16 noviembre 2012

Oración de la rebeldía

Francisco García Salve

Llego a Ti, Señor, con humildad,
a pedirte rebeldía.
Quiero vivir comprometido con la verdad;
no venderme por nada ni ante nadie;
resistir la tentación de buscar la felicidad externa
y de admitir la paz injusta.
Hazme un inconforme
con el error, la injusticia y el odio;
un insatisfecho con la farsa del mundo,
pero con deseo de trabajar con amor por mejorarlo.
Hazme un indómito de tu Reino,
digno de oir aquellas palabras de tu evangelio (Jn 16,33):
“En el mundo tendréis dificultades;
mas tened buen ánimo,
que Yo he vencido al mundo”

15 noviembre 2012

La actualización de la fe por la práctica del amor

Juan Martín Velasco


A ella se refiere explícitamente san Pablo en la carta a los Gálatas, donde declara que lo que vale en Cristo es “la fe que se realiza por amor” (5,6). A esta realización de la actitud teologal por la práctica del amor remiten permanentemente los textos de san Juan: “Quien no ama no conoce a Dios, porque dios es amor” (1 Jn 4,8). Este aspecto de la realización de la actitud creyente encuentra un eco intenso en los cristianos de nuestro tiempo, debido a la agudización de la conciencia del escándalo que supone la pobreza en el mundo actual. Este hecho para muchos cristianos actuales, forma parte de la situación religiosa de nuestro tiempo, y la existencia de los pobres ha pasado a formar parte para muchos de ellos de la misma dimensión teologal de la vida cristiana, que afecta a la comprensión de Dios y su proyecto sobre el mundo y a la comprensión del mensaje, de la vida y la persona de Jesús. De ahí que la relación con el pobre, bajo la forma de opción preferencial por él, haya pasado a formar parte del núcleo mismo del ser cristiano, como parte de la realización del hecho de creer en el Dios revelado en Jesucristo y de la pertenencia a la Iglesia, reconocida como Iglesia de los pobres. De ahí también la progresiva incorporación de los pobres y la opción por ellos a la realización de la comprensión de la espiritualidad cristiana, la actitud teologal y la experiencia de Dios. Porque, condicionada por circunstancias económicas, sociales y políticas, la nueva conciencia cristiana en relación con la pobreza ha redescubierto la visión bíblica de los profetas, y como ellos ha introducido la respuesta a la injusticia que esa pobreza exige, y la lucha contra ella, en el centro mismo de la relación con Dios: ”Defendía la causa del humilde y del pobre, y todo le iba bien. Eso es lo que significa conocerme”, exclama Jeremía como “oráculo del Señor” ( Jr 22, 16;cf.Is58).
Las razones de esta incorporación de la actitud para con los pobres a la realización de la actitud teologal son muchas y están arraigadas en la estructura misma de la actitud teologal cristiana. La más obvia sin duda es que la comprensión cristiana de Dios como amor hace que su conocimiento se haga realidad en el acto de amor que tiene su destinatario inmediato en el prójimo: ”Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos”(1 Jn 3, 14). Por otra parte, los cristianos descubrimos la presencia de Dios en Cristo, sacramento de nuestro encuentro con él, y Jesús aparece como enviado para “anunciar la buena noticia a los pobres”, identificándose con ellos y ligando en encuentro con él a la atención a los más pequeños: “Lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”, “porque tuve hambre y me disteis de comer” (Mt25,35-40)(. Por eso, la referencia al amor al prójimo y al servicio a los pobres ha sido considerado siempre el criterio por excelencia de una actitud auténticamente cristiana y de toda experiencia de Dios.
Desde esa visión creyente de los pobres, la relación con ellos deja de ser la sola práctica de la misericordia, parte de la moral cristiana que se sigue del cumplimiento de los preceptos y adquiere una dimensión teologal. Así, la relación con los pobres pasa a formar parte de la realización efectiva de la experiencia de la fe como el medio por excelencia de la puesta en ejercicio de la actitud creyente.[1]



[1] ALEIXANDRE, D., MARTÍN VELASCO, J. Y PAGOLA, J.A Fijos los ojos en Jesús. En los umbrales de la fe. PPC, Madrid, 2012, pp 59-61.

14 noviembre 2012

Encuentro pastoral agustiniano 2012


Francisco Javier Bernad Morales

Das pan al hambriento, pero mejor sería que nadie tuviese hambre, y así no darías a nadie de comer (San Agustín, Comentario a 1 Jn, VIII).

Del 9 al 11 de noviembre, hemos celebrado el tradicional Encuentro Pastoral Agustiniano en Valencia de Don Juan. Bajo el lema Respuesta agustiniana a las pobrezas de nuestro tiempo, nos hemos reunido religiosos y laicos de la provincia de Filipinas de la orden. Ha sido la ocasión de encontrar a viejos amigos procedentes de Badalona, Loiu, Bilbao, Zaragoza, Valladolid, Madrid y Móstoles, e intercambiar con ellos nuestras experiencias en estos tiempos particularmente difíciles.

La jornada se abrió con una exposición del padre Javier Antolín Sánchez (OSA), quien, a partir de un análisis de la crisis económica mundial y de su especial repercusión en España, nos advirtió de las tentaciones que nos acechan a los cristianos al afrontar los problemas. Entre ellas, el exceso de moralización, la idea de sentirnos salvadores, el pecar de ingenuos y creer en soluciones utópicas, y también la de aceptar de manera acrítica el orden vigente. Frente a ellas, y sin entrar en las diferentes posiciones políticas que podamos libremente adoptar, nos llamó a asumir una actitud profética que, a la luz del Evangelio, intente discernir la justicia de las alternativas ofrecidas por los políticos y prime el bien común por encima de los intereses corporativos y particulares. Pero no basta con la actitud. Esta solo adquiere pleno valor si se acompaña de gestos proféticos cargados de significado. Además, es preciso que seamos capaces de reconocer nuestra propia responsabilidad personal en la generación de situaciones injustas. En suma, la Iglesia, como tal, no tiene que intervenir con propuestas de política partidista, pero sí pronunciar una palabra crítica e iluminadora; en tanto que los cristianos debemos enfrentar nuestra conciencia y experimentar una íntima conversión.

Tras esto, los diferentes grupos expusieron sus actuaciones en el marco concreto en que desarrollan su actividad. Hablamos así de la dificultad que supone el atender a un número creciente de personas que demandan ayuda, de la manera específica en que esta se presta: bancos de alimentos, roperos, orientación, realización de campañas solidarias…, y sobre todo de la actitud de acogida ante quien se dirige a nosotros en busca no solo de una receta puntual que le permita sortear un problema inmediato, sino también de alguien que le mire a los ojos y escuche sus tribulaciones.

La situación es sombría, pero en medio de la aflicción, surgen rayos de esperanza. Mientras las subvenciones públicas disminuyen o incluso desaparecen, se mantienen los donativos privados, al tiempo que se extienden formas de solidaridad como las cooperativas de consumo.  Son apenas débiles destellos en la oscuridad, pero nos permiten atisbar un futuro esperanzador, en que la generosidad triunfe sobre el egoísmo.

Ha sido un fin de semana intenso, de profunda reflexión, tras el que regresamos confortados por el contacto con hermanos que comparten nuestra labor, y que, con su experiencia, nos sugieren ideas con las que desarrollar nuevas iniciativas.




13 noviembre 2012

12 noviembre 2012

Iván Rebrov. Salve Regina

Interpretación del cantante alemán de origen ruso Iván Rebrov (1931-2008)


11 noviembre 2012

Diálogo con Dios


Carmen Sáez Gutiérrez

DOMEK, JOHANNA Respuestas que liberan. Veinticuatro preguntas a la Biblia.  Ed. Nancea. Madrid 2005, 13,5 x 21, 123 pp.
La autora es una monja benedictina, priora del Monasterio de Köln-Raderberg y creadora de numerosas publicaciones de carácter espiritual.
En este libro se plantea la importancia de reflexionar sobre las preguntas que hace Dios a los hombres y éstos le hacen a Él, como forma de establecer un diálogo maduro y fecundo con el Creador. Las preguntas son así una puerta abierta a la relación con el Padre y con nosotros mismos, llegando de este modo a lo más profundo de nuestro ser. Pueden tener un efecto liberador en la medida que nos obligan a cuestionarnos nuestra  relación con Dios y a reaccionar frente a ellas como ante un desafío.
En este volumen, se recogen veinticuatro preguntas que aparecen en la Biblia e interpelan al hombre sobre lo más íntimo de sí mismo. Estas preguntas sirven al creyente para reflexionar y acercarse al gran acontecimiento de la salvación, de forma gradual y progresiva. La actitud de escucha y la sinceridad son dos condiciones necesarias para relacionar la historia personal con la historia de la salvación. La autora sitúa cada pregunta en el contexto bíblico y después pasa al plano personal de cada uno como orante, formulando nuevas preguntas en conexión con nuestras propias vidas.
Es un libro para leer con detenimiento, a ratos, de forma reflexiva y desde luego, no de un tirón, aunque el interés que suscita pueda conducir a ello. El lenguaje es sencillo y directo, además las exposiciones son presentadas con claridad.
La lectura es muy apropiada para momentos de retiro espiritual que nos sitúen en conversación con Dios y con nosotros mismos.