20 septiembre 2012

Declaración de Cáritas (LXIX Asamblea General)

…La actual coyuntura está consolidando estructuras de injusticia y de sufrimiento, donde los ciudadanos con mayor desventaja social son los grandes olvidados del sistema y soportan las consecuencias de una crisis que ha agudizado otra crisis (de modelo de desarrollo) anterior, que existía ya en tiempos de bonanza económica, y que está disparando la desigualdad y expulsando a muchas personas a los márgenes de la sociedad.
Por ello, desde Cáritas queremos optar por acciones auténticamente significativas, que activen la solidaridad entre personas, comunidades y pueblos, y que sirvan para denunciar las situaciones  de opresión y de sufrimiento a las que nos acercamos cada día.
Nos encontramos ante un modelo social tiranizado por lo económico, ante el que es necesario promover sin demoras un cambio de paradigma y un nuevo marco de convivencia que redefina las prioridades básicas de la sociedad ante el poder de los mercados, tal y como señala Benedicto XVI en “Caritas in Veritate”…

El Escorial, 24 de junio de 2012

19 septiembre 2012

Padre Nuestro mozárabe


Cuando los musulmanes conquistaron el reino visigodo permitieron que los cristianos, al igual que los judíos, mantuvieran su religión, si bien en la condición de dimmíes, esto es de minoría protegida sujeta al pago de un impuesto especial. En Al-Andalus, en los primeros tiempos constituyeron la mayoría de la población, aunque pronto se iniciaron las conversiones al islam. De esta manera, los hispanorromanos e hispanovisigodos se dividieron rápidamente en dos grupos: los muladíes, que adoptaron la religión de los conquistadores, y los mozárabes, fieles al cristianismo. Andando el tiempo, al endurecerse el trato que recibían fueron muchos los mozárabes que emigraron a los reinos y condados cristianos del norte. Llevaban consigo una cultura peculiar que en lo religioso se manifestaba en la pervivencia de la liturgia visigótica y en lo político en el anhelo de recuperar las tierras ocupadas por los musulmanes.

Su influencia declinó a partir del reinado de Alfonso VI de León y de Castilla, cuando los monarcas decidieron estrechar los lazos con los reinos europeos y con el papado, para lo cual favorecieron el asentamiento de monjes cluniacenses y cistercienses y la adopción de la liturgia romana.



18 septiembre 2012

Maestro de humildad

San Agustín

“Para curar la causa de todos los males que es la soberbia, el Hijo de Dios ha bajado y se ha hecho humilde ¿Por qué te haces soberbio, hombre, si Dios se ha humillado por ti? Tal vez te avergüences de imitar a un hombre humilde; imita, entonces, a Dios humilde. El Hijo de Dios ha tomado forma humana y se ha hecho humilde; a ti se te ordena ser humilde, no convertirte de hombre en animal. Él, Dios se ha hecho hombre. Tú, hombre, reconócete como tal porque toda tu humildad consiste en reconocer que eres un hombre.(….) He venido humilde –dice el Señor-, he venido a enseñar la humildad, he venido como maestro de humildad. Quien viene a mí queda incorporado a mí; quien viene a mí se hace humilde; quien está unido a mí será humilde porque no hace su propia voluntad sino la de Dios”.
Comentario al Evangelio de san Juan 25, 16


17 septiembre 2012

El asombro ante la Creación

Francisco Javier Bernad Morales

Imre Kertész en un discurso pronunciado en 1995, recogido junto a otros en un volumen de título deliberadamente brutal (Un instante de silencio en el paredón, Barcelona, Herder, 2002), señalaba con melancolía, como en el siglo XX la humanidad entró en nueva época y que los tiempos antiguos, al igual que la juventud, jamás retornarán. El escritor, superviviente de Auschwitz, lamentaba la pérdida de una actitud humana a la que se refería como de “asombro ante la Creación”, un pasmo ante la existencia del mundo, cuya desaparición habría arrastrado consigo la del respeto, la devoción, la alegría y el amor por la vida. No faltará quien arguya, quizá con razón, que se trata de una visión extremadamente pesimista, derivada quizá de una vivencia personal y, por tanto, carente de objetividad. Incluso podría aducir en contra de Kertész, el testimonio de otro superviviente, el psiquiatra Viktor Frankl, quien cuenta como en una ocasión, tanto él como sus compañeros de barracón se sintieron embargados por la hermosura de una puesta de sol (El hombre en busca de sentido, Barcelona, Herder, 2004). En las terribles condiciones del Lager, unos internos a quienes se había relegado a la categoría de subhumanos y cuya vida, mantenida en los límites de la estricta subsistencia, podía finalizar a la menor muestra de flaqueza en una cámara de gas, mantenían la capacidad de apreciar la belleza y deleitarse en su contemplación. Si miramos un poco hacia atrás, podremos recordar que Frankl, aún tras la anexión de Austria por la Alemania nazi, tuvo la oportunidad de escapar del horror. Disponía de un visado para viajar a los Estados Unidos, pero, tras angustiosas dudas, decidió no utilizarlo, ya que no podía llevar consigo a sus padres. No era un iluso. Sabía que no los salvaría y que él mismo, con toda probabilidad, correría su misma suerte. Pese a todo, escogió permanecer a su lado el mayor tiempo posible. El Decálogo dice: “Honrarás a tu padre y a tu madre.”
¿Es posible que ya no nos estremezca una noche estrellada o que hayamos dejado de maravillarnos ante la capacidad humana para inventar recursos? Sin duda no es así. Se trata, al igual que la compasión ante el sufrimiento, de emociones profundamente arraigadas en el fondo de nuestra alma. Y sin embargo, Kertész tiene razón y Frankl no solo no le contradice, sino que confirma su aserto. Hemos asistido en nuestro tiempo a una radical desvalorización de la vida. Desde que el Estado se atribuyó la potestad de decidir quiénes tienen derecho a la existencia y utilizó las modernas técnicas de organización y de producción industrial para fabricar cadáveres, ya nada ha vuelto a ser como antes. La derrota del nazismo y el posterior hundimiento del comunismo no han conducido a un rearme moral de la sociedad. Antes al contrario, se ha extendido un sentimiento de desánimo, de apatía. Se diría que el horror es tan fuerte que no podemos soportarlo y que, en consecuencia, solo aspiramos a ignorar el sufrimiento que acecha a nuestras vidas. Se ha adueñado así de las conciencias un suave y adormecedor hedonismo, que nos impide plantar cara a las realidades de la existencia. Antes los enfermos morían en casa rodeados de familiares y amigos. Ahora, por lo general, lo hacen en la fría sala de un hospital, conectados a complejos aparatos y con el conocimiento perdido. No se me entienda mal. No estoy contra la medicina moderna, pero hay algo que se nos ha hurtado en el cambio, algo que las generaciones anteriores tenían siempre presente: el momento de la muerte. Puede parecer paradójico, pero solo quien siente su cercanía tiene plena conciencia del valor de la vida. Solo cuando somos conscientes de la fragilidad de la existencia, de lo harto improbable que resulta el hecho de que nos encontremos en este momento en el mundo, somos capaces de percibir la grandeza de la Creación y de admirarnos ante ella. Del reconocimiento de nuestra miseria surge el impulso que nos lleva a formular las grandes preguntas metafísicas y éticas; pues solo quien teme perder la vida y, no obstante sabe que esta solo es auténtica cuando se une indisolublemente a la dignidad y, por tanto, está dispuesto a sacrificarla, la valora verdaderamente. Juan Pablo II, al exhibir públicamente su dolor y su decadencia física, causó a no pocos un no siempre disimulado desagrado, y no faltaron voces, a menudo ajenas a la Iglesia Católica, que, so capa de una falsa piedad, le exhortaban a la abdicación. Les hubiera gustado que el anciano ocultara sus padecimientos en el reducido espacio privado, pues su presencia venía a recordar todo lo que inútilmente nos esforzamos en olvidar, y nos obligaba a mirar de frente a nuestro destino. En esta época de imágenes, el Pontífice osaba encarnar la del sufrimiento humano, y elegía convertirse en heroico testigo de Jesús crucificado. Como Viktor Frankl y sus compañeros de barracón que, hambrientos y extenuados, aún tenían fuerzas para admirar la hermosura del crepúsculo, Juan Pablo II nos mostraba en su fragilidad la grandeza del Creador. 

16 septiembre 2012

Envío de catequistas


Carmen Sáez Gutiérrez

Ayer sábado tuvo lugar en nuestra parroquia la ceremonia de envío de catequistas de niños, jóvenes y adultos, oficiada por el obispo titular de nuestra diócesis, D. Joaquín María López de Andújar como responsable de la comunidad cristiana.
Previamente a la Eucaristía presidida por D. Joaquín,  el joven párroco del Álamo y arcipreste de Navalcarnero D. Manuel de Castro, licenciado, además, en Derecho Canónico y Teología Dogmática, pronunció una conferencia acerca del significado del envío en tanto que como vocación catequética no parte de una iniciativa individual y privada, sino que por el contrario es una llamada a lo más íntimo de nuestro ser por parte del Señor, quien nos ofrece la misión desde el propio seno de la Iglesia. Así, habló a los catequistas como transmisores de la Palabra de Dios y por tanto de la exigencia de acometer esta misión con honradez, sin contaminaciones que desvirtúen el auténtico significado del mensaje. También reconoció la dificultad del momento que atraviesa la catequesis por la escasa colaboración de algunas familias, pero,  no obstante, alentó a continuar sembrando la semilla de la fe, pues aunque en apariencia pueda parecer que el contenido no penetra en un primer momento en los catecúmenos, más tarde sí  puede observarse el brote de buenos frutos.
Posteriormente, D. Joaquín concelebró con los sacerdotes asistentes. La liturgia introdujo elementos nuevos y plenos de significado: la transmisión de la luz del obispo a todos los presentes a través de las velas, acto que recordaba sin duda  a la ceremonia pascual y el beso de cada uno de los catequistas a los Evangelios como gesto de aceptación de la Palabra en su totalidad, sin obviar ninguno de los contenidos por pequeños que sean.
La homilía la inició D. Joaquín dando gracias al Señor por concedernos la Gracia de poder celebrar el envío en la fiesta de la Virgen Dolorosa, la madre piadosa que a los pies de la cruz se hizo partícipe de la Redención. En la plática nos exhortó diciendo que el Señor nos llama para ser testigos de su amor e instrumentos para  comunicar sus misterios en comunión con la Iglesia; puente para poner a los niños, jóvenes o adultos en relación con Él, lo que constituye el mayor acto de caridad del cristiano: ayudar al hombre a encontrarse con Dios, pues no hay mayor pobreza que vivir de espaldas a Él. Abordó también un tema lleno de interés en nuestros días, pues el hombre parece haberse olvidado de sus limitaciones, de la presencia del mal en sus actos. Así, habló del pecado como el no reconocimiento, la desconfianza de la paternidad de Dios, y de la infinita misericordia del Dios que se hace hombre para ayudar al hombre a salir del pecado, esto es, volver a confiar en Él. Es a través de la cruz como el pecado es destruido y Cristo devuelve al hombre su filiación divina. Y es junto a la cruz donde la Virgen nos abre su corazón para encontrarnos con Dios. María está en la comunidad cristiana y los apóstoles ven en ella a Jesús. La catequesis es un misterio maternal pues a través de ella la Iglesia transmite vida. Por ello María junto a la cruz debe ser nuestro modelo, como ella tenemos que estar abiertos a la Palabra, ser para todos el rostro de Jesús.
Después de la Eucaristía se celebró un ágape fraterno en los salones parroquiales. El P. José M.ª que actúo como anfitrión tuvo que multiplicarse, pues acto seguido tenía bautizos en la Iglesia. ¡Bendito sea Dios!

15 septiembre 2012

Virgen de los Dolores

En el día de la Virgen de los Dolores, advocaión mariana conocida también como Virgen de las Angustias o Virgen de la Caridad, presentamos una bella versión del canto Salve Regina interpretada por el coro monástico de la Abadía de Notre-Dame Fontgombault.

14 septiembre 2012

En la cruz está la vida

Santa Teresa de Jesús

En la cruz está la vida 
y el consuelo, 
y ella sola es el camino 
para el cielo. 

En la cruz está "el Señor 
de cielo y tierra", 
y el gozar de mucha paz, 
aunque haya guerra. 
Todos los males destierra 
en este suelo, 
y ella sola es el camino 
para el cielo. 

De la cruz dice la Esposa 
a su Querido 
que es una "palma preciosa" 
donde ha subido, 
y su fruto le ha sabido 
a Dios del cielo, 
y ella sola es el camino 
para el cielo. 

Es una "oliva preciosa" 
la santa cruz 
que con su aceite nos unta 
y nos da luz. 
Alma mía, toma la cruz 
con gran consuelo, 
que ella sola es el camino 
para el cielo. 

Es la cruz el "árbol verde 
y deseado" 
de la Esposa, que a su sombra 
se ha sentado 
para gozar de su Amado, 
el Rey del cielo, 
y ella sola es el camino 
para el cielo. 

El alma que a Dios está 
toda rendida, 
y muy de veras del mundo 
desasida, 
la cruz le es "árbol de vida" 
y de consuelo, 
y un camino deleitoso 
para el cielo. 

Después que se puso en cruz 
el Salvador, 
en la cruz está "la gloria 
y el honor", 
y en el padecer dolor 
vida y consuelo, 
y el camino más seguro 
para el cielo.