mensaje que quiere trasmitir, allí donde Él quiere llegar. Nuestra primera característica, por tanto, nace de la comunión. Nuestras clases no son mónadas, nuestras escuelas no son compartimentos estancos. Cada uno de nosotros y de nuestras actividades está en comunión con Dios que nos envía, con la Iglesia universal y local, en un proyecto común que nos supera y nos trasciende, al servicio de la humanidad. Esta lección, aún a quien no es cristiano, le traerá la certeza de que no caminamos solos, pues vivimos en una familia, en una sociedad, somos corresponsables, trabajamos juntos para un bien común, a pesar de nuestras diferencias.
La segunda característica que podemos tratar hoy es que estamos en camino, en movimiento. Jesús camina siempre, y exhorta a sus discípulos a hacer lo mismo, incluso los manda a ir por delante suyo. Les pide que salgan al encuentro, que alcancen los confines de la tierra. De ese modo la escuela católica en sus iniciativas debe acoger las problemáticas sociales, en ámbito local y universal, debe aprender y, en ese aprendizaje, enseñar a abrir la mente a nuevas situaciones y nuevos conceptos, a caminar juntos sin excluir a nadie, a establecer puntos de encuentro y a adaptar el lenguaje para que sea capaz de captar la atención de los más alejados. Ciertamente, ustedes me dirán que esto es necesario para dar la mejor formación posible a nuestros alumnos, pero lo es también para hacer de ellos hombres y mujeres que no se conformen con acumular meros conocimientos, sino más bien para que esa doctrina les permita adquirir la sabiduría de la que hablaba san Benito, que los haga crecer y hacer crecer a los demás, allí donde el Señor los envíe.
Todo ello supone un trabajo artesano que no podemos realizar sin la ayuda de Dios y sin el apoyo de todos, por eso pedimos la fuerza del Espíritu del resucitado, dispensador de todos los dones. Que Él ilumine sus trabajos y les conceda esa ciencia que se eleva desde las realidades humanas hasta alcanzar el conocimiento sublime de Dios.
Fraternalmente,
Roma, San Juan de Letrán, 31 de agosto de 2022.
FRANCISCO
[01878-ES.01] [Texto original: Español]
