lunes, 30 de junio de 2014

Meditación sobre la confesión de Pedro

Benedicto XVI

Estos textos dicen claramente que la integridad de la fe cristiana se da en la confesión de san Pedro, iluminada por la enseñanza de Jesús sobre su "camino" hacia la gloria, es decir, sobre su modo absolutamente singular de ser el Mesías y el Hijo de Dios. Un "camino" estrecho, un "modo" escandaloso para los discípulos de todos los tiempos, que inevitablemente se inclinan a pensar según los hombres y no según Dios (cf. Mt 16, 23). También hoy, como en tiempos de Jesús, no basta poseer la correcta confesión de fe:  es necesario aprender siempre de nuevo del Señor el modo propio como él es el Salvador y el camino por el que debemos seguirlo.
En efecto, debemos reconocer que, también para el creyente, la cruz es siempre difícil de aceptar. El instinto impulsa a evitarla, y el tentador induce a pensar que es más sabio tratar de salvarse a sí mismos, más bien que perder la propia vida por fidelidad al amor, por fidelidad al Hijo de Dios que se hizo hombre.
¿Qué era difícil de aceptar para la gente a la que Jesús hablaba? ¿Qué sigue siéndolo también para mucha gente hoy en día? Es difícil de aceptar el hecho de que pretende ser no sólo uno de los profetas, sino el Hijo de Dios, y reivindica la autoridad misma de Dios. Escuchándolo predicar, viéndolo sanar a los enfermos, evangelizar a los pequeños y a los pobres, y reconciliar a los pecadores, los discípulos llegaron poco a poco a comprender que era el Mesías en el sentido más alto del término, es decir, no sólo un hombre enviado por Dios, sino Dios mismo hecho hombre.

Claramente, todo esto era más grande que ellos, superaba su capacidad de comprender. Podían expresar su fe con los títulos de la tradición judía: "Cristo", "Hijo de Dios", "Señor". Pero para aceptar verdaderamente la realidad, en cierto modo debían redescubrir esos títulos en su verdad más profunda: Jesús mismo con su vida nos reveló su sentido pleno, siempre sorprendente, incluso paradójico con respecto a las concepciones corrientes. Y la fe de los discípulos debió adecuarse progresivamente. Esta fe se nos presenta como una peregrinación que tiene su origen en la experiencia del Jesús histórico y encuentra su fundamento en el misterio pascual, pero después debe seguir avanzando gracias a la acción del Espíritu Santo. Esta ha sido también la fe de la Iglesia a lo largo de la historia; y esta es también nuestra fe, la fe de los cristianos de hoy. Sólidamente fundada en la "roca" de Pedro, es una peregrinación hacia la plenitud de  la  verdad  que el pescador de Galilea profesó con convicción apasionada:  "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16, 16).

Fragmento de la Homilía de Benedicto XVI en la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, 29 de junio de 2007.

domingo, 29 de junio de 2014

Las meditaciones de Marco Aurelio (I)

Francisco Javier Bernad Morales

Damos el nombre de Meditaciones a un conjunto de pensamientos que Marco Aurelio, emperador entre los años 161 y 180, escribió en los tiempos en que se veía obligado a combatir en el limes del Danubio contra cuados y marcomanos. En ellos se refleja su delicada sensibilidad y profundo sentido moral, así como su identificación con la filosofía estoica, de la que a menudo es considerado el último gran representante. No se trata de una obra sistemática, sino de una serie de anotaciones realizadas en los descansos  entre combates. Quizá sea una visión exagerada y romántica, pero al leerlas es fácil imaginarlo tras un día turbulento, recogido en su tienda de campaña, intentando abstraerse del enloquecido fluir de los acontecimientos para, a solas con lo que llama su guía interior indagar los principios morales a los que ha de someter sus actos.

Una lectura superficial podría hacernos creer que las concepciones éticas de Marco Aurelio se hallan próximas al cristianismo y al judaísmo. Así encontramos expresiones tales como: “El alma racional […] se caracteriza por el amor al prójimo” (XI, 1), “Ama a la humanidad. Toma a Dios como guía” (VII, 31), “Ama sinceramente a los hombres con los que te ha tocado vivir” (VI, 39) o “Es propio del hombre amar incluso a quienes lo ofenden” (VII, 22), que nos recuerdan palabras de Jesús de Nazaret o Rabí Akiba. Otras hacen que evoquemos el Eclesiastés (Kohélet): “Piensa constantemente que todo lo que ocurre ya ha sucedido en el pasado y volverá a ocurrir” (X, 27), “Es posible prever el futuro contemplando los hechos del pasado y del presente. Siempre será lo mismo” (VII, 49) o “No hay nada nuevo” (VII, 1). Son semejanzas que no deben ofuscarnos.

No nos engañemos. El universo mental del emperador permanece ajeno al judaísmo y al cristianismo, pues en él no queda lugar para la trascendencia o para la idea de un Dios personal. El destino individual está inexorablemente fijado por factores inmanentes: “Lo que te ocurre te estaba preparado desde la eternidad. La concatenación causal ha trenzado desde siempre tu existencia con lo que te sucede.” (X, 5). La providencia, a la que a menudo se refiere, no es más que ese forzoso devenir al que nada puede sustraerse. Obviamente cabría preguntarse por el motivo que puede llevar a reflexionar sobre la moral y a escribir discursos parenéticos, si todo está determinado. Marco Aurelio no lo hace, aunque quizá pudiera contestar que ese es su destino.

El hombre debe someterse a lo establecido por la naturaleza. Si se lamenta por los supuestos males que le afligen, se queja de los dioses, pues estos, como siempre en el paganismo, se identifican con aquella. Todo está dispuesto y solo cuando somos capaces de comprenderlo así y, en consecuencia, obrar siguiendo lo que la naturaleza nos marca, nos comportamos como auténticos seres humanos. Es la ignorancia lo que lleva al mal: “si hacen lo que es correcto, no debes quejarte, y si yerran, claramente actúan de forma involuntaria y en ignorancia, pues ningún alma quiere verse privada de la verdad, ni de tratar cada cosa conforme a su valor.” (XI, 18). Diecisiete siglos después, otro filósofo inmanentista, Friedrich Engels, glosando a Hegel, escribiría: “La libertad consiste […] en esa soberanía sobre nosotros mismos y sobre el mundo exterior, fundada en el conocimiento de las leyes necesarias de la naturaleza”[1].

Sin embargo, y aunque sea fácil detectar la proximidad entre ambas ideas, lo que en el caso de Engels y de Marx empuja a la acción, tal como expone la XI tesis sobre Feuerbach: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”[2]; en el de Marco Aurelio parece llevar a una actitud casi budista: “Borrar la imaginación, reprimir el impulso, apagar el deseo, mantener el autocontrol”. (IX, 7). En cualquier caso, de estas palabras no hay que deducir que el emperador predique la pasividad, algo incongruente en quien llevó una vida enormemente activa. Eso sería dar a la frase un alcance que no tiene. Con su exhortación pretende que los actos estén regidos exclusivamente por la razón.





[1] ENGELS, Friedrich. Anti-Dühring. Madrid, Ciencia Nueva, 1968, p. 127.
[2] MARX, K. y ENGELS, F. Tesis sobre Feuerbach y otros escritos filosóficos. Barcelona Grijalbo, 1974, p. 12.

sábado, 28 de junio de 2014

Luz de los ciegos

San Bernardo

Salve Reina de misericordia, Señora del mundo, Reina del cielo, Virgen de las vírgenes, Sancta Sanctorum, luz de los ciegos, gloria de los justos, perdón de los pecadores, reparación de los desesperados, fortaleza de los lánguidos, salud del orbe, espejo de toda pureza. Haga tu piedad que el mundo conozca y experimente aquella gracia que tú hallaste ante el Señor, obteniendo con tus santos ruegos perdón para los pecadores, medicina para los enfermos, fortaleza para los pusilánimes, consuelo para los afligidos, auxilio para los que peligran.
Por ti tengamos acceso fácil a tu Hijo, oh bendita y llena de gracia, madre de la vida y de nuestra salud, para que por ti nos reciba el que por ti se nos dio. Excuse ante tus ojos tu pureza las culpas de nuestra naturaleza corrompida: obténganos tu humildad tan grata a Dios el perdón de nuestra vanidad. Encubra tu inagotable caridad la muchedumbre de nuestros pecados: y tu gloriosa fecundidad nos conceda abundancia de merecimientos.
Oh Señora nuestra, Mediadora nuestra, y Abogada nuestra: reconcílianos con tu Hijo, recomiéndanos a tu Hijo, preséntanos á tu Hijo.
Haz, oh Bienaventurada, por la gracia que hallaste ante el Señor, por las prerrogativas que mereciste y por la misericordia que engendraste, que Jesucristo tu Hijo y Señor nuestro, bendito por siempre y sobre todas las cosas, así como por tu medio se dignó hacerse participante de nuestra debilidad y miserias, así nos haga participantes también por tu intercesión de su gloria y felicidad.

viernes, 27 de junio de 2014

Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización

En octubre de este año se celebrará el Sínodo de la Familia, de carácter extraordinario y urgente. En él participarán los presidentes de las conferencias episcopales y los jefes de los departamentos del Vaticano. Un año más tarde, tendrá lugar un sínodo ordinario, al que seguirá una exhortación apostólica.
Aquí podemos leer el documento preparatorio.

miércoles, 25 de junio de 2014

Practica tu también la misericordia y la justicia

San Agustín

Habéis oído cómo Dios practica la misericordia y la justicia; practica tú también la misericordia y la justicia. ¿Es que acaso pertenecen sólo a Dios y a los hombres no? Si no pertenecieran también a los hombres, no habría dicho el Señor a los fariseos: Habéis descuidado lo principal de la Ley: la misericordia y la justicia. Así que también te pertenecen a ti la misericordia y la justicia. No vayas a pensar que sólo tiene que ver contigo la misericordia y no la justicia. A veces oirás que hay una causa pendiente entre dos, uno de ellos rico y el otro pobre; y sucede que el pobre resulta culpable y el rico inocente; entonces tú, poco experto en el Reino de Dios, crees hacer una buena obra compadeciéndote del pobre, y te pones a encubrir y ocultar su delito, como queriéndolo justificar, como si mereciese la absolución. Y suponiendo que alguien te reprendiese por haberte equivocado en tu sentencia, le respondes movido por la misericordia: - Sí, ya lo sé; pero se trata de un pobre, y debo tener con él compasión. ¿Cómo es que has mantenido la misericordia, dejando a un lado la justicia? Pero dirás: ¿Y cómo iba a descuidar la misericordia, por mantener la justicia? ¿Iba a sentenciar contra el pobre, que no tenía con qué pagar la multa; y si tenía, después no le quedaba con qué vivir? Tu Dios te dice: No hagas acepción de personas en el juicio del pobre. Sí, es cierto que comprendemos fácilmente la advertencia de no favorecer al rico. Esto lo ve cualquiera, ¡y ojalá lo llevaran todos a la práctica! La falta está en querer agradar a Dios favoreciendo judicialmente la persona del pobre, y diciéndole a Dios: - He ayudado a un pobre. No, deberías haber mantenido las dos cosas: la misericordia y la justicia. En primer lugar ¿qué clase de misericordia has tenido con aquél, cuyo delito has amparado? Sí, le favoreciste en la bolsa, pero le has herido el corazón; ese pobre continúa siendo un delincuente; y tanto más delincuente, cuanto que se ha visto favorecido por ti en su maldad, como si fuera un hombre honrado. Se apartó de ti favorecido injustamente, y quedó justamente condenado por Dios. ¿Qué clase de misericordia has tenido con él, si terminaste haciéndolo culpable? Has resultado más cruel que misericordioso. ¿Y qué iba a hacer?, preguntarás. En primer lugar juzgar según la causa: reprender al pobre y conmover al rico. Una cosa es juzgar, y otra suplicar. Cuando el rico aquel viera que habías respetado la justicia, y que el pobre no había erguido la cerviz, sino que le habías dado una justa reprensión proporcional a su delito, ¿no se inclinaría hacia la misericordia, por tu petición, él, que estaba contento de la sentencia de tu juicio?

Comentario al Salmo 32, Comentario 2, Sermón 1º

martes, 24 de junio de 2014

Hambre de eternidad

Papa Francisco

Además del hambre física, el hombre lleva en sí otra hambre: un hambre que no puede saciarse con el alimento ordinario. Es hambre de vida, hambre de amor, hambre de eternidad. Y el signo del maná –al igual que toda la experiencia del Éxodo– también contenía en sí misma esta dimensión: era figura de un alimento que satisface esa hambre profunda que existe en el hombre. Jesús nos da ese alimento, es más: es él mismo el pan vivo que da vida al mundo (cf. Jn 6, 51). Su Cuerpo es el verdadero alimento bajo la especie del pan; su Sangre es la verdadera bebida bajo la especie del vino. No es un simple alimento con el que saciar nuestros cuerpos, como el maná; el Cuerpo de Cristo es el pan de los últimos tiempos, capaz de dar vida, y vida eterna, ya que la sustancia de este amor es el Amor.
En la eucaristía se comunica el amor del Señor para con nosotros: un amor tan grande que nos alimenta consigo mismo; un amor gratuito, siempre a disposición de toda persona hambrienta y necesitada de regenerar sus fuerzas. Vivir la experiencia de la fe significa dejarse alimentar por el Señor y construir la propia existencia no sobre los bienes materiales, sino sobre aquello que no perece: los dones de Dios, su Palabra y su Cuerpo.

Extracto de la Homilía del Papa Francisco para la solemnidad del Corpus Christi. Traducción de Ecclesia

domingo, 22 de junio de 2014

Ave María. Marie Keyrouz

Con este hermoso canto de la monja maronita libanesa Marie Keyrouz, una vez más recordamos a nuestros hermanos del Próximo Oriente que tan difíciles situaciones están viviendo en Irak, Siria y Líbano. Les enviamos un cálido abrazo y rogamos a todos que los tengan presentes en sus oraciones.

sábado, 21 de junio de 2014

martes, 17 de junio de 2014

Sobre el fomento del culto a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo

Juan XXIII

Y al culto de latría, que se debe al Cáliz de la Sangre del Nuevo Testamento, especialmente en el momento de la elevación en el sacrificio de la Misa, es muy conveniente y saludable suceda la Comunión con aquella misma Sangre indisolublemente unida al Cuerpo de Nuestro Salvador en el Sacramento de la Eucaristía. Entonces los fieles en unión con el celebrante podrán con toda verdad repetir mentalmente las palabras que él pronuncia en el momento de la Comunión: Calicem salutaris accipiam et nomem Domini invocabo... Sanguis Domini Nostri Iesu Christi custodiat animam meam in vitam aeternam. Amen. Tomaré el cáliz de salvación e invocaré el nombre del Señor... Que la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo guarde mi alma para la vida eterna. Así sea. De tal manera que los fieles que se acerquen a él dignamente percibirán con más abundancia los frutos de redención, resurrección y vida eterna, que la sangre derramada por Cristo "por inspiración del Espíritu Santo"  mereció para el mundo entero. Y alimentados con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, hechos partícipes de su divina virtud que ha suscitado legiones de mártires, harán frente a las luchas cotidianas, a los sacrificios, hasta el martirio, si es necesario, en defensa de la virtud y del reino de Dios, sintiendo en sí mismos aquel ardor de caridad que hacía exclamar a San Juan Crisóstomo: "Retirémonos de esa Mesa como leones que despiden llamas, terribles para el demonio, considerando quién es nuestra Cabeza y qué amor ha tenido con nosotros... Esta Sangre, dignamente recibida, ahuyenta los demonios, nos atrae a los ángeles y al mismo Señor de los ángeles... Esta Sangre derramada purifica el mundo... Es el precio del universo, con ella Cristo redime a la Iglesia... Semejante pensamiento tiene que frenar nuestras pasiones. Pues ¿hasta cuándo permaneceremos inertes? ¿Hasta cuándo dejaríamos de pensar en nuestra salvación? Consideremos los beneficios que el Señor se ha dignado concedernos, seamos agradecidos, glorifiquémosle no sólo con la fe, sino también con las obras".
¡Ah! Si los cristianos reflexionasen con más frecuencia en la advertencia paternal del primer Papa: "Vivid con temor todo el tiempo de vuestra peregrinación, considerando que habéis sido rescatados de vuestro vano vivir no con plata y oro, corruptibles, sino con la sangre preciosa de Cristo, como cordero sin defecto ni mancha!". Si prestasen más atento oído a la exhortación del Apóstol de las gentes: "Habéis sido comprados a gran precio. Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo" .
Cuánto más dignas, más edificantes serían sus costumbres; cuánto más saludable sería para el mundo la presencia de la Iglesia de Cristo! Y si todos los hombres secundasen las invitaciones de la gracia de Dios, que quiere que todos se salven, pues ha querido que todos sean redimidos con la Sangre de su Unigénito y llama a todos a ser miembros de un único Cuerpo místico, cuya Cabeza es Cristo, ¡cuánto más fraternales serían las relaciones entre los individuos, los pueblos y las naciones; cuánto más pacífica, más digna de Dios y de la naturaleza humana, creada a imagen y semejanza del Altísimo , sería la convivencia social!
Debemos considerar esta sublime vocación a la que San Pablo invitaba a los fieles procedentes del pueblo escogido, tentados de pensar con nostalgia en un pasado que sólo fue una pálida figura y el preludio de la Nueva Alianza: "Vosotros os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, a la Jerusalén celestial y a las miríadas de ángeles, a la asamblea, a la congregación de los primogénitos, que están escritos en los cielos, y a Dios, Juez de todos, y a los espíritus de los justos perfectos, y al Mediador de la nueva Alianza, Jesús, y a la aspersión de la sangre, que habla mejor que la de Abel" .
Confiando plenamente, venerables Hermanos, en que estas paternales exhortaciones nuestras, que daréis a conocer de la manera que creáis más oportuna al Clero y a los fieles confiados a vosotros, no sólo serán puestas en práctica de buen grado, sino también con ferviente celo, como auspicio de las gracias celestiales y prenda de nuestra especial benevolencia, con efusión de corazón impartimos la Bendición Apostólica a cada uno de vosotros y toda vuestra grey, y de modo especial a todos los que respondan generosa y plenamente a nuestra invitación.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el treinta de junio de 1959, vigilia de la fiesta de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, segundo año de nuestro Pontificado

De la Carta Apostólica Inde a Primis

lunes, 16 de junio de 2014

Doctrina católica sobre la Trinidad

San Agustín

Cuantos intérpretes católicos de los libros divinos del Antiguo y Nuevo Testamento he podido leer, anteriores a mí en la especulación sobre la Trinidad, que es Dios, enseñan, al tenor de las Escrituras, que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, de una misma e idéntica substancia, insinúan, en inseparable igualdad, la unicidad divina, y, en consecuencia, no son tres dioses, sino un solo Dios. Y aunque el Padre engendró un Hijo, el Hijo no es el Padre; y aunque el Hijo es engendrado por el Padre, el Padre no es el Hijo; y el Espíritu Santo no es ni el Padre ni el Hijo, sino el Espíritu del Padre y del Hijo, al Padre y al Hijo coigual y perteneciente a la unidad trina.
Sin embargo, la Trinidad no nació de María Virgen, ni fue crucificada y sepultada bajo Poncio Pilato, ni resucitó al tercer día, ni subió a los cielos, sino el Hijo solo: ni descendió la Trinidad en figura de paloma sobre Jesús el día de su bautismo14; ni en la solemnidad de Pentecostés, después de la ascensión del Señor, entre viento huracanado y fragores del cielo, vino a posarse, en forma de lenguas de fuego, sobre los apóstoles, sino sólo el Espíritu Santo15. Finalmente, no dijo la Trinidad desde el cielo: Tú eres mi Hijo, cuando Jesús fue bautizado por Juan, o en el monte cuando estaba en compañía de sus tres discípulos, ni al resonar aquella voz: Le he glorificado y lo volveré a glorificar, sino que era únicamente la voz del Padre, que hablaba a su Hijo, si bien el Padre, el Hijo y ni Espíritu Santo sean inseparables en su esencia y en sus operaciones. Y ésta es mi fe, pues es la fe católica.


De Trinitate Libro I, Cap IV, 7

domingo, 15 de junio de 2014

Epístolas morales a Lucilio (y III)

Francisco Javier Bernad Morales

Si bien las ideas morales de Séneca han merecido general admiración, no han faltado desde antiguo quienes han señalado que su vida se rigió por principios mucho menos elevados. Así, Dión Casio  en el siglo III lo retrata como un hombre lujurioso y sediento de riquezas. No obstante, Tácito, nacido hacia el año 55, cuando por tanto aún Séneca vivía, da de él una imagen favorable, pese a ser un historiador muy poco indulgente con las debilidades de los poderosos. Los testimonios coinciden en que, procedente de una notable familia afincada en la Bética, llegó a acumular una gran fortuna. Sin embargo, no parece haberle mostrado mucho apego, pues ya en el año 62, cuando rogó a Nerón que le permitiera retirarse a la vida privada se mostró dispuesto a renunciar a ella. También, al menos en estos años finales de su vida parece, si hemos de creer a Tácito, mantener una cariñosa relación con su esposa Paulina.

Había nacido hacia el 4 a. C. en Corduba, una de las principales ciudades de la muy romanizada Bética, hijo del procurador imperial Marco Anneo Séneca, famoso por su habilidad retórica. Muy joven marchó a Roma, donde vivió con una hermanastra de su madre de nombre Marcia. Allí completó sus estudios y frecuentó la compañía del filósofo estoico Atalo. Cuando en el 16 el marido de Marcia fue nombrado gobernador de Egipto, acompañó al matrimonio a Alejandría. A su regreso a Roma, en el año 31, inició como cuestor el cursus honorum, es decir, la carrera política reservada a los jóvenes de familia distinguida. Pronto destacó entre los senadores, lo que, según Dión Casio, provocó los celos de Calígula. Su mala salud parece que lo salvó de que aquel le diera muerte, pues el emperador confió en que la naturaleza le ahorraría el crimen. En efecto, Séneca padecía asma y otras enfermedades. Sin embargo, una cuidada dieta, acompañada de ejercicios gimnásticos y cuidados médicos le permitió alcanzar la vejez. Tras el asesinato de Calígula en el año 41, su sucesor Claudio, lo condenó a muerte, aunque conmutó la sentencia por el destierro en Córcega. Solo pudo volver en el año 49, reclamado por Agripina, la nueva esposa de Claudio, quien deseaba que se encargara de la educación de su hijo Nerón, nacido de un matrimonio anterior. A partir de este momento, su protagonismo político no hizo sino aumentar. Tras el asesinato de Claudio en el 54, se convirtió junto al prefecto del Pretorio, Sexto Afranio Burro, en el principal consejero del nuevo emperador. Aunque las fuentes coinciden en que ambos ejercieron un benévolo influjo sobre los primeros años del reinado de Nerón, son muchos los hechos oscuros ocurridos durante el período en los que se desconoce si tuvieron algún tipo de responsabilidad. Entre ellos, los asesinatos de Claudio, de su hijo Británico[1] y de Agripina.

No sabemos en realidad nada de la implicación de Séneca en las trágicas luchas internas de la familia Julio-Claudia. Se le atribuye, eso sí, una obrita titulada Apocolocyntosis divi Claudii, en que satiriza la divinización de Claudio tras su muerte. A menudo se ha traducido como Calabacificación del divino Claudio. En su descargo cabe decir que, pese a la tendencia moderna a la rehabilitación de Claudio, de la que es quizá el exponente más popular la obra de Robert Graves, para Séneca aquel era el emperador que lo había condenado a muerte y al destierro. No debe extrañarnos que no le estuviera agradecido.

A la muerte de Burro (año 62) Séneca comprende que ha perdido toda influencia sobre Nerón, quien prefiere seguir los consejos de Popea, Tigelino y Vitelio, y, como se ha señalado más arriba, pide retirarse. A partir de entonces viaja por Italia en compañía de su esposa y escribe las Epístolas morales a Lucilio. No me parece que quepa dudar de la sinceridad de estas. Destilan no ya las enseñanzas estoicas, sino el amargo desengaño de quien ha gozado de fortuna y poder y ha creído posible utilizarlos en beneficio de sus semejantes. Es muy probable que en aquellos tiempos pasara por su mente el recuerdo de lo ocurrido a Platón en la corte de Dionisio de Siracusa.  De un lado es el testimonio de un fracaso, de ahí las reiteradas exhortaciones a Lucilio para que abandone la política; de otro, una serena meditación sobre la muerte.

Esta le llegaría poco después. Acusado de complicidad en la conspiración de Pisón, recibió la orden de quitarse la vida. Él, que tanta admiración había mostrado por Catón de Útica, no dudó en cortarse las venas mientras se sumergía en un baño de agua caliente. Idéntica suerte corrieron sus hermanos Mela y Galión y su sobrino Lucano. Corría el año 65. Nerón moriría tres años después. Viéndose perdido ante la sublevación del ejército, intentó darse muerte, quizá recordando en ese momento a todos aquellos que lo habían hecho obedeciendo sus órdenes, pero le faltó valor y hubo de ser un esclavo quien lo matara.





[1] Británico era hijo de Claudio y de su tercera esposa, Valeria Mesalina, en tanto que Nerón lo era de Agripina la Menor y de Cneo Domicio Ahenobarbo. Tras su matrimonio con Agripina, Claudio adoptó a Nerón, en lo que constituyó el primer paso en la postergación de Británico, que finalmente sería asesinado en el 55, pocos meses después que su padre.

sábado, 14 de junio de 2014

Oración a la Santísima Trinidad

Santa Catalina de Siena

¡Oh Trinidad eterna! Tú eres un mar sin fondo en el que, cuanto más me hundo, más te encuentro; y cuanto más te encuentro, más te busco todavía. De ti jamás se puede decir: ¡basta! El alma que se sacia en tus profundidades, te desea sin cesar, porque siempre está hambrienta de ti, Trinidad eterna; siempre está deseosa de ver tu luz en tu luz. Como el ciervo suspira por el agua viva de las fuentes, así mi alma ansía salir de la prisión tenebrosa del cuerpo, para verte de verdad...
Podrás darme algo más que darte a ti mismo? Tú eres el fuego que siempre arde, sin consumirse jamás. Tú eres el fuego que consume en sí todo amor propio del alma; tú eres la luz por encima de toda luz...
eres el vestido que cubre toda desnudez, el alimento que alegra con su dulzura a todos los que tienen hambre. ¡Pues tú eres dulce, sin nada de amargor!
¡Revísteme, Trinidad eterna, revísteme de ti misma para que pase esta vida mortal en la verdadera obediencia y en la luz de la fe santísima, con la que tú has embriagado a mi alma!


martes, 10 de junio de 2014

El Espíritu es un maestro de vida

Papa Francisco

Hablando a los Apóstoles en la Última Cena, Jesús les dijo que, luego de su partida de este mundo, les enviaría el don del Padre, o sea el Espíritu Santo (cfr Jn 15,26). Esta promesa se realiza con potencia en el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo desciende sobre los discípulos reunidos en el Cenáculo. Aquella efusión, si bien extraordinaria, no permaneció única y limitada a aquel momento, sino que es un evento que se ha renovado y se renueva todavía. Cristo glorificado a la derecha del Padre continúa realizando su promesa, enviando sobre la Iglesia el Espíritu vivificante, que nos enseña, nos recuerda, nos hace hablar.
El Espíritu Santo nos enseña: es el Maestro interior. Nos guía por el camino justo, a través de las situaciones de la vida. Él nos enseña el camino. En los primeros tiempos de la Iglesia, el Cristianismo era llamado “el Camino” (cfr Hech 9,2), y el mismo Jesús es el Camino. El Espíritu Santo nos enseña a seguirlo, a caminar sobre sus huellas. Más que un maestro de doctrina, el Espíritu es un maestro de vida. Y ciertamente de la vida forma parte también el saber, el conocer, pero dentro del horizonte más amplio y armónico de la existencia cristiana.
El Espíritu Santo nos recuerda, nos recuerda todo aquello que Jesús ha dicho. Es la memoria viviente de la Iglesia. Y mientras nos hace recordar, nos hace entender las palabras del Señor.
Éste recordar en el Espíritu y gracias al Espíritu no se reduce a un hecho mnemónico, es un aspecto esencial de la presencia de Cristo en nosotros y en la Iglesia. El Espíritu de verdad y de caridad nos recuerda todo aquello que Cristo ha dicho, nos hace entrar cada vez más plenamente en el sentido de sus palabras. Esto requiere de nosotros una respuesta: cuanto más generosa sea nuestra respuesta, más las palabras de Jesús se vuelven vida, actitudes, elecciones, gestos, testimonio, en nosotros. En esencia, el Espíritu nos recuerda el mandamiento del amor, y nos llama a vivirlo.
Un cristiano sin memoria no es un verdadero cristiano: es un hombre o una mujer prisionero del momento, que no sabe atesorar su historia, no sabe leerla y vivirla como historia de salvación. En cambio, con la ayuda del Espíritu Santo, podemos interpretar las inspiraciones interiores y los acontecimientos de la vida a la luz de las palabras de Jesús. Y así crece en nosotros la sabiduría de la memoria, la sabiduría del corazón, que es un don del Espíritu. ¡Que el Espíritu Santo reviva en todos nosotros la memoria cristiana!
El Espíritu Santo nos enseña, nos recuerda, y –otro aspecto– nos hace hablar, con Dios y con los hombres. Nos hace hablar con Dios en la oración. La oración es un don que recibimos gratuitamente; es diálogo con Él en el Espíritu Santo, que ora en nosotros y nos permite dirigirnos a Dios llamándolo Padre, Papá, Abba (cfr Rm 8,15; Gal 4,4); y ésta no es solamente una “forma de decir”, sino que es la realidad, nosotros somos realmente hijos de Dios. «Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios» (Rm 8,14).
Y el Espíritu nos hace hablar con los hombres en el diálogo fraterno. Nos ayuda a hablar con los demás reconociendo en ellos a los hermanos y hermanas; a hablar con amistad, con ternura, comprendiendo las angustias y las esperanzas, las tristezas y las alegrías de los demás.
Pero el Espíritu Santo nos hace también hablar a los hombres en la profecía, o sea haciéndonos “canales” humildes y dóciles de la Palabra de Dios. La profecía está hecha con franqueza, para mostrar abiertamente las contradicciones y las injusticias, pero siempre con docilidad e intención constructiva. Penetrados por el Espíritu de amor, podemos ser signos e instrumentos de Dios que ama, que sirve, que dona la vida.
Resumiendo: el Espíritu Santo nos enseña el camino; nos recuerda y nos explica las palabras de Jesús; nos hace orar y decir Padre a Dios, nos hace hablar a los hombres en el diálogo fraterno y en la profecía.
El día de Pentecostés, cuando los discípulos «quedaron llenos de Espíritu Santo», fue el bautismo de la Iglesia, que nació “en salida”, en “partida” para anunciar a todos la Buena Noticia. Jesús fue perentorio con los Apóstoles: no debían alejarse de Jerusalén antes de haber recibido desde lo alto la fuerza del Espíritu Santo (cfr Hech 1,4.8). Sin Él no existe la misión, no hay evangelización. Por esto con toda la Iglesia invocamos: ¡Ven, Santo Espíritu!

Homilía pronunciada en el Vaticano el domingo de Pentecostés, 8 de junio 2014


lunes, 9 de junio de 2014

Epístolas morales a Lucilio (II)

Francisco Javier Bernad Morales

Las ideas éticas de Séneca han ejercido desde antiguo un poderoso atractivo sobre numerosos autores cristianos, hasta el punto de que surgió la leyenda de que había sido convertido y bautizado por San Pablo. Incluso llegó a circular la supuesta correspondencia intercambiada entre ambos. En realidad, una falsificación tardía. Sin dar crédito a tales historias, Ismael Roca Meliá, en su introducción a las Epístolas para la editorial Gredos, apunta  resonancias de Séneca en el pensamiento cristiano y viceversa. Lo primero es indudable, lo segundo altamente improbable. En apoyo de su sugerencia, en realidad una atenuación de la expresada anteriormente por Scarpat[1], según la cual si no se puede admitir que Séneca conociera el judaísmo y el cristianismo, tampoco se puede afirmar lo contrario; menciona la posibilidad de que el filósofo entablara relación con cristianos en la corte imperial. Una curiosa coincidencia ha dado pábulo a suposiciones de este tipo. Cuando San Pablo predicaba en Corinto, fue denunciado por las autoridades de la singagoga ante el procónsul de Acaya, Galión, hermano de Séneca, quien se desentendió del asunto:

Si fuera un crimen o un delito grave, yo os atendería, como es lógico; pero si son discusiones sobre doctrina, nombres y vuestra ley, vosotros veréis; no quiero yo ser juez de esas cosas (Hch 18, 14).

Incidentalmente cabe señalar que las palabras del procónsul indican que para él se trataba de una querella interna entre judíos. Algo totalmente coherente en un tiempo en que el cristianismo aún no se había afirmado como religión independiente. Pero volviendo a lo que nos ocupa, nada en la obra de Séneca demuestra que conociera o al menos sintiera curiosidad por otra cultura que la grecorromana. En sus cartas hay constantes referencias a los estoicos, a Platón, a Epicuro y a los cínicos. Los personajes presentados como ejemplo de virtud son Sócrates, Mucio Escévola, Marco Atilio Régulo y, sobre todo, Catón de Útica. Ningún indicio de otras influencias. El Tanaj, lo que los cristianos llamamos Antiguo Testamento, parece haberle sido totalmente ajeno.

En el breve tratado De Providentia, escrito en los mismos años que las epístolas a Lucilio y también a él dirigido, reflexiona Séneca sobre el sufrimiento del justo. Para él, como todo en el universo, se trata de algo así dispuesto por la Providencia. De esta manera adquieren vigor las almas nobles y se alejan del verdadero mal, que no es otro que el alejamiento de la virtud. La pobreza, el dolor, incluso la muerte, al contrario que los vicios, en realidad no nos dañan, pues solo afectan al cuerpo. Una actitud contraria a la de Job, quien proclama su inocencia, se rebela y llega incluso a pedir explicaciones al Señor. Aquí tocamos un punto clave. Judíos y cristianos creemos en un Dios personal, que libera a su pueblo de la esclavitud y lo guía por el desierto, que establece con él una Alianza y le entrega la Tierra Prometida. Un Dios creador y trascendente, que, sin embargo, actúa en el mundo. Un Dios con el que es posible el diálogo. Séneca no cree, desde luego, en unas fábulas mitológicas totalmente desacreditadas entre la gente culta de su tiempo. Aunque incidentalmente hable de los dioses, cuando trata de asuntos realmente importantes no se refiere a ellos, sino a Dios. En este sentido, como la mayor parte de los filósofos antiguos está muy cerca del monoteísmo. Los distintos dioses serían en todo caso apariencias parciales del único Dios. Sin embargo, este se concibe como una esencia que impregna y anima el universo.  Como una energía de la que todo participa. Una fuerza que no es creadora y que tampoco es personal y con la que, por tanto, no existe posibilidad de diálogo. Se trata, en definitiva, de una concepción inmanentista de la divinidad.

Ante la suerte del alma tras la muerte, Séneca suspende el juicio, quizá se desvanezca o quizá persista en otra forma de existencia, pero la creencia farisea y cristiana en la resurrección de los cuerpos le habría parecido totalmente aberrante a su mentalidad pagana.





[1] “Il pensiero religioso di Seneca e l’ambiente ebraico e crisitiano” Brescia. 1977.

sábado, 7 de junio de 2014

"Emergencias" en el Marañón

P. Miguel Ángel Cadenas
P. Manolo Berjón


En el año 1776 se escribe lo siguiente:
“Un comerciante no es… necesariamente ciudadano de un país determinado. Le da exactamente igual el lugar desde el que lleve su negocio. Incluso motivos pequeños pueden inducirlo a trasladar a otro país su capital y la explotación financiada por él”
Adam Smith



Mayo de 2014 pasará, para el bajo Marañón, como el tiempo de las “emergencias”: sanitaria (día 5) y ambiental (día 15). Ironías de la historia: están más enterados en Lima que en el bajo Marañón. La forma de comunicar las emergencias deja en ayunas al bajo Marañón. Pese a la red de información que posee el gobierno, vía los gobernadores, no se canaliza a través de ellos para dar a conocer la noticia a la población. Consecuencia: se deja a merced de los rumores, chimes y habladurías que pueblan el río. Y ya se sabe: “a río revuelto, ganancia…” (de los grandes).

© Parroquia Santa Rita de Castilla, 2014

ALGUNAS PRECISIONES


Es necesario decretar las emergencias en El Peruano, pero no es suficiente. No hace falta ser muy espabilado para comprender que en el bajo Marañón no tenemos la costumbre, queremos decir oportunidad, de leer El Peruano. Las conexiones a Internet nos quedan lejos. Y el lenguaje que utiliza deja ayunos a los pobladores del bajo Marañón. ¿Para quién informa el gobierno, para quién trabaja? Se supone que el gobierno tiene razonables y sesudos asesores que entienden el proceso y lo manejan conforme a sus intereses, se supone. Dejemos que pase el tiempo, parecen decir…, hasta que aparezca la rabia en el Marañón. ¿Qué harían esos razonables y sesudos asesores? [Los resultados de contaminación se presentaron en Lima en enero, las declaratorias de emergencia en mayo. No parece que haya mucha celeridad, léase interés].

© Parroquia Santa Rita de Castilla, 2014

El lenguaje neutro de las normas y leyes no permite que asome, ni por un resquicio, el sufrimiento. Este lenguaje indoloro esconde la realidad, la oculta, la opaca, la encubre. Palabras escogidas, que agrupadas en frases, desdibujan la realidad. De esta manera nos encontramos con la sorpresa: “enfermedades de origen hídrico”. Y nuestra mente queda en blanco con esta terminología. Nos negamos a avanzar porque nos imaginamos lo que sigue. Preferimos detener el aliento y escrutar lo que se avecina. El texto cita únicamente las enfermedades diarreicas. Y aquí se desata la cólera. ¿No habíamos quedado que las aguas del Marañón tienen hierro, aluminio, manganeso, arsénico, cromo…, por citar únicamente los elementos encontrados por DIGESA (Dirección General de Salud)? ¿Pretenden decirnos que el mayor problema de estos metales pesados son las diarreas? Nuestra abuelita nos contaba mejores cuentos.

Con estos presupuestos ya podemos comprender el deslizamiento hacia la instalación de “módulos de tratamiento de agua para consumo humano”. ¿Nos podrían decir cómo piensan limpiar el hierro, aluminio, manganeso, arsénico, cromo… en el agua de consumo humano?

Si no fuera suficiente, aún afirman que esta declaratoria de emergencia sanitaria tiene un plazo de 180 días. Y de nuevo nos quedamos estupefactos (turulatos era la palabra que se quedó pegada en nuestra lengua). De nuevo, con estos presupuestos, lo único en mente es la instalación de los módulos esos. Si la contaminación existente persistirá por décadas, ¿se tendrán en cuenta medidas a largo plazo? Parecen estar ausentes. Desmemoriados y asépticos no parecen imaginar qué pasará después. Caperucita roja guarda mejor la tensión narrativa. ¿Y hacia atrás? ¿Qué ha pasado durante estas cuatro décadas? ¿Nos podrían decir qué va a suceder con las personas que, habiendo bebido el agua contaminada del Marañón, han muerto durante este tiempo? Hay quien pretende responder muy rápido a la contaminación: ¿y  qué sucede con los muertos? Es esta pregunta religiosa la que nos baila en la cabeza y nos da que pensar. Es esta insidiosa y abominable pregunta la que no podemos evitar. Es esta terca, tozuda y aturdida pregunta la que nos hace mirar los sufrimientos infligidos por décadas. Es esta esperanzada, consoladora, alentadora y vigorizante pregunta la que nos hace mirar a Dios para resistir la tentación y acompañar a este pueblo asediado por la codicia de los grandes.

© Parroquia Santa Rita de Castilla, 2014

¿Y los peces? ¿Qué pasa con los peces? Los ricos y sabrosos platos de los kukama están llenos de contaminación. Todavía no lo ha reconocido el Estado, porque no los han analizado. Pero si el agua está contaminada, los peces…, por aquello de la bio-acumulación. No es necesario un derroche de imaginación, ni de sagacidad, para percatarse de ello.

Que el Estado no tiene intención de resolver el gravísimo problema se demuestra en que los análisis de agua se realizaron en tan solo diecisiete comunidades del bajo Marañón. ¿Y las demás? Podemos comprender que hay que ir despacio, poco a poco. No nos gana la impaciencia, simplemente vemos que no se alistan para analizar el agua del resto de las más de cien comunidades del bajo Marañón, ni los análisis de peces, o de personas en su vertiente de cabello, orina y sangre. Da la impresión que ya está todo resuelto, cuando simplemente es el inicio. Pretenden cerrar la puerta antes de haberla abierto. O mejor: intentaron abrirla un poco, se asustaron y pretenden cerrarla a cal y canto, para que no entre el aire fresco de la verdad.

La Resolución Ministerial implica “el ámbito de la batería 3, el derecho de vía del ducto Batería 3 al Terminal Marañón (Yanayacu-Saramuro) del lote 8, los sitios no contemplados en el Plan Ambiental Complementario de la Locación Yanayacu, derecho de vía del oleoducto Yanayacu-Saramuro para el lote 8, y los puntos de monitoreo de suelos contemplados en sitios contemplados en el Plan Ambiental Complementario correspondiente a la locación Yanayacu; ubicados en la provincia de Loreto, departamento de Loreto; por un plazo de noventa días hábiles”. A la luz de la anterior descripción, solicitamos el cierre los pozos petroleros en dicho lugar hasta que se den las condiciones de seguridad que permitan no dañar el medio ambiente.

Una curiosidad. Un documento de la Oficina Nacional de Diálogo y Sostenibilidad de la Presidencia del Consejo de Ministros inicia con una oración a San Judas Tadeo. Nos parece curioso. En ella se le pide a Dios: “aleja a mis enemigos en el nombre de Jesús”. No es este el momento de hermenéuticas, pero nos parecen más adecuados los textos evangélicos: “amen a sus enemigos” (Mt 5, 44). Y nos adherimos a la intuición expresada por el papa Francisco: “el tiempo es superior al espacio”. Desarrollar procesos es más importante que ocupar un espacio. Y este proceso del Marañón es del todo inédito, merece ser acompañado.


NOTA: Estamos terminando un curso de presidentes comunales y nos vamos al final de la parroquia para visitar comunidades. No nos da tiempo a elaborar otro escrito. Así que lo adjuntamos como con calzador.


“EL PELO DE MI SEÑORA SE ESTÁ CAYENDO”


En el taller una de las intervenciones señala: “en mi comunidad a algunas mujeres se les está cayendo el pelo, el pelo de mi señora se está cayendo”. Otro interviniente matiza: es normal en mujeres embarazadas. Otro más puntualiza: pero estamos hablando de mujeres que no están gestando. Continúan las intervenciones: no sólo cuando se peinan, también cuando duermen quedan pelos sueltos en su almohada. En ocasiones el pelo cae de raíz y en otras aparece cortado. En el Centro de Salud les dicen que compren algunos productos (champú…), pero a algunas mujeres se les sigue cayendo el pelo y formándose calvas. Y preguntamos: ¿en cuántas comunidades está sucediendo? Nos encontramos con la sorpresa que aparecen más de 10 comunidades donde se ha observado este fenómeno. Si tenemos en cuenta que en el taller son 43 varones y 3 mujeres percibimos que estos datos pueden ser únicamente la punta de lanza de algo más grave.

El pelo vehicula múltiples significados. Los peinados reflejan un sentir común. Las mujeres dedican tiempo a los peinados de ellas y de sus hijos. En los peinados aparecen algunos peces como el shiruy o el paiche, aparece la boa… y algunos otros animales. La contaminación reinante tiene un componente cultural que no está siendo atendido suficientemente.

© Parroquia Santa Rita de Castilla, 2014

Hipótesis:

  1. los niveles de stress se están disparando. Las mujeres están siendo afectadas. Nadie las está escuchando. Merece la pena tenerlas en cuenta, nos pueden hacer comprender la contaminación en palabras sencillas y la gente se puede apropiar más que con un discurso blanco. Si las mujeres tienen niveles de stress muy altos, ¿qué sucede con los niños? ¿Qué están lactando los infantes? La leche materna puede estar transmitiendo la pena de las madres. Recordamos que son las mujeres las encargadas de recoger agua del río y prepararla para tomar.

  1. el pelo es uno de los lugares donde se acumula la contaminación por metales pesados. ¿Puede ser este un motivo de la caída del pelo? Expertos hay que puedan dilucidar esta pregunta.

¿Desde cuando ocurre esto? “Desde hace tres o cuatro años”, nos responde uno de los presidentes comunales. Y nos viene a la imaginación, como un rayo, el tremendo impacto causado por el derrame del 2010 y la pésima atención del Estado. Este presidente comunal está, inconscientemente, relacionando la caída del pelo con la toma de conciencia que se produjo en el 2010. Estos aspectos psicológicos no están siendo tenidos en cuenta y no son efectos colaterales, son un desastre que es preferible enfrentar. La violencia se puede desbocar hacia fuera (enfrentamientos con el Estado, petroleras). En tal caso culparán a los indígenas de los desmanes. Pero puede vehicularse hacia adentro (borracheras, malos tratos, suicidios…) y entonces el Estado permanece impasible. En ambos casos pierde el pueblo kukama.

Por eso es del todo urgente y necesario un taller con las mujeres de Huaynakana Kamatahuarakana para abordar estos y otros aspectos.


P. Miguel Angel Cadenas
P. Manolo Berjón                                                          
Parroquia Santa Rita de Castilla                               
Río Marañón                                     

viernes, 6 de junio de 2014

Oración al Espíritu Santo


 Juan XXIII

Espíritu Santo,
perfecciona la obra que Jesús
comenzó en mí.

Apura para mí el tiempo
de una vida llena de tu Espíritu.
Mortifica en mí
la presunción natural.

Quiero ser sencillo,
lleno de amor de Dios
y constantemente generoso.

Que ninguna fuerza humana
me impida hacer honor
a mi vocación cristiana.

Que ningún interés, por descuido mío,
vaya contra la justicia.

Que ningún egoísmo reduzca en mí
los espacios infinitos del amor.

Todo sea grande en mí.

También el culto a la verdad
y la prontitud
en mi deber hasta la muerte.

Que la efusión de tu Espíritu de amor
venga sobre mí, sobre la Iglesia

y sobre el mundo entero.

lunes, 2 de junio de 2014

Nadie ha subido al cielo sino aquel que ha bajado del cielo

San Agustín

Hoy nuestro Señor Jesucristo ha subido al cielo; suba también con él nuestro corazón. Oigamos lo que nos dice el Apóstol: Si habéis sido resucitados con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios. Poned vuestro corazón en las cosas del cielo, no en las de la tierra. Pues, del mismo modo que él subió sin alejarse por ello de nosotros, así también nosotros estamos ya con él allí, aunque todavía no se haya realizado en nuestro cuerpo lo que se nos promete.
Él ha sido elevado ya a lo más alto de los cielos; sin embargo, continúa sufriendo en la tierra a través de las fatigas que experimentan sus miembros. Así lo atestiguó con aquella voz bajada del cielo: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Y también: Tuve hambre y me disteis de comer. ¿Por qué no trabajamos nosotros también aquí en la tierra, de manera que, por la fe, la esperanza y la caridad que nos unen a él, descansemos ya con él en los cielos? Él está allí, pero continúa estando con nosotros; asimismo, nosotros, estando aquí, estamos también con él. Él está con nosotros por su divinidad, por su poder, por su amor; nosotros, aunque no podemos realizar esto como él por la divinidad, lo podemos sin embargo por el amor hacia él.
Él, cuando bajó a nosotros, no dejó el cielo; tampoco nos ha dejado a nosotros, al volver al cielo. Él mismo asegura que no dejó el cielo mientras estaba con nosotros, pues que afirma: Nadie ha subido al cielo sino aquel que ha bajado del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo. Esto lo dice en razón de la unidad que existe entre él, nuestra cabeza, y nosotros, su cuerpo. Y nadie, excepto él, podría decirlo, ya que nosotros estamos identificados con él, en virtud de que él, por nuestra causa, se hizo Hijo del hombre, y nosotros, por él, hemos sido hechos hijos de Dios.
En este sentido dice el Apóstol: Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. No dice: "Así es Cristo", sino: Así es también Cristo. Por tanto, Cristo es un solo cuerpo formado por muchos miembros. Bajó, pues, del cielo, por su misericordia, pero ya no subió él solo, puesto que nosotros subimos también en él por la gracia. Así, pues, Cristo descendió él solo, pero ya no ascendió él solo; no es que queramos confundir la divinidad de la cabeza con la del cuerpo, pero sí afirmamos que la unidad de todo el cuerpo pide que éste no sea separado de su cabeza.

De los Sermones de San Agustín, obispo



domingo, 1 de junio de 2014

Epístolas morales a Lucilio (I)

Francisco Javier Bernad Morales

Se conoce con este nombre el conjunto de ciento veinticuatro cartas escritas por Lucio Anneo Séneca a un tal Lucilio, procurador de Sicilia o, según otros, de Cilicia; sin que falten quienes niegan la existencia del personaje y lo consideran un mero recurso literario. Es una obra de madurez, realizada entre los años 62 y 64, cuando ya el filósofo, perdida su influencia sobre Nerón, se había retirado de la vida pública. Informaciones de carácter personal, tales como ataques de asma o viajes,  diseminadas por las epístolas, contribuyen a darles un aire de inmediatez y cercanía, y a hacer que la exposición filosófica se inserte con naturalidad en lo que se presenta como una charla entre amigos. Con todo, se percibe claramente que no se trata de cartas privadas con un destinatario concreto, sino que, independientemente de que este sea real, el autor tiene en mente su difusión entre el público cultivado.

Predomina en ellas el tono parenético, pues se encaminan a guiar a Lucilio por el camino de la virtud, que no es otro que el de la auténtica sabiduría, ya que esta, como señaló Sócrates, consiste en discernir el bien del mal (VIII, 71, 7). El sabio se mantiene ecuánime ante los avatares de la fortuna, sin que su ánimo se quiebre ante las adversidades ni se engría por los triunfos. No se niega a disfrutar de las comodidades que pueda depararle la vida, pero no se aferra a ellas ni se afana en perseguirlas; del mismo modo en que tampoco lamenta su pérdida, ya que sabe que los gozos del cuerpo son engañosos y efímeros, por lo que en ellos no reside el verdadero bien.  Radica este, por el contrario, en cuanto contribuye  mejorar el alma (IX, 76, 17). Que un hombre sea rico o descienda de un glorioso linaje, que le salude un nutrido cortejo de clientes, nada importa, pues eso no impide que cometa acciones vergonzosas o malvadas; tampoco hemos de considerar si es bárbaro o esclavo, ya que los más humildes no están excluidos de la bondad. Dado que la fortuna es arbitraria y tornadiza, nadie puede descartar que el futuro le depare la  ruina y lo reduzca al más miserable de los estados. No debe en ese caso lamentarse, pues solo ha perdido bienes materiales que, en cualquier caso, la muerte terminaría por arrebatarle. En medio de las mayores adversidades, el sabio se distinguirá por la perseverancia en la virtud.

Rechaza Séneca los sangrientos espectáculos del anfiteatro (I, 7) en que la multitud disfruta viendo como los gladiadores se enfrentan hasta la muerte o como los condenados son devorados por las fieras. Sostiene también que los esclavos deben ser tratados con humanidad, pues no son más que hombres desdichados (V, 47), que gozan del mismo cielo, respiran de la misma forma y viven y mueren al igual que sus amos. No condena la esclavitud, pero sí los castigos corporales y censura a quienes consideran indigno compartir mesa y conversación con sus esclavos.  A ellos les recuerda cómo tras el desastre de Varo, muchos jóvenes de noble familia que por su origen se creían destinados a las más altas dignidades, quedaron convertidos en siervos de los germanos.

Son principios éticos que se enmarcan en la línea universalista del estoicismo, escuela a la que el autor expresamente se adhiere. En ulteriores entregas me ocuparé de las ideas religiosas expresadas en las epístolas y de la actuación política de Séneca, que muchos han sostenido que contradice lo elevado de su pensamiento.