“Nadie puede quitarnos la vida, porque
nosotras ya la hemos entregado”
La década de los años 1990, Argelia vivió una guerra de
fundamentalismo islámico. En aquella violencia, en varios lugares del país, fueron
asesinados, 19 religiosos que decidieron quedarse junto al pueblo para
acompañar y aliviar su sufrimiento.
Las hermanas Caridad Álvarez y Esther Paniagua,
Agustinas Misioneras, vivieron este trance. Ambas habían servido a la
Iglesia y al pueblo argelino durante más de dos décadas. En este momento tan
crucial de persecución religiosa a ellas y a más Agustinas Misioneras que
estaban en Argel, Las Superioras les ofrecieron regresar a España, dado el
peligro que corrían. A la luz del Evangelio todas ellas hicieron un
discernimiento personal y comunitario, cuyo resultado y decisión fue: ”Permanecer
en Argel al lado del pueblo siendo testimonio de amor, fe y esperanza en Dios
para todos”. Algunos de sus pensamientos surgidos en el discernimiento.
Caridad.
-
María estuvo abierta al querer de Dios.
Quizá le costó. Deseo estar en esta actitud ante Dios en estos momentos.
-
Vete a la tierra que yo te mostraré. Me
siento reflejada con estas palabras de Abrahán. Estoy abierta y obediente a lo que Dios quiera
de mí y a lo que vean mis Superioras.
Esther
-
La oración y la fuerza del Espíritu han de actuar
en este pueblo. La fe de Abrahán me invita a personalizar mi fe, salir de mi y
entrar en las preocupaciones del país,
-
Para mí en este momento el modelo perfecto
es Jesús. Él sufrió, tuvo que vencer dificultades y acabó con el fracaso de la
Cruz del que nace la fuente de la vida.
-
Estamos en las manos de Dios y si nos pasara
algo, seguimos estando en las manos de Dios.
Esto lo decían ellas
el día 12 de octubre de 1994 y fueron asesinadas el día 23 de octubre de este
mismo año.
Caridad nació en Santa
Cruz de la Salceda (Burgos) el 09/05/1933. Ingresó en la Congregación de
Agustinas Misioneras en 1955. Destinada a Argelia permaneció un tiempo
prolongado hasta que la falta de salud la hizo regresar a España. Recuperada
vuelve a Argelia donde permanecerá más de 30 años. Vivió esta crisis de
violencia, de la cual fue víctima el 23 de octubre, de 1994, día del DOMUND,
cuando por la tarde junto con la Hna Esther iban a celebrar la Eucaristía a una
de las Iglesias del barrio de BA-BEL-OUED en Argel. Fueron las dos alcanzadas
por las balas que alguna mano llevaba escondidas en su chilaba y que lanzó
sobre ellas.
Caridad era una mujer sencilla, fuerte, comunitaria, humilde, acogedora, alegre, servicial. El querer de Dios fue siempre lo central de su vida. “Estoy abierta y obediente a lo que Dios quiera”… Así decía y sentía en vísperas de su muerte. Sus preferidos: los ancianos y las religiosas de su comunidad a quienes atendía con inmenso cariño. Su misión siempre fue al interno de la comunidad y acompañaba a un grupo de ancianos que cada tarde venían a la comunidad y se reunían con ella disfrutando de su compañía, conversación, buenos consejos para la vida, el té o café y un dulce elaborado por ella, pues era además una excelente cocinera.
Esther nació en Izagre (León) el 07/06/1949. Inquieta y
buscadora, Muy joven descubrió que Dios la llamaba a la vida religiosa e ingresó
en la Congregación. Terminados los estudios de enfermería, fue enviada a Argel.
El ambiente árabe y musulmán la cautivó y enamoró, sobre todo sus gentes a
quienes dedicó toda su vida. Trabajó en varios hospitales atendiendo a niños
discapacitados. No había horarios para ella. La llamaban “Su ángel”. Alejada del trabajo se preparó en el árabe y el
Islamismo durante dos años para su mejor integración en el pueblo. ”Tengo que ser más musulmana y árabe” decía
muchas veces. Nos daba con su vida sabias lecciones de inculturación e
integración. Era consciente de que ese mundo no constituía para ella una
amenaza sino una maravillosa oportunidad y una riqueza insospechable. Dio
mucho, pero recibió inmensamente más.
Esther con el papa Juan Pablo II
Esther era una persona optimista, recia, comunitaria, servicial,
veraz, entregada, prudente, alegre, con gran sentido del humor. Frente a esta
situación de violencia su respuesta. “No
nos pasará nada porque estamos en las manos de Dios y si nos pasara algo,
seguimos estando en las manos de Dios” Junto a Caridad, derramó su sangre
en el mismo días, hora, lugar y modo.
Detrás de Caridad y Esther, iban Mª Jesús Rodríguez, la
Superiora Provincial y Lourdes Miguélez, destinada en Argel. Percibieron la
detonación de las balas. Un vecino las detuvo en un portal y al lado
contemplaron los cuerpos de Caridad y Esther bañados en sangre en el suelo. El
dolor y la angustia fue indescriptible. La solidaridad de la gente alivió el
sufrimiento, el apoyo y compañía de la Embajada Española en Argelia impagable.
El embajador Javier Ugarte y el cónsul Bernardino León,
dispusieron todo en la embajada para repatriar los cadáveres a Madrid y fueron
recibidos por el ministro de Asuntos Exteriores en aquel entonces, Javier
Solana y otras autoridades, familiares, religiosas, agustinos y agustinas y
amigos. Allí estaban presentes los padres y hermanas de Esther y los hermanos y
hermanas de Cary.
En la Iglesia de los Sagrados Corazones de Madrid se
celebró un funeral en su memoria presidido por el Arzobispo de Madrid y otros
Obispos de España y Argelia, sacerdotes agustinos y diocesanos y autoridades
civiles del gobierno español y argelino.
Caridad fue sepultada en el cementerio de la Almudena de
Madrid y Esther en el de León donde se celebró una Eucaristía presidida por el
Señor Obispo de León en la Catedral, al final de la cual el padre de Esther D.
Nicasio ofreció el perdón a los asesinos de su hija en nombre propio, de su
mujer e hijas Un testimonio de perdón que quedó grabado en el corazón de todos
los leoneses que asistimos a su funeral. También el padre de Esther agradeció
en ese momento a los representantes de Argelia en dicho funeral, lo que habían
aportado a su hija durante el tiempo que vivió en el país y todo el cariño y
aprecio que recibió de ese pueblo, del cual siempre la vio enamorada.
El Papa Francisco anunció a la Congregación en un decreto
oficial, la noticia de su beatificación, que recibimos con profunda alegría y enorme
gratitud a Dios, a Caridad y Esther, a los 17 religiosos/as que también fueron
asesinados y a las religiosas Agustinas Misioneras que permanecieron en el país
en medio de toda esta turbulencia.
El día 8 de diciembre de 2018 tuvo lugar su beatificación
en Orán (Argelia). Hermanas de toda la Congregación se hicieron presentes en
este acto multitudinario y lleno de inmensa emoción.
Las hermanas Cari y Esther han sido un don para la Iglesia,
para la Congregación, para el pueblo argelino y para el mundo entero. Para las
Agustinas Misioneras su vida, su testimonio y su martirio constituyen constante
y significativo referente para vivir la fidelidad a Dios y a la misión que nos
ha encomendado a cada una en este mundo. Su muerte no fue un acontecimiento que
se celebró en un momento y se ha olvidado, sino que ha sido un permanecer
siempre vivas en nuestro corazón. Por eso podemos decir
“Estáis en el corazón
de todas vuestras hermanas.
Toda la Congregación
os ofrece hoy una palma
con alegría de triunfo
y tristeza de añoranza”
Sus restos mortales, con todos sus protocolos realizados, se encuentran a la veneración de todos los que deseen ir a encontrarse con ellas y con el Señor a través de la oración, en la Casa Madre que las Agustinas Misioneras tenemos en Madrid en la Calle del General Pardiñas 34.
Son objeto frecuente de
visitas de grupos parroquiales y colegiales, de vecinos, de amigos, de
religiosos de todo el que quiera pasar a
CONTEMPLAR LAS RELIQUIAS SAGRADAS
DE QUIEN SUPO MORIR CON NOBLEZA.
IMITAR SUS VIRTUDES SAGRADAS,
INCLINAR, INCLINA LA CABEZA.



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