domingo, 30 de junio de 2013

Juliano el Apóstata

Francisco Javier Bernad Morales

A menudo sentimos fascinación por los derrotados. Naturalmente no por todos, sino por esos personajes que, enfrentados a fuerzas superiores a ellos, han sabido combatir con dignidad en una lucha sin esperanza. Héctor se nos antoja más humano que Aquiles y solo conseguimos reconciliarnos con este último cuando lo vemos ceder ante las súplicas de Príamo. Del mismo modo, Marco Salvio Otón se redime de su depravación cuando enfrentado al ejército de Vitelio, decide morir antes que enviar al combate a sus soldados. Íntimo de Nerón, nada hacía presentir en él esa grandeza de ánimo.  Flavio Claudio Juliano, que ha quedado en la historia con el sobrenombre de el Apóstata,es, al igual que los anteriores, aunque de una manera propia, un héroe romántico. Como ellos tuvo un destino trágico que ha seducido durante siglos a los aficionados a la historia. Recuerdo el gusto con que hace ya muchos años leí la novela que le dedicó Gore Vidal.

Me ocupo ahora de él, porque su reinado constituye en cierto modo el último capítulo del enfrentamiento entre paganismo y cristianismo a que he dedicado mi última serie de artículos. Durante un tiempo la historiografía cristiana lo presentó como el último perseguidor, casi como un ser execrable, por haber retornado al paganismo. Habría mucho que discutir sobre la religión de Juliano, imbuida de neoplatonismo y de misticismo, pero es preferible que, viniendo a un terreno más mundano, nos centremos ahora en su peripecia vital, lo que, sin duda, nos ayudará a entender los motivos que pudieron llevarle a alejarse de la fe en que le habían educado.

Para ello es necesario que retrocedamos hasta tiempos anteriores a su nacimiento. Su abuelo, Constancio Cloro, que ya tenía un hijo, el futuro Constantino el Grande, con la cristiana Helena, repudió a esta (289), para contraer matrimonio con la hijastra de Maximiano, Augusto de Occidente, en tanto que Diocleciano lo era de Oriente. De esa manera fortalecía su posición política y podía alcanzar la posición de César al instaurarse el sistema de la Tetrarquía.

Del nuevo matrimonio de Constancio Cloro nacieron seis hijos, entre ellos, Julio Constancio, quien sería padre de Juliano. A la muerte de Constantino el Grande (337), los jefes militares, no se sabe si instigados por su hijo Constancio II[1], decidieron, a fin de evitar problemas sucesorios, asesinar a todos los descendientes del segundo matrimonio de Constancio Cloro. Únicamente dos hijos de Julio Constancio, Galo y Juliano, se salvaron de la matanza debido a su corta edad[2].

Los dos hermanos fueron educados en Capadocia, lejos de la corte, aunque al cabo de seis años las condiciones de su exilio se suavizaron y Juliano pudo continuar estudios en Constantinopla y Nicomedia. Podemos imaginar la infancia y adolescencia de estos muchachos, cuyos padres habían sido asesinados si no por orden, al menos con el beneplácito, del emperador cristiano. Su misma vida pendía de un hilo, pues en cualquier momento podía aparecer un oficial con el mandato de terminar con los últimos restos de esa rama de la familia. Es posible que Galo presentara síntomas de un cierto desequilibrio mental manifiestos en una conducta desordenada. Juliano, en cambio, se inclinó hacia el estudio y dio en frecuentar círculos filosóficos en los que se mantenía vivo el paganismo. No tuvo más remedio que acostumbrarse a simular en público unas creencias que ya no compartía.

De manera que no pudo por menos que sorprenderles, Constancio nombró a Galo César de Oriente (351), aunque, quizá por sospechas de conspiración más o menos fundadas o por lo inapropiado de su comportamiento, lo hizo ejecutar al año siguiente.  A estas alturas, supongo que cualquier lector podrá comprender que las exhortaciones cristianas al amor no le parecieran muy sinceras a Juliano.

A Constancio ya no le quedaba ningún otro familiar varón, por lo que nombró A Juliano César de Occidente en el 355, cuando contaba veinticuatro años de edad. Era un momento muy delicado, ya que francos y alamanes habían ocupado importantes ciudades de Germania y de las Galias. Curiosamente, pues su formación no hacía presentirlo, se mostró como un militar de éxito, que no solo fue capaz de rechazar a los germanos, sino que se ganó la simpatía y el apoyo de sus soldados, quienes le proclamaron Augusto (361). Cuando la guerra con su primo parecía inevitable, este murió de manera repentina.

Al verse seguro en el poder, Juliano considera que ha llegado el momento de hacer públicas sus creencias y comienza a tomar medidas contra los cristianos[3], a quienes prohíbe enseñar Gramática y Retórica, con el pretexto de que para ello utilizaban libros que hablaban de dioses en los que no creían (362). Desterró también a algunos obispos y confiscó ciertos bienes eclesiásticos.

Su reinado fue muy breve. En marzo de 363, inició una campaña contra los sasánidas, posiblemente espoleado por el deseo de emular a Alejandro y a Trajano. Llegó incluso a ocupar su capital, Ctesifonte, pero aislado en territorio enemigo, no tuvo más remedio que iniciar la retirada. Cayó el 26 de junio alcanzado por una jabalina enemiga. Según la leyenda, antes de morir, exclamó: “Viciste Galilaee” (Has vencido, Galileo).





[1] Sin intención exculpatoria hacia los católicos, me parece necesario señalar que Constancio II en las querellas que desgarraron a la Iglesia en aquellos tiempos se mostró favorable al arrianismo.
[2] No fue esta la única tragedia sobrevenida en la familia. Ya Constantino había ordenado en 326 la ejecución de Crispo, su hijo mayor, nacido de su primera esposa, y poco después la de Fausta, su segunda esposa. Hay que añadir que también había dado muerte a su cuñado Licinio, tras prometerle que respetaría su vida.
[3] Anteriormente Constancio había iniciado la persecución de los paganos.

sábado, 29 de junio de 2013

Vivir la propia vocación

 Pablo VI, Encíclica Ecclesiam suam I, La conciencia, 20

La Iglesia tiene necesidad de reflexionar sobre sí misma, tiene necesidad de sentirse vivir. Debe aprender a conocerse mejor a sí misma si quiere vivir la propia vocación y ofrecer al mundo su mensaje de fraternidad y de salvación. Tiene necesidad de experimentar a Cristo en sí misma, según las palabras del apóstol Pablo: Habite Cristo por la fe en vuestros corazones ( Eph 3, 17). Es de todos  conocido que la Iglesia está inmersa en la humanidad, forma parte de ella, de ella saca sus miembros, de ella deriva preciosos tesoros de cultura, sufre sus vicisitudes históricas, favorece sus éxitos. Ahora bien, es igualmente conocido que la humanidad en este tiempo está en vía de grandes transformaciones, trastornos y desarrollos, que cambian profundamente no sólo sus maneras exteriores de vivir, sino también sus modos de pensar. Su pensamiento, su cultura, su espíritu, se ven íntimamente modificados, ya por el progreso científico, técnico y social, ya por las corrientes del pensamiento filosófico y político que invaden y atraviesan. Todo ello, como las olas de un mar, envuelve y sacude a la propia Iglesia. El espíritu de los hombres que a ella se confían está fuertemente influenciado por el clima del mundo temporal; de tal manera, que un peligro como de vértigo, de aturdimiento, de extravío, puede sacudir su misma solidez e inducir a muchos a aceptar los más extraños pensamientos, como si la Iglesia debiera renegar de sí misma y adoptar novísimas e impensadas formas de vida.



viernes, 28 de junio de 2013

Himno a la Virgen

La iglesia Católica Melquita es una iglesia oriental de rito bizantino en plena comunión con Roma. La inmensa mayoría de sus miembros son árabes y habitan en Líbano, Israel, Siria, Jordania y Egipto, aunque en los últimos años, por presiones políticas, muchos han emigrados a países europeos o americanos.
Hoy presentamos uno de sus himnos.

miércoles, 26 de junio de 2013

La humildad

San Doroteo de Gaza

Conferencias

Dice un anciano: "Ante todo necesitamos humildad; y por cada cosa que nos dicen debemos estar dispuestos a decir: Perdón. Porque es por la humildad por lo que es aniquilado todo engaño de nuestro enemigo y adversario". Busquemos el sentido de este dicho del anciano. ¿Por qué nos dice: "Ante todo necesitamos humildad", y no más bien: "Ante todo necesitamos la temperancia"? En efecto el Apóstol nos dice: El atleta se priva de todo (1 Co 9, 25). ¿O por qué no dijo más bien: "Ante todo necesitamos el temor de Dios". ya que la Escritura nos dice: El principio de la sabiduría es el temor del Señor (Pr 15, 27)? ¿O por qué no dijo tampoco: "Ante todo necesitamos la limosna, o la fe" como en efecto está escrito: Por las limosnas y la fe los pecados son purificados (ibíd), o como nos dice el Apóstol: Sin la fe es imposible agradar a Dios? (Hb 11, 6). Por lo tanto, si es imposible agradar a Dios sin la fe, si por las limosnas y la fe son purificados los pecados, si el hombre se aparta del mal por el temor del Señor, si el principio de la sabiduría es el temor del Señor, y finalmente si el atleta se priva de todo, ¿por qué dijo el anciano: "Ante todo necesitamos humildad", dejando de lado todo aquello que es tan necesario? Porque lo que nos quiere enseñar es que, ni el temor de Dios, ni la limosna, ni la fe, ni la temperancia, ni ninguna otra virtud, puede existir sin la humildad. Y por ese motivo dice: "Ante todo necesitamos humildad: y por cada cosa que nos dicen debemos estar dispuestos a decir: Perdón. Porque es por la humildad por lo que es aniquilado todo engaño de nuestro enemigo y adversario"

martes, 25 de junio de 2013

Ave Regina Caelorum

Canto Ambrosiano, AVE REGINA CAELORUM, Schola Gregoriana Mediolanensis, Giovanni Vianini, Milano,Italia, Concerto in Santa Maria delle Grazie a Monza, Mi. 21-3-2009, 


domingo, 23 de junio de 2013

Cáritas Parroquial

Fray José Souto, Agustino

El equipo de Cáritas quiere rendirles información de la marcha de las actividades solidarias que, día a día, realizan los voluntarios en nombre de toda la comunidad parroquial.

Sentido cristiano de Cáritas

La actividad de Cáritas tiene múltiples sentidos. En su dimensión teológica es reflejo del amor de Dios: Dios es Amor, por amor el Verbo se hizo hombre y nos aclaró que la esencia de la religión cristiana es el amor a Dios y al prójimo. La dimensión escatológica de Cáritas la sintetiza el Señor: “Lo que hicisteis con estos mis pequeños, conmigo lo hicisteis…”

Cáritas nace en la comunidad y se realiza en nombre de la comunidad: es su dimensión eclesial. El mandato de Cristo a sus seguidores de edificar el Reino es un reto comunitario que fundamenta la caridad y da sentido a la acción solidaria cristiana. Por eso, Cáritas Parroquial no puede ser ajena a la vida comunitaria.

Tiene Cáritas, también, un profundo sentido social, humano. Nos recuerda San Agustín que los hombres somos iguales por naturaleza, que es lo esencial, por tanto, las diferencias son meros accidentes… Cáritas ayuda a equilibrar la igualdad y expresa la fraternidad, haciéndonos conscientes de la igual dignidad de todos los hijos de Dios. En los tiempos y condiciones sociales actuales este sentido humanitario social de Cáritas adquiere mayor peso.

Estructura de Cáritas de la Consolación:

Cáritas Parroquial está integrada por unos treinta y cinco voluntarios, distribuidos en equipos. Las acciones fundamentales de los equipos son la Acogida (escuchar, animar, orientar a los solicitantes, controlar el cumplimiento de las normas, dar las citas…); el Reparto de alimentos; el Reparto de ropa; la Selección y clasificación de la ropa recibida…

Los voluntarios que descargan y colocan los alimentos son imprescindibles para poder funcionar. Este es un grupo eventual y variable, abierto a la participación de todos.

Cáritas atiende sin distinción a todos, pero exige unos mínimos normativos: pertenencia al ámbito parroquial, evaluación de la situación familiar y económica, documentos de empadronamiento, de paro y de que no reciben otras prestaciones. Cáritas sabe que los bienes que maneja son escasos, donados para un fin de carácter social y que no deben ir a parar a manos de quienes no los necesitan. Lleva constancia escrita de los servicios prestados. Quienes creen que no tiene controles, están equivocados.

Cáritas abre martes, miércoles y jueves, por la mañana, y jueves, por la tarde. En cada sesión se suele atender unas veinte familias, de las cuales seis o siete son solo para ropa y unas catorce, para ropa y alimentos. A la semana, puede atender entre sesenta y setenta y cinco; al mes, en torno a doscientas cincuenta, contando los transeúntes (el seguimiento de estos es, a veces, difícil…). El tercer lunes de cada mes, se reparten alimentos perecederos a unas ciento treinta familias.

Procedencia de los alimentos:

Durante el último año (de mayo a mayo), hemos recibido del FEGA 12.027 kilos de alimentos no perecederos, en tres etapas. Estos alimentos, son gratuitos, pero debemos ir a buscarlos y pagar el transporte. Suelen ser: lentejas, leche, aceite, atún, fruta enlatada, tomate frito, judías en lata, galletas, potitos, arroz, garbanzos, harina, azúcar…

Cada mes, excepto en agosto, recogemos alimentos perecederos del Banco de Alimentos de la Comunidad de Madrid. Desde mayo de 2012 hemos recibido, en once veces, 31.895 kilos. Se reparten el mismo día que llegan para evitar su deterioro. Estos alimentos son gratuitos, aunque tenemos que correr con los gastos del transporte.

Con las limosnas de los fieles, lo depositado en el cepillo de Cáritas y las colectas que se hacen para este fin, Cáritas compra algunos alimentos que no recibimos y repone los que se agotan. Mensualmente, hacen falta entre mil y mil quinientos euros para la adquisición de alimentos.

Los alimentos son la prioridad, pero hay otros gastos menores en limosnas, medicinas, ayudas, transportes y otros gastos. De los 22.859,34 € gastados en el pasado año, 2012, 18.972,14 € fueron destinados a alimentos. Hasta ahora, Cáritas Consolación no ha tenido que suspender la atención ningún mes; incluso en agosto que cierra, siempre hay algún modo de socorrer los casos más urgentes. Que no falte la acogida y el pan para los pobres es un gran reto para toda comunidad parroquial. Hasta la fecha hemos podido lograrlo gracias a la generosidad de todos.

Relación con Cáritas Diocesana:

Hay una relación de colaboración cercana con Cáritas Diocesana de Getafe. Todos los años hacemos en su favor la Colecta del Día de Caridad, el día del Corpus (este año ascendió a 3.364,03 €). Aportamos mensualmente una cantidad simbólica. Recibimos de ellos asesoramiento, información y apoyo. Participamos en las reuniones que ofrecen, especialmente en las de formación de voluntarios. A Cáritas Diocesana derivamos los casos que exceden nuestras posibilidades.

Animación:

El amor al prójimo es consustancial a la identidad cristiana. En la parroquia, está íntimamente unido a la evangelización, a la vida cristiana y a la edificación de la comunidad. Cuidemos con esmero la solidaridad con los necesitados y la fraternidad cotidiana con los hermanos: son garantía de una fe verdadera y de una vida cristiana auténtica. ¡Qué el Señor, nos ayude!

sábado, 22 de junio de 2013

Cantos maronitas

La iglesia Maronita es una iglesia Católica de rito oriental en plena comunión con Roma. La mayoría de sus adeptos residen en el Líbano, aunque en los últimos tiempos muchos se han visto obligados a emigrar, ante el auge del islamismo y la injerencia del gobierno sirio.
Desde aquí rogamos una oración por nuestros hermanos cristianos árabes del Líbano y de Siria, sometidos a una prueba extremadamente dura.



Coro de Nuestra Señora de Líbano
Yacub Badawy Director
Nayeli Nesme Asesor de Técnica Vocal

jueves, 20 de junio de 2013

Exhortación a la penitencia

Reproducimos de nuevo un  fragmento de El Pastor de Hermas, uno de los más antiguos textos cristianos. En él, se nos recuerda que el Señor es misericordioso y está pronto a perdonar nuestros pecados.

El Señor habita en los hombres que aman la paz. Él ama verdaderamente la paz; pero está lejos de los amigos de pleitos y de los perdidos de malicia. así pues, devolvedle el espíritu íntegro, tal como lo recibisteis. Pues si vosotros habéis dado al batanero un vestido nuevo e íntegro, lo quieres recibir íntegro; pero si el batanero te lo devuelve roto, ¿lo recibirás? ¿Acaso no te enfadarás inmediatamente y le reprocharás diciendo: te di el vestido íntegro? ¿por qué me los has roto y devuelto inservible? Por este roto, que le has hecho, ya no puede ser usado. ¿Acaso no le dirás esto al batanero a propósito del roto que hizo en tu vestido? Pues si tú te afliges así por tu vestido y te quejas de no recibirlo íntegro, ¿qué piensas que hará contigo el Señor que te dio un espíritu íntegro, y tú se lo has devuelto totalmente inservible, de manera que a su Señor y no le puede servir para nada? Pues, cuando fue corrompido por ti, comenzó a ser inútil. ¿Acaso, pues, no te castigará con la muerte el Señor de aquel espíritu por esta acción tuya? Contesto. "Ciertamente, castigará a todos los que encuentre recordando las ofensas". Me dice. "No pisoteéis su clemencia, sino más bien glorificadlo por ser tan paciente con vuestros pecados y no ser como vosotros. Haced una penitencia que os sea útil." (IX, XXXII, 2-5).

Perdón

Rima XXX

Gustavo Adolfo Bécquer

Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: -¿Por qué callé aquel día?.
Y ella dirá: -¿Por qué no lloré yo?

martes, 18 de junio de 2013

Meditación al finalizar el rezo del Santo Rosario

Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas,
Esta tarde hemos rezado juntos el Santo Rosario; hemos recorrido algunos acontecimientos del camino de Jesús, de nuestra salvación y lo hemos hecho con aquella que es nuestra Madre, María. Aquella que con mano segura nos conduce a su Hijo Jesús.

Hoy celebramos la fiesta de la Visitación de la Beata Virgen María a la pariente Isabel. Querría meditar con ustedes este misterio que muestra como María afronta el camino de su vida, con gran realismo, humanidad, concreción.

Tres palabras sintetizan la actitud de María: escucha, decisión, acción; palabras que indican un camino también para nosotros frente a lo que nos pide el Señor en la vida.

1.-Escucha. ¿De dónde nace el gesto de María de ir a su pariente Isabel? De una palabra del ángel de Dios: "También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez"… (Lc. 1,36). María sabe escuchar Dios. Atención: no es un simple "oír" superficial, sino es “la escucha”, acto de atención, de acogida, de disponibilidad hacia Dios. No es el modo distraído con el cual nosotros nos ponemos delante del Señor o ante los otros: oímos las palabras, pero no escuchamos realmente. María está atenta a Dios, escucha a Dios.

Pero María escucha también los hechos, es decir lee los acontecimientos de su vida, está atenta a la realidad concreta y no se para en la superficie, sino que va a lo profundo, para captar el significado. La pariente Isabel, que es ya anciana, espera un hijo: éste es el hecho. Pero María está atenta al significado, lo sabe comprender: "porque no hay nada imposible para Dios"(Lc. 1,37).

Esto también vale en nuestra vida: escucha de Dios que nos habla, y también escucha de la realidad cotidiana, atención a las personas, a los hechos, porque el Señor está en la puerta de nuestra vida y golpea en muchos modos, pone señales en nuestro camino; está en nosotros la capacidad de verlos. María es la madre de la escucha, escucha atenta de Dios y escucha también atenta de los acontecimientos de la vida.

2. Decisión. María no vive "de prisa", con preocupación, sino, como subraya san Lucas, " María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón" (cfr. Lc 2,19.51). Y también en el momento decisivo de la anunciación del ángel, Ella pregunta: “¿Cómo sucederá esto?” (Lc 1,34).

Pero no se detiene ni siquiera en el momento de la reflexión; da un paso adelante: decide. No vive de prisa, sino sólo cuando es necesario "va sin demora". María no se deja llevar por los acontecimientos, no evita la fatiga de la decisión. Y esto sucede sea en la elección fundamental que cambiará su vida: María dijo entonces: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho” (Cfr. Lc 1,38), sea en las decisiones más cotidianas, pero ricas también ellas de sentido.

Me viene en mente el episodio de la bodas de Caná (cfr. Jn 2,1-11): aquí también se ve el realismo, la humanidad, lo concreto de María, que está atenta a los hechos, a los problemas; ve y comprende la dificultad de aquellos dos jóvenes esposos a los que viene a faltar el vino de la fiesta, reflexiona y sabe que Jesús puede hacer algo, y decide dirigirse al Hijo para que intervenga: "Ya no tienen vino" (cfr. v. 3).

En la vida es difícil tomar decisiones, a menudo tendemos a posponerlas, a dejar que otros decidan en nuestro lugar, a menudo preferimos dejarnos arrastrar por los acontecimientos, seguir la moda del momento; a veces sabemos lo que tenemos que hacer, pero no tenemos el coraje o nos parece demasiado difícil porque quiere decir ir contracorriente.

María en la anunciación, en la Visitación, en las bodas de Caná va contracorriente; se pone a la escucha de Dios, reflexiona y busca comprender la realidad, y decide confiarse totalmente en Dios, decide visitar, aun estando embarazada, a la anciana pariente, decide confiarse al Hijo con insistencia, para salvar la alegría de la boda.

3. Acción. María salió de viaje y “fue sin demora”(cfr Lc 1,39). El domingo pasado subrayé este modo de hacer de María: a pesar de las dificultades, las críticas que habrá recibido por su decisión de partir, no se detuvo delante de nada. Y aquí parte "sin demora". En la oración, delante de Dios que habla, en reflexionar y meditar sobre los hechos de su vida, María no tiene prisa, no se deja tomar por el momento, no se deja arrastrar por los acontecimientos.

Pero cuando tiene claro qué cosa Dios le pide, lo que tiene que hacer, no tarda, no retarda, sino que va "sin demora". San Ambrosio comenta: "la gracia del Espíritu Santo no comporta lentitudes" (Expos. Evang. sec. Lucam, II, 19: PL 15,1560). El actuar de María es una consecuencia de su obediencia a las palabras del ángel, pero unida a la caridad: va a Isabel para hacerse útil; y en este salir de su casa, de sí misma, por amor, lleva cuanto tiene de más precioso: Jesús; lleva a su Hijo.

A veces, también nosotros nos paramos a escuchar, a reflexionar sobre lo que deberíamos hacer, quizás también tenemos clara la decisión que tenemos que tomar, pero no pasamos a la acción. Y sobre todo no nos ponemos en juego a nosotros mismos moviéndonos "sin demora" hacia los otros para llevarles nuestra ayuda, nuestra comprensión, nuestra caridad; para también llevar nosotros como María, lo que tenemos de más precioso y que hemos recibido, Jesús y su Evangelio, con la palabra y sobre todo con el testimonio concreto de nuestro actuar.

María, mujer de la escucha, abre nuestros oídos; haz que sepamos escuchar la Palabra de tu Hijo Jesús entre las mil palabras de este mundo; haz que sepamos escuchar la realidad en la que vivimos, cada persona que encontramos, especialmente aquella que es pobre, necesitada, en dificultad.

María, mujer de la decisión, ilumina nuestra mente y nuestro corazón, para que sepamos obedecer a la Palabra de tu Hijo Jesús, sin titubeos; dónanos el coraje de la decisión, de no dejarnos arrastrar para que otros orienten nuestra vida.

María, mujer de la acción, haz que nuestras manos y nuestros pies se muevan "sin demora" hacia los otros, para llevar la caridad y el amor de tu Hijo Jesús, para llevar, como tú, en el mundo la luz del Evangelio. Amén.

domingo, 16 de junio de 2013

El paganismo en el Imperio Romano (y VII)

Francisco Javier Bernad Morales

El asesinato de Alejandro Severo (235) abre un período de cincuenta años, al que los historiadores han dado el expresivo nombre de anarquía militar. Son tiempos de profunda crisis económica y demográfica, marcados en lo político por repetidas sublevaciones del ejército y por una sucesión de emperadores efímeros que apenas pueden contener las incursiones de los germanos en el Rin y el Danubio, y los ataques partos en el este. Incluso durante algún tiempo, en occidente se formó un imperio galorromano independiente de Roma que en su momento de mayor extensión abarcó la Galia, Hispania, Germania y Britania. En el este, el pequeño reino de Palmira, gobernado por Zenobia, se apoderó de toda Siria, Palestina (llamada así desde que Adriano intentó borrar los nombres de Israel y de Judá), Cilicia y Egipto. En una época tan convulsa no faltaron, como cabe esperar, los conflictos religiosos. Según Eusebio de Cesarea (Historia Eclesiástica, VI, 34), Filipo el Árabe, originario de Auranítide, al este del mar de Galilea, que ocupó el poder entre el 244 y el 249, habría sido el primer emperador cristiano[1]. Es una afirmación que no parece suficientemente comprobada, pero sin duda tras ella late el recuerdo de una actitud favorable hacia el cristianismo. Su sucesor Decio, quien llegó al trono tras darle muerte, fue por el contrario un devoto de los dioses tradicionales y realizó lo que parece ser el primer intento sistemático de erradicar la nueva religión. Si hasta entonces, las persecuciones habían tenido un alcance local, ahora se adopta una medida de carácter global, al exigir a todos los habitantes del Imperio que ofrezcan un sacrificio al Emperador, tras el cual recibirían un certificado (libellus), que les aseguraría la tranquilidad. Quienes se negaran serían condenados a muerte. Obviamente, el intento fracasó. El cristianismo había penetrado ya profundamente en todos los sectores de la sociedad romana, incluida la clase senatorial, y, por otra parte, el emperador murió en combate contra los godos en su segundo año de reinado (251).

El culto cristiano fue prohibido de nuevo por el emperador Valeriano en el 257, mediante un edicto en que señala que los senadores y caballeros que  sigan esta religión serán privados de sus bienes y dignidades y, en caso de que aún persistan en ella, ejecutados. La pena capital se aplica, sin que en este caso existan paliativos, a todos los obispos, presbíteros y diáconos.

La captura y presumible muerte de Valeriano por los  sasánidas[2] (260), alivió sin duda la situación de los cristianos, cuya religión, aunque formalmente prohibida, pudo desarrollarse en un ambiente de tolerancia, interrumpido tan solo por alteraciones locales, hasta los tiempos de Diocleciano.

Bajo este, emperador desde el 284 hasta el 305, que, tras restablecer el orden y adoptar una serie de medidas estabilizadoras aunque fuertemente autoritarias, renunció al poder y se retiró a la vida privada[3], asistimos al último intento de terminar con el cristianismo. Se trata de la llamada Gran Persecución, la que mayor número de mártires produjo. Diocleciano estaba convencido de que la grandeza de Roma estaba indisolublemente ligada al culto de los dioses tradicionales. De ahí una intransigencia que afectó también a los maniqueos, muchos de los cuales fueron condenados a muerte. Sin embargo, y dado que él mismo había establecido un nuevo sistema de gobierno, la Tatrarquía, en que el poder era compartido por dos Augustos y dos Césares, que se repartían la autoridad sobre las distintas provincias, bien que todos reconocían su primacía; el edicto de persecución no tuvo el mismo efecto en todo el Imperio. Se cumplió de manera estricta en Oriente, bajo el control directo de Diocleciano y del César Galerio, pero de manera limitada en Occidente, y prácticamente simbólica en las provincias gobernadas por el César Constancio Cloro, padre de Constantino el Grande.

En el 313, el edicto de Milán, firmado conjuntamente por Constantino, Augusto de Occidente, y Licinio, Augusto de Oriente, establece plenamente la legalidad del cristianismo. A partir de ese momento, este se verá enfrentado al problema de reconstituirse como religión política, capaz de sustituir al viejo y desacreditado culto imperial, sin traicionar por ello su carácter monoteísta y trascendente. El reto no era fácil y aún estamos lejos de poder afirmar que ha sido superado.





[1] Así lo considera también Paulo Orosio, Historias, VII, 20, pero es posible que no se trate de un testimonio independiente, sino que se limite a recoger la noticia de Eusebio. El sobrenombre de Árabe parece hacer referencia al origen de la familia paterna de Filipo.
[2] Dinastía persa fundada por Sapor I, que desplazó del poder a los arsácidas (partos) en Irán y Mesopotamia.
[3] Esta renuncia constituye un caso único en la historia romana. Tras ella, Diocleciano pasó sus últimos años en su villa de Dalmacia dedicado al cuidado de sus huertos y jardines.

viernes, 14 de junio de 2013

Redes Sociales: portales de verdad y de fe; nuevos espacios para la evangelización

Benedicto XVI

Reproducimos el mensaje que escribió el Papa Benedicto XVI el pasado mes de enero para la Jornada Mundial de Comunicaciones Sociales que se celebró el pasado mes de mayo. En él reflexiona sobre esta nueva realidad de comunicación entre los hombres: las redes sociales digitales, a la luz de la fe católica, tomando como referencia la figura de Jesucristo

Queridos hermanos y hermanas:
Ante la proximidad de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de 2013, deseo proponeros algunas reflexiones acerca de una realidad cada vez más importante, y que tiene que ver con el modo en el que las personas se comunican hoy entre sí. Quisiera detenerme a considerar el desarrollo de las redes sociales digitales, que están contribuyendo a que surja una nueva «ágora», una plaza pública y abierta en la que las personas comparten ideas, informaciones, opiniones, y donde, además, nacen nuevas relaciones y formas de comunidad.
Estos espacios, cuando se valorizan bien y de manera equilibrada, favorecen formas de diálogo y de debate que, llevadas a cabo con respeto, salvaguarda de la intimidad, responsabilidad e interés por la verdad, pueden reforzar los lazos de unidad entre las personas y promover eficazmente la armonía de la familia humana. El intercambio de información puede convertirse en verdadera comunicación, los contactos pueden transformarse en amistad, las conexiones pueden facilitar la comunión. Si las redes sociales están llamadas a actualizar esta gran potencialidad, las personas que participan en ellas deben esforzarse por ser auténticas, porque en estos espacios no se comparten tan solo ideas e informaciones, sino que, en última instancia, son ellas mismas el objeto de la comunicación.
El desarrollo de las redes sociales requiere un compromiso: las personas se sienten implicadas cuando han de construir relaciones y encontrar amistades, cuando buscan respuestas a sus preguntas, o se divierten, pero también cuando se sienten estimuladas intelectualmente y comparten competencias y conocimientos. Las redes se convierten así, cada vez más, en parte del tejido de la sociedad, en cuanto que unen a las personas en virtud de estas necesidades fundamentales. Las redes sociales se alimentan, por tanto, de aspiraciones radicadas en el corazón del hombre.
La cultura de las redes sociales y los cambios en las formas y los estilos de la comunicación suponen todo un desafío para quienes desean hablar de verdad y de valores. A menudo, como sucede también con otros medios de comunicación social, el significado y la eficacia de las diferentes formas de expresión parecen determinados más por su popularidad que por su importancia y validez intrínsecas. La popularidad, a su vez, depende a menudo más de la fama o de estrategias persuasivas que de la lógica de la argumentación. A veces, la voz discreta de la razón se ve sofocada por el ruido de tanta información y no consigue despertar la atención, que se reserva en cambio a quienes se expresan de manera más persuasiva. Los medios de comunicación social necesitan, por tanto, del compromiso de todos aquellos que son conscientes del valor del diálogo, del debate razonado, de la argumentación lógica; de personas que tratan de cultivar formas de discurso y de expresión que apelan a las más nobles aspiraciones de quien está implicado en el proceso comunicativo. El diálogo y el debate pueden florecer y crecer asimismo cuando se conversa y se toma en serio a quienes sostienen ideas distintas de las nuestras. «Teniendo en cuenta la diversidad cultural, es preciso lograr que las personas no sólo acepten la existencia de la cultura del otro, sino que aspiren también a enriquecerse con ella y a ofrecerle lo que se tiene de bueno, de verdadero y de bello» (Discurso para el Encuentro con el mundo de la cultura, Belém, Lisboa, 12 mayo 2010).
Las redes sociales deben afrontar el desafío de ser verdaderamente inclusivas: de este modo, se beneficiarán de la plena participación de los creyentes que desean compartir el Mensaje de Jesús y los valores de la dignidad humana que promueven sus enseñanzas. En efecto, los creyentes advierten de modo cada vez más claro que si la Buena Noticia no se da a conocer también en el ambiente digital podría quedar fuera del ámbito de la experiencia de muchas personas para las que este espacio existencial es importante. El ambiente digital no es un mundo paralelo o puramente virtual, sino que forma parte de la realidad cotidiana de muchos, especialmente de los más jóvenes. Las redes sociales son el fruto de la interacción humana pero, a su vez, dan nueva forma a las dinámicas de la comunicación que crea relaciones; por tanto, una comprensión atenta de este ambiente es el prerrequisito para una presencia significativa dentro del mismo.
La capacidad de utilizar los nuevos lenguajes es necesaria no tanto para estar al paso con los tiempos, sino precisamente para permitir que la infinita riqueza del Evangelio encuentre formas de expresión que puedan alcanzar las mentes y los corazones de todos. En el ambiente digital, la palabra escrita se encuentra con frecuencia acompañada de imágenes y sonidos. Una comunicación eficaz, como las parábolas de Jesús, ha de estimular la imaginación y la sensibilidad afectiva de aquéllos a quienes queremos invitar a un encuentro con el misterio del amor de Dios. Por lo demás, sabemos que la tradición cristiana ha sido siempre rica en signos y símbolos: pienso, por ejemplo, en la cruz, los iconos, el belén, las imágenes de la Virgen María, los vitrales y las pinturas de las iglesias. Una parte sustancial del patrimonio artístico de la humanidad ha sido realizada por artistas y músicos que han intentado expresar las verdades de la fe.
En las redes sociales se pone de manifiesto la autenticidad de los creyentes cuando comparten la fuente profunda de su esperanza y de su alegría: la fe en el Dios rico de misericordia y de amor, revelado en Jesucristo. Este compartir consiste no solo en la expresión explícita de la fe, sino también en el testimonio, es decir, «en el modo de comunicar preferencias, opciones y juicios que sean profundamente concordes con el Evangelio, incluso cuando no se hable explícitamente de él». (Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2011). Una forma especialmente significativa de dar testimonio es la voluntad de donarse a los demás mediante la disponibilidad para responder pacientemente y con respeto a sus preguntas y sus dudas en el camino de búsqueda de la verdad y del sentido de la existencia humana. La presencia en las redes sociales del diálogo sobre la fe y el creer confirma la relevancia de la religión en el debate público y social.
Para quienes han acogido con corazón abierto el don de la fe, la respuesta radical a las preguntas del hombre sobre el amor, la verdad y el significado de la vida -que están presentes en las redes sociales- se encuentra en la persona de Jesucristo. Es natural que quien tiene fe desee compartirla, con respeto y sensibilidad, con las personas que encuentra en el ambiente digital. Pero en definitiva los buenos frutos que el compartir el Evangelio puede dar, se deben más a la capacidad de la Palabra de Dios de tocar los corazones, que a cualquier esfuerzo nuestro. La confianza en el poder de la acción de Dios debe ser superior a la seguridad que depositemos en el uso de los medios humanos. También en el ambiente digital, en el que con facilidad se alzan voces con tonos demasiado fuertes y conflictivos, y donde a veces se corre el riesgo de que prevalezca el sensacionalismo, estamos llamados a un atento discernimiento. Y recordemos, a este respecto, que Elías reconoció la voz de Dios no en el viento fuerte e impetuoso, ni en el terremoto o en el fuego, sino en el «susurro de una brisa suave» (1R 19,11-12). Confiemos en que los deseos fundamentales del hombre de amar y ser amado, de encontrar significado y verdad –que Dios mismo ha colocado en el corazón del ser humano- hagan que los hombres y mujeres de nuestro tiempo estén siempre abiertos a lo que el beato cardenal Newman llamaba la «luz amable» de la fe.
Las redes sociales, además de instrumento de evangelización, pueden ser un factor de desarrollo humano. Por ejemplo, en algunos contextos geográficos y culturales en los que los cristianos se sienten aislados, las redes sociales permiten fortalecer el sentido de su efectiva unidad con la comunidad universal de los creyentes. Las redes ofrecen la posibilidad de compartir fácilmente los recursos espirituales y litúrgicos, y hacen que las personas puedan rezar con un renovado sentido de cercanía con quienes profesan su misma fe. La implicación auténtica e interactiva con las cuestiones y las dudas de quienes están lejos de la fe nos debe hacer sentir la necesidad de alimentar con la oración y la reflexión nuestra fe en la presencia de Dios, y también nuestra caridad activa: «Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe» (1 Co 13,1).
Existen redes sociales que, en el ambiente digital, ofrecen al hombre de hoy ocasiones para orar, meditar y compartir la Palabra de Dios. Pero estas redes pueden asimismo abrir las puertas a otras dimensiones de la fe. De hecho, muchas personas están descubriendo, precisamente gracias a un contacto que comenzó en la red, la importancia del encuentro directo, de la experiencia de comunidad o también de peregrinación, elementos que son importantes en el camino de fe. Tratando de hacer presente el Evangelio en el ambiente digital, podemos invitar a las personas a vivir encuentros de oración o celebraciones litúrgicas en lugares concretos como iglesias o capillas. Debe de haber coherencia y unidad en la expresión de nuestra fe y en nuestro testimonio del Evangelio dentro de la realidad en la que estamos llamados a vivir, tanto si se trata de la realidad física como de la digital. Ante los demás, estamos llamados a dar a conocer el amor de Dios, hasta los más remotos confines de la tierra.
Rezo para que el Espíritu de Dios os acompañe y os ilumine siempre, y al mismo tiempo os bendigo de corazón para que podáis ser verdaderamente mensajeros y testigos del Evangelio. «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación» (Mc 16,15).

jueves, 13 de junio de 2013

Actitud de los padres hacia los hijos

Hermas

El Pastor de Hermas es una de las obras más antiguas de la literatura cristiana. No hay acuerdo sobre la fecha de su composición, que bien pudiera haber sido fruto de elaboraciones y adiciones sucesivas. Según Juan José Ayán Calvo, responsable de la edición bilingüe griego-castellano de la que hemos tomado el párrafo reproducido más abajo, su redacción se habría iniciado a finales del siglo I y estaría concluida hacia el año 140[1]. Además, mientras que algunos estudiosos opinan que refleja las ideas de una comunidad cristiana de origen judío, para otros, sus autores procederían de la gentilidad.  Sea de esto lo que fuere, todo el libro constituye una invitación a la penitencia. 

En las palabras que siguen parece presente, aunque no se mencione, el recuerdo de Eli y de sus hijos Hofní y Pinhas (I Samuel, 2). Es también visible la evocación de libros sapienciales (Sirácida, 30).

Pero Dios no está airado contra ti a causa de esto [se refiere al deseo que Hermas había experimentado al ver a su ama bañarse en el Tíber], sino para que conviertas a tus hijos que han pecado contra el Señor y contra vosotros sus padres. Pero tanto amabas a tus hijos que no los reprendías, sino que los dejabas corromperse terriblemente. Por ello el Señor está airado contra ti. Pero Él curará todas las maldades que se han dado en tu familia, pues por los pecados e injusticias de aquellos te has arruinado en los negocios temporales. Sin embargo, la gran misericordia del Señor se ha apiadado de ti y de tu familia, te fortalecerá y te asentará en su gloria con tal de que no seas negligente, tengas buen ánimo y fortalezcas a tu familia. Pero como el herrero, a fuerza de martillear su obra, consigue lo que quiere, así también la palabra justa repetida a diario vence toda maldad. Por tanto, no dejes de reprender a tus hijos, pues sé que, si se arrepienten de todo corazón serán inscritos en los libros de la vida junto con los santos.

HERMAS, El pastor, Madrid, Ciudad Nueva, 1995, Visión I, III, 1-2.





[1] HERMAS, El pastor, Madrid, Ciudad Nueva, 1995, p. 27

martes, 11 de junio de 2013

Vuestra soy

Santa Teresa de Jesús

Vuestra soy, para Vos nací,
¿Qué mandáis hacer de mí?
Soberana Majestad,
Eterna sabiduría,
Bondad buena al alma mía;
Dios, alteza, un ser, bondad,
La gran vileza mirad,
Que hoy os canta amor así.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Vuestra soy, pues me criastes,
Vuestra, pues me redimistes,
Vuestra, pues que me sufristes,
Vuestra, pues que me llamastes,
Vuestra, porque me esperastes,
Vuestra, pues no me perdí.
¿Qué mandáis hacer de mí?
¿Qué mandáis, pues, buen Señor,
Que haga tan vil criado?
¿Cuál oficio le habéis dado
A este esclavo pecador?
Veisme aquí, mi dulce Amor,
Amor dulce, veisme aquí,
¿Qué mandáis hacer de mí?
Veis aquí mi corazón,
Yo le pongo en vuestra palma,
Mi cuerpo, mi vida y alma,
Mis entrañas y afición;
Dulce Esposo y redención
Pues por vuestra me ofrecí.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme muerte, dadme vida:
Dad salud o enfermedad,
Honra o deshonra me dad,
Dadme guerra o paz crecida,
Flaqueza o fuerza cumplida,
Que a todo digo que sí.
¿Qué queréis hacer de mí?
Dadme riqueza o pobreza,
Dad consuelo o desconsuelo,
Dadme alegría o tristeza,
Dadme infierno, o dadme cielo,
Vida dulce, sol sin velo,
Pues del todo me rendí.
¿Qué mandáis hacer de mí?
 Si queréis, dadme oración,
 Sí no, dadme sequedad,
 Si abundancia y devoción,
 Y si no esterilidad.
 Soberana Majestad,
Sólo hallo paz aquí,
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme, pues, sabiduría,
O por amor, ignorancia,
Dadme años de abundancia,
O de hambre y carestía;
Dad tiniebla o claro día
Revolvedme aquí o allí
¿Qué mandáis hacer de mí?
Si queréis que esté holgando,
Quiero por amor holgar.
Si me mandáis trabajar,
Morir quiero trabajando.
Decid, ¿dónde, cómo y cuándo?
Decid, dulce Amor, decid.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme Calvario o Tabor,
Desierto o tierra abundosa,
Sea Job en el dolor,
O Juan que al pecho reposa;
Sea' viña frutuosa
O estéril, si cumple así.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Sea Josef puesto en cadenas,
O de Egito Adelantado,
O David sufriendo penas,
O ya David encumbrado,
Sea Jonás anegado,
O libertado de allí,
¿Qué mandáis hacer de mí?
Esté callando o hablando,
Haga fruto o no le haga,
Muéstreme la Ley mi llaga,
Goce de Evangelio blando;
Esté penando o gozando,
Sólo Vos en mí viví,
¿Qué mandáis hacer de mí?
Vuestra soy, para Vos nací
¿Qué mandáis hacer de mí?



domingo, 9 de junio de 2013

El paganismo en el Imperio Romano (VI)

Francisco Javier Bernad Morales

El asesinato de Cómodo (192), víctima de un conspiración en que participó su amante Marcia[1], sumió al Imperio en una compleja  guerra civil que en muchos aspectos recuerda la experimentada en el año 69. La similitud entre ambas situaciones  aumenta, si consideramos que en el año anterior un gran incendio, como ya ocurriera bajo Nerón, había destruido parte de Roma, incluidos importantes templos. En pocos meses ocuparon el poder Pertinax, Didio Juliano, Clodio Albino, Pescenio Niger y, finalmente, Septimio Severo. La sucesión de rebeliones militares, no solo convirtió a Roma de nuevo en escenario de combates, sino que el pueblo hubo incluso de asistir atónito a la vergonzosa subasta del trono por la guardia pretoriana.  Tenemos, por otra parte constancia de un amplio descontento campesino que había estallado ya en el año 172 en sublevaciones abiertas en Egipto y Mauritania[2]. El restablecimiento del orden, por supuesto, no implicó un retorno al pasado. Aunque Septimio Severo y sus inmediatos sucesores se presentan en la propaganda como Dominus benéficos hondamente preocupados por los humildes e invocan a la Providencia divina, de la que se consideran un reflejo; movimientos místicos y nuevas religiones procedentes de Oriente, experimentan un avance imparable. Vario Avito Bassiano antes de acceder al Imperio (218) había sido en Emesa (actual Homs en Siria) sacerdote de la divinidad local El-Gabal (de ahí que se le conozca como Heliogábalo). Una vez en el poder intentó que el culto de este dios, cuyo nombre latinizó como Sol Invictus, reemplazara al de Júpiter. Él mismo, según la Historia Augusta, se hizo circuncidar y se casó con una vestal en la creencia de que de tal unión nacerían hijos semejantes a dioses[3]. Si estas informaciones son fiables, nos encontraríamos ante un caso complejo de sincretismo religioso. Si bien su comportamiento extravagante lo enemistó con el Senado y con los pretorianos, quienes, instigados al parecer por su propia abuela Julia Mesa, terminaron por asesinarlo, el nuevo dios le sobrevivió y, a menudo identificado con Mitra, terminó por convertirse en uno de los preferidos por el ejército.

No fue este el único culto oriental de amplia difusión. Junto a él es preciso recordar el de Isis, la diosa egipcia que con artes mágicas habría resucitado a su hermano y esposo Osiris, y también el de la frigia Cibeles, cuyos sacerdotes se castraban siguiendo el ejemplo de Atis, quien de esta forma había asegurado su renacer cada primavera[4].

Estas religiones, si bien en ocasiones se enfrentaban entre sí, tenían en común la aceptación del resto de los dioses, pues participaban del carácter inmanentista del paganismo a que me he referido en anteriores ocasiones. Sus dioses no estaban separados de la naturaleza, sino que formaban parte de ella y, por tanto, no se excluían los unos a los otros, sino que podían identificarse o jerarquizarse con arreglo a diferentes sistemas. En suma, todo lo existente participaba de la divinidad. No era este, en cambio, el caso del judaísmo y del cristianismo, ambos fuertemente impregnados del sentimiento de la trascendencia divina, por más que en esta época ya se hubieran separado claramente el uno del otro y se dirigieran a un abierto enfrentamiento. El judaísmo, tras las derrotas militares frente a Roma, parece en estos tiempos entregado a la introspección, centrado en la recopilación de la Misná y de la Guemará[5], y alejado de todo intento de proselitismo; por el contrario, el cristianismo se lanza con fuerza a disputar a las nuevas formas del paganismo la conciencia de los gentiles.




[1] Tradicionalmente, Marcia ha sido considerada cristiana. Una buena discusión de las fuentes sobre Marcia y en general sobre los cristianos en el entorno de Cómodo, en ESPINOSA, Urbano, “Cómodo y los cristianos: lectura política de las fuentes”, Gerión, 13, 1995, p. 127-140. Universidad Complutense de Madrid.
[2] RÉMONDON, Roger, La crisis del Imperio Romano de Marco Aurelio a Anastasio, Barcelona, Labor, 1979, p. 20. Las provincias romanas de Mauritania Tingitana y Mauritania Cesariana correspondían al norte Marruecos y noroeste de Argelia.
[3] Las vestales eran sacerdotisas de Vesta obligadas a mantener la virginidad.
[4] Orígenes (185-254), uno de los grandes teólogos de los primeros tiempos del cristianismo, muerto a consecuencia de los tormentos sufridos durante la persecución de Decio, se había autoemasculado en un arrebato religioso durante la juventud.
[5] La Misná, recopilación de la ley oral, y la Guemará, comentarios y discusiones de los sabios, constituyen unidos el Talmud. En realidad no hay un Talmud, sino dos: el de Jerusalén y el de Babilonia. Ambos coinciden en la Misná, pero difieren en la Guemará.

viernes, 7 de junio de 2013

Oración al Sagrado Corazón de Jesús

Durante el mes de junio se cultiva de un modo especial la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, que expresa  la alabanza y adoración a Jesús, simbolizada en un órgano vital como es el corazón, que, además, tiene la connotación afectiva y acogedora del amor.

Consagración al joven corazón de Jesús

Corazón divino de Jesús
por el Corazón de María
la mujer nueva de Nazaret,
nos consagramos a tu Corazón
para ser en nuestro mundo
antorcha de esperanza para los decaídos,
alegría para tantos jóvenes
que se encuentran solos y desesperados.
No nos dejes caer en la tentación
de no hacer nada.
Ayúdanos a sembrar los caminos
de amor a los que sufren
y ser entre los jóvenes
constructores de la Civilización del Amor. Amén.
Tomado de http://www.aciprensa.com
Monasterio de la Visitación
Vigilia de la Solemnidad de la Santísima Trinidad

jueves, 6 de junio de 2013

Vamos, Salvador de los gentiles

Música sacra luterana compuesta por Johann Sebastian Bach

miércoles, 5 de junio de 2013

El paganismo en el Imperio Romano (V)

Francisco Javier Bernad Morales

Tras la dura prueba del año 69, se inicia, sin embargo, un largo período de estabilidad apenas turbado por el asesinato de Domiciano (96), posiblemente consecuencia de sus malas relaciones con el Senado, a muchos de cuyos miembros, según Suetonio, había hecho ejecutar[1]. Bajo Trajano se reanudó incluso la expansión exterior, con la conquista de Dacia y la anexión del reino Nabateo, convertido en la provincia de Arabia Pétrea. Con todo, lo que podía haber sido su mayor logro, la ocupación de Mesopotamia, se reveló un triunfo efímero, ya que este territorio, cuya defensa hubiera resultado extremadamente costosa, fue abandonado tras su muerte. Le sucedió su sobrino Adriano, un hombre profundamente imbuido de la filosofía estoica, amigo de Epicteto, quien intentó, como en otro tiempo Antíoco IV Epífanes, la helenización forzosa de los judíos, con lo que desencadenó la sublevación encabezada por Bar Kochba (132-135), quien fue reconocido como mesías por Rabí Akiva[2]. La guerra terminó, como ya señalé en una entrega anterior, con una nueva derrota judía y con la reorganización de Judea, Samaria y Galilea en una nueva provincia a la que se dio el nombre de Palestina, evocador de los antiguos filisteos. Se pretendía así, y con la conversión de Jerusalén en la ciudad romana de Aelia Capitolina, borrar incluso el recuerdo de la presencia judía. La victoria romana había sido, sin embargo, extraordinariamente difícil, pues había obligado a desplazar legiones desde puntos tan alejados como la frontera danubiana e incluso Britania[3]. Habría contado además, según Dión Casio, con el apoyo no solo de los judíos de la diáspora, sino de numerosos gentiles[4]. Ignoramos a quiénes puede referirse esta última afirmación, ¿conversos al monoteísmo o simples víctimas del orden impuesto por Roma: clases inferiores, pueblos sometidos? 

Tenemos otros datos que permiten intuir la extensión del monoteísmo, en este caso en su vertiente cristiana, en las ciudades, y el rechazo que suscitaba entre quienes se mantenían fieles al paganismo. Así, bajo Marco Aurelio, emperador desde el  161 hasta el 180, se sucedieron ataques populares contra las comunidades cristianas de Asia Menor y en Roma sufrió martirio San Justino. Es posiblemente exagerado calificar, como hacía la hagiografía tradicional, estos hechos como una persecución, dado que no parece existir tras ellos una firme determinación oficial de erradicar el cristianismo. Más bien se trataría de movimientos locales poco coordinados. En cualquier caso, la negativa de cristianos y judíos a adorar al emperador, no podía sino suscitar hostilidad entre sus vecinos paganos. Máxime en un momento en que los peligros se multiplicaban: presión de los partos en oriente y de los germanos en el Danubio, epidemias de peste, empobrecimiento de los campesinos que, desposeídos de sus tierras emigran a las ciudades, disminución de la producción agrícola y problemas de abastecimiento, aumento de los impuestos… Marco Aurelio, el emperador filósofo que aprovechaba momentos robados al descanso para escribir unas Meditaciones que constituyen una de las cumbres de la filosofía estoica, se vio obligado a pasar gran parte de su vida alejado de Roma, en los campamentos de las legiones, mientras que el Imperio se enfrentaba a dificultades que por momentos podían parecer insuperables. En esas circunstancias, la religión política hubo de sufrir asimismo una profunda crisis. Si el monoteísmo se alzaba como una alternativa escatológica de paz y de salvación, que cada día atraía a más prosélitos; para quienes continuaban fieles al paganismo, las catástrofes eran el fruto del creciente abandono de los dioses que habían traído la grandeza a Roma. Era fácil que el descontento y la incertidumbre ante el futuro estallaran en cualquier momento y bajo cualquier pretexto contra esas minorías impías calificadas invariablemente de ateas, y a quienes se atribuían toda clase de ritos macabros y repugnantes, incluidos el sacrificio de niños y el canibalismo. También es comprensible que las autoridades, si bien no siempre incitaban estos movimientos de cólera popular, raramente se oponían a ellos.

Un próximo futuro reservaba tiempos peores.





[1] SUETONIO, Los doce césares, Tito Flavio Domiciano, X.
[2] Bar Kochba (en arameo, Hijo de la Estrella) no es un nombre, sino un título mesiánico. Está tomado de la profecía de Balaam: “Lo veo, mas no ahora / lo diviso, pero no de cerca: / ha salido una estrella de Jacob, / y ha surgido un gobernante de Israel” (Números, 24, 17).
[3] JOHNSON, Paul, Historia de los judíos, Barcelona, Zeta, 2010. p. 209.
[4] DIÓN CASIO, Historia romana, libro LXIX