Mostrando entradas con la etiqueta Gloria Fuertes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gloria Fuertes. Mostrar todas las entradas

25 septiembre 2014

Elogio al voluntariado

Gloria Fuertes

Yo quiero despertar vocaciones para que la gente se haga voluntaria.
Ser voluntario es entrar en la calle, en la casa, en el hospital, en la cárcel, en el pueblo y en la aldea donde hay un ser que sufre.
Ser voluntario es entrar con el corazón, en el corazón del que lo pasa mal.
Cuando un voluntario visita a alguien que está solo,  le cura la soledad; cuando le habla, le ayuda, le escucha y le siente, El solitario mejora de la soledad, que es (junto a otras) la enfermedad de los ancianos.
Se sabe que el voluntario va a trabajar gratis, no a ganar nada. Yo quiero negar esto. El voluntario va a ganar muchísimo; va a ganar el placer de ser útil, la risa de un anciano, la sonrisa de un enfermo, el abrazo de un niño sin padres, la amistad de un paralítico o el cariño de un preso.
El joven voluntario deja voluntariamente de ir a la discoteca, a la barra, para ir desde la silla a la cama con un minusválido en brazos. ¡Qué bella escena! Hacerse voluntario también es salvarse del aburrimiento que acecha, salvarse de lo vulgar, de lo material, y os hace sentir que sois útiles, que sois solidarios, que sois amorosos, que sois importantes, que sois una aspirina inmensa, que quien os "cate" se cura.

06 enero 2013

El camello cojito (Auto de los Reyes Magos)

Gloria Fuertes

Es nuestro deseo que en este día mágico reine la ternura para todos. A continuación presentamos un entrañable poema de la gran escritora Gloria Fuertes dedicado a todos los niños.

El camello se pinchó
con un cardo en el camino
y el mecánico Melchor
le dio vino.

Baltasar fue a repostar
más allá del quinto pino...
e intranquilo el gran Melchor
consultaba su "Longinos".

-¡No llegamos,
no llegamos
y el Santo Parto ha venido!

-son las doce y tres minutos
y tres reyes se han perdido-.

El camello cojeando
más medio muerto que vivo
va espeluchando su felpa
entre los troncos de olivos.

Acercándose a Gaspar,
Melchor le dijo al oído:
-Vaya birria de camello
que en Oriente te han vendido.

A la entrada de Belén
al camello le dio hipo.
¡Ay, qué tristeza tan grande
con su belfo y en su hipo!

Se iba cayendo la mirra
a lo largo del camino,
Baltasar lleva los cofres,
Melchor empujaba al bicho.

Y a las tantas ya del alba
-ya cantaban pajarillos-
los tres reyes se quedaron
boquiabiertos e indecisos,
oyendo hablar como a un Hombre
a un Niño recién nacido.

-No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos,
quiero al camello, le quiero.
Le quiero, repitió el Niño.

A pie vuelven los tres reyes
cabizbajos y afligidos.
Mientras el camello echado
Le hace cosquillas al Niño.