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01 marzo 2014

El amor siempre será necesario

Benedicto XVI

La doctrina social de la Iglesia argumenta desde la razón y el derecho natural, es decir, a partir de lo que es conforme a la naturaleza de todo ser humano. Y sabe que no es tarea de la Iglesia el que ella misma haga valer políticamente esta doctrina: quiere servir a la formación de las conciencias en la política y contribuir a que crezca la percepción de las verdaderas exigencias de la justicia y, al mismo tiempo, la disponibilidad para actuar conforme a ella, aun cuando esto estuviera en contraste con situaciones de intereses personales. Esto significa que la construcción de un orden social y estatal justo, mediante el cual se da a cada uno lo que le corresponde, es una tarea fundamental que debe afrontar de nuevo cada generación. Tratándose de un quehacer político, esto no puede ser un cometido inmediato de la Iglesia. Pero, como al mismo tiempo es una tarea humana primaria, la Iglesia tiene el deber de ofrecer, mediante la purificación de la razón y la formación ética, su contribución específica, para que las exigencias de la justicia sean comprensibles y políticamente realizables.
La Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de realizar la sociedad más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. Debe insertarse en ella a través de la argumentación racional y debe despertar las fuerzas espirituales, sin las cuales la justicia, que siempre exige también renuncias, no puede afirmarse ni prosperar. La sociedad justa no puede ser obra de la Iglesia, sino de la política. No obstante, le interesa sobremanera trabajar por la justicia esforzándose por abrir la inteligencia y la voluntad a las exigencias del bien.
b) El amor —caritas— siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa. No hay orden estatal, por justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor. Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre. Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habrá soledad. Siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo.[20] El Estado que quiere proveer a todo, que absorbe todo en sí mismo, se convierte en definitiva en una instancia burocrática que no puede asegurar lo más esencial que el hombre afligido —cualquier ser humano— necesita: una entrañable atención personal. Lo que hace falta no es un Estado que regule y domine todo, sino que generosamente reconozca y apoye, de acuerdo con el principio de subsidiaridad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales y que unen la espontaneidad con la cercanía a los hombres necesitados de auxilio. La Iglesia es una de estas fuerzas vivas: en ella late el dinamismo del amor suscitado por el Espíritu de Cristo. Este amor no brinda a los hombres sólo ayuda material, sino también sosiego y cuidado del alma, un ayuda con frecuencia más necesaria que el sustento material. La afirmación según la cual las estructuras justas harían superfluas las obras de caridad, esconde una concepción materialista del hombre: el prejuicio de que el hombre vive « sólo de pan » (Mt 4, 4; cf. Dt 8, 3), una concepción que humilla al hombre e ignora precisamente lo que es más específicamente humano.

Deus caritas est, Cap. II, 28


21 marzo 2013

Agradecimiento de Cáritas a Benedicto XVI

Cáritas agradece a Benedicto XVI su luminoso magisterio sobre la caridad

Ante la noticia de la renuncia a su ministerio como Obispo de Roma hacha pública el pasado 11 de febrero por el Papa Benedicto XVI, Cáritas Española expresa su profundo agradecimiento al Santo Padre por estos casi ocho años de fructífero Pontificado en el que ha situado la caridad como uno de los ejes de su magisterio.
Si ya en la primera de sus encíclicas, Deus caritas est, Benedicto XVI señala con claridad meridiana el amor de Dios como el corazón mismo de la fe cristiana y la opción fundamentas de la vida del cristiano, en su tercera encíclica, Caritas in veritate, va más allá al exclamar que "el amor _ "caritas"_ es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz".
Esa misma enseñanza, que no ha dejado de expresarse en los distintos espacios donde el Papa ha propuesto su rico magisterio, se ha manifestado de manera específica, en lo que supone para la identidad de la acción de Cáritas, tanto en sus sucesivos Mensajes para la Cuaresma como en los encuentros anuales con los miembros del Pontificio Consejo "Cor Unum", del que forma parte el presidente de Cáritas Española, Rafael Río Sendino.
La Confederación Cáritas en España, al tiempo que comparte el sentimiento de orfandad por esta decisión manifestado por el  cardenal Antonio Rouco Varela, presidente de la Conferencia Episcopal, acoge también "con reverencia filial" la voluntad del Santo Padre y expresa su confianza plena en la fuerza del Espíritu para que bendiga al futuro Papa y a toda la Iglesia.
El luminoso camino mostrado por Benedicto XVI acerca del ejercicio de la diakonia de la caridad será siempre fuente de inspiración para Cáritas en el desafío ue nos lanza la opción preferencial y evangélica por los pobres, una misión especialmente urgente en esta encrucijada de la historia.
En estos momentos en los que millones de hermanos siguen sufriendo las consecuencias de los injustos sistemas que rigen la economía, la moral, la política y la sociedad, Cáritas agradece la visión y la denuncia clara de todas las injusticias a lo largo del magisterio pontificio de Benedicto XVI, así como su cercanía al sufrimiento de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
Cuando la Iglesia afronta una nueva etapa en el gobierno de la barca de Pedro, oramos por el nuevo pontífice, al tiempo que intensificamos nuestros esfuerzos en el trabajo por alcanzar la justicia y la dignidad para todas las personas en la confianza de que la Buena Nueva de Jesucristo alcance a todos, aporte consuelo, luz y esperanza en los momentos de mayor turbación.

Cáritas, nº 544, febrero 2013, año LXII