jueves, 31 de enero de 2013

Cristóbal de Morales. Sanctus

Cirstóbal de Morales (1500-1553) es uno de los máximos representantes de la música renacentista española. Aquí recogemos el Sanctus correspondiente a su Missa Benedicta est Regina caelorum.

miércoles, 30 de enero de 2013

Día de la Paz

Carmen Sáez Gutiérrez

Hoy celebramos en el ámbito educativo el día de la Paz. Nos unimos al evento presentando un vídeo con la canción Que canten los niños de José Luis Perales. Es un día de reflexión, para expresar nuestros deseos de construir la paz, empezando por el entorno más cercano, pues es así, acercando nuestras actitudes a comportamientos impregnados de justicia, respeto y libertad , como vamos ganando el terreno a la violencia y desechando de nuestra vida toda conducta que  haga imponer por la fuerza nuestra voluntad. La educación, en tanto que vía de transmisión de valores juega un papel decisivo, al desarrollar en niños y jóvenes una competencia emocional que tenga en cuenta los propios límites en relación a la convivencia con el otro y una competencia social que haga tomar conciencia de la trayectoria histórica de la humanidad para evitar caer en los mismos errores que en el pasado y hacer de la paz nuestro estado de relación con los otros en una sociedad cada vez más justa y democrática.


martes, 29 de enero de 2013

Ten fe en la primavera

Tal vez necesitemos escuchar un poema de esperanza en estos tiempos de crisis

Pablo Neruda


Donde estés, donde vivas,
en la última soledad de este mundo,
en el azote de la furia terrestre,
en el rincón de las humillaciones,
hermano, hermana,
espera, trabaja firme
con tu pequeño ser y tus raíces.
Un día para ti, para todos saldrá
desde tu corazón un rayo rojo,
florecerás también una mañana:
no te ha olvidado, no ¡
La primavera : yo te lo digo
yo te lo aseguro porque el cacto terrible,
el erizado hijo de las arenas
conversando conmigo
me encargó este mensaje
para tu corazón esperanzado.
Y ahora te lo digo y me lo digo:
hermano, hermana,
espera, estoy seguro:
No nos olvidará la primavera.

lunes, 28 de enero de 2013

Santo Tomás de Aquino

Hoy, en la Iglesia, celebramos la festividad de Santo Tomás de Aquino, gran teólogo del siglo XIII, que perteneció a la orden de los dominicos y, en sus estudios, definió cinco vías por las que probar de manera racional la existencia de Dios. Su vida fue una continua búsqueda para alcanzar la verdad y la influencia de su obra ha perdurado hasta nuestros días. Su obra constituye un gran esfuerzo por armonizar las concepciones aristotélicas con la doctrina cristiana. Es el santo patrón de las escuelas católicas y su festividad se celebra en todo el ámbito educativo. 
A continuación presentamos un vídeo que reseña su biografía.

domingo, 27 de enero de 2013

Iconoclastas e iconódulos (y III)

Francisco Javier Bernad Morales

La crisis iconoclasta había durado algo más de un siglo, pero sus consecuencias persistieron durante un tiempo mucho mayor. La definitiva victoria iconódula no bastó para atenuar los mutuos recelos entre Bizancio y el Papado. Este había optado en lo político por la alianza con los francos, con lo que se ahondó la brecha entre la iglesia occidental y la oriental y se preparó el terreno para el cisma[1]; la intervención franca en los asuntos italianos se vio además acompañada por el reconocimiento del derecho del Papa a gobernar sobre Italia Central en virtud de una supuesta donación efectuada por el emperador Constantino[2], lo que constituyó la legitimación jurídica de los Estados Pontificios. En un terreno menos directamente político, aquí nos interesa la reflexión sobre el culto dado a las imágenes, que singulariza a las iglesias Católica y Ortodoxa no solo frente a las otras religiones monoteístas, como el judaísmo y el islam, sino también ante las otras confesiones cristianas.
Ya me he referido a que los iconoclastas sostenían que las imágenes conducían al pueblo a la idolatría y a que en tiempos de Constantino V rechazaron incluso el culto a los santos. Mantenían, asimismo, la imposibilidad de representar la naturaleza divina de Cristo. Antes de entrar en la respuesta iconódula, me parece conveniente aventurar una hipótesis acerca de las causas de lo que pudiéramos denominar anomalía católica[3] en cuanto a las imágenes sagradas. Como es sabido, el cristianismo nace en el seno del judaísmo con el que comparte una prevención contra la idolatría tajantemente expresada en el Pentateuco (Torá). Sin embargo, pronto se difunde entre gentiles acostumbrados de un lado a la heroización e incluso divinización de personajes admirados por sus hazañas o simplemente por su poder, y de otro, a honrarlos con estatuas. El problema de la posición ante la cultura pagana está presente en las primeras reflexiones cristianas. Tertuliano lo resuelve con un rechazo total de aquella. De haber triunfado su intransigencia, el cristianismo se habría conservado como un cuerpo extraño dentro del Imperio, pero la realidad fue mucho más compleja, y finalmente emergió una síntesis en que la nueva religión adoptó gran parte de la herencia clásica, aunque reinterpretándola a la luz del monoteísmo. Los mártires pasan a ocupar el lugar que en la mentalidad pagana había correspondido a los héroes. Al respecto, sabemos por San Agustín que al menos en África y en la región de Milán existía en el siglo IV la costumbre de acudir con comida y vino a los sepulcros de los mártires, y que San Ambrosio la prohibió en su diócesis, debido a su semejanza con la superstición de los gentiles[4]. El hecho muestra que los cristianos mantenían numerosas prácticas procedentes del paganismo. Ante ello, la Iglesia se ve precisada a establecer una rigurosa distinción entre latría, la adoración que solo a Dios puede lícitamente darse, y dulia, la veneración por los santos. La distinción no es de grado, sino de naturaleza. Por tanto, deben rechazarse todas aquellas actitudes que se presten a confusión y sugieran que se da un culto indebido a las criaturas. En cuanto a las imágenes, en ellas no se venera la materia, sino aquello que representan. Sin embargo, aunque la distinción es clara, en el momento de desarrollo del movimiento iconoclasta, no faltaban comportamientos que indican que no todos los devotos la entendían, lo que justifica al menos en parte el rechazo a las imágenes. En el curso del enfrentamiento, los iconódulos se ven obligados a definir su posición con la mayor claridad, a fin de deslindarla de cualquier identificación con la idolatría. En este sentido, podemos decir que la crisis constituyó una llamada de atención frente a excesos que siempre han acechado a la Iglesia.
Algo similar ocurrió en el siglo XVI, cuando la Reforma protestante puso nuevamente de manifiesto como la veneración por santos, reliquias e imágenes, podía rayar en idolatría.
Incluso en nuestros tiempos, el Concilio Vaticano II ha vuelto sobre el asunto, al mantener las imágenes sagradas, pero advertir del peligro que pueden suponer si no son bien interpretadas:
Manténgase firmemente la práctica de exponer en las iglesias imágenes sagradas a la veneración de los fieles; hágase, sin embargo, con moderación en el número y guardando entre ellas el debido orden, a fin de que no causen extrañeza al pueblo cristiano ni favorezcan una devoción menos ortodoxa[5].




[1] Tras una primera ruptura en tiempos del emperador Miguel III y del patriarca Focio (857), el cisma definitivo se produjo en 1054, cuando el cardenal Humberto, enviado a Constatantinopla por el papa León IX, y el patriarca de Constantinopla Miguel Cerulario se excomulgaron mutuamente.
[2] El humanista romano Lorenzo Valla demostró en 1440 que el documento en que se amparaba la supuesta donación era una falsificación elaborada en tiempos del rey franco Pipino el Breve.
[3] Los ortodoxos admiten, tras la querella iconoclasta, el culto a los iconos, pero se muestran reticentes ante las representaciones escultóricas.
[4] Confesiones VI, 2, 2
[5] Sacrosanctum Concilium (7, 125)

viernes, 25 de enero de 2013

Jesús, tierra de todos

Bajo el lema Con los niños de Europa... acogemos como Jesús, el próximo domingo día 27 celebramos en la Iglesia la Jornada de la Infancia Misionera, un día especial en que los niños se muestran solidarios con otros niños del mundo que tienen necesidad de ayuda material, y también oran de manera especial para que todos conozcamos un poco mejor a Jesús. Es un día de encuentro con otras culturas, de acogida, de respeto y testimonio del amor que hemos recibido para compartir.
A continuación presentamos el vídeo realizado por OMP con motivo de la celebración de esta jornada en el año 2013 que presenta a Jesús como nexo de unión entre los pueblos.


Iconoclastas e iconódulos (II)

Francisco Javier Bernad Morales

La situación comenzó a cambiar a la muerte de Constantino. Irene, la esposa de su hijo León IV, era iconódula y cuando el nuevo emperador falleció de manera inesperada a los treinta años de edad (780), quedó como regente durante la minoridad del heredero, Constantino VI. En el año 786, convocó un Concilio Ecuménico en Constantinopla, pero una rebelión de militares iconoclastas obligó a aplazarlo al año siguiente y a trasladarlo a Nicea[1]. En él, finalmente, se restauró el culto a las imágenes. Sin embargo, el partido iconoclasta aún conservaba gran parte de su fuerza y cuando Irene intentó que el ejército la reconociera como única emperatriz legítima este se negó y proclamó su fidelidad a Constantino VI. Pero el nuevo emperador  perdió pronto su popularidad al repudiar a su esposa para contraer un nuevo matrimonio. El 15 de agosto de 797, Irene recuperó el poder y gobernó en adelante no ya como regente, sino como emperatriz tras ordenar que sacaran los ojos a su hijo, quien según algunas fuentes falleció poco después a causa de las heridas.
Los años siguientes fueron convulsos. El papado, pese al triunfo iconódulo, mantuvo una estrecha relación con los francos, lo que terminó definitivamente con la influencia bizantina en la Italia central, mientras que en los Balcanes, las correrías búlgaras se hacían cada día más audaces y en Anatolia se sucedían las derrotas frente a los árabes. Solo a costa del pago de cuantiosos tributos pudo el Imperio comprar su supervivencia. El descontento se manifestó en sucesivas sublevaciones militares  que alzaron a emperadores efímeros. En el año 813, durante un combate contra los búlgaros en Versinicia (Tracia), halló la muerte el emperador Miguel Rangabe, al ser abandonado en plena batalla por uno de sus más influyentes generales. Este, que se hizo aclamar por los restos del ejército, retornó a Constantinopla convertido en emperador con el nombre de León V. Pensaba que las victorias y la estabilidad durante los largos reinados de León III y Constantino V se debían a su política iconoclasta por lo que los adoptó como modelos. En 814 ordenó al patriarca Nicéforo que retirara las imágenes de Santa Sofía, pero este, al igual que anteriormente hiciera Germán, se negó, por lo que tras permanecer arrestado durante un tiempo en su palacio fue obligado a dimitir. Una vez que León contó con un patriarca adicto, convocó un sínodo que restableció la iconoclastia (815). A su vez, los obispos francos convocados en París por Luis el Piadoso denunciaron la iconoclastia (825). En cualquier caso, León V no desató una persecución contra los iconódulos, salvo algunas condenas al destierro para los monjes más radicales. Mostró además un gran interés por evitar los abusos en la administración de justicia, y fortificó los territorios más amenazados por los búlgaros. Sin embargo, no pudo asegurar la continuidad de su obra. Una conspiración puso fin a su reinado (820) y a continuación se inició una guerra civil. Estos conflictos internos facilitaron que los árabes conquistaran Creta y Sicilia. Hasta el reinado de Teófilo (829-842) no se advierten síntomas de recuperación: revitalización de los intercambios comerciales, desarrollo de los cultivos cerealísticos en Tracia o aumento de la circulación monetaria.
A la muerte de Teófilo, su viuda, Teodora, gobernó como regente en nombre de su hijo Miguel de tres años de edad.  Con ella se restableció de manera definitiva (843) el culto a las imágenes.




[1] II Concilio de Nicea

jueves, 24 de enero de 2013

El hijo del hombre

Presentamos un hermoso himno del compositor ruso Pavel Chesnokov (1877-1944).


martes, 22 de enero de 2013

Resistencia, profecía y utopía en la Iglesia hoy



Recopilación de información efectuada por Paco Alcalá, como reconocimiento, agradecimiento y admiración hacia quien fue mi profesor y amigo.

Nicolás Castellanos Franco publicó:

"Resistencia, profecía y utopía en la Iglesia hoy"


Una invitación a creer que otra Iglesia y otro mundo son posibles… 



Fecha de aparición del libro: 5/09/2012  - 120 pág. - (Editorial Herder)

Nicolás Castellanos es un destacado religioso agustino español que alcanzó notoriedad en 1992 cuando dimitió como obispo de Palencia para dedicarse a la labor misionera en Bolivia, país en el que reside desde entonces. Su labor le valió en 1998 el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia y la Medalla al Mérito Municipal por el Honorable Concejo Municipal de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). Asimismo ha recibido la Medalla de Oro al Trabajo (2006)…, entre otros reconocimientos.

Reseña del editor:
Frente a esa dinámica que Juan Pablo II definió proféticamente como «ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres», el texto que el lector tiene en sus manos muestra que otra Iglesia y otro mundo son no solo posibles sino necesarios.
Como el autor señala con coraje, la Iglesia podría tener mucho que decir en la actual crisis si se mantuviese fiel al Evangelio y no quebrantase la voluntad de Dios apelando a tradiciones humanas, por lo que esta institución debería adoptar una actitud caracterizada por la resistencia, la profecía y la utopía; una utopía que se haga creíble «en pequeños gestos liberadores», en medio de tanta mentira, frustración y desesperación. Como el propio Castellanos sugiere, citando a Albert Camus, «ya que no tenemos poder contra el dolor, hagamos algo para solucionar la miseria».

“No sé por qué la Iglesia española guarda silencio; es el momento de denunciar como los profetas”.

Nicolás Castellanos es uno de los últimos profetas que nos quedan. Tanto, que llegó a abandonar su palacio episcopal en Palencia para vivir con los más pobres. El obispo Nicolás Castellanos sigue creyendo en la utopía, mucho más en una Iglesia, y en una sociedad, marcadas por la crisis y la apatía. Fruto de este convencimiento es “Resistencia, profecía y utopía en la Iglesia hoy”.
Se trata de toda una invitación a creer que otra Iglesia y otro mundo son posibles.
El libro cuenta, además, con dos joyas añadidas: Un prólogo de Pedro Casaldáliga y un epílogo de José Ignacio González Faus.
"Una Iglesia que sea más hogar que cárcel, que sea más tienda de campaña que torreón defensivo. Creo en una Iglesia que se aleje del poder, del tener y del saber como armas de opresión, y que en actitud de despojo comparta con los más pobres, al estilo de Jesús, lo que tiene y lo que sabe", manifestó Castellanos en la presentación de su libro, quien también reivindicó la necesidad de "recuperar el espíritu, la letra, la mística del Concilio Vaticano II".
Nicolás aseguró haber escrito este libro pretendiendo alentar tres grandes actitudes: "resistencia, sin claudicaciones, sin amarguras, sin miedo a todo aquello que se opone al Reino y a la Iglesia como signo y sacramento del Reino; profecía en el anuncio, denuncia en consolación y en ejercicio multiplicado de misericordia, compasión y solidaridad; utopía, la Iglesia como espacio del sueño del Dios de Jesús”.Una Iglesia crítica consigo misma, como dijera antes de morir el cardenal Martini, sin miedo y con coraje, abierta a los interrogantes y a una "Iglesia siempre reformada", movida por "la pasión por Jesús, por la Iglesia y por la justicia social y la opción por los pobres”.
En la presentación del libro en el ICAI de Madrid, Nicolás estuvo acompañado, además del editor, por destacadas personalidades, quienes se expresaron, sobre la obra y su autor, en los siguientes términos:
"Nos convendría ser de los de Nicolás", argumentó José Bono, quien afirmó que Castellanos "es un punto de referencia", y su libro "una denuncia". "Pertenezco a la Iglesia porque hay gente como tú", apuntó el ex presidente del Congreso, quien agradeció al autor que fuera "testimonio para los que estamos entristecidos. No estamos solos y queremos seguir perteneciendo a esta Iglesia, que no da lecciones sino testimonio".
Por su parte, el vicepresidente del Senado, Juan José Lucas, recordó cómo la tarea de hombres como Nicolás Castellanos "está transformando la realidad", frente al ejemplo de otras entidades, incluida la propia jerarquía eclesiástica, donde "no siempre detectamos que la humildad sea una de sus grandes virtudes".
Otro de los presentadores fue un gran amigo de Castellanos, el padre Ángel. El fundador de Mensajeros de la Paz declaró que "soy de los tuyos, y también soy de los otros, de los de Bono y de los de Lucas, y creo en la iglesia aunque a veces sea incómodo o me sienta incómodo". "Amo a la Iglesia de Nicolás, a la que representas, a la Iglesia de Vicente Ferrer, la de Pedro Casaldáliga (Autor del prólogo del libro. El epílogo, es de González Faus), la de Yunus o la del doctor de la lepra Joaquín Sanz", añadió el sacerdote, quien recordó sus visitas a la "catedral" de Castellanos en Bolivia.
Por su parte, el director de Religión Digital, José Manuel Vidal, apuntó que el libro de Castellanos "no sólo es el libro de un obispo (que también), sino el de un profeta. De los que predican con el ejemplo. De los buenos samaritanos, que nunca condenan y bendicen siempre. De los que cumplen la doble función profética de anunciar y denunciar. Y, a la hora de denunciar, dejan palacios y mitras y se van al altiplano boliviano".
Sobre el libro, Vidal destacó que "es más que un 'Indignaos' eclesial. Es un libro para espolearnos a salir de la indiferencia; para ayudarnos a dejar ya el camino de la mística de la resistencia pasiva; para pasar a la resistencia activa y, desde ella, luchar por la utopía del Reino que exige una Iglesia mejor, con menos poder y más entrañas de misericordia".
                                                                                              ¡¡¡ Gracias por todo, Nicolás !!!

La amistad,un tesoro por descubrir

Carmen Sáez Gutiérrez

FUENTES MENDIOLA, ANTONIO. La amistad. Un tesoro por descubrir. Ed. Palabra. Madrid, 2012, 19 x 12, 280 pp.

Antonio Fuentes Mendiola, sacerdote y doctor en Teología, ha sido profesor de Sagrada Escritura en varias universidades, entre ellas, en Navarra. También ha desarrollado su labor como párroco y capellán de varios colegios mayores. Autor de numerosas obras, nos presenta en este volumen un auténtico tratado acerca de la amistad, entendida como un sentimiento de afecto puro y limpio hacia la otra persona con quien se sintoniza, fundamentada en el concepto cristiano de amor, pero ajena a cualquier expresión erótica.
El libro consta de dos partes. En una primera, tras hacer un recorrido por las diversas maneras de concebir la amistad en el mundo clásico, en las fuentes bíblicas y en distintos escritores cristianos, entre los que destaca, sin duda, a San Agustín de Hipona y a Santo Tomás de Aquino, pasa a describir los rasgos diferenciales de la auténtica amistad: afinidad, reciprocidad, comprensión, confianza, lealtad, así como las actitudes necesarias para cultivarla: grandeza de corazón, entrega, escucha, confianza.
En la segunda parte, nos invita a mirarnos en el espejo de Jesús, como Maestro que nos ilumina en nuestro hacer.  Analiza cómo nos enseñó a vivir la amistad en su paso por el mundo, a la luz de los Evangelios, a través de los testimonios de la relación con distintos amigos, tanto hombres como mujeres,  que fueron apareciendo, y especialmente con sus discípulos. También nos ofrece unas orientaciones para hallar la amistad y nos anima a dar testimonio de nuestra fe ante los amigos.
Es un libro denso, con mucho contenido, que sin lugar a dudas, constituye una buena guía para vivir con sentido cristiano la amistad. En cierta manera, también es un libro de autoayuda, pues ofrece consejos, llenos de fundamento,  para  establecer relaciones sanas con los otros.



lunes, 21 de enero de 2013

Iconoclastas e iconódulos (I)

Francisco Javier Bernad Morales

En el año 726, el emperador bizantino León III  el Isáurico ordenó la retirada de la pintura de Cristo situada sobre la puerta de bronce del gran palacio, y su sustitución por una simple cruz. Tal decisión, que provocó un tumulto en que la multitud dio muerte a uno de los soldados encargados llevarla a cabo, constituye el inicio de un problema que desgarró a la Iglesia de Oriente durante más de un siglo, en tanto que el Imperio se debatía en un agónico enfrentamiento con árabes y búlgaros.  León, pese a su apelativo, no procedía de Isauria, sino de Siria, y siendo estratego[1] del thema de Anatolia, se había sublevado con el apoyo de su provincia y de Armenia contra Teodosio III, a su vez un usurpador, quien, ante el avance rebelde renunció a la corona y se retiró a un monasterio (717). Los primeros momentos del nuevo reinado fueron extremadamente difíciles. En ese mismo año el califa Solimán consiguió bloquear Constantinopla por mar y por tierra, pero tras doce meses de asedio, hubo de retirarse. En los años siguientes, aunque la guerra continuó, su suerte fue por lo general favorable a los bizantinos, y León  pudo llevar a cabo reformas administrativas, judiciales y financieras, que contribuyeron a la estabilización del Imperio.
El apoyo del ejército y la popularidad adquirida con la victoria, le animaron a poner en práctica sus ideas de reforma religiosa. En su opinión, las representaciones plásticas de la Sagrada Familia, de los Apóstoles y de los santos conducían al pueblo hacia la idolatría, por lo que decidió su destrucción. Se encontró, sin embargo, con la oposición del patriarca Germán, a quien ordenó en 730 que aprobara el edicto que prohibía el culto a los iconos. Al negarse este, el emperador convocó el consejo supremo de los funcionarios bizantinos, tanto laicos como eclesiásticos (Silention), quienes condenaron a Germán, que hubo de dimitir. Su puesto fue ocupado por el iconoclasta Anastasio, que fue excomulgado por el papa Gregorio II. Se agravaron de esta manera las ya antiguas tensiones entre Roma y Constantinopla, en un momento en que los papas se sentían amenazados por el avance de los lombardos. El conflicto con Bizancio hizo que se vieran obligados a recurrir a la protección de los francos, lo que tuvo inmensas consecuencias políticas en el futuro, entre ellas la creación de los Estados Pontificios y la coronación imperial de Carlomagno (800).
Frente a los iconoclastas, los iconódulos, entre los que descolló San Juan Damasceno, sostenían que era falsa la acusación de idolatría, pues, las imágenes no son adoradas, sino veneradas debido a aquello que evocan. Son los libros en los que quienes no saben leer pueden aprender las verdades de la religión.
Constantino V, hijo y sucesor de León III, continuó e incluso radicalizó la política religiosa de su padre. Hizo que las sedes episcopales vacantes fueran ocupadas por iconoclastas y creó otras nuevas. Cuando se sintió con suficiente fuerza convocó en el palacio de Hieria un concilio que pretendió ecuménico, pero al que solo asistieron obispos orientales fieles (754). En él se ordenó la destrucción de todas las imágenes y se anatematizó a los iconódulos más destacados, como Juan Damasceno y el expatriarca Germán.  La persecución se tornó violenta y conllevó diversas condenas a muerte. Finalmente, incluso se rechazaron como heréticas las oraciones a los santos. Por otra parte y al igual que su padre, Constantino fue un buen administrador y un brillante militar que supo mantener a raya a árabes y búlgaros.




[1] El estratego concentraba, desde las reformas del siglo VII, la autoridad política y militar de una provincia (thema).

domingo, 20 de enero de 2013

Vive con sencillez y trabaja por un mundo más justo

Eva San Martín

Cáritas anuncia que vivir con sencillez puede ser la respuesta a muchas de nuestras insatisfacciones y vacíos, a nuestras soledades y hastíos. El consumo se ha convertido en el dios de todos, en una presencia que nos rodea y que dirige lo que hacemos, soñamos y buscamos. La falta de empleo se ha convertido en una gran pandemia en los países del norte, que se suma a la realidad que cientos de países empobrecidos viven desde hace más de treinta años, y amenaza nuestra capacidad de consumo y de relación, porque para relacionarnos también necesitamos consumir[…]
Una de las consecuencias más dramáticas de la crisis económica y moral que padecemos es la falta de empleo, y constituye la peor cara de la crisis porque las cifras y las estadísticas han adoptado rostro, nombre y apellidos, historia y vida. Hoy nos enfrentamos, como en muchos momentos de la historia y en muchos lugares del mundo, ante el problema de conseguir trabajo.
El problema del paro no es coyuntural, es estructural. No responde a una mala situación económica, sino al propio funcionamiento del sistema económico hegemónico en el mundo. Hemos vivido una ilusión durante los primeros años del presente siglo, fruto de la construcción sin control, con un nivel de especulación nunca visto, que ha permitido trabajar a muchas más personas pero durante un tiempo ficticio, al tiempo que se han generado unas ganancias económicas desorbitadas para algunos y un endeudamiento “fácil” para otros. Nos hemos olvidado de que la gente necesita el trabajo no sólo para pagar las cuentas, poner alimentos en la mesa y conservar sus hogares, sino también para expresar su dignidad humana y enriquecer y consolidar la comunidad. (Cfr. Gaudium el Spes, 34)

Rev. Cáritas nº 542, diciembre 012

viernes, 18 de enero de 2013

No me llames extranjero

Ante la inmigración

Francisco Javier Bernad Morales

En épocas como la actual en que padecemos graves dificultades de orden económico, a menudo hallan eco voces que, apelando a un oscuro egoísmo identitario, denuncian al extranjero como usurpador de supuestos beneficios que, afirman, deberían reservarse a los nacionales.  El mensaje que transmiten es muy simple, pues se reduce a una apelación a la solidaridad del grupo frente a quienes por definición quedan excluidos de él: los forasteros, los extraños, aquellos que han venido de otro lugar… No aportan soluciones, pero señalan un culpable, alguien contra quien dirigir la frustración de quienes no encuentran trabajo, o simplemente de aquellos cuyas esperanzas de futuro se tornan inseguras. Frente a la tentación xenófoba, los cristianos debemos responder con la apelación a la profunda unidad del género humano, hemos, pues, de recordar que todos somos hermanos y que el inmigrante es nuestro prójimo. Así se proclama en el Levítico y se repite en el Deuteronomio

Como a uno de vuestros indígenas habéis de considerar al extranjero que con vosotros es huésped y le amarás como a ti mismo, pues extranjeros habéis sido en el país de Egipto (Levítico, 19, 3).

No abominarás del idumeo, pues es hermano tuyo. Tampoco abominarás del egipcio, porque fuiste extranjero en su país (Deuteronomio, 23, 8).

De la misma manera insiste el Concilio Vaticano II:

La justicia y la equidad exigen también que la movilidad, la cual es necesaria en una economía progresiva, se ordene de manera que se eviten la inseguridad y la estrechez de la vida del individuo y de su familia. Con respecto a los trabajadores que, procedentes de otros países o de otras regiones, cooperan en el crecimiento económico de una nación o de una provincia, se ha de evitar con sumo cuidado toda discriminación en materia de remuneración o de condiciones de trabajo. Además, la sociedad entera, en particular los poderes públicos, deben considerarlos como personas, no simplemente como meros instrumentos de producción, deben ayudarles para que traigan junto a sí a sus familias, se procuren un alojamiento decente favorecer su incorporación a la vida social del país o de la región que los acoge (Constitución Gaudium et spes, 66).

No ver en el extranjero a nuestro prójimo implica rechazar al Creador y, por tanto, a Cristo, pues quien lo hace, en lugar de amor, siembra odio.

jueves, 17 de enero de 2013

La compasión como principio de acción

José Antonio Pagola


Lo que define a ese Dios que quiere reinar en el mundo no es el poder, sino la compasión. No viene a imponerse y dominar al ser humano. Se acerca para hacer nuestra vida más digna y dichosa. Esta es la experiencia que comunica Jesús en sus parábolas más conmovedoras y la que inspira toda su trayectoria al servicio del reino de Dios. Jesús no puede experimentar a Dios por encima o al margen del sufrimiento humano. La compasión es el modo de ser de Dios, su forma de mirar al mundo, lo que le mueve a hacerlo más humano y habitable.
Es precisamente esta compasión de Dios la que hace a Jesús tan sensible al sufrimiento y a la humillación de las gentes. Lo que lo atrae hacia las víctimas inocentes: los maltratados por la vida o por las injusticias de los poderosos. Su pasión por este Dios del reino se traduce en compasión por el ser humano […]
Desde su experiencia radical de la compasión, Jesús introduce en la historia un principio decisivo de acción: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo” (Lc 6, 36). La compasión es la fuerza que puede mover la historia hacia un futuro más humano. La compasión activa y solidaria es la gran ley de la dinámica del reino. La que nos ha de hacer reaccionar ante el clamor de los que sufren y movilizarnos para construir un mundo más justo y fraterno. Esta es la gran herencia de Jesús que los cristianos hemos de recuperar hoy.

ALEIXANDRE, D., MARTÍN VELASCO, J., PAGOLA, J. A. Fijos los ojos en Jesús. En los umbrales de la fe. PPC, 2012, pp. 163-164

martes, 15 de enero de 2013

No llores si me amas


En el día de hoy celebramos, en la familia agustiniana, la Conmemoración de los familiares difuntos y lo hacemos desde la fe en Cristo Resucitado y con la esperanza del reencuentro en el Padre que nos ama. Es un día de acción de gracias por la vida compartida con quienes nos han precedido en el camino hacia el Padre y nos han dejado la huella de su testimonio mientras han vivido con nosotros y, también, de alegría, por la certeza de que, aunque la separación y el duelo resulten difíciles, la muerte no tiene la última palabra.

Reproducimos a continuación una bella oración agustiniana.

San Agustín

¡Si conocieras el don de Dios y lo que es el Cielo!
¡Si supieras oir el cántico de los ángeles y verme en medio de ellos!
¡Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos los campos eternos de los nuevos senderos que atravieso!
¡Si por un instante pudieras contemplar como yo, la Belleza ante la cual las demás bellezas palidecen!
¿Cómo?
Tú que me has visto y me has amado en el mundo, país de las sombras,
¿no te resignarás al verme ahora en el cielo, país de las inmutables realidades?
Créeme,
cuando la muerte venga a romper las ligaduras,
como ha roto las que a mí me encadenaban
y cuando llegue un día,
que Dios ha fijado y conoce,
y tu alma venga a este Cielo en que ha precedido la mía....
Ese día volverás a ver aquella que te amaba y te sigue amando
y encontrarás su corazón con todas sus ternuras purificadas.
Volverás a verme, pero transfigurada,
extática, feliz,
no ya esperando la muerte,
sino en senderos de LUZ y de la VIDA,
bebiendo con embriaguez a los pies de DIOS,
un néctar del cual nadie se saciará jamás.
Por eso, enjuga tu llanto y no llores, si me amas
.

J. S. Bach. Magnificat 01

lunes, 14 de enero de 2013

Dolor

Francisco Javier Bernad Morales

Hay días en los que sin motivo aparente sentimos el corazón oprimido por un dolor intenso. Sin saber por qué, se presentan ante nosotros las imágenes de todas las personas a las que hemos amado y que hemos perdido. Todos aquellos a quienes quizá no dijimos con la suficiente claridad lo que significaban para nosotros. Quizá incluso en algún momento los tratamos con displicencia. Puede que necesitaran una palabra nuestra, pero permanecimos en silencio. Pensábamos que habría tiempo para explicaciones, que los malentendidos podrían aclararse, y dejábamos discurrir días y días sin hablar de lo que realmente importaba. Transcurrieron así los meses y los años y demoramos solicitar su perdón. No hablo de grandes faltas, sino de pequeños gestos cotidianos, que quizá pasaron para todos, incluso para el ofendido, inadvertidos. Acaso no dejaran otra huella que esa herida interior que hoy vuelve a sangrar. Sabemos que en determinado momento fuimos crueles con alguien que nos quería y, aunque ahora nos arrepentimos, ya ha pasado el momento en que podíamos solicitar su perdón. Una palabra, un gesto, un silencio, dejan una marca dolorosa, una llaga que cuando menos lo esperamos torna a abrirse y nos causa un pesar que con nada se alivia. Son tantos los que ya no nos acompañan que apenas podemos evocarlos a la vez en la memoria.

            Lo que voy a contar es vulgar, tanto que dudo en calificarlo de historia, pues quizá, al igual que los fenómenos naturales, se haya repetido una y otra vez en mil formas solo superficialmente distintas. Un joven mira el mundo con la feroz audacia que le proporcionan sus poco más de veinte años. Ensoberbecido por la fuerza que cree descubrir en su voluntad, apenas puede disimular  el disgusto ante las palabras de su abuela. Habla esta de las pequeñas miserias de un tiempo pasado, pero lo que indigna al nieto es la conformidad con el destino que trasluce el relato de la anciana. No puede entender que alabe la humildad, y termina por recriminárselo. Se atreve a censurarla por no haber reaccionado con rebeldía. No hay más, la mujer se encierra en el silencio, quizá absorta en los remotos recuerdos de una juventud apenas disfrutada.

            Pasarán los años, y la vida terminará por abatir la arrogante suficiencia del nieto. El mundo, que en la juventud se le mostraba, como una pintura de Caravaggio, con nítidos contrastes entre áreas iluminadas y zonas de tinieblas, ha adquirido los variados matices de un cuadro de Millet. Por fin comprende que esa abuela, a la que tanto tiempo atrás menospreció,  comparte la serena dignidad de los campesinos que rezan el Ángelus y de las espigadoras. Pero ya es tarde. La anciana se fue sin ruido, igual que había vivido.

            Ahora el nieto, ya un hombre maduro, siente cada día el dolor causado por unas palabras que quizá tan solo a él le hicieron daño. Sabe que su abuela, esa mujer humilde, quedó viuda en Madrid con cuatro niños pequeños, un año antes de que comenzara la Guerra Civil, que trabajó incansable cosiendo día y noche para salir adelante, que un vecino miserable, cuando ya las tropas de Franco entraban en la ciudad, le arrebató los pocos objetos de valor que poseía y que el tifus la tuvo al borde de la muerte. Sin embargo, ella continuó inquebrantable y sus hijos crecieron, se hicieron adultos y formaron nuevas familias. Entiende al fin el nieto que su abuela no se resignó ante el destino, sino que lo afrontó decidida y valerosamente, pero ya no cabe manifestarle gratitud, ya nunca podrá decirle hasta qué extremo la admira. Por eso hoy le duele el corazón.

domingo, 13 de enero de 2013

Te llevo en mis entrañas dibujada

Emma Martínez Ocaña

Ahora que estamos en el inicio de un nuevo año, con nuevos proyectos e ilusiones, con el deseo de dejar atrás lo que se nos ha mostrado inútil y buscar máximas nuevas, que nos guíen por caminos distintos, tal vez convenga detenernos en estas recomendaciones que Emma Martínez Ocaña nos hace en su libro Te llevo en mis entrañas dibujada, publicado por la editorial Narcea, en el pasado 2012.

• DEJA DE CORRER, párate, mira y observa
• DETÉN TUS OJOS para que puedan pasar de una mirada dispersa y superficial a una mirada lucida y profunda sobre la realidad, sin cerrarlos a la dureza del dolor y la injusticia; de una mirada anónima y dominadora a una mirada gratuita que “tuifica”; de una mirada excluyente a una mirada inclusiva, dadora de vida.
• DESCÁLZATE de tus razonamientos, discursos, pre-juicios, creencias, teorías y seguridades…Deja que tu desnudez te haga pisar el terreno siempre apasionante del silencio o, mejor aún, deja que el silencio se haga en ti y te haga a ti.
• ÁBRETE AL MISTERIO de una Presencia en la cual vives, te mueves, respiras, existes… y déjate asombrar, sorprender, desbordar, invadir…por es Presencia en ti y en toda la realidad que te circunda.
• CONTEMPLA cuál es el rostro de Dios que esa parte de la realidad te desvela, aunque a veces esté desfigurado por el sufrimiento. Contempla en el amor al Amor. Reconoce que él es el manantial y que ese Amor, al pasar por tu cauce lo amplía, lo purifica, lo va lentamente limpiando de apegos, impurezas, egoísmos, manipulaciones…, lo recrea.
 • ENTRA EN COMÚN-UNIÓN profunda y saborea la presencia-ausencia que te alcanza en lo más profundo de tu ser, en la entraña de la realidad
• ENTRÉGATE a lo que”ahí” se desvela de Dios, de la realidad, de cada una de las personas y situaciones con las que te encuentras cada día. Si el amor te sobreviene asómbrate y déjate alcanzar por él. Entonces tus entrañas, por las acción de su Espíritu, aliento de vida, serán fecundas y misericordiosas. Porque la auténtica fecundidad nace del amor.
• DÉJATE TRANSFORMAR por esa presencia-ausencia de un Dios que siempre es Amor e invita a hacer de la vida una entrega amorosa. Sentirás la armonía que anhelas entre lo que siente el corazón y logra expresar su cuerpo. Tus entrañas son el motor por el que tus ojos, tu boca, tus manos, tus pies, tu cuerpo sexuado, todo él… sabrán ser transparencia, canal de un amor que dentro arde como una llama que “las aguas torrenciales no podrán apagar… ni anegar a los ríos” porque “llamarada divina es el amor”.
• ACOGE LA REVELACIÓN, no solo de la profunda belleza y dignidad del ser amado con quien te gozas, sino de ti misma como alguien capaz de . Como un violín que desconoce las melodías que una mano experta puede sacar de él, así el amor experimentado puede desvelar lo mejor de tu persona. Tus entrañas son el lugar para gozar-sufrir el amor a los hermanos y hermanas del camino y ahí el de tu Dios.
• DEJA RESONAR en ti las palabras del poeta León Felipe:
 “¿No es el amor el viento?
¿No es el amor el viento disfrazado
 De andrajoso vagabundo?
 Viento…tú eres el amor ¿verdad?,
El amor enamorado de la luz”
Así los poetas y los místicos, personas capaces de experimentar el misterio del Ser en el corazón de la vida, en las realidades cotidianas, opacas a ojos inmediatistas y posesivos.
• ENTRA sin miedo ni recelos en esa dimensión en la que el amor es el viento disfrazado de andrajoso vagabundo. En lo escondido, en lo aparentemente insignificante, puede abrírsenos la existencia a dimensiones insospechadas. Cuando hayas palpado la entrada que como urdimbre sostiene el universo, sabrás qué significa “el amor enamorado de la luz”.

sábado, 12 de enero de 2013

El pesimismo ilustrado

Francisco Javier Bernad Morales

CORAZÓN GONZÁLEZ, Rafael, El pesimismo ilustrado, Kant y las teorías políticas de la Ilustración,  Rialp, Madrid, 2005, 13,5  x 20, 310 pp.

Frente a la idea ya convertida en lugar común, que, escudada en la noción de progreso,  ve en la Ilustración un movimiento esencialmente optimista, en tanto que mantenedor a ultranza de la perfectibilidad de las sociedades humanas, Rafael Corazón argumenta que la auténtica base de toda la filosofía ilustrada no es sino un profundo pesimismo antropológico. Los filósofos ilustrados, al negar la idea misma de trascendencia, reducen al hombre a mera naturaleza gobernada por fuerzas inmanentes, que no dejan lugar a conceptos tales como libertad y responsabilidad. El poder político pasa a justificarse no por la meta de alcanzar el bien común, sino por la necesidad de armonizar los contrapuestos intereses de los individuos, a fin de que estos no se destruyan entre sí. Aunque sorprendentemente no cita a Bernard de Mandeville, se diría que la Fábula de las abejas está presente en toda la argumentación. Se centra esta en poner al descubierto las inconsistencias y contradicciones en que incurre Kant, sin duda el más grande de los ilustrados, cuando cree descubrir una fundamentación autónoma de la moral, y mantiene la posibilidad de edificar un sistema de gobierno que, al modo de un perfecto sistema de relojería, sea capaz de funcionar sin que le afecten las voluntades o intenciones de las piezas que lo componen. Coincide aquí Rafael Corazón con Isaiah Berlin, quien ya señaló cómo el rigor ético kantiano abre, contra toda apariencia, una puerta al relativismo moral. Frente al inmanentismo que impregna las teorías políticas contemporáneas y cuya consecuencia en su opinión no es otra que la imposibilidad de fundamentar sólidamente unos derechos humanos que, por otro lado, no cesan de invocarse, el autor vuelve la vista a las teorías políticas tradicionales inspiradas en una visión trascendente del hombre y de la naturaleza.

jueves, 10 de enero de 2013

Cristo es el cumplimiento de las promesas de Dios

San Agustín

Fiel es Dios, que se constituyó en nuestro deudor; no porque haya recibido algo de nosotros, sino porque nos prometió tan grandes bienes. La promesa le pareció poco; por eso quiso obligarse por escrito, firmando, por decirlo así, un documento que atestiguara sus promesas, para que, cuando comenzara a cumplir las cosas que prometió, viésemos en ese escrito en qué orden se cumplirían. El tiempo de las profecías era, como muchas veces lo he afirmado, el del anuncio de las promesas.
Prometió la salvación eterna, la vida bienaventurada y sin fin en compañía de los ángeles, la herencia imperecedera, la gloria eterna, la dulzura de la contemplación de su rostro, su templo santo en los cielos y, como consecuencia de la resurrección, la ausencia total del miedo a la muerte. Ésta es, en cierto modo, su promesa final, hacia la que tienden todos nuestros cuidados, porque una vez que la hayamos alcanzado ya no buscaremos ni exigiremos ninguna otra cosa. También manifestó en qué orden se cumplirían sus promesas y profecías hasta alcanzar ese último fin. Prometió la divinidad a los hombres, la inmortalidad a los mortales, la justificación a los pecadores, la glorificación a criaturas despreciables. Sin embargo, hermanos, como a los hombres les parecía increíble la promesa de Dios de sacarlos de su condición mortal -de corrupción, bajeza, debilidad, polvo y ceniza- para asemejarlos a los ángeles, no sólo firmó una alianza con los hombres para moverlos a creer, sino que también estableció un mediador como garante de su fidelidad; y no estableció como mediador a cualquier príncipe o a un ángel o arcángel, sino a su Hijo único. Y por él nos mostró el camino que nos conduciría hacia el fin prometido. Pero no bastó a Dios indicarnos el camino por medio de su Hijo: quiso que Él mismo fuera el camino, para que, bajo su dirección, tú caminaras por él. Por tanto, el Hijo único de Dios tenía que venir a los hombres, tenía que hacerse hombre y, en su condición de hombre, tenía que morir, resucitar, subir al cielo, sentarse a la derecha del Padre y cumplir todas sus promesas en favor de las naciones.  Y, después del cumplimiento de estas promesas, cumplirá también la promesa de venir otra vez para pedir cuentas de sus dones, para separar a los que se hicieron merecedores de su ira de quienes se hicieron merecedores de su misericordia, para castigar a los impíos, conforme lo había amenazado, y para recompensar a los justos, según lo había prometido. Todo esto debió ser profetizado y anunciado de antemano para que no atemorizara a nadie si acontecía de repente, sino que, siendo objeto de nuestra fe, lo fuese también de una ardiente esperanza 

De los Comentarios de San Agustín, obispo, sobre los salmos (354-430) 
Lectura bíblica: 2 Co 1, 18-22

miércoles, 9 de enero de 2013

Villancicos

Santa Teresa de Jesús


  Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

  Vivo ya fuera de mí,
después que muero  de amor,
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí;
cuando el corazón le di
puso en mí este letrero:
“Que muero porque no muero”.
  Esta divina unión,
y el amor con que yo vivo,
hace a mi Dios mi cautivo
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a mi Dios prisionero,
que muero porque no muero.
  ¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel y estos hierros
en que está el alma metida!
Sólo esperar la salida
me causa un dolor tan fiero,
que muero porque no muero.
   Acaba ya de dejarme,
vida, no me seas molesta;
porque muriendo, ¿qué resta,
sino vivir y gozarme?
No dejes de consolarme,
muerte, que ansí te requiero:
que muero porque no muero.
 Véante mis ojos
dulce Jesús bueno;
véante mis ojos,
muérame yo luego.

  Vea quien quisiere
rosas y jazmines,
que si yo te viere
veré mil jardines.
Flor de serafines,
Jesús Nazareno,
véante mis ojos,
muérame yo luego
  No quiero contento,
mi Jesús ausente,
que todo es tormento
a quien esto siente;
Sólo me sustente
tu amor y deseo.
Véante mis ojos,
dulce Jesús bueno;
véante mis ojos,
muérame yo luego.

Obras, BAE, t. LIII, P.510

martes, 8 de enero de 2013

Pelagianismo

Francisco Javier Bernad Morales

Quizá, aunque la mayor parte de los cristianos ignoren su existencia e incluso se sorprendan al escuchar un nombre tan extraño, esta doctrina, declarada herética en la segunda década del siglo V, mantenga una fuerte presencia en el mundo actual. Pelagio fue un monje virtuoso y austero nacido en Britania o quizá en Irlanda, que vivió a caballo entre los siglos IV y V. Sabemos que en el año  400 estaba en Roma y que en el 410 huyó a Cartago ante el avance de los visigodos. Escribió varios tratados que no se han conservado y que solo conocemos de manera fragmentaria por las citas de sus oponentes, entre quienes ocupa un lugar destacado San Agustín.

Espero que el lector me disculpe si interrumpo el ritmo expositivo con una ligera digresión, pues imagino la malevolencia con que algunos culparán a la Iglesia de haberlos destruido para impedir que llegaran hasta nosotros. Ya en alguna ocasión me he referido a la manera en que se transmitían los textos antes de la invención de la imprenta. Recordaré, pues, que estos se copiaban a mano, lo que obviamente suponía un trabajo laborioso y de elevado coste, por lo que solo se reproducían aquellos que una determinada comunidad consideraba lo suficientemente importantes. 

Naturalmente, los monjes se ocupaban en copiar los que, a su entender, contenían enseñanzas piadosas y doctrinas edificantes. Así se han perdido- a no ser que el azar depare alguna sorpresa, pues siempre queda la esperanza de un descubrimiento arqueológico, tal como el de los rollos del mar Muerto o el de los códices gnósticos de Nag Hammadi- no solo las obras de autores heréticos, sino las de muchos otros escritores antiguos, que durante siglos fueron escasamente valorados. Eso no significa que el poder temporal o el espiritual no decretaran la destrucción de determinados libros, pero la eficacia real de estas medidas fue bastante discutible. Mucho más dañinos resultaron el desinterés por su conservación y el deterioro causado en las escasas copias por el simple discurrir del tiempo.

¿Podemos, pues, atisbar  en la bruma las ideas de Pelagio? Sabemos, al menos, de qué le acusaban sus adversarios. Al parecer, habría negado que la falta de Adán se transmitiera a su descendencia y fuera la causa de la entrada de la muerte en el mundo. No hay, pues, pecado original, y el hombre nace inocente, tal como fue creado en el Paraíso y puede, por tanto, alcanzar la salvación por sus propios medios, sin necesidad de la gracia divina. San Agustín, San Jerónimo y Paulo Orosio, entre otros, vieron con claridad que esta doctrina suponía un ataque contra la raíz misma del cristianismo. Si la naturaleza humana no está manchada por el pecado, la muerte de Jesús carece de poder salvífico y, consecuentemente, la Encarnación no tiene sentido. Aquel judío crucificado en Jerusalén, no habría sido más que, como tantos otros, un justo sufriente; un modelo, en este sentido equiparable a Sócrates, de comportamiento ético; alguien a quien los hombres deberíamos esforzarnos por imitar para así, con nuestras obras, lograr la salvación. Pelagio, en definitiva, identificaba la libertad con la capacidad para elegir entre el bien y el mal, y no aceptaba la imposibilidad de realizar el primero sin el auxilio del don gratuito e incondicionado de Dios. 

lunes, 7 de enero de 2013

Gloria mozárabe

Insertamos un nuevo canto mozárabe, procedente del antifonario de León (1069).


domingo, 6 de enero de 2013

El camello cojito (Auto de los Reyes Magos)

Gloria Fuertes

Es nuestro deseo que en este día mágico reine la ternura para todos. A continuación presentamos un entrañable poema de la gran escritora Gloria Fuertes dedicado a todos los niños.

El camello se pinchó
con un cardo en el camino
y el mecánico Melchor
le dio vino.

Baltasar fue a repostar
más allá del quinto pino...
e intranquilo el gran Melchor
consultaba su "Longinos".

-¡No llegamos,
no llegamos
y el Santo Parto ha venido!

-son las doce y tres minutos
y tres reyes se han perdido-.

El camello cojeando
más medio muerto que vivo
va espeluchando su felpa
entre los troncos de olivos.

Acercándose a Gaspar,
Melchor le dijo al oído:
-Vaya birria de camello
que en Oriente te han vendido.

A la entrada de Belén
al camello le dio hipo.
¡Ay, qué tristeza tan grande
con su belfo y en su hipo!

Se iba cayendo la mirra
a lo largo del camino,
Baltasar lleva los cofres,
Melchor empujaba al bicho.

Y a las tantas ya del alba
-ya cantaban pajarillos-
los tres reyes se quedaron
boquiabiertos e indecisos,
oyendo hablar como a un Hombre
a un Niño recién nacido.

-No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos,
quiero al camello, le quiero.
Le quiero, repitió el Niño.

A pie vuelven los tres reyes
cabizbajos y afligidos.
Mientras el camello echado
Le hace cosquillas al Niño.

sábado, 5 de enero de 2013

“Son derechos, no regalos. Nadie sin hogar”

Carmen Sáez Gutiérrez

El ya pasado 25 de Noviembre se cumplió el 20 aniversario de la Campaña de Personas sin Hogar, que se celebró con el lema “Son derechos, no regalos. Nadie sin hogar”. El objetivo no era recaudar fondos, sino sensibilizar a la población sobre el drama que viven tres millones de personas en nuestro país, al carecer de hogar o disponer de uno que no reúne las condiciones adecuadas: falta de agua, luz, riesgo de ruina…
Las personas sin hogar no solo se enfrentan a la dura situación de no contar con una vivienda digna, sino además se ven privadas del apoyo afectivo necesario para un equilibrio personal, de intimidad, de derecho a empadronarse y así poder votar…, sufren por tanto un sinfín de carencias por lo que precisan protección social.
Cáritas quiere hacer realidad el objetivo de acabar con el “sinhogarismo” que la Unión Europea se ha propuesto para 2015. Para ello pide a las Administraciones que den prioridad en sus presupuestos, en estos momentos de crisis económica, a partidas que permitan paliar este problema acuciante, sin relegarlo a un segundo plano; así como aunar esfuerzos para conseguir una mayor coordinación entre los distintos organismos, pues, si bien se ha avanzado en los últimos años en esta dirección, esta sigue siendo deficiente.
La meta de conseguir un hogar para cada persona solo será posible con el esfuerzo y el compromiso de todos, recolocando nuestra escala de valores y exigiendo políticas que tiendan a la erradicación de la pobreza.
Para más información sobre el tema recomendamos la lectura del número 541 de la revista de Cáritas. Además, reproducimos un vídeo sobre uno de los actos organizados por Cáritas durante la Campaña en el que dos personas leen el Manifiesto escrito para este fin.

viernes, 4 de enero de 2013

El doble precepto de la caridad

San Agustín

Vino el Señor mismo, como doctor en caridad, rebosante de ella compendiando, como de él se predijo, la palabra sobre la tierra, y puso de manifiesto que tanto la ley como los profetas radican en los dos preceptos de la caridad.
Recordad conmigo, hermanos, aquellos dos preceptos. Pues, en efecto; tienen que seros en extremo familiares no sólo veniros a la memoria cuando ahora os los recordamos, sino que deben permanecer siempre grabados en vuestros corazones. Nunca olvidéis que hay que amar a Dios y al prójimo: a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser; y al prójimo y sí mismo.
He aquí lo que hay que penar y meditar, lo que hay que mantener vivo en el pensamiento y en la acción, lo que llevar hasta el fin. El amor de Dios es El primero en la jerarquía del precepto, pero el amor al prójimo es el primero en el rango de la acción. Pues el que te impuso este amor en dos preceptos no había de proponerte primero al prójimo y luego a Dios, sino al revés; a Dios primero y al prójimo después.
Pero tú, que todavía no ves a Dios, amando al prójimo haces méritos para verlo; con el amor al prójimo aclaras tu pupila para mirar a Dios, como sin lugar a dudas dice Juan: Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve.
Que no es más que una manera de decirte: Ama a Dios. Y si me dices: «Señálame a quién he de amar», ¿qué otra cosa he de responderte sino lo que dice el mismo Juan: A Dios nadie lo ha visto jamás? Y para que no se te ocurra creerte totalmente ajeno a la visión de Dios: Dios —dice— es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios. Ama por tanto al prójimo, y trata de averiguar dentro de ti el origen de ese amor; en él verás, tal y como ahora te es posible, al mismo Dios.
Comienza, pues, por amar al prójimo. Parte tu pan con el hambriento, y hospeda a los pobres sin techo; viste al que ves desnudo, y no te cierres a tu propia carne.
¿Qué será lo que consigas si haces esto? Entonces romperá tu luz como la aurora. Tu luz, que es tu Dios, tu aurora, que vendrá hacia ti tras la noche de este mundo pues Dios ni surge ni se pone, sino que siempre permanece.
 Al amar a tu prójimo y cuidarte de él, vas haciendo tu camino. ¿Y hacia dónde caminas sino hacia el Señor Dios el mismo a quien tenemos que amar con todo el corazón con toda el alma, con todo el ser? Es verdad que no hemos llegado todavía hasta nuestro Señor, pero sí que tenemos con nosotros al prójimo. Ayuda, por tanto, a aquel con quien caminas, para que llegues hasta aquel con quien deseas quedarte para siempre.

De los tratados de san Agustín, obispo, sobre el evangelio de san Juan (Tratado 17, 7-9: CCL 36,174-175).



jueves, 3 de enero de 2013

San Fulgencio de Ruspe

Francisco Javier Bernad Morales

Hoy recordamos a San Fulgencio de Ruspe (468-533), cuya vida se desarrolló en un período especialmente difícil: los últimos estertores del Imperio Romano de Occidente. Aunque formalmente la autoridad del emperador pervivió hasta que en el 476, el hérulo Odoacro depuso a Rómulo Augústulo y remitió las insignias imperiales a Constantinopla, hacía tiempo que se habían constituido reinos bárbaros  en Britania, las Galias, Hispania y África. En esta última, en la ciudad de Cartago, nació San Fulgencio. Era un territorio profundamente cristianizado que había dado a la Iglesia figuras como San Agustín, San Alipio o San Posidio, aunque se había desgarrado por el conflicto donatista. A este se le sumó desde la conquista vándala (Hipona fue ocupada en el 430 y Cartago en el 439), el problema arriano. En contraste con los visigodos de Hispania o los ostrogodos de Italia, los vándalos desataron una violenta persecución contra la ortodoxia.

Fulgencio era miembro de una ilustre familia romana y recibió una esmerada educación, que le llevó a dominar a la perfección no solo el latín, sino también el griego. La lectura de un sermón de Agustín de Hipona sobre el salmo 36, le empujó a abrazar la vida religiosa, cuando contaba veintidós años. Vivió durante algún tiempo refugiado en Sicilia y hacia el 500 visitó Roma. A su regreso a África, fue nombrado obispo de la pequeña ciudad de Ruspe (Túnez). Como el resto de los obispos católicos, hubo de exiliarse durante el reinado de Trasamundo y, aunque se le permitió un breve retorno a Cartago, no pudo volver de manera definitiva hasta que el advenimiento de un nuevo rey, Hilderico, suavizó la actitud arriana frente a los católicos. El nuevo monarca era consciente de que para mantener la estabilidad del reino le era indispensable ganarse el apoyo de la población romana, pero sus medidas conciliadoras llegaron demasiado tarde y le granjearon la enemistad de la nobleza. Finalmente (530) fue destronado por su primo Gelimer, lo que motivó el envío por el emperador Justiniano de una fuerza expedicionaria comandada por el general Belisario, que en una breve campaña puso fin al reino vándalo (534). Fulgencio no llegó a ver la restauración del poder imperial en su tierra, pues falleció en el año 533.

Excelente administrador, desde su entrada en la Iglesia vivió de manera austera, ocupado en aliviar las necesidades de los más pobres y dedicando gran parte del tiempo a la oración y a la composición de obras doctrinales, en las que expuso las concepciones ortodoxas sobre la Trinidad, en oposición a los arrianos, y atacó a los pelagianos, quienes negaban el pecado original.