Insertamos un nuevo canto mozárabe, procedente del antifonario de León (1069).
07 enero 2013
Gloria mozárabe
06 enero 2013
El camello cojito (Auto de los Reyes Magos)
Gloria Fuertes
Es nuestro deseo que en este día
mágico reine la ternura para todos. A continuación presentamos un entrañable
poema de la gran escritora Gloria Fuertes dedicado a todos los niños.
El camello
se pinchó
con un cardo
en el camino
y el
mecánico Melchor
le dio vino.
Baltasar fue
a repostar
más allá del
quinto pino...
e
intranquilo el gran Melchor
consultaba
su "Longinos".
-¡No
llegamos,
no llegamos
y el Santo
Parto ha venido!
-son las
doce y tres minutos
y tres reyes
se han perdido-.
El camello
cojeando
más medio
muerto que vivo
va
espeluchando su felpa
entre los
troncos de olivos.
Acercándose
a Gaspar,
Melchor le
dijo al oído:
-Vaya birria
de camello
que en
Oriente te han vendido.
A la entrada
de Belén
al camello
le dio hipo.
¡Ay, qué
tristeza tan grande
con su belfo
y en su hipo!
Se iba
cayendo la mirra
a lo largo
del camino,
Baltasar
lleva los cofres,
Melchor empujaba al bicho.
Y a las
tantas ya del alba
-ya cantaban
pajarillos-
los tres
reyes se quedaron
boquiabiertos
e indecisos,
oyendo
hablar como a un Hombre
a un Niño
recién nacido.
-No quiero
oro ni incienso
ni esos
tesoros tan fríos,
quiero al
camello, le quiero.
Le quiero,
repitió el Niño.
A pie
vuelven los tres reyes
cabizbajos y
afligidos.
Mientras el
camello echado
Le hace
cosquillas al Niño.
05 enero 2013
“Son derechos, no regalos. Nadie sin hogar”
Carmen Sáez Gutiérrez
El ya pasado 25 de Noviembre se cumplió el 20 aniversario de la Campaña de Personas sin Hogar, que se celebró con el lema “Son derechos, no regalos. Nadie sin hogar”. El objetivo no era recaudar fondos, sino sensibilizar a la población sobre el drama que viven tres millones de personas en nuestro país, al carecer de hogar o disponer de uno que no reúne las condiciones adecuadas: falta de agua, luz, riesgo de ruina…
Las personas sin hogar no solo se
enfrentan a la dura situación de no contar con una vivienda digna, sino además
se ven privadas del apoyo afectivo necesario para un equilibrio personal, de
intimidad, de derecho a empadronarse y así poder votar…, sufren por tanto un sinfín
de carencias por lo que precisan protección social.
Cáritas quiere hacer realidad el
objetivo de acabar con el “sinhogarismo” que la Unión Europea se ha propuesto
para 2015. Para ello pide a las Administraciones que den prioridad en sus
presupuestos, en estos momentos de crisis económica, a partidas que permitan
paliar este problema acuciante, sin relegarlo a un segundo plano; así como
aunar esfuerzos para conseguir una mayor coordinación entre los distintos
organismos, pues, si bien se ha avanzado en los últimos años en esta dirección,
esta sigue siendo deficiente.
La meta de conseguir un hogar
para cada persona solo será posible con el esfuerzo y el compromiso de todos,
recolocando nuestra escala de valores y exigiendo políticas que tiendan a la
erradicación de la pobreza.
Para más información sobre el
tema recomendamos la lectura del número 541 de la revista de Cáritas. Además, reproducimos
un vídeo sobre uno de los actos organizados por Cáritas durante la Campaña en
el que dos personas leen el Manifiesto escrito para este fin.
04 enero 2013
El doble precepto de la caridad
San Agustín
Recordad conmigo, hermanos, aquellos dos preceptos. Pues, en efecto;
tienen que seros en extremo familiares no sólo veniros a la memoria cuando
ahora os los recordamos, sino que deben permanecer siempre grabados en vuestros
corazones. Nunca olvidéis que hay que amar a Dios y al prójimo: a Dios con todo
el corazón, con toda el alma, con todo el ser; y al prójimo y sí mismo.
He aquí lo que hay que penar y meditar, lo que hay que mantener vivo
en el pensamiento y en la acción, lo que llevar hasta el fin. El amor de Dios
es El primero en la jerarquía del precepto, pero el amor al prójimo es el primero
en el rango de la acción. Pues el que te impuso este amor en dos preceptos no
había de proponerte primero al prójimo y luego a Dios, sino al revés; a Dios
primero y al prójimo después.
Pero tú, que todavía no ves a Dios, amando al prójimo haces méritos
para verlo; con el amor al prójimo aclaras tu pupila para mirar a Dios, como
sin lugar a dudas dice Juan: Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede
amar a Dios, a quien no ve.
Que no es más que una manera de decirte: Ama a Dios. Y si me dices: «Señálame
a quién he de amar», ¿qué otra cosa he de responderte sino lo que dice el mismo
Juan: A Dios nadie lo ha visto jamás? Y para que no se te ocurra creerte
totalmente ajeno a la visión de Dios: Dios —dice— es amor, y quien permanece en
el amor permanece en Dios. Ama por tanto al prójimo, y trata de averiguar
dentro de ti el origen de ese amor; en él verás, tal y como ahora te es
posible, al mismo Dios.
Comienza, pues, por amar al prójimo. Parte tu pan con el hambriento, y
hospeda a los pobres sin techo; viste al que ves desnudo, y no te cierres a tu
propia carne.
¿Qué será lo que consigas si haces esto? Entonces romperá tu luz como
la aurora. Tu luz, que es tu Dios, tu aurora, que vendrá hacia ti tras la noche
de este mundo pues Dios ni surge ni se pone, sino que siempre permanece.
Al amar a tu prójimo y cuidarte
de él, vas haciendo tu camino. ¿Y hacia dónde caminas sino hacia el Señor Dios
el mismo a quien tenemos que amar con todo el corazón con toda el alma, con
todo el ser? Es verdad que no hemos llegado todavía hasta nuestro Señor, pero
sí que tenemos con nosotros al prójimo. Ayuda, por tanto, a aquel con quien
caminas, para que llegues hasta aquel con quien deseas quedarte para siempre.
03 enero 2013
San Fulgencio de Ruspe
Francisco
Javier Bernad Morales
Hoy
recordamos a San Fulgencio de Ruspe (468-533), cuya vida se desarrolló en un
período especialmente difícil: los últimos estertores del Imperio Romano de
Occidente. Aunque formalmente la autoridad del emperador pervivió hasta que en
el 476, el hérulo Odoacro depuso a Rómulo Augústulo y remitió las insignias
imperiales a Constantinopla, hacía tiempo que se habían constituido reinos
bárbaros en Britania, las Galias,
Hispania y África. En esta última, en la ciudad de Cartago, nació San
Fulgencio. Era un territorio profundamente cristianizado que había dado a la
Iglesia figuras como San Agustín, San Alipio o San Posidio, aunque se había
desgarrado por el conflicto donatista. A este se le sumó desde la conquista
vándala (Hipona fue ocupada en el 430 y Cartago en el 439), el problema
arriano. En contraste con los visigodos de Hispania o los ostrogodos de Italia,
los vándalos desataron una violenta persecución contra la ortodoxia.
Fulgencio
era miembro de una ilustre familia romana y recibió una esmerada educación, que
le llevó a dominar a la perfección no solo el latín, sino también el griego. La
lectura de un sermón de Agustín de Hipona sobre el salmo 36, le empujó a abrazar
la vida religiosa, cuando contaba veintidós años. Vivió durante algún tiempo
refugiado en Sicilia y hacia el 500 visitó Roma. A su regreso a África, fue
nombrado obispo de la pequeña ciudad de Ruspe (Túnez). Como el resto de los
obispos católicos, hubo de exiliarse durante el reinado de Trasamundo y, aunque
se le permitió un breve retorno a Cartago, no pudo volver de manera definitiva
hasta que el advenimiento de un nuevo rey, Hilderico, suavizó la actitud
arriana frente a los católicos. El nuevo monarca era consciente de que para
mantener la estabilidad del reino le era indispensable ganarse el apoyo de la
población romana, pero sus medidas conciliadoras llegaron demasiado tarde y le
granjearon la enemistad de la nobleza. Finalmente (530) fue destronado por su
primo Gelimer, lo que motivó el envío por el emperador Justiniano de una fuerza
expedicionaria comandada por el general Belisario, que en una breve campaña
puso fin al reino vándalo (534). Fulgencio no llegó a ver la restauración del
poder imperial en su tierra, pues falleció en el año 533.
Excelente
administrador, desde su entrada en la Iglesia vivió de manera austera, ocupado
en aliviar las necesidades de los más pobres y dedicando gran parte del tiempo
a la oración y a la composición de obras doctrinales, en las que expuso las
concepciones ortodoxas sobre la Trinidad, en oposición a los arrianos, y atacó
a los pelagianos, quienes negaban el pecado original.
Etiquetas:
arrianismo,
Pelagio,
San Agustín,
San Fulgencio de Ruspe
02 enero 2013
Sermón de San León Magno en la Natividad del Señor
León I, llamado Magno, fue papa en una época extraordinariamente difícil (440-461). En 452 se reunió en Mantua con Atila, a quien convenció para que no avanzara sobre Roma, pero no pudo evitar que en 455 la ciudad fuera saqueada por los vándalos de Genserico. Durante su pontificado se reunió el Concilio de Calcedonia (451), en el que se definió, frente al monofisismo, el dogma de la doble naturaleza, humana y divina de Cristo.
A continuación, reproducimos uno de sus sermones.
De los sermones de san León Magno, papa (Sermón 1 en la
Natividad del Señor, 1-3: PI. 54,190-193).
Reconoce, cristiano, tu dignidad
Hoy, queridos hermanos, ha nacido nuestro Salvador; alegrémonos. No
puede haber lugar para la tristeza, cuando acaba de nacer la vida; la misma que
acaba con el temor de la mortalidad, y nos infunde la alegría de la eternidad
prometida.
Nadie tiene por qué sentirse
alejado de la participación de semejante gozo, a todos es común la razón para
el júbilo: porque nuestro Señor, destructor del pecado y de la muerte, como no
ha encontrado a nadie libre de culpa, ha venido para liberarnos a todos.
Alégrese el santo, puesto que se acerca a la victoria; regocíjese el pecador,
puesto que se le invita al perdón; anímese el gentil, ya que se le llama a la
vida.
Pues el Hijo de Dios, al cumplirse la plenitud de los tiempos,
establecidos por los inescrutables y supremos designios divinos, asumió la
naturaleza del género humano para reconciliarla con su Creador, de modo que el
demonio, autor de la muerte, se viera vencido por la misma naturaleza gracias a
la cual había vencido.
Por eso, cuando nace el Señor, los ángeles cantan jubilosos: Gloria a
Dios en el cielo, y anuncian: y en la tierra paz a los hombres que ama el
Señor. Pues están viendo cómo la Jerusalén celestial se construye con gentes de
todo el mundo; ¿cómo, pues, no habrá de alegrarse la humildad de los hombres
con tan sublime acción de la piedad divina, cuando tanto se entusiasma la
sublimidad de los ángeles?
Demos, por tanto, queridos hermanos, gracias a Dios Padre por medio de
su Hijo, en el Espíritu Santo, puesto que se apiadó de nosotros a causa de la
inmensa misericordia con que nos amó; estando nosotros muertos por los pecados;
nos ha hecho vivir con Cristo, para que gracias a él fuésemos una nueva
criatura, una nueva creación.
Despojémonos, por tanto, del hombre viejo con todas sus obras y, ya
que hemos recibido la participación de la generación de Cristo, renunciemos a
las obras de la carne.
Reconoce, cristiano, tu dignidad y, puesto que has sido hecho
partícipe de la naturaleza divina, no pienses en volver con un comportamiento
indigno a las antiguas vilezas. Piensa de qué cabeza y de qué cuerpo eres
miembro. No olvides que fuiste liberado del poder de las tinieblas y trasladado
a la luz y al reino de Dios.
Gracias al sacramento del bautismo te has convertido en templo del
Espíritu Santo; no se te ocurra ahuyentar con tus malas acciones a tan noble
huésped, ni volver a someterte a la servidumbre del demonio: porque tu precio
es la sangre de Cristo.
01 enero 2013
Rosa das rosas
Hoy, día de Santa María Madre de Dios, insertamos la cantiga número 10 de Alfonso X el Sabio.
Les deseamos que en el nuevo año, el Señor les guíe en el camino del amor y de la paz.
Les deseamos que en el nuevo año, el Señor les guíe en el camino del amor y de la paz.
Etiquetas:
Alfonso X,
cantigas,
Madre de Dios,
Virgen María
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
