13 septiembre 2012

El camino de Tamanrasset


Carmen Sáez Gutiérrez         


CHATELARD, A. Carlos de Foucauld. El camino de Tamanrasset. Ed. San Pablo Madrid  2003, 14,5x22, 338 pp.

Antoine Chatelard, Hermanito de Jesús, narra la apasionante vida de Carlos de Foucauld de una forma original, a través de la correspondencia entre éste y su director espiritual, el padre Huvelin, fundamentalmente, si bien también se sirve del testimonio de  cartas con otras personas como su prima María de Bondy.
Después de una educación en el seno de una familia católica sucede un periodo de increencia que culmina con la conversión tras el contacto con gente apegada a Dios en el norte de África, cuando estaba en el ejército.          
El descubrimiento de Jesús lleva a Carlos de Foucauld a entrar en un monasterio de la Trapa, vivir en la más absoluta pobreza en Tierra Santa para seguir la vida de Jesús de Nazaret,  redactar la Regla de la congregación de los Hermanos del Sagrado Corazón en el Norte de África y dedicarse con empeño a la evangelización de los tuaregs.
La vida oculta y solitaria de monje la comparte con la de misionero que predica con el silencio, viviendo en obediencia y pobreza, dando limosnas a aquellos que más lo necesitan y liberando hombres de la esclavitud.
A través de la lectura sosegada de la obra se descubre el talante de Carlos de Foucauld que irradia felicidad, bondad extrema y humilde mansedumbre. Es un hombre que elige vivir para Dios, sin ningún otro objetivo, lo que implica dejar lo que más ama: su familia y su posición, distanciarse para acercarse a Dios.
El libro tiene el valor testimonial de un hombre entregado a la oración y a la contemplación, a quien le cuesta salir de su clausura  y cuando lo hace es para ayudar a los demás sin pretender convencer sino es a través de su ejemplo. Sobrecoge la gran fuerza interior de Carlos de Foucauld que es trasmitida con claridad y entusiasmo.

A la visión


Consuelo Pons Lafuente

Intuyo que tus ojos me ven
con una mirada
diferente a la mía,
y no sé cómo me sientes.

Me gustaría saber
si la percepción de la belleza,
tiene el mismo significado
que para mí.

Quisiera encontrarme
en tu mundo,
para conocerlo como es
y poder vivirlo contigo.

Mi curiosidad me lleva
a indagar la vivencia
que nos separa,
entre la oscuridad y la claridad.

Tal vez,
el telón que separa
al actor del espectador
es como el párpado al cerrarse
que impide nuestra visión.

Dime cómo son las noches y los días
para ver la diferencia con los míos.
Pues yo también tengo un firmamento y una tierra
que no me permitan profundizar.

No obstante: nuestro corazón
late con el mismo tono,
el mismo ritmo
y, amando con semejante intensidad.


12 septiembre 2012

Todo por la Revolución


Francisco Javier Bernad Morales

Generación Mao (Barcelona, Planeta, 2009), escrito por Xinran, constituye un testimonio estremecedor del espejismo totalitario. Al modo de Los que susurran, de Orlando Figes, la obra se construye a partir de una serie de entrevistas; en este caso, no con supervivientes del Gulag, sino con veteranos que vivieron las grandes transformaciones de la China del siglo XX. Son relatos diversos, aunque podríamos aislar algunos rasgos compartidos. Llama sobre todo la atención, la dificultad, casi imposibilidad, que estos ancianos encuentran para comunicar a sus hijos y nietos aquello que han vivido. De no ser por Xinran, que les obliga a bucear en el recuerdo, su memoria se desvanecería y pronto un heroísmo y un sufrimiento que forman parte de la base de nuestro mundo caerían en un absoluto olvido. Son vidas obviamente distintas, pero unidas conforman un poliedro en el que se encierran las ilusiones, espejismos y atrocidades del siglo XX. No es hoy mi intención entrar en un análisis pormenorizado del libro. Me limitaré a llamar la atención sobre una de las historias tan trágicas como entrañables que contiene. La de quienes, según la propia autora, constituyen un matrimonio distinguido: el señor y la señora You.

Hablemos primero de él. Estudiante aventajado de Física opta, a instancias del Partido, por la Geofísica, y marcha a completar su formación a Moscú. Son los años inmediatamente posteriores al triunfo de la Revolución y las relaciones sinosoviéticas aún son buenas. Al regreso le esperan importantes puestos como encargado de las prospecciones petrolíferas en diversas regiones a cual más inhóspita. Es un hombre tenaz e inagotable, hasta el punto de que recibe el título de Héroe del trabajo, algo que supone un magnífico premio: la colección de las obras completas de Mao. Su vida es dura. Se aloja en barracones o tiendas de campaña y, pese a su prestigio y a su capacidad, apenas obtiene la ración de alimentos necesaria para mantener la vida. El único combustible son boñigas de vaca. Y, sin embargo, You es un privilegiado, un cuadro dirigente del Partido, un científico famoso, no uno de esos miserables condenados a la rehabilitación mediante el trabajo.

Ocupémonos ahora de su esposa. Apenas adolescente, marcha a cientos de kilómetros del hogar para proseguir los estudios y luego se alista voluntariamente en un destacamento de prospección petrolífera. No juzga necesario visitar a sus padres para despedirse o siquiera informarlos de su decisión. Allá, en el lejano Xian, conocerá a quien pronto será su marido. Las costumbres han cambiado y el matrimonio ya no se concierta en la infancia mediante acuerdo entre las familias. Los activistas solo precisan la autorización del Partido. Aún casados, los esposos duermen separados: él en el pabellón de los hombres; ella en el de las mujeres. Hay una habitación que durante unas horas pueden compartir tras solicitarlo y esperar a que les llegue el turno. Así los You engendran a tres hijos, que son enviados rápidamente junto a los abuelos, pues las tareas revolucionarias les impiden ocuparse de ellos.

Y, sin embargo, se diría que son felices. Se han entregado en cuerpo y alma a la revolución y no precisan otra recompensa. Pero un día el señor You se convierte repentinamente en sospechoso: ha estudiado en la Unión Soviética y posee un receptor de radio. Los Guardias Rojos lo acosan como contrarrevolucionario. Pierde sus puestos de responsabilidad y se ve obligado a trabajar como mecánico. A sus hijos, que viven a miles de kilómetros y a los que apenas conoce, se les prohíbe la asistencia a la escuela. Luego, tras la muerte de Mao, vendrá la rehabilitación. De nuevo, los cargos importantes. Ahora incluso el dinero. Pero una barrera infranqueable se alza entre los You y sus hijos. Esos niños a quienes ignoraron, absorbidos como estaban en la edificación del mundo socialista; esas criaturas confiadas al sacrificio de unos abuelos silenciosos, a las que imaginarios pecados de sus padres privaron del acceso a la educación. En su vejez, los You sienten un inmenso remordimiento. Saben ahora que entre la Revolución y los hijos se equivocaron al elegir y entienden que causaron un mal que ya no pueden remediar.

10 septiembre 2012

Participación en la Eucaristía


Carmen Sáez Gutiérrez

ÁLVAREZ TEJERINA, ERNESTINA Y PEDRO. Te ruego que me dispenses. Los ausentes del banquete eucarístico. Ed. Narcea, Madrid 2006, 13,5 x 21, 137 pp.

Los autores del libro, ella, religiosa benedictina y doctora en Medicina y Cirugía, y él licenciado en Derecho, nos ofrecen una reflexión acerca de las diferentes formas de rechazar la invitación que Dios nos hace para participar del banquete eucarístico. Para ello, nos presentan diversos personajes de la Biblia, que de una u otra forma se abstienen de responder con generosidad a la llamada del Señor, entre ellos podemos señalar al “exorcista no cristiano”, “el guardián de los sacerdotes judíos” o “los chiquillos insatisfechos”. Ellos forman parte del inconsciente colectivo y nosotros en algún momento de nuestra vida podemos identificarnos y actuar como ellos, alejándonos de la Voluntad del Padre. Al tiempo, se presentan las distintas partes de la Eucaristía en que es posible remediar cada una de las actitudes negadoras, así el saludo y preparación de la Eucaristía, la Palabra, la Acción de gracias y el envío son momentos clave que nos ayudan a recapacitar e iniciar un camino de conversión.
La lectura de la obra nos permite aproximarnos más al conocimiento y comprensión de nosotros mismos y a la aceptación de una vida cristiana que nos lleve a seguir plenamente a Jesús, como Él nos sugiere en nuestra vocación.
El planteamiento del libro es sencillo y nos invita a la meditación sobre nuestro modo de actuar en el diálogo con Dios. La lectura es agradable y despierta interés pues nos llega a lo más profundo de nuestro existir.



09 septiembre 2012

Donatismo


Francisco Javier Bernad Morales

En contra de una idea ampliamente extendida, durante los primeros siglos de nuestra era, las persecuciones contra los cristianos, al principio considerados una secta judía, fueron a menudo de ámbito local e intermitentes, separadas por largos períodos de tolerancia. Solo cuando la nueva religión penetró profundamente en la sociedad romana, algunos emperadores intentaron enérgicamente erradicarla. El siglo III fue el período más difícil para la Iglesia. Tras el asesinato de Alejandro Severo (235) se inició un período de unos cincuenta años al que los historiadores han dado el nombre de anarquía militar, durante el que se sucedieron veintiséis emperadores. Durante este tiempo, las legiones se sublevaban repetidamente y, sin tener en cuenta al senado ni al resto de las instituciones, investían a sus mandos con la púrpura imperial. Las guerras civiles se sucedían en un marco dominado por las crisis de subsistencias y por graves epidemias, en tanto que los bárbaros presionaban cada vez con mayor fuerza en las fronteras. La población, expuesta al hambre, la guerra y la peste, reaccionó en dos maneras opuestas. Unos, desengañados de la ideología imperial y del paganismo, se refugiaron en religiones que, como el cristianismo o el mitraísmo, ofrecían una promesa  escatológica de salvación y predicaban una regeneración moral; otros, en cambio, achacaron los problemas al abandono de los cultos tradicionales por lo que intentaron restablecerlos. Hubo incluso un emperador, Filipo el Árabe (244-249), que fue tenido por algunos como cristiano, aunque probablemente se limitó a mostrar una amplia tolerancia. Su muerte en combate contra Decio, proclamado emperador por el ejército del Danubio, dio paso a una sangrienta persecución. Siguieron otras, entre las cuales la más sistemática y cruenta, pero también la última, fue la de Diocleciano (emperador entre el 284 y el 305).

Aunque los mártires fueron muy numerosos, debemos entender que abundaron también los cristianos que no tuvieron el valor de dar la vida por sus creencias. Unos, incluidos presbíteros y obispos, llegaron a entregar los libros sagrados y a sacrificar a los dioses y al emperador; otros, simplemente, a través de familiares o amigos, se procuraron certificados (libelli) de haberlo hecho. Se enfrentó entonces la Iglesia al problema  de cómo actuar frente a quienes habían flaqueado. En las provincias de África y Numidia (grosso modo Argelia y Túnez) donde existía ya una tradición de inflexibilidad ante los pecadores, que se había manifestado en la herejía montanista a la que llegó a adherirse Tertuliano; Donato, obispo de Cartago, sostuvo que solo los sacerdotes de conducta intachable podían administrar los sacramentos y que quienes habían cedido en la persecución quedaban excluidos de la Iglesia. Negaba así el sacramento de la reconciliación. Frente a él, la Gran Iglesia afirmó no solo que los pecados pueden ser perdonados, sino también que los sacramentos tienen valor objetivo por lo que su eficacia no depende de la virtud de los ministros. Con todo, el donatismo se mantuvo fuerte y llegó a organizarse como una iglesia paralela a la que se enfrentó con firmeza San Agustín. Los más extremistas llegaron a constituir grupos armados, los circumcelliones, que hostigaban no solo a los católicos (intentaron asesinar a San Posidio), sino a las autoridades imperiales.

El donatismo se manifiesta no solo como un movimiento herético, sino también como una fuerza de resistencia frente a la dominación romana. Parece significativo que las regiones en que las diversas herejías (nestorianismo, monofisismo, donatismo, arrianismo) habían arraigado con más fuerza fueron las que más rápidamente sucumbieron ante el avance islámico del siglo VII. Obligados a elegir entre el rigor del gobernante ortodoxo y la tolerancia del califa musulmán, lógicamente poco interesado en las querellas teológicas cristianas, prefirieron al segundo.

08 septiembre 2012

Oración a la Natividad de María

Lope de Vega

Hoy nace una clara estrella
tan divina y celestial,
que con ser estrella, es tal,
que el mismo sol nace della.
De Ana y de Joaquín oriente
de aquesta estrella divina
sale su luz clara y dina
de ser pura eternamente:
el Alba más clara y bella
no le puede ser igual,
que con ser estrella, es tal,
que el mismo sol nace della.
No le iguala lumbre alguna
de cuantas bordan el cielo,
 porque es el humilde suelo
de sus pies la blanca luna:
nace en el suelo tan bella, y
con luz tan celestial;
que con ser estrella, es tal,
que del mismo sol nace della.