jueves, 27 de febrero de 2014

Dios te ama

Cardenal Newman

Dios te ama. Dios vela por ti. Te llama por tu nombre.
Te ve y te comprende tal como Él te hizo.
Sabe lo que hay en ti, todos tus sentimientos
Y pensamientos peculiares, tus inclinaciones y preferencias,
Tu fortaleza y tu debilidad.
Te ve en tu hora de regocijo
Y en tu hora de infortunio.
Se compadece de tus esperanzas
Y de tus tentaciones.
Se interesa por todas tus ansiedades y recuerdos,
Todos los altibajos de tu espíritu...
Te rodea y te sostiene con sus brazos.
Se da cuenta de tu semblante,
Tanto cuando ríes como cuando lloras...
Cuida de ti con cariño..
Oye tu voz, tu respiración y el latido de tu corazón.
Te ama más de lo que tú te amas a ti mismo
Evita infligirte dolor
Mucho más de lo que tú le rehúyes.
Y si llega a hacerlo,
Lo hace del mismo modo en que tú lo harías,

Si eres prudente, para conseguir algo mucho mejor.

miércoles, 26 de febrero de 2014

La primera forma de evangelización es el testimonio

Juan Pablo II

El hombre contemporáneo cree más a los testigos que a los maestros, cree más en la experiencia que en la doctrina, en la vida y los hechos que en las teorías. El testimonio de vida cristiana es la primera e insustituible forma de la misión: Cristo, de cuya misión somos continuadores, es el “Testigo” por excelencia (Ap 1, 5; 3, 14) y el modelo del testimonio cristiano. El  Espíritu Santo acompaña el camino de la Iglesia y la asocia al testimonio que él da de Cristo (cf,Jn 15, 26-27).
La primera forma de testimonio es la vida misma del misionero, la de la familia cristiana y de la comunidad eclesial, que hace visible un nuevo modo de comportarse. El misionero que, aun con todos los límites y defectos humanos, vive con sencillez según el modelo de Cristo, es un signo de Dios y de las realidades trascendentales. Pero todos en la Iglesia, esforzándose por imitar al divino Maestro, pueden y deben dar este testimonio, que en muchos casos es el único modo posible de ser misioneros.
El testimonio evangélico, al que el mundo es más sensible, es el de la atención a las personas y el de la caridad para con los pobres y los pequeños, con los que sufren. La gratuidad de esta actitud y de estas acciones, que contrastan profundamente con el egoísmo presente en el hombre, hace surgir unas preguntas precisas que orientan hacia Dios y el Evangelio. Incluso el trabajar por la paz, la justicia, los derechos del hombre, la promoción humana, es un testimonio del Evangelio, si es un signo de atención a las personas y está ordenado al desarrollo integral del hombre.
El cristiano y las comunidades cristianas viven profundamente insertados en la vida de sus pueblos respectivos y son signo del Evangelio incluso por la fidelidad a su patria, a su pueblo, a la cultura nacional, pero siempre con la libertad que Cristo ha traído. El cristianismo está abierto a la fraternidad universal, porque todos los hombres son hijos del mismo Padre y hermanos en  Cristo.
La Iglesia está llamada a dar su testimonio de Cristo, asumiendo posiciones valientes y proféticas ante la corrupción del poder político o económico; no buscando la gloria o bienes materiales; usando sus bienes para el servicio de los más pobres e imitando la sencillez de vida de Cristo. La Iglesia y los misioneros deben dar también testimonio de humildad, ante todo en sí mismos, lo cual se traduce en la capacidad de un examen de conciencia, a nivel personal y comunitario, para corregir en los propios comportamientos lo que es antievangélico y desfigura el rostro de Cristo.

Redemptoris Missio Cap. V (41,43)


lunes, 24 de febrero de 2014

Juan de Valdés

Francisco Javier Bernad Morales

Recientemente me he ocupado de Alfonso de Valdés. Trataré ahora de su hermano, posiblemente gemelo, Juan. Como quizá el lector recuerde, nacieron en Cuenca en el seno de una familia judeoconversa. Aunque no está suficientemente documentado, algunos indicios sugieren que pudieron estudiar en la universidad de Alcalá de Henares. Sea de esto lo que fuere, ambos dominaban con soltura las lenguas clásicas y, al menos Juan, el hebreo, pues de este idioma tradujo los Salmos al castellano. En 1529 publicó en Alcalá de Henares el Diálogo de doctrina cristiana, una obra breve, en realidad un catecismo, en que expone de manera ordenada los fundamentos de la fe. Se trata de un libro concebido a la manera humanista, al que sirve como pretexto la ignorancia mostrada por un sacerdote al enseñar a los niños la doctrina cristiana. Un religioso, a fin de corregirle le pide que le acompañe a visitar al arzobispo de Granada, quien en reposada conversación ilumina todos los aspectos que el sacerdote no había llegado a comprender. Naturalmente, el arzobispo expresa las opiniones de Juan de Valdés, fuertemente influidas por Erasmo de Rotterdam. Se defiende aquí una religiosidad profunda e íntima, poco dada a demostraciones exteriores. Pero se va más allá, toda vez que frente a interpretaciones morales laxistas extendidas en la época, que interpretaban muchas palabras del Evangelio como una serie de consejos, cuyo seguimiento solo quedaba al alcance de los “perfectos”, para Valdés son realmente mandatos que deben esforzarse en guardar todos los cristianos[1]. Algo similar a lo sostenido por Erasmo en el Enchiridion.  Hay un aspecto, sin embargo, en que Valdés se aparta de su maestro para aproximarse a las posiciones luteranas. Hay en él un profundo sentimiento del pecado y de la incapacidad humana para obrar el bien. Un bien al que solo puede ser obra de la gracia:

…conocemos por experiencia cómo nosotros por nuestra propia naturaleza no podemos hacer cosa perfectamente buena, y que por el favor de Jesucristo podamos hacer y cumplir todo lo que conocemos ser bueno[2].

El Diálogo fue pronto denunciado ante la Inquisición y aunque los amigos erasmistas de Valdés, entonces muy influyentes,  lo arroparon y el asunto no tuvo mayores consecuencias, aquel decidió prudentemente alejarse de España. En 1531 se encontraba en Roma y algo después en Nápoles donde residió el resto de su vida. Allí se rodeó de un grupo de discípulos entre los que figuraban dos damas cultas y distinguidas, Giulia Gonzaga y Vittoria Colonna, así como el capuchino Bernardino Ochino, que posteriormente huiría a Ginebra, y  Pietro Carnesecchi, quemado como hereje en Roma en 1567. Para ellos escribió breves tratados teológicos, que circularon manuscritos, algunos de los cuales, como el Alfabeto cristiano, traducidos al italiano, se publicaron tras su muerte, ocurrida en 1541. En estas obras, la aproximación a Lutero es más evidente que en el Diálogo de doctrina cristiana, por lo que Juan de Valdés fue incluido inequívocamente como protestante en la Historia de los heterodoxos españoles de Menéndez Pelayo, al contrario que su hermano Alfonso, que aparece calificado de erasmista.

También para este círculo de seguidores escribió el Diálogo de la lengua, lleno de atinadas observaciones acerca de léxico, gramática o fonética, destinadas a poner al alcance de los italianos un castellano culto y sencillo.





[1] BATAILLON, Marcel, El erasmismo y España, México, FCE, 1983, p. 349.
[2] VALDÉS, Juan de, Diálogo de doctrina cristiana. Madrid, Editora Nacional, 1979, p. 62.

domingo, 23 de febrero de 2014

A nuestra Señora

Fray Luis de León

Virgen, que el sol más pura,
gloria de los mortales, luz del cielo,
en quien la piedad es cual la alteza:
los ojos vuelve al suelo
y mira un miserable en cárcel dura,
cercado de tinieblas y tristeza.
Y si mayor bajeza
no conoce, ni igual, juicio humano,
que el estado en que estoy por culpa ajena,
con poderosa mano
quiebra, Reina del cielo, esta cadena.

Virgen, en cuyo seno
halló la deidad digno reposo,
do fue el rigor en dulce amor trocado:
si blando al riguroso
volviste, bien podrás volver sereno
un corazón de nubes rodeado.
Descubre el deseado
rostro, que admira el cielo, el suelo adora:
las nubes huirán, lucirá el día;
tu luz, alta Señora,
venza esta ciega y triste noche mía.

Virgen y madre junto,
de tu Hacedor dichosa engendradora,
a cuyos pechos floreció la vida:
mira cómo empeora
y crece mí dolor más cada punto;
el odio cunde, la amistad se olvida;
si no es de ti valida
la justicia y verdad, que tú engendraste,
¿adónde hallará seguro amparo?
Y pues madre eres, baste
para contigo el ver mi desamparo.

Virgen, del sol vestida,
de luces eternales coronada,
que huellas con divinos pies la Luna;
envidia emponzoñada,
engaño agudo, lengua fementida,
odio crüel, poder sin ley ninguna,
me hacen guerra a una;
pues, contra un tal ejército maldito,
¿cuál pobre y desarmado será parte,
si tu nombre bendito,
María, no se muestra por mi parte?

Virgen, por quien vencida
llora su perdición la sierpe fiera,
su daño eterno, su burlado intento;
miran de la ribera
seguras muchas gentes mi caída,
el agua violenta, el flaco aliento:
los unos con contento,
los otros con espanto; el más piadoso
con lástima la inútil voz fatiga;
yo, puesto en ti el lloroso
rostro, cortando voy onda enemiga.

Virgen, del Padre Esposa,
dulce Madre del Hijo, templo santo
del inmortal Amor, del hombre escudo:
no veo sino espanto;
si miro la morada, es peligrosa;
si la salida, incierta; el favor mudo,
el enemigo crudo,
desnuda, la verdad, muy proveída
de armas y valedores la mentira.
La miserable vida,
sólo cuando me vuelvo a ti, respira.

Virgen, que al alto ruego
no más humilde sí diste que honesto,
en quien los cielos contemplar desean;
como terrero puesto—
los brazos presos, de los ojos ciego—
a cien flechas estoy que me rodean,
que en herirme se emplean;
siento el dolor, mas no veo la mano;
ni me es dado el huir ni el escudarme.
Quiera tu soberano
Hijo, Madre de amor, por ti librarme.

Virgen, lucero amado,
en mar tempestuoso clara guía,
a cuvo santo rayo calla el viento;
mil olas a porfía
hunden en el abismo un desarmado
leño de vela y remo, que sin tiento
el húmedo elemento
corre; la noche carga, el aire truena;
ya por el cielo va, ya el suelo toca;
gime la rota antena;
socorre, antes que emviste en dura roca.

Virgen, no enficionada
de la común mancilla y mal primero,
que al humano linaje contamina;
bien sabes que en ti espero
dende mi tierna edad; y, si malvada
fuerza que me venció ha hecho indina
de tu guarda divina
mi vida pecadora, tu clemencia
tanto mostrará más su bien crecido,
cuanto es más la dolencia,
y yo merezco menos ser valido.

Virgen, el dolor fiero
añuda ya la lengua, y no consiente
que publique la voz cuanto desea;
mas oye tú al doliente
ánimo, que contino a ti vocea.


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viernes, 21 de febrero de 2014

Oración por la Paz

Pablo VI

Señor, Dios de la paz, Tu que creaste a los hombres para ser herederos de tu gloria. Te bendecimos y agradecemos porque nos enviaste a Jesús, tu hijo muy amado. Tu hiciste de Él, en el misterio de su Pascua, el realizador de nuestra salvación, la fuente de toda paz, el lazo de toda fraternidad. Te agradecemos por los deseos, esfuerzos y realizaciones que tu Espíritu de paz suscitó en nuestros días, para sustituir el odio por el amor, la desconfianza por la comprensión, la indiferencia por la solidaridad. Abre todavía más nuestro espíritu y nuestro corazón para las exigencias concretas del amor a todos nuestros hermanos, para que seamos, cada vez más, artífices de la PAZ. Acuérdate, oh Padre, de todos los que luchan, sufren y mueren para el nacimiento de un mundo más fraterno. Que para los hombres de todas las razas y lenguas venga tu Reino de justicia, paz y amor. Amen.

jueves, 20 de febrero de 2014

Laetentur coeli et exutet terra. Canto romano antiguo

El canto romano antiguo está muy relacionado con el canto gregoriano, que terminó por sustituirlo.

martes, 18 de febrero de 2014

Jesús

Amado Nervo

Jesús no vino del mundo de «los cielos».
Vino del propio fondo de las almas;
de donde anida el yo: de las regiones
internas del Espíritu.

¿Por qué buscarle encima de las nubes?
Las nubes no son el trono de los dioses.
¿Por qué buscarle en los candentes astros?
Llamas son como el sol que nos alumbra,
orbes, de gases inflamados... Llamas
nomás. ¿Por qué buscarle en los planetas?
Globos son como el nuestro, iluminados
por una estrella en cuyo torno giran.

Jesús vino de donde
vienen los pensamientos más profundos
y el más remoto instinto.
No descendió: emergió del océano
sin fin del subconsciente;
volvió a él, y ahí está, sereno y puro.
Era y es un eón. El que se adentra
osado en el abismo
sin playas de sí mismo,

con la luz del amor, ese le encuentra.

lunes, 17 de febrero de 2014

Diálogo de las cosas ocurridas en Roma

Francisco Javier Bernad Morales

El Diálogo de las cosas ocurridas en Roma, conocido también como Diálogo de Lactancio y un arcediano, es una obra escrita por Alfonso de Valdés en 1527, con motivo del saqueo de Roma y la prisión del papa Clemente VII, por las tropas del emperador Carlos V. Los hechos se habían iniciado el 5 de mayo, cuando las fuerzas imperiales, integradas por españoles, alemanes e italianos, a las órdenes del duque de Borbón, muerto en los primeros enfrentamientos, tomaron la ciudad por asalto, obligando al papa a refugiarse en el castillo de Sant’Angelo. Los soldados, a quienes se debían dos meses de paga, se lanzaron sobre las riquezas no solo de los particulares, sino también de las iglesias y los palacios de los cardenales, incluso de aquellos que se habían mantenido fieles al emperador. Durante varios días, Roma permaneció sometida a un terror anárquico en que al expolio se unieron violaciones, asesinatos y toda suerte de atrocidades. El ejército del emperador católico, al contrario que los visigodos de Alarico, no vaciló en profanar los lugares más santos.

En este contexto escribe Alfonso de Valdés, secretario de cartas latinas del emperador, el diálogo que nos ocupa, con el propósito de hacer recaer sobre el papa toda la responsabilidad por lo ocurrido y, a la vez, mostrar que Roma, a causa de sus vicios y pecados, se había hecho acreedora al castigo divino. Son estas las ideas que Lactancio, trasunto de Valdés, expone en Valladolid a su viejo amigo el arcediano del Viso, recién llegado desde Roma y aún horrorizado por lo vivido.

A los reproches del arcediano contra Carlos V, opone Lactancio el hecho de que ha sido Clemente VII el iniciador de las hostilidades, al urdir una alianza antiimperial, llegando incluso a eximir al rey de Francia, Francisco I, del cumplimiento de los juramentos hechos en el tratado de Madrid. Así, el papa, que debería ser un ejemplo de virtud para los cristianos, se había lanzado a la guerra para ampliar sus dominios territoriales. Preferible hubiera sido que renunciara al señorío temporal para atender mejor a los asuntos espirituales. En cuanto a las atrocidades cometidas por los imperiales, no las disculpa, pero sí recuerda que otras similares o peores habían sido perpetradas poco antes por el ejército papal en tierras de los Colonna. No se trata de responder a las críticas con el  manido recurso del “y tú más” a que nos tienen acostumbrados los políticos y los medios de comunicación actuales, sino de constatar que una vez desencadenado el conflicto bélico, la crueldad se sigue de manera irremediable, por lo que la culpa corresponde al agresor, en este caso el papa.

Toda esta primera parte del diálogo constituye un ataque radical y sistemático a la actuación de Clemente VII, pero la segunda va mucho más allá. No se trata ya de mostrar los errores cometidos por una persona concreta, sino de desvelar el estado de degradación en que ha caído la Iglesia y que la ha hecho merecedora del castigo divino. Frente a la predilección de Cristo por los pobres, insiste Lactancio, los dignatarios eclesiásticos solo persiguen acumular riquezas y darse a una vida disipada. En Roma se venden indulgencias, bulas, cargos y dispensas, convirtiendo los méritos espirituales en objeto de un lucrativo comercio. Nada escapa a la voracidad del papa y de los cardenales. Debido al dinero que producen, se fomenta la veneración de imágenes y reliquias con grave riesgo de que el pueblo incurra en idolatría. Se permite que los santos ocupen en la devoción popular el lugar de los dioses paganos, de tal modo que a muchos fieles, mejor que el nombre de cristianos correspondería el de gentiles. Numerosos sacerdotes viven amancebados, haciendo escarnio del voto de castidad. Mejor sería que se les permitiera casarse, llega a decir, ante el estupor del arcediano.

Pero la crítica aún se endurece más. En vista de que los eclesiásticos no hicieron caso de las advertencias de los profetas, de los evangelistas y de los santos, Dios suscitó a Erasmo de Rotterdam para que denunciara los males de la Iglesia, y como tampoco fue escuchado, envió a Martín Lutero. Tampoco este fue oído, así que finalmente el Señor ha permitido que Roma sea saqueada. La mención de Lutero en este contexto suscita naturalmente la protesta del arcediano, lo que da motivo a Lactancio para afirmar que fue la Iglesia al responder a sus primeras críticas con la excomunión, la que lo empujo a la herejía.

Estamos ante uno los textos capitales del erasmismo español. Una severa crítica a la Iglesia en nombre de una espiritualidad íntima y profunda, alejada de fastos exteriores y de manifestaciones excesivas; también, de un fuerte compromiso con los más necesitados y de una actitud irénica de rechazo a la guerra. Intentaremos ahora acercarnos al autor.

Nacido en Cuenca, posiblemente hacia 1490, hermano quizá gemelo del también humanista Juan de Valdés, ignoramos todo acerca de sus años de formación, excepto que la familia era de origen converso[1] y que su padre fue regidor de la ciudad. Entre 1520 y 1521, gracias a unas cartas dirigidas a Pedro Mártir de Anglería, sabemos que acompaña a la corte imperial en Bruselas, Aquisgrán y Worms. Por entonces cuenta con la protección del gran canciller Mercurino Gattinara, como él ferviente admirador de Erasmo de Rotterdam, y obtiene importantes cargos, entre ellos el de secretario de cartas latinas, que lo sitúan en el entorno inmediato de Carlos V, a cuyo lado permanecerá el resto de su vida. En 1530 asiste a la Dieta de Augsburgo, durante la cual mantiene conversaciones con Melanchthon, favorecidas por el talante conciliador de ambos. Sin embargo, a esas alturas la brecha entre luteranos y católicos era ya demasiado grande como para que pudiera salvarse mediante el sosegado intercambio de opiniones entre dos humanistas bienintencionados y comprensivos. Ambos bandos se encaminaban hacia el triunfo de sus respectivos radicales.

Alfonso de Valdés no llegó a ver la ruina del erasmismo español, pues la muerte le alcanzó en Viena en 1532. Un año más tarde, el encarcelamiento del también descendiente de conversos y admirador de Erasmo, Juan de Vergara, marcó el inicio del fin de lo que no fue sino una breve primavera.





[1] Un tío materno fue quemado en 1491, acusado de judaizar. También el padre y un hermano mayor fueron procesados más adelante por la Inquisición, aunque solo sufrieron penas menores.

domingo, 16 de febrero de 2014

Dura contaminación en la Reserva Nacional Pacaya Samiria

P. Miguel Ángel Cadenas
P. Manolo Berjón

“¿Es que no van a escribir ustedes?” nos preguntaron. Nos ha invadido la pereza, pero ahí vamos. Como saben, por fin, el Estado Peruano ha reconocido la contaminación en el Marañón y en la Reserva Nacional Pacaya Samiria. Los datos los pueden encontrar en la siguiente dirección: http://servindi.org/actualidad/99810#more-99810. El trabajo de la organización indígena ACODECOSPAT (Asociación Cocama de Desarrollo y Conservación San Pablo de Tipishca) ha sido intenso y en algunos momentos delicado, pero ha dado fruto y les felicitamos desde la cercanía, la comprensión y el apoyo que les podemos brindar.

Durante años el Estado peruano ha negado sistemáticamente la contaminación existente. Funcionarios inescrupulosos han querido tapar el sol con un dedo. ¿No tienen ninguna responsabilidad? Quienes afirmaban concienzudamente que la contaminación existía eran ignorados, calumniados, objeto de burlas, tachados de no tener experiencia, de falta de formación profesional (es curioso cómo lo reducían todo a ser “inginiero”)… Todavía recordamos como si no hubieran pasado los años cómo trabajadores de Pluspetrol insultaron a los comuneros de Santa Isabel de Yumbaturo por no querer limpiar el río después de un derrame, como si ellos hubieran sido los responsables. “Son haraganes”, dijeron los “inginieros”. Y cómo no volver a recordar a un antropólogo, que afirmaba taxativamente que el río estaba limpio después de un derrame de más de 5500 barriles de petróleo (según datos de la petrolera), pero se negó rotundamente a tomar agua del río junto con nosotros. Anécdotas hay mil, hasta un millón.

¿Y AHORA QUÉ?

“Estarán contentos, nos dijo otro amigo, por fin, han dicho la verdad”. Pues qué decir, esperemos que sea toda la verdad. Y contentos, lo que se dice contentos…, no lo podemos estar. Nos ha alegrado que reconozcan la contaminación, es un primer paso, pero muy pequeño todavía. Necesitamos avanzar mucho más. ¿Terminarán declarando en “emergencia ambiental” el bajo Marañón? Dada la experiencia de las otras tres cuencas: Pastaza, Corrientes y Tigre, no parece que sirva de mucho.

“Si tuvieran que aportar a una solución, ¿cuál sería su propuesta?” nos han espetado en más de una oportunidad. Nosotros entendemos que son otros los que tienen que resolver, pero podemos aportar nuestra visión. De todas formas nos insisten: “no se escondan, digan lo que ustedes piensan”. Y aunque es una pregunta incómoda no la queremos rehuir. Deseamos que se cierren los pozos petroleros de la Reserva Nacional Pacaya Samiria hasta que no se remedie la situación ambiental. Deseamos que se explique a la población local la grave situación por la que se atraviesa. Deseamos que se construya una propuesta con la población local de alternativas a esta situación. Deseamos que alguien explique porqué durante tantos años se han obviado las evidencias, se han ocultado, más bien. Deseamos que haya un monitorio ambiental permanente por parte del Estado acompañado de las organizaciones indígenas. Deseamos un monitoreo permanente de peces y análisis de cabello y sangre en personas. Hay más deseos, pero ya son suficientes por hoy.

“Pero eso no es viable”, nos han cortado en seco. Bueno, no es cierto. Es viable, muy viable. Es cierto que eso produciría mayor desabastecimiento de hidrocarburos. ¿Y qué? ¿Acaso la población local se ha beneficiado de las regalías que ha cobrado el Estado por esos pozos? Pues ahora nosotros deseamos que se paralice la extracción de hidrocarburos en la Reserva Nacional Pacaya Samiria hasta que se remedien los pasivos ambientales. ¿Es preferible ganar dinero a costa de contaminar impunemente el medio ambiente? No, señores, nosotros no estamos de acuerdo.

“En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del ‘derrame’ [chorreo] que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando. Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium nº 54).

CUANDO EL AGUA NO ES H2O: A VUELTAS CON LO SAGRADO

Ahora toca explicar de un modo sencillo qué es esto de la contaminación para que la población pueda comprender todos esos datos químicos… de una manera asequible. La tarea es ingente. ¿Hará el Estado algún pequeño esfuerzo por explicarlo? Mucho nos tememos que no. Una reunión en la comunidad nativa de Dos de Mayo, sede de ACODECOSPAT, es muy valiosa y es de agradecer, pero la explicación debería ser comunidad por comunidad, con gente del Estado capacitada. Y, no, no lo harán. Pero tampoco nos parece que sea para aplaudir. Creemos que si no lo hace, como no lo ha hecho en las cuencas del Pastaza, Corrientes y Tigre, comete una falta grave de responsabilidad social.

En el colegio nos enseñaron, y continúan enseñando en los colegios del Marañón, la fórmula química del agua: H2O, como si toda la realidad se redujera a química. Sin embargo, para el pueblo kukama el agua no es cuestión de química. El agua forma parte de su vida diaria. Sus mitos explican la formación de los ríos, el diluvio, las cochas encantadas, las personas que viven dentro del agua… ¿Cómo explicar a una persona que tiene familiares que viven dentro del agua –que no están ahogados, sino que viven dentro– que por una actitud irresponsable, de las diversas empresas petroleras y del Estado peruano que lo ha permitido, el río está contaminado? ¿Cómo explicar a un chamán la contaminación, cuando algunos de los espíritus con los que trabaja, e incluso alguno de sus hijos, vive dentro del agua? Que quede claro, esto que estamos sugiriendo no es otra cosa que religión indígena kukama. Por eso merece un fuerte respeto.

Pero no nos centremos en el agua. Habría que tomar toda el agua del Marañón para contaminarse. ¿Y el pescado? Bueno, pues ya saben eso de la cadena trófica. Hay peje que se alimenta del plancton, fuertemente contaminado, que a su vez es comido por otros peces que acumulan su propia contaminación más la del pez que ha comido con el plancton que ha ingerido… ¿Y se comen todo eso? Pues claro, otra solución es hambrear. Pero en el Marañón tenemos la mala costumbre de comer al menos dos veces al día. La dieta es a base de pescado, rico pescado, pero fuertemente contaminado.

Y para terminar recordamos otra página de Internet donde se hace referencia a la campaña impúdica de Pluspetrol para limpiar su imagen, puesto que la situación es realmente delicada, por no utilizar adjetivos como caótica o cínica: http://servindi.org/actualidad/97677#more-97677


Como se puede comprobar también utilizan el cristianismo para limpiar una imagen por demás sucia. Como si el Señor de los Milagros no estuviera del lado de los que sufren, de los indígenas. Eso de la energía no le pega nada bien al Señor de los Milagros, suena más bien a religión tipo new age. Ha sido en los últimos tiempos, cuando ya se veía que el Estado peruano iba a reconocer la contaminación existente, que han sentido ‘devoción’ por el Señor de los Milagros. ¿No les parece una coincidencia curiosa? En lugar de una campaña de imagen, en las calles de Iquitos, necesitamos transparencia y un trabajo más acorde con la dignidad humana y los derechos de los pueblos indígenas.


P. Miguel Ángel Cadenas
P. Manolo Berjón
Parroquia Santa Rita de Castilla                                 

Río Marañón                                                                    

sábado, 15 de febrero de 2014

viernes, 14 de febrero de 2014

Entrar en las Santas Escrituras

San Agustín

En vista de ello decidí aplicar mi ánimo a las Santas Escrituras y ver qué tal eran. Mas he aquí que veo una cosa no hecha para los soberbios ni clara para los pequeños, sino a la entrada baja y sublime en su interior y velada de los misterios, y yo no era tal que pudiera entrar por ella o agachar la cabeza a su ingreso. Sin embargo, al fijar la atención en ellas, no pensé entonces lo que ahora digo, sino simplemente me parecieron indignas de parangonarse con la majestad de los escritos de Tulio. Mi hinchazón rechazaba su estilo y mi mente no penetraba su interior. Con todo, ellas eran tales que habían de crecer con los pequeños; mas yo me negaba a ser pequeño e, hinchado de soberbia, me creía grande.

Confesiones III, V, 9

miércoles, 12 de febrero de 2014

Misioneros por el mundo. Zimbabue (parte 2)

Entréme donde no supe

San Juan de la Cruz 

Entréme donde no supe
y quedéme no sabiendo
toda ciencia trascendiendo.

Yo no supe dónde entraba
pero cuando allí me vi
sin saber dónde me estaba
grandes cosas entendí
no diré lo que sentí
que me quedé no sabiendo
toda ciencia trascendiendo.

De paz y de piedad
era la ciencia perfecta,
en profunda soledad
entendida vía recta
era cosa tan secreta
que me quedé balbuciendo
toda ciencia trascendiendo.

Estaba tan embebido
tan absorto y ajenado
que se quedó mi sentido
de todo sentir privado
y el espíritu dotado
de un entender no entendiendo
toda ciencia trascendiendo.

El que allí llega de vero
de sí mismo desfallece
cuanto sabía primero
mucho bajo le parece
y su ciencia tanto crece
que se queda no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

Cuanto más alto se sube
tanto menos se entendía
que es la tenebrosa nube
que a la noche esclarecía
por eso quien la sabía
queda siempre no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

Este saber no sabiendo
es de tan alto poder
que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer
que no llega su saber
a no entender entendiendo
toda ciencia trascendiendo.

Y es de tan alta excelencia
aqueste sumo saber
que no hay facultad ni ciencia
que le puedan emprender
quien se supiere vencer
con un no saber sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

Y si lo queréis oír
consiste esta suma ciencia
en un subido sentir
de la divinal esencia
es obra de su clemencia
hacer quedar no entendiendo
toda ciencia trascendiendo.



martes, 11 de febrero de 2014

Fe y caridad: «También nosotros debemos dar la vida por los hermanos» (1 Jn 3,16)

  Queridos hermanos y hermanas:

1. Con ocasión de la XXII Jornada Mundial del Enfermo, que este año tiene como tema Fe y caridad: «También nosotros debemos dar la vida por los hermanos» (1 Jn 3,16), me dirijo particularmente a las personas enfermas y a todos los que les prestan asistencia y cuidado. Queridos enfermos, la Iglesia reconoce en vosotros una presencia especial de Cristo que sufre. En efecto, junto, o mejor aún, dentro de nuestro sufrimiento está el de Jesús, que lleva a nuestro lado el peso y revela su sentido. Cuando el Hijo de Dios fue crucificado, destruyó la soledad del sufrimiento e iluminó su oscuridad. De este modo, estamos frente al misterio del amor de Dios por nosotros, que nos infunde esperanza y valor: esperanza, porque en el plan de amor de Dios también la noche del dolor se abre a la luz pascual; y valor para hacer frente a toda adversidad en su compañía, unidos a él.
2.  El Hijo de Dios hecho hombre no ha eliminado de la experiencia humana la enfermedad y el sufrimiento sino que, tomándolos sobre sí, los ha transformado y delimitado. Delimitado, porque ya no tienen la última palabra que, por el contrario, es la vida nueva en plenitud; transformado, porque en unión con Cristo, de experiencias negativas, pueden llegar a ser positivas. Jesús es el camino, y con su Espíritu podemos seguirle. Como el Padre ha entregado al Hijo por amor, y el Hijo se entregó por el mismo amor, también nosotros podemos amar a los demás como Dios nos ha amado, dando la vida por nuestros hermanos. La fe en el Dios bueno se convierte en bondad, la fe en Cristo Crucificado se convierte en fuerza para amar hasta el final y hasta a los enemigos. La prueba de la fe auténtica en Cristo es el don de sí, el difundirse del amor por el prójimo, especialmente por el que no lo merece, por el que sufre, por el que está marginado.
3. En virtud del Bautismo y de la Confirmación estamos llamados a configurarnos con Cristo, el Buen Samaritano de todos los que sufren. «En esto hemos conocido lo que es el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos» (1 Jn 3,16). Cuando nos acercamos con ternura a los que necesitan atención, llevamos la esperanza y la sonrisa de Dios en medio de las contradicciones del mundo. Cuando la entrega generosa hacia los demás se vuelve el estilo de nuestras acciones, damos espacio al Corazón de Cristo y el nuestro se inflama, ofreciendo así nuestra aportación a la llegada del Reino de Dios.

4. Para crecer en la ternura, en la caridad respetuosa y delicada, nosotros tenemos un modelo cristiano a quien dirigir con seguridad nuestra mirada. Es la Madre de Jesús y Madre nuestra, atenta a la voz de Dios y a las necesidades y dificultades de sus hijos. María, animada por la divina misericordia, que en ella se hace carne, se olvida de sí misma y se encamina rápidamente de Galilea a Judá para encontrar y ayudar a su prima Isabel; intercede ante su Hijo en las bodas de Caná cuando ve que falta el vino para la fiesta; a lo largo de su vida, lleva en su corazón las palabras del anciano Simeón anunciando que una espada atravesará su alma, y permanece con fortaleza a los pies de la cruz de Jesús. Ella sabe muy bien cómo se sigue este camino y por eso es la Madre de todos los enfermos y de todos los que sufren. Podemos recurrir confiados a ella con filial devoción, seguros de que nos asistirá, nos sostendrá y no nos abandonará. Es la Madre del crucificado resucitado: permanece al lado de nuestras cruces y nos acompaña en el camino hacia la resurrección y la vida plena.
5. San Juan, el discípulo que estaba con María a los pies de la Cruz, hace que nos remontemos a las fuentes de la fe y de la caridad, al corazón de Dios que «es amor» (1 Jn 4,8.16), y nos recuerda que no podemos amar a Dios si no amamos a los hermanos. El que está bajo la cruz con María, aprende a amar como Jesús. La Cruz  es «la certeza del amor fiel de Dios por nosotros. Un amor tan grande que entra en nuestro pecado y lo perdona, entra en nuestro sufrimiento y nos da fuerza para sobrellevarlo, entra también en la muerte para vencerla y salvarnos… La Cruz de Cristo invita también a dejarnos contagiar por este amor, nos enseña así a mirar siempre al otro con misericordia y amor, sobre todo a quien sufre, a quien tiene necesidad de ayuda» (Via Crucis con los jóvenes, Río de Janeiro, 26 de julio de 2013).
Confío esta XXII Jornada Mundial del Enfermo a la intercesión de María, para que ayude a las personas enfermas a vivir su propio sufrimiento en comunión con Jesucristo, y sostenga a los que los cuidan. A todos, enfermos, agentes sanitarios y voluntarios, imparto de corazón la Bendición Apostólica.

Mensaje del Papa Francisco con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo 2014






lunes, 10 de febrero de 2014

Pedro Valdo

Francisco Javier Bernad Morales

Amplios períodos de la vida de Pedro Valdo permanecen en la oscuridad, debido a la falta de documentación. Sabemos que era un rico mercader de Lyon, entre cuyos negocios posiblemente figuraba la usura, y que en 1173 experimentó una crisis espiritual, cuyas circunstancias exactas se desconocen. Una tradición afirma que mientras hablaba con un amigo, este murió de repente lo que lo produjo una grave conmoción. Fuera este u otro el desencadenante, lo cierto es que, tomando al pie de la letra las palabras de Jesús en Mateo 19, 21, vendió todos sus bienes y, tras entregar una parte a su esposa e hijas, repartió lo restante entre los pobres. A partir de ese momento se dedicó a predicar el Evangelio y pronto lo rodeó un numeroso grupo de seguidores.

Nada insólito hay en ello. Incluso pudiéramos decir que la conversión de Valdo no es muy distinta de la de Francisco de Asís, ocurrida unos treinta años después.  Tampoco es extraño que este tipo de actividad despertara los recelos del obispo, quien le prohibió la predicación. Ante eso, Valdo marchó a Roma (1179), donde fue acogido benévolamente por el papa Alejandro III, quien posiblemente vio en él a un reformador a quien podría integrarse quizá como fundador de una nueva orden monástica. Es tan solo una hipótesis, pues los acontecimientos se desarrollaron en una línea diferente, que condujo a la ruptura de Valdo con la Iglesia Católica.

El enfrentamiento con el obispo persistió y pronto Valdo comenzó a difundir ideas que chocaban con la ortodoxia, tales como la inexistencia del Purgatorio y, por tanto, la inutilidad de las indulgencias, el rechazo del culto a la Virgen y a los santos o la veneración de las reliquias. También, como harían más tarde todos los reformadores, defendió la necesidad de traducir la Biblia a lengua vulgar para ponerla al alcance de los fieles. Sus seguidores, denominados en un principio Pobres de Lyon y más tarde valdenses, propagaban estas doctrinas, que encontraban un gran éxito entre los sectores más humildes de la sociedad, a quienes probablemente seducía la figura del mercader acaudalado que voluntariamente había abandonado todo, para compartir la suerte de los menesterosos.

Condenados finalmente como herejes en 1184 por el papa Lucio III, fueron obligados a abandonar Lyon, lo que contribuyó a la difusión de sus doctrinas. Valdo marchó hacia el este y al parecer encontró refugio en Bohemia. Es muy poco lo que se sabe sobre su vida a partir de este momento, aunque pudiera haber muerto en Polonia hacia 1217.

Pese la persecución, se mantuvieron comunidades valdenses en diferentes lugares de Europa, en especial en zonas montañosas de Francia y de Italia, y también en Bohemia, donde se unirían más adelante al movimiento husita. Ya en el siglo XVI, todos los grupos supervivientes se insertaron en el gran árbol de la Reforma protestante. En la actualidad, sus continuadores ostentan el nombre de Iglesias Evangélicas Valdenses y están presentes en diferentes países europeos y latinoamericanos.

sábado, 8 de febrero de 2014

Adoro te devote

Himno compuesto por Santo Tomás de Aquino, con motivo de la institución de la festividad del Corpus Christi en 1264.


Te adoro con devoción, Dios escondido,
oculto verdaderamente bajo estas apariencias.
A Ti se somete mi corazón por completo,
y se rinde totalmente al contemplarte.
Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto;
pero basta el oído para creer con firmeza;
creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios:
nada es más verdadero que esta Palabra de verdad.
En la Cruz se escondía sólo la Divinidad,
pero aquí se esconde también la Humanidad;
sin embargo, creo y confieso ambas cosas,
y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido.
No veo las llagas como las vio Tomás
pero confieso que eres mi Dios:
haz que yo crea más y más en Ti,
que en Ti espere y que te ame.
¡Memorial de la muerte del Señor!
Pan vivo que das vida al hombre:
concede a mi alma que de Ti viva
y que siempre saboree tu dulzura.
Señor Jesús, Pelícano bueno,
límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre,
de la que una sola gota puede liberar
de todos los crímenes al mundo entero.
Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego,
que se cumpla lo que tanto ansío:
que al mirar tu rostro cara a cara,
sea yo feliz viendo tu gloria.
Amén.

viernes, 7 de febrero de 2014

No a una economía de la exclusión

Papa Francisco

53. Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte» que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes».
54. En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando. Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera.

Evangelii Gaudium. cap.II


miércoles, 5 de febrero de 2014

No a la nueva idolatría del dinero

Papa Francisco


55. Una de las causas de esta situación se encuentra en la relación que hemos establecido con el dinero, ya que aceptamos pacíficamente su predominio sobre nosotros y nuestras sociedades. La crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano! Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32,1-35) ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano. La crisis mundial que afecta a las finanzas y a la economía pone de manifiesto sus desequilibrios y, sobre todo, la grave carencia de su orientación antropológica que reduce al ser humano a una sola de sus necesidades: el consumo.
56. Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no conoce límites. En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta.

lunes, 3 de febrero de 2014

Vasili Grossman

Francisco Javier Bernad Morales

Ha aparecido recientemente en nuestro país un volumen de relatos de Vasili Grossman, bajo el título de Eterno reposo y otras narraciones[1]. En él, al igual que en sus grandes novelas, se muestra el autor como un atento observador del alma humana, sin que la brevedad represente un obstáculo que le impida sondear los más tenebrosos abismos. Tiene Grossman una sorprendente capacidad para introducirse en la mente de sus personajes y mostrarnos de una manera creíble y, por tanto, estremecedora sus más íntimos deseos y pensamientos. Así, sin que nada suene a falso, puede conducirnos, como hizo en Vida y destino, al interior de una cámara de gas o, como ocurre en Abel, incluido en el volumen que nos ocupa, hacernos volar junto a los encargados de lanzar sobre una ciudad enemiga una bomba atómica. Su obra no está poblada de figurones, sino de seres humanos auténticos, complejos y, a menudo, contradictorios, forjados en el sufrimiento y en el contacto con la arbitrariedad del destino.

No hay en Grossman referencias religiosas. Sin embargo, al leerle sentimos que pocos como él han sido capaces de captar al prójimo como un ser humano provisto de rostro, por utilizar la plástica expresión de Emmanuel Levinas. No una abstracción, un epifenómeno de la humanidad o una mera manifestación de las ideas del autor, sino un hombre o una mujer concretos y, por ello, iguales a nosotros y a la vez irremediablemente distintos. Por eso, la lectura puede herirnos en lo más profundo. Se trata, sin duda, de un don, de una innata aptitud para la empatía, pero esta ha sido modulada por una experiencia vital tan rica como dolorosa, en que una y otra vez se ha hecho presente el horror.

Nacido en 1905 en la ciudad ucraniana de Berdichev, de una familia judía, Grossman será testigo de la terrible hambruna provocada por la campaña de deskulakización[2]  a comienzos de los años treinta, una experiencia que se refleja en Todo fluye. Luego, como corresponsal de guerra cubrió algunas de las más duras batallas, entre ellas Stalingrado, en la que se centra Vida y destino. Fue tras la liberación de Kiev, cuando al visitar Berdichev, con la esperanza de hallar a su madre, encontró que esta había sido asesinada junto a otros treinta y cinco mil judíos por los Einsatzgruppen[3]. Más adelante, acompañando al victorioso ejército soviético, será uno de los primeros en visitar los campos de exterminio e informar de lo ocurrido en ellos. Fue también testigo de los últimos combates en Berlín, sobre los que escribió un original relato, en que cuenta la caída de la ciudad a través de la figura de un anciano guardián del zoo[4].  Las vivencias de estos años quedan plasmadas no solo en las obras citadas, sino también en multitud de artículos y en el Libro negro que firma conjuntamente con Ilya Ehrenburg. Termina la guerra cubierto de condecoraciones, pero estas no impiden que pronto comiencen las dificultades. Su firme compromiso con la verdad y la justicia no encajan en las directrices marcadas desde el poder para la literatura, en tanto que su condición de judío lo convierte en doblemente sospechoso ante las autoridades. Son años en que en la URSS revive un antiguo antisemitismo. Morirá en 1964, convencido de que su gran obra Vida y destino jamás será publicada[5].

Grossman no es solo un gran escritor, sino también un hombre honrado. Ha visto el horror, incluso su madre ha caído asesinada, pero jamás culpa al pueblo alemán de manera colectiva por lo ocurrido. Incluso denuncia las atrocidades cometidas por el ejército soviético sobre la población civil durante la ofensiva y la ocupación. Y también en este caso su acusación dista de ser general. Se dirige contra ciertos oficiales, contra ciertos soldados. En definitiva, la culpa es de quien comete el crimen. Parece algo tan obvio que en principio nos sentimos inclinados a mostrar nuestro acuerdo. Y sin embargo no lo es. Uno destroza el cráneo de un niño con el fusil y otro viola a una adolescente, pero junto a ellos hay otros que no participan en la acción y que, sin embargo, por un falso sentido de la camaradería o por resentimiento, por miedo o timidez no defienden a las víctimas. Miran hacia otro lado y ahogan su conciencia en vanos razonamientos o en alcohol. Hay también unos mandos que cuando no alientan, al menos toleran ese tipo de conductas. Ni unos ni otros escapan a la escrutadora mirada de Grossman, quien denuncia a todos por igual. Sin embargo, eso no le hace olvidar que en uno y otro bando hay, sea cual sea su número, inocentes. Quizá ese viejo empleado del zoo de Berlín. Un pobre hombre si se quiere, pero en él se salva Alemania. Su existencia testimonia que incluso allí no todos son culpables.

Pero lo que quizá resulte más inquietante sea que Grossman señala también la frágil frontera que separa a los criminales de la gente decente. Quizá, viene a decirnos, si no hemos cometido una infamia, haya sido porque el tentador no nos ha tocado en nuestro punto débil. Víktor Pávlovich Shtrum, en Vida y destino, aguanta todo tipo de presiones. Físico entregado a investigaciones de vanguardia, su trabajo no es bien visto por el Partido[6]. Su fortaleza impresiona a sus ayudantes, pero un día suena el teléfono. Stalin al otro lado de la línea le felicita y le anima a continuar. A partir de ese momento todo cambia. Ya no es un marginado. Los compañeros que antes le rehuían, ahora lo buscan y lo alaban. Él, que lo ha resistido todo, cede ante la adulación y firma una carta colectiva en la que se denuncia a otros científicos a quienes sabe inocentes.

Sin embargo, el propio Grossman da testimonio con su vida de que la resistencia es posible. En 1955, el mariscal Klíment Voroshílov le pide que se afilie al Partido Comunista, y él se niega. Al contrario que su personaje, elige el ostracismo interior, la dolorosa posibilidad de convertirse en un escritor sin lectores.





[1] GROSSMAN, Vasili, Eterno reposo y otras narraciones. Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2013, 245 p.
[2] Campaña desarrollada entre 1929 y 1932 para eliminar a los kulaks (campesinos ricos) e imponer la colectivización en el campo.
[3] Escuadrones itinerantes de ejecución integrados en su mayor parte por miembros de las SS.
[4] Tiergarten. Incluido en el volumen Eterno descanso y otras narraciones.
[5] Vida y destino fue publicada en 1980 en Suiza, gracias a una operación llevada a cabo por una red de disidentes soviéticos, de la que formaba parte Andrei Sajarov, quien se había encargado de fotografiar un borrador. En la Unión Soviética apareció en 1988, ya en tiempos de Gorbachov.
[6] La Fisica moderna había sido condenada como idealista por Lenin en su obra Materialismo y empiriocriticismo (1908). Solo muy avanzada la II Guerra Mundial, cuando se hizo perceptible la ventaja de los Estados Unidos en la investigación armamentística, la Unión Soviética intentó recuperar el tiempo perdido. En este marco es en el que se inscribe el episodio de la marginación y rehabilitación de Shtrum.