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18 noviembre 2012

Día de la Iglesia Diocesana 2012

Con motivo de la celebración del día de la Iglesia diocesana, nuestro obispo, D. Joaquín María López de Andújar ha hecho pública una carta en la que nos invita a una verdadera comunicación de bienes. Por su interés, la reproducimos a continuación:

Dice el Concilio Vaticano II que la Iglesia no solo comunica al hombre la participación en la vida divina, sino que también difunde, de alguna manera, sobre el mundo entero la luz que irradia esta vida divina, principalmente sanando y elevando la dignidad de la persona humana, afianzando la cohesión de la sociedad y procurando a la actividad cotidiana del hombre un sentido más profundo al impregnarla de una significación más elevada. Así la Iglesia contribuye ampliamente a humanizar cada vez más la familia humana y toda su historia (cf. GS 40) Esta presencia humanizadora de la Iglesia la puede ver cualquier persona de buena voluntad que se asome a nuestras parroquias, a nuestros colegios y a cualquiera de nuestros grupos y organizaciones apostólicas. La Iglesia está cerca del hombre, con todas sus inquietudes y problemas. Y por eso está cerca de las familias, en las que el hombre nace y encuentra una comunidad de amor. Y siente una honda preocupación por todo lo que afecta a la educación y al desarrollo integral de la persona, sufriendo, en carne propia, todos los graves problemas generados por la crisis que padecemos. Nuestra diócesis de Getafe, en este sur de Madrid, tan complejo y tan lleno de juventud, quiere ser, como también nos pide el concilio, sacramento universal de salvación, manifestando y actualizando, al mismo tiempo, el misterio del amor de dios hacia el hombre (cf GS 45). El Día de la Iglesia diocesana ha de ayudarnos a fortalecer los lazos de comunión entre todos los que vivimos nuestra fe en esta porción del Pueblo de Dios. Todos juntos, con la riqueza y diversidad de tareas y carismas, que el Señor nos ha regalado, hemos de afrontar con una verdadera comunicación de bienes, tanto materiales como espirituales, la gran misión de manifestar a los hombres el misterio de dios, que es el fin último del hombre, porque solo Dios, a quien la Iglesia sirve, responde a las aspiraciones más profundas del corazón humano.
Con mi bendición y afecto.



11 octubre 2012

El Año de la Fe

En este día de hoy, la Iglesia inaugura la celebración del Año de la Fe, proclamado por el Papa Benedicto XVI, coincidiendo con el 50 aniversario del inicio del Concilio Vaticano II. Este tiempo de reflexión concluirá el 24 de noviembre de 2013, en la Solemnidad de Cristo, Rey del Universo.
Al anunciar el Año de la Fe, el Papa señaló como objetivo impulsar la misión de toda la Iglesia con la finalidad de conducir al hombre a su reencuentro con Dios, quien nos ofrece una vida auténtica y  en plenitud.

Benedicto XVI ha convocado el Año de la Fe con la Carta apostólica Porta fidei y así nos exhorta desde el principio: «La puerta de la fe» (cf. Hch 14, 27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida. Éste empieza con el bautismo (cf. Rm 6, 4), con el que podemos llamar a Dios con el nombre de Padre, y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna, fruto de la resurrección del Señor Jesús que, con el don del Espíritu Santo, ha querido unir en su misma gloria a cuantos creen en él (cf. Jn 17, 22). Profesar la fe en la Trinidad –Padre, Hijo y Espíritu Santo– equivale a creer en un solo Dios que es Amor (cf. 1 Jn 4, 8): el Padre, que en la plenitud de los tiempos envió a su Hijo para nuestra salvación; Jesucristo, que en el misterio de su muerte y resurrección redimió al mundo; el Espíritu Santo, que guía a la Iglesia a través de los siglos en la espera del retorno glorioso del Señor
Más adelante nos invita a todos los cristianos a aprender durante este año el Credo, haciendo de él nuestra oración diaria y para destacar la importancia de ello se expresa del siguiente modo:
No por casualidad, los cristianos en los primeros siglos estaban obligados a aprender de memoria el Credo. Esto les servía como oración cotidiana para no olvidar el compromiso asumido con el bautismo. San Agustín lo recuerda con unas palabras de profundo significado, cuando en un sermón sobre la redditio symboli, la entrega del Credo, dice: «El símbolo del sacrosanto misterio que recibisteis todos a la vez y que hoy habéis recitado uno a uno, no es otra cosa que las palabras en las que se apoya sólidamente la fe de la Iglesia, nuestra madre, sobre la base inconmovible que es Cristo el Señor. […] Recibisteis y recitasteis algo que debéis retener siempre en vuestra mente y corazón y repetir en vuestro lecho; algo sobre lo que tenéis que pensar cuando estáis en la calle y que no debéis olvidar ni cuando coméis, de forma que, incluso cuando dormís corporalmente, vigiléis con el corazón»[16].
En nuestra comunidad, la celebración de este Año de la Fe, será el comienzo de un trienio, que se completará con el Año de la Esperanza y el Año de la Caridad, y culminará con la conmemoración del 25 aniversario de la creación de diócesis, promoviendo la Gran Misión. Como dice nuestro obispo: Tenemos que abrir los ojos de los hombres a la trascendencia y a la fraternidad. Tenemos que moverles hacia el Dios vivo y verdadero desde el hombre vivo y verdadero. Tenemos que velar por Dios y velar por el hombre desde la comprensión que de ambos nos ofrece Jesucristo. Evangelizar no es para nosotros un motivo de gloria, sino una necesidad: «Ay de mí si no evangelizare» (1 Cor 9,16).
Credo Niceno-constantinopolitano
Creo en un solo Dios; Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación, bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo, recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia, que es una santa, católica y apostólica. 
Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Amén.




[1] Carta Apostólica en forma de Motu Proprio PORTA FIDEI del Sumo Pontífice Benedicto XVI con la que se convoca el Año de la Fe.

[2] Carta Apostólica en forma de Motu Proprio PORTA FIDEI del Sumo Pontífice Benedicto XVI con la que se convoca el Año de la Fe.

[3] Llenos de amor por el hombre con la antorcha de Cristo en la mano. Carta del obispo D. Joaquín López de Andújar y Cánovas del Castillo.


16 septiembre 2012

Envío de catequistas


Carmen Sáez Gutiérrez

Ayer sábado tuvo lugar en nuestra parroquia la ceremonia de envío de catequistas de niños, jóvenes y adultos, oficiada por el obispo titular de nuestra diócesis, D. Joaquín María López de Andújar como responsable de la comunidad cristiana.
Previamente a la Eucaristía presidida por D. Joaquín,  el joven párroco del Álamo y arcipreste de Navalcarnero D. Manuel de Castro, licenciado, además, en Derecho Canónico y Teología Dogmática, pronunció una conferencia acerca del significado del envío en tanto que como vocación catequética no parte de una iniciativa individual y privada, sino que por el contrario es una llamada a lo más íntimo de nuestro ser por parte del Señor, quien nos ofrece la misión desde el propio seno de la Iglesia. Así, habló a los catequistas como transmisores de la Palabra de Dios y por tanto de la exigencia de acometer esta misión con honradez, sin contaminaciones que desvirtúen el auténtico significado del mensaje. También reconoció la dificultad del momento que atraviesa la catequesis por la escasa colaboración de algunas familias, pero,  no obstante, alentó a continuar sembrando la semilla de la fe, pues aunque en apariencia pueda parecer que el contenido no penetra en un primer momento en los catecúmenos, más tarde sí  puede observarse el brote de buenos frutos.
Posteriormente, D. Joaquín concelebró con los sacerdotes asistentes. La liturgia introdujo elementos nuevos y plenos de significado: la transmisión de la luz del obispo a todos los presentes a través de las velas, acto que recordaba sin duda  a la ceremonia pascual y el beso de cada uno de los catequistas a los Evangelios como gesto de aceptación de la Palabra en su totalidad, sin obviar ninguno de los contenidos por pequeños que sean.
La homilía la inició D. Joaquín dando gracias al Señor por concedernos la Gracia de poder celebrar el envío en la fiesta de la Virgen Dolorosa, la madre piadosa que a los pies de la cruz se hizo partícipe de la Redención. En la plática nos exhortó diciendo que el Señor nos llama para ser testigos de su amor e instrumentos para  comunicar sus misterios en comunión con la Iglesia; puente para poner a los niños, jóvenes o adultos en relación con Él, lo que constituye el mayor acto de caridad del cristiano: ayudar al hombre a encontrarse con Dios, pues no hay mayor pobreza que vivir de espaldas a Él. Abordó también un tema lleno de interés en nuestros días, pues el hombre parece haberse olvidado de sus limitaciones, de la presencia del mal en sus actos. Así, habló del pecado como el no reconocimiento, la desconfianza de la paternidad de Dios, y de la infinita misericordia del Dios que se hace hombre para ayudar al hombre a salir del pecado, esto es, volver a confiar en Él. Es a través de la cruz como el pecado es destruido y Cristo devuelve al hombre su filiación divina. Y es junto a la cruz donde la Virgen nos abre su corazón para encontrarnos con Dios. María está en la comunidad cristiana y los apóstoles ven en ella a Jesús. La catequesis es un misterio maternal pues a través de ella la Iglesia transmite vida. Por ello María junto a la cruz debe ser nuestro modelo, como ella tenemos que estar abiertos a la Palabra, ser para todos el rostro de Jesús.
Después de la Eucaristía se celebró un ágape fraterno en los salones parroquiales. El P. José M.ª que actúo como anfitrión tuvo que multiplicarse, pues acto seguido tenía bautizos en la Iglesia. ¡Bendito sea Dios!