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30 agosto 2020

La misión y la inculturación

Les invitamos a escuchar esta interesante reflexión del padre Agustín Raygada O.S.A.

LA MISIÓN Y LA INCULTURACIÓN. Por P. Agustín Raygada, OSA.

LA MISIÓN Y LA INCULTURACIÓN Por: Padre Agustín Raygada, OSA. "Nuestro Vicariato es eminentemente misionero..."

Publicada por Padre Agustín Raygada en Sábado, 29 de agosto de 2020

29 marzo 2014

La misión en el corazón del pueblo

Papa Francisco

La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar, no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar. Allí aparece la enfermera del alma, el docente del alma, el político del alma, esos que han decidido a fondo ser con los demás y para los demás. pero si uno separa la tarea por una parte y la propia privacidad por otra, todo se vuelve gris y estará permanentemente buscando reconocimientos o defendiendo sus propias necesidades. Dejará de ser pueblo.

Evangelii Gaudium. Cap V, 273

11 agosto 2013

Oración frente a activismo

Homilía del Papa Francisco pronunciada el pasado 7 de julio  en la Jornada de los seminaristas, novicios, novicias y de todos los que están en el camino vocacional 
http://www.zenit.org
Queridos hermanos y hermanas:
Ya ayer tuve la alegría de encontrarme con ustedes, y hoy nuestra fiesta es todavía mayor porque nos reunimos de nuevo para celebrar la Eucaristía, en el día del Señor. Ustedes son seminaristas, novicios y novicias, jóvenes en el camino vocacional, provenientes de todas las partes del mundo: ¡representan a la juventud de la Iglesia! Si la Iglesia es la Esposa de Cristo, en cierto sentido ustedes constituyen el momento del noviazgo, la primavera de la vocación, la estación del descubrimiento, de la prueba, de la formación. Y es una etapa muy bonita, en la que se ponen las bases para el futuro. ¡Gracias por haber venido!
Hoy la palabra de Dios nos habla de la misión. ¿De dónde nace la misión? La respuesta es sencilla: nace de una llamada que nos hace el Señor, y quien es llamado por Él lo es para ser enviado. Pero, ¿cuál debe ser el estilo del enviado? ¿Cuáles son los puntos de referencia de la misión cristiana? Las lecturas que hemos escuchado nos sugieren tres: la alegría de la consolación, la cruz y la oración.
El primer elemento: la alegría de la consolación. El profeta Isaías se dirige a un pueblo que ha atravesado el periodo oscuro del exilio, ha sufrido una prueba muy dura; pero ahora, para Jerusalén, ha llegado el tiempo de la consolación; la tristeza y el miedo deben dejar paso a la alegría: "Festejad… gozad… alegraos", dice el Profeta (66,10). Es una gran invitación a la alegría. ¿Por qué? ¿Cuál es el motivo? Porque el Señor hará derivar hacia la santa Ciudad y sus habitantes un "torrente" de consolación, de ternura materna: "Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán; como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo" (v. 12-13). Todo cristiano, sobre todo nosotros, estamos llamados a ser portadores de este mensaje de esperanza que da serenidad y alegría: la consolación de Dios, su ternura para con todos. Pero sólo podremos ser portadores si nosotros experimentamos antes la alegría de ser consolados por Él, de ser amados por Él. Esto es importante para que nuestra misión sea fecunda: sentir la consolación de Dios y transmitirla. La invitación de Isaías ha de resonar en nuestro corazón: "Consolad, consolad a mi pueblo" (40,1), y convertirse en misión. La gente de hoy tiene necesidad ciertamente de palabras, pero sobre todo tiene necesidad de que demos testimonio de la misericordia, la ternura del Señor, que enardece el corazón, despierta la esperanza, atrae hacia el bien. ¡La alegría de llevar la consolación de Dios!
El segundo punto de referencia de la misión es la cruz de Cristo. San Pablo, escribiendo a los Gálatas, dice: "Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo" (6,14). Y habla de las "marcas", es decir, de las llagas de Cristo Crucificado, como el cuño, la señal distintiva de su existencia de Apóstol del Evangelio. En su ministerio, Pablo ha experimentado el sufrimiento, la debilidad y la derrota, pero también la alegría y la consolación. He aquí el misterio pascual de Jesús: misterio de muerte y resurrección. Y precisamente haberse dejado conformar con la muerte de Jesús ha hecho a San Pablo participar en su resurrección, en su victoria. En la hora de la oscuridad y de la prueba está ya presente y activa el alba de la luz y de la salvación. ¡El misterio pascual es el corazón palpitante de la misión de la Iglesia! Y si permanecemos dentro de este misterio, estamos a salvo tanto de una visión mundana y triunfalista de la misión, como del desánimo que puede nacer ante las pruebas y los fracasos. La fecundidad del anuncio del Evangelio no procede ni del éxito ni del fracaso según los criterios de valoración humana, sino de conformarse con la lógica de la Cruz de Jesús, que es la lógica del salir de sí mismos y darse, la lógica del amor. Es la Cruz –siempre la Cruz con Cristo-, la que garantiza la fecundidad de nuestra misión. Y desde la Cruz, acto supremo de misericordia y de amor, renacemos como "criatura nueva" (Ga 6,15).ù
Finalmente, el tercer elemento: la oración. En el Evangelio hemos escuchado: "Rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies" (Lc 10,2). Los obreros para la mies no son elegidos mediante campañas publicitarias o llamadas al servicio y a la generosidad, sino que son "elegidos" y "mandados" por Dios. Por eso es importante la oración. La Iglesia, nos ha repetido Benedicto XVI, no es nuestra, sino de Dios; el campo a cultivar es suyo. Así pues, la misión es sobre todo gracia. Y si el apóstol es fruto de la oración, encontrará en ella la luz y la fuerza para su acción. En efecto, nuestra misión pierde su fecundidad, e incluso se apaga, en el mismo momento en que se interrumpe la conexión con la fuente, con el Señor.
Queridos seminaristas, queridas novicias y queridos novicios, queridos jóvenes en el camino vocacional. "La evangelización se hace de rodillas", me decía uno de ustedes el otro día. ¡Sean siempre hombres y mujeres de oración! Sin la relación constante con Dios la misión se convierte en función. El riesgo del activismo, de confiar demasiado en las estructuras, está siempre al acecho. Si miramos a Jesús, vemos que la víspera de cada decisión y acontecimiento importante, se recogía en oración intensa y prolongada. Cultivemos la dimensión contemplativa, incluso en la vorágine de los compromisos más urgentes y acuciantes. Cuanto más les llame la misión a ir a las periferias existenciales, más unido ha de estar su corazón a Cristo, lleno de misericordia y de amor. ¡Aquí reside el secreto de la fecundidad de un discípulo del Señor!
Jesús manda a los suyos sin "talega, ni alforja, ni sandalias" (Lc 10,4). La difusión del Evangelio no está asegurada ni por el número de personas, ni por el prestigio de la institución, ni por la cantidad de recursos disponibles. Lo que cuenta es estar imbuidos del amor de Cristo, dejarse conducir por el Espíritu Santo, e injertar la propia vida en el árbol de la vida, que es la Cruz del Señor.
Queridos amigos y amigas, con gran confianza les pongo bajo la intercesión de María Santísima. Ella es la Madre que nos ayuda a tomar las decisiones definitivas con libertad, sin miedo. Que Ella les ayude a dar testimonio de la alegría de la consolación de Dios, a conformarse con la lógica de amor de la Cruz, a crecer en una unión cada vez más intensa con el Señor. ¡Así su vida será rica y fecunda! Amén.

08 marzo 2013

Deus in Adjutorium. Domenico Zipoli

Domenico Zipoli (1688-1726) nació en Prato y estudió música en Florencia, Nápoles (donde fue discípulo de Scarlatti), Bolonia y Roma. En 1716 viajó a Sevilla donde comenzó su noviciado en la Compañía de Jesús. Adscrito a la provincia del Paraguay, marchó a América y se estableció en Córdoba (Argentina), donde residió hasta su muerte.

La presente composición procede del Archivo de las Misiones Jesuíticas de Chiquitos.

03 julio 2012

Presentamos hoy un vídeo sobre la misión agustina en Tolé, Panamá. Esperamos que sea de interés para todos.


19 junio 2012

Misión de jóvenes

Presentamos un vídeo de una misión de jóvenes agustinianos en los valles calchaquíes de Argentina. Una alternativa para acercarse a otra realidad que puede enriquecernos enormemente en la tarea de crecer como personas y constituye una forma clara de dar testimonio de Cristo Resucitado.

07 marzo 2012

La fe en un mundo globalizado

Carmen Sáez Gutiérrez

ROUCOU, Christophe. La fe ante el desafío de la globalización. ¿Tiene todavía sentido la misión? Edit. PPC, Madrid 2009, 22 x 14,5, 142 pp

Christophe Roucou, máster en Historia y Teología, sacerdote y superior del seminario de la Misión de Francia, durante algún tiempo, y actualmente misionero en Egipto, en una segunda etapa, pues lo había sido ya con anterioridad, plantea en esta obra una cuestión crucial de la Iglesia de nuestros días, el sentido de la misión en la sociedad actual, ante la globalización. A lo largo del libro, el autor da respuesta sobrada a este interrogante desde un planteamiento que entiende la misión como encuentro y diálogo con la espiritualidad del otro y no como intento de un proselitismo que  pretende, de forma prioritaria, ganar adeptos. Solo ofreciendo el testimonio del amor de Dios al hombre a través de una entrega gratuita que atienda a las necesidades más acuciantes del ser humano, es posible compartir la Palabra que nos ha sido entregada.
La Iglesia, además de aportar el tesoro que ha recibido, debe permanecer a la escucha de otras sensibilidades religiosas, de otras formas de sentir y estar en el mundo. Ante los retos y problemas actuales, la misión de la Iglesia tiene mucho que ofrecer buscando el encuentro en lo cotidiano, ayudando en todo aquello que sea necesario. Pero, al mismo tiempo, debe sentir la presencia del Espíritu y el Amor de Dios en hombres y mujeres que profesan otras religiones. Así, desde esta perspectiva, es posible aproximarse al ecumenismo y dar al cristianismo su más pleno significado, en tanto es una religión fundamentada en los pilares del Amor de Cristo proyectado en cada persona.
El cardenal Roger Etchegaray define en el prólogo esta obra como “una gran bocanada de aire fresco” y ciertamente lo es para los cristianos que hemos estado o estamos en relación con miembros de otras religiones, ateos o agnósticos y sentimos esa vivencia común de ser hijos de Dios. La Iglesia, de esta forma, se despoja de la obligatoriedad de aumentar sus adeptos para vivir en profundidad el sentido del Reino de Dios que debemos empezar a construir ya, aquí.