La monja maronita Marie Keyrouz canta en árabe a la Virgen.
14 enero 2014
Inna-i-Baraya. Un canto a la Virgen
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13 enero 2014
12 enero 2014
11 enero 2014
Oración por la fe
Pablo VI
Señor, haz
que mi fe sea plena, sin reservas, y que penetre en mi pensamiento, en mi modo
de juzgar las cosas divinas y las cosas humanas.
Señor, haz que mi fe sea libre; es decir, que tenga el concurso
personal de mi adhesión, acepte las renuncias y los deberes que impone y
exprese el ápice decisivo de mi personalidad: creo en ti, Señor.
Señor, haz
que mi fe sea cierta. Cierta por una exterior congruencia de pruebas y cierta
por un testimonio interior del Espíritu Santo. Cierta por una luz que la
asegure, por una conclusión que la pacifique, por una asimilación que la haga
reposar.
Señor, haz
que mi fe sea fuerte. Que no tema la contradicción de los problemas cuando es
plena la experiencia de nuestra vida ávida de luz. Que no tema la oposición de
quien la discute, la impugna, la rechaza, la niega; sino que se refuerce en la
prueba íntima de tu verdad, resista la fatiga de la crítica, se corrobore con
la afirmación continua que sobrepasa las dificultades dialécticas y
espirituales en que se desenvuelve nuestra existencia temporal.
Señor, haz
que mi fe sea gozosa y dé a mi espíritu paz y alegría. Que lo habilite para la
oración con Dios y para la conversación con los hombres, de manera que en el
coloquio sagrado y en el profano irradie la felicidad interior de su posesión
afortunada.
Señor, haz
que mi fe sea operante y dé a la caridad las razones de su expansión moral, de
manera que sea verdadera amistad contigo y continua búsqueda tuya, continuo
testimonio, alimento continuo de esperanza, en las obras, en los sufrimientos,
en la espera de la revelación final.
Señor, haz
que mi fe sea humilde y no presuma fundarse en la experiencia de mi pensamiento
y de mi sentimiento, sino que se rinda al testimonio del Espíritu Santo y no
tenga garantía mayor que la docilidad a la Tradición y a la autoridad del
Magisterio de la Santa Iglesia.
Amén.
10 enero 2014
Gustate et videte. Canto mozárabe.
Gustad y ved qué bueno es el Señor.
Aleluya, aleluya, aleluya.
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca.
Aleluya, aleluya, aleluya.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a Él.
Aleluya, aleluya, aleluya.
Gloria y honor al Padre, al Hijo,
y al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.
Amén.
Aleluya, aleluya, aleluya.
09 enero 2014
Dame Señor
Santo Tomás Moro
Dame, Señor, un poco de sol,
algo de trabajo y un poco de alegría.
Dame el pan de cada día, un poco de mantequilla,
una buena digestión y algo para digerir.
Dame una manera de ser que ignore el aburrimiento,
los lamentos y los suspiros.
No permitas que me preocupe demasiado
por esta cosa embarazosa que soy yo.
Dame, Señor, la dosis de humor suficiente
como para encontrar la felicidad en esta vida
y ser provechoso para los demás.
Que siempre haya en mis labios una canción,
una poesía o una historia para distraerme.
Enséñame a comprender los sufrimientos
y a no ver en ellos una maldición.
Concédeme tener buen sentido,
pues tengo mucha necesidad de él.
Señor, concédeme la gracia,
en este momento supremo de miedo y angustia,
de recurrir al gran miedo y a la asombrosa angustia
que tú experimentaste en el Monte de los Olivos
antes de tu pasión.
Haz que a fuerza de meditar tu agonía,
reciba el consuelo espiritual necesario
para provecho de mi alma.
Concédeme, Señor, un espíritu abandonado,
sosegado, apacible, caritativo, benévolo, dulce y compasivo.
Que en todas mis acciones, palabras y pensamientos
experimente el gusto de tu Espíritu santo y bendito.
Dame, Señor, una fe plena,
una esperanza firme y una ardiente caridad.
Que yo no ame a nadie contra tu voluntad,
sino a todas las cosas en función de tu querer.
Rodéame de tu amor y de tu favor.
algo de trabajo y un poco de alegría.
Dame el pan de cada día, un poco de mantequilla,
una buena digestión y algo para digerir.
Dame una manera de ser que ignore el aburrimiento,
los lamentos y los suspiros.
No permitas que me preocupe demasiado
por esta cosa embarazosa que soy yo.
Dame, Señor, la dosis de humor suficiente
como para encontrar la felicidad en esta vida
y ser provechoso para los demás.
Que siempre haya en mis labios una canción,
una poesía o una historia para distraerme.
Enséñame a comprender los sufrimientos
y a no ver en ellos una maldición.
Concédeme tener buen sentido,
pues tengo mucha necesidad de él.
Señor, concédeme la gracia,
en este momento supremo de miedo y angustia,
de recurrir al gran miedo y a la asombrosa angustia
que tú experimentaste en el Monte de los Olivos
antes de tu pasión.
Haz que a fuerza de meditar tu agonía,
reciba el consuelo espiritual necesario
para provecho de mi alma.
Concédeme, Señor, un espíritu abandonado,
sosegado, apacible, caritativo, benévolo, dulce y compasivo.
Que en todas mis acciones, palabras y pensamientos
experimente el gusto de tu Espíritu santo y bendito.
Dame, Señor, una fe plena,
una esperanza firme y una ardiente caridad.
Que yo no ame a nadie contra tu voluntad,
sino a todas las cosas en función de tu querer.
Rodéame de tu amor y de tu favor.
08 enero 2014
Catequesis sobre el Bautismo
Papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el Credo, por el cual cada domingo hacemos nuestra profesión de
fe, afirmamos: "Creo en un solo bautismo, para el perdón de los
pecados". Se trata de la única referencia explícita a un Sacramento en el
Credo. Solo se habla del Bautismo allí. En efecto, el bautismo es la
"puerta" de la fe y de la vida cristiana.
Jesús Resucitado dio a sus apóstoles este mandato: "Vayan por
todo el mundo y anuncien la Buena Noticia a toda la creación. El que crea y se
bautice, se salvará". (Marcos 16:15-16). La misión de la Iglesia es evangelizar y perdonar
los pecados a través del sacramento del bautismo. Pero volvamos a las palabras
del Credo. La expresión se puede dividir en tres puntos: "profeso",
"un solo bautismo", "para la remisión de los pecados".
1.- Primero "Yo confieso". ¿Qué quiere decir esto? Es un
término solemne e indica la gran importancia del objeto, es decir, del
bautismo. De hecho, pronunciando estas palabras, afirmamos nuestra verdadera
identidad como hijos de Dios. El Bautismo es en un cierto sentido el documento
de identidad cristiana, su certificado de nacimiento. Es el certificado de
nacimiento a la Iglesia.
Todos ustedes saben el día en que nacieron. De verdad, ¿no es así?
Celebran los cumpleaños, todos. Todos celebramos el cumpleaños. Pero voy a
hacerles una pregunta que hice otra vez, y que voy a repetir otra vez: ¿quién
de ustedes se acuerda de la fecha de su bautismo? Levanten la mano. ¿Quién de
ustedes? Hay pocos, ¿eh? No muchos. Y no lo pediré a los obispos, para que
pasen vergüenza, ¿eh? Hay pocos, ¿eh? Pero hagamos una cosa, hoy cuando
regresen a casa, pregunten: "¿En qué día fui bautizado?" Busquen.
Éste es el segundo cumpleaños.
El primer cumpleaños es el cumpleaños a la vida y éste es el
cumpleaños a la Iglesia: es el día del nacimiento a la Iglesia ¿Lo harán esto?
Es una tarea, ¿eh?, para hacer en casa: ver el día en que yo nací, y dar gracias
al Señor que ha abierto la puerta a su iglesia aquel día en que yo he recibido
el Bautismo. Vamos a hacerlo hoy.
Al mismo tiempo, al bautismo está unida nuestra fe en el perdón de
los pecados. El sacramento de la Penitencia o Confesión es, de hecho, como un
"segundo bautismo", que tiene siempre como referente el primero para
consolidarlo y renovarlo.
En este sentido, el día de nuestro bautismo es el punto de partida
de un camino, de un camino hermosísimo, de un camino hacia Dios, que dura toda
la vida, un camino de conversión y que continuamente se apoya en el Sacramento
de la Penitencia.
Y piensen también en esto: cuando vamos a confesarnos de nuestras
debilidades, de nuestros pecados, pidamos el perdón de Jesús, pero renovemos
también el Bautismo con este perdón, ¡eso es hermoso! Es como festejar en cada
confesión el día del Bautismo. Y así, la confesión no es una sesión en una
cámara de tortura, es una fiesta para celebrar el día de nuestro Bautismo ¡La
confesión es para los bautizados! ¡Para mantener limpia esta vestidura blanca
de nuestra dignidad cristiana!
2. Segundo elemento: "un solo bautismo". Esta expresión
recuerda la de san Pablo: "Un solo Señor, una sola fe, un solo
bautismo" (Efesios 4:05). La palabra "bautismo" significa
literalmente "inmersión", y de hecho este sacramento constituye una
verdadera inmersión espiritual, ¿dónde? ¿En la piscina? No, en la muerte de
Cristo. El Bautismo es propiamente una inmersión espiritual en la muerte de
Cristo, de la que se resucita con Él como nuevas criaturas (cf. Rom 6:04).
Es un lavamiento de regeneración y de iluminación. Regeneración
porque actúa ese nacimiento del agua y del Espíritu, sin el cual nadie puede
entrar en el reino de los cielos (cf. Jn 03:05). Iluminación, porque, por el
Bautismo, la persona humana viene llenada de la gracia de Cristo, "la luz
verdadera que ilumina a todo hombre" (Jn 1:09), y disipa las tinieblas del
pecado.
Y por ello, en la ceremonia del Bautismo a los padres se les da
una vela encendida, para indicar esta iluminación. El Bautismo nos ilumina
desde dentro con la luz de Jesús. En virtud de este don, el bautizado está
llamado a convertirse él mismo en "luz", la luz de la fe que ha
recibido, luz para los hermanos, especialmente para aquellos que están en las
tinieblas y no ven ningún destello de luz en el horizonte de sus vidas.
Podemos preguntarnos: ¿el Bautismo, para mí, es una cosa del
pasado, de aquel día, de aquella fecha -que hoy ustedes buscarán cuál es-, o es
una realidad viva, que se refiere a mi presente, en todo momento? ¿Te sientes
fuerte, con la fuerza que te da Cristo, con su sangre, con su resurrección, tú
te sientes fuerte o te sientes mal, sin fuerza? Pero el bautismo da fuerza ¿Con
el Bautismo te sientes un poco iluminado? ¿Te sientes iluminada? Con aquella luz
que viene de Cristo ¿Eres hombre o mujer de luz o eres hombre o mujer oscuro,
sin la luz de Jesús? Piensen en eso. Tomar la gracia del Bautismo, que es un
regalo y convertirse en luz, luz para todos.
3. Por último, una breve mención al tercer elemento: "Para el
perdón de los pecados". Recuerden que el Credo: un Bautismo, creo en el
bautismo para la remisión de los pecados. En el sacramento del Bautismo se
perdonan todos los pecados, el pecado original y todos los pecados personales,
así como todas las penas del pecado.
En el Bautismo se abre la puerta a una verdadera novedad de vida
que no está oprimida por el peso de un pasado negativo, sino que recobra ya la
belleza y la bondad del Reino de los cielos. Es una poderosa intervención de la
misericordia de Dios en nuestras vidas, para salvarnos. Ésta intervención
salvífica no quita nuestra naturaleza humana su debilidad; -todos somos débiles
y todos somos pecadores, ¿eh?- ¡y no nos quita la responsabilidad de pedir
perdón cada vez que nos equivocamos!
Y esto es hermoso. Yo no puedo ser bautizado dos veces, tres
veces, cuatro veces, pero sí que puedo ir a la Confesión y cuando voy a la
Confesión renuevo la gracia del Bautismo. Es como si hiciera un segundo
Bautismo. El Señor Jesús es tan bueno, que nunca se cansa de perdonarnos, me
perdona. Recuerden bien ¿eh?
El bautismo nos abre la puerta a la Iglesia. Buscar la fecha de mi
bautismo, pero también cuando la puerta se cierra un poco a causa de nuestras
debilidades, por nuestros pecados, la Confesión la abre, porque la Confesión es
como un segundo Bautismo, que nos perdona todo y nos ilumina para ir adelante
con la luz del Señor. Vayamos adelante, alegres ¿eh? Porque la vida hay que
vivirla con la alegría de Jesucristo y ésta es una gracia del Señor. ¡Gracias!
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