miércoles, 31 de octubre de 2012

La autosuperación y la resiliencia en Precious

Laura Bernad Sáez


Precious nos presenta una realidad abrumadora a través de la vida de una adolescente de Harlem. Desde los tres años de edad, Precious sufre los abusos sexuales de su padre ante una madre pasiva que, en lugar de dirigir su ira hacia su marido, quien realmente está hiriendo a las dos, la escupe con fuerza contra Precious criándola entre insultos, gritos y agresiones físicas. La película, a pesar de no mostrar las escenas más duras de forma explícita, nos hace sentir en todo momento la violencia de cada situación y la impotencia de la adolescente. Sin embargo, la fuerza de espíritu de Precious y su capacidad para integrar estas situaciones traumáticas como una parte más de la vida y dejarlas atrás, conseguirán transmitirnos optimismo y esperanza.
La película comienza con la expulsión de Precious del instituto debido a su embarazo. Nadie en el instituto sabe que el padre del bebé que espera es su mismo padre. La directora muestra en su entrevista con la adolescente ciertos prejuicios que, según parece, la llevan a pensar que se trata de una chica poco inteligente e irresponsable. Debido a la intercesión del profesor de matemáticas, al que Precious tiene especial estima, se le propone a Precious la alternativa de estudiar en una escuela diferente. Aunque la directora se traslada hasta su domicilio para comunicarle la noticia, se puede observar cierta falta de interés y de empatía. Si bien es cierto que le transmite toda la información necesaria y que solo hablan por el telefonillo, es más que evidente que algo no marcha bien en la familia de la adolescente y la directora no hace nada por averiguar qué es. Así, podríamos describir la relación de Precious con la institución como una relación fría y formal. Los profesores y la directora hacen lo que deben hacer, dar clase y aplicar las normas, olvidando que tratan con personas que no merecen que se trivialicen sus problemas. Así, Precious tampoco concebirá el instituto como un lugar seguro al que poder confiar todos sus secretos.
Sin embargo, la vida de Precious cambia totalmente cuando empieza las clases en la escuela alternativa. Allí descubrirá un tipo de enseñanza que hasta el momento desconocía. Miss Rain, su profesora, comenzará la sesión con un juego de presentación. Las alumnas deberán decir su nombre, dónde nacieron, su color favorito, algo que hacen bien y por qué están allí. Ella misma es la primera en hablar. De esta manera, crea un clima de confianza, ya que la mejor manera de que confíen en uno es confiando primero, y favorece que las chicas se conozcan entre ellas un poco más. Aunque Precious al principio se muestra un poco reticente a realizar el ejercicio, pronto accede a hacerlo. Cuando dice que no hace bien nada, algo que su madre le repite constantemente, la profesora le dice que todos somos buenos en algo. Entonces reconoce que es buena cocinando. Las alumnas tendrán que elaborar un diario. En él escribirán cada día y la profesora las responderá. Será a través de la escritura como Precious conseguirá ir abriéndose hacia su profesora y sus compañeras, integrándose plenamente en la clase y haciendo amigas de verdad. El diario cobrará una especial importancia durante la estancia de Precious en el hospital tras haber dado a luz a su pequeño Abdel, ya que se convertirá en el medio de comunicación entre la adolescente y Miss Rain a través del cual Precious empezará a confiarle sus dudas y sus problemas. Miss Rain muestra una metodología totalmente diferente a la del instituto ordinario, en la que las emociones y los problemas personales de las alumnas constituirán una parte importante del aprendizaje.
El enorme contraste entre el instituto ordinario y la escuela alternativa se hace más que evidente en las diferentes maneras que tienen la directora y Miss Rain de reaccionar ante un problema. Cuando se descubre el embarazo de Precious, la directora la expulsa del instituto aplicando las normas y la traslada a la escuela alternativa; mientras que cuando Precious se va de casa con el pequeño Abdel tras la agresión por parte de su madre a ambos, Miss Rain realiza innumerables llamadas para conseguirles un hogar y les acoge en su propia casa hasta encontrarlo.
Precious encuentra durante su estancia en casa de su profesora el cariño, el calor y la comprensión que sus propios padres no le han dado. Precious empieza a sufrir los abusos sexuales por parte de su padre a los tres años. La madre de Precious vive esta situación como un ataque hacia ella misma, en vez de hacia su hija. Siente que la niña llena una necesidad de su marido que ella no es capaz de llenar, y, en múltiples ocasiones durante la película, la acusa de haberle ‘robado a su hombre’. De esta manera, la madre de Precious se nos presenta como una mujer insegura, victimista y egoísta, llena de zonas erróneas que le impiden comportarse como una buena madre. Además de los abusos físicos que perpetra contra su hija, lanzándole objetos, tirando al pequeño Abdul al suelo y arrojándole la televisión por las escaleras, podemos observar durante la película un momento de abuso sexual. Se nos muestra a la madre de Precious masturbándose y, cuando su hija le pide dinero, le dice que ‘suba a terminar el trabajo’. Aunque durante la película vivimos el embarazo de su segundo hijo, Precious ya es madre de una niña de cuatro años, a la que llama Mongo, como ella dice, abreviatura de mongoloide, ya que tiene síndrome de Down. La niña vive con la abuela de Precious, pero cuando reciben la visita de la asistente social se reúnen todas en la casa, para que la madre de Precious reciba la prestación por la manutención de dos menores. El odio de la madre de Precious también afecta a la pequeña. Para terminar la panorámica familiar de Precious tenemos a su abuela. Como Precious nos cuenta, la abuela tiene miedo a la madre. Por eso, no deja que Precious se quede con ella y solo se hace cargo de la niña. Censura constantemente el comportamiento de la madre, aunque tampoco se impone para proteger a su nieta. Así, el panorama familiar de la adolescente es desgarrador y, por supuesto, provoca la baja autoestima de Precious, que, lejos de recibir algún tipo de refuerzo positivo por las cosas que hace bien, no hace más que recibir castigos que no le corresponden.
Sin embargo, como he dicho anteriormente, entre tanto drama encontramos un atisbo de esperanza, que es resiliencia y autosuperación. Precious tiene un sistema muy personal de evadirse de las situaciones más traumáticas, trasladándose a lugares seguros en los que se siente reforzada de manera positiva, imaginándose que es una actriz famosa, una modelo o una cantante. Esta evasión de la realidad sin duda la ayuda a sortear las difíciles situaciones que se la presentan. Además, es una persona que, a pesar de todo el sufrimiento que lleva a sus espaldas, se hace querer. Cautiva a su profesora y a sus compañeras, al enfermero que la trata en el hospital, a la asistente social y a su vecina. Acepta las limitaciones de los demás, comprendiendo que aunque la asistente social le cae bien no puede ayudarla, y es capaz de tomar decisiones, como no volver a ver a su madre y hacerse cargo de sus hijos. No solo consigue aprender a leer y a escribir, sino que además le dan un premio de abecedario. Y el descubrir que tiene SIDA no hace sino reforzar su voluntad de ser una buena madre para sus hijos. En definitiva, se trata de una gran película que nos muestra que detrás de los problemas más descorazonadores podemos encontrarnos personas increíbles.


lunes, 29 de octubre de 2012

Credo, Domine. Adauge nobis fidem

Nos unimos al coro de San Clemente, que interpreta en castellano el himno oficial del Año de la Fe, para pedir al Señor con humildad: Aumenta nuestra Fe.

Lacrimabili statu, un siglo después


Ramón Sala OSA
Estudio Teológico Agustiniano  (Valladolid)

El día 7 de Junio de 2012 se ha cumplido el centenario de la publicación de la encíclica del Papa san Pío X que lleva el llamativo título de “Lacrimabili statu indorum” (“La deplorable condición de los indígenas”). Se trata de un documento breve y desafortunadamente poco conocido –y menos divulgado– en defensa de las poblaciones indígenas. Fue dirigido por Pío X al episcopado latinoamericano en el tramo final de su Pontificado –dos años antes de su muerte– y, un siglo después, resulta un texto de rabiosa actualidad.

Un texto breve y olvidado.

Ciertamente esta encíclica pontificia de tan sólo siete números o parágrafos, comparada con otras de la doctrina social de la Iglesia, resulta minúscula. Basta pensar, por ejemplo, en la amplitud de la encíclica Rerum novarum de su antecesor León XIII (1891), pionera en la llamada “cuestión social”. Por otra parte, no sólo por su extensión, sino también por su contenido, dado que aborda una temática muy específica, quizás se pueda considerar precursora o al menos emparentada con el género de las encíclicas posteriores de Pío XI contra la persecución religiosa en México (Acerba animi anxietudo) y frente al nacionalsocialismo (Mit brennender sorge).

La valiente defensa de los derechos de los pueblos indígenas de Latinoamérica que contiene Lacrimabili statu no ha tenido en estos cien años la difusión que hubiera cabido esperar tanto ad intra, como ad extra. Me parece un ejemplo significativo en el ámbito intraeclesial que el Denzinger la ignore por completo. Mientras que el más importante repertorio del magisterio de la Iglesia reseña ampliamente otras encíclicas de San Pío X como la Pascendi (DH 3475-3500), e incluso otros textos pontificios de inferior rango como el decreto “Lamentabili” (DH 3401-3466), no hay en él ni una línea sobre nuestro documento. Por otra parte, ahora respecto a su divulgación externa, llama la atención que el texto oficial de un documento que trata de Latinoamérica y que fue dirigido a un episcopado mayoritariamente de lengua española, solamente sea accesible hoy en inglés (?) a través la web de la Santa Sede (www.vatican.va).

La Carta encíclicaImmensa pastorum” (1741)

San Pío X introduce su alocución en continuidad con la línea magisterial de la encíclica de Benedicto XIV contra la esclavitud de los indígenas (otra inexplicable omisión del Denzinger). El Pontífice se congratula de que la esclavitud haya sido ya abolida totalmente por los estados y evoca la inequívoca toma de posición de la Iglesia al respecto como un factor determinante para ello en muchas regiones del continente sudamericano. “Sin embargo, aún cuando algo se ha hecho en favor de los indios, no obstante es mucho lo que resta por hacer. En verdad cuando examinamos los crímenes y las maldades, que aún ahora suelen cometerse con ellos, ciertamente quedamos horrorizados y profundamente conmovidos” (1).

Gracias a Dios los horrendos “crímenes y maldades” a los que se refería el Papa en 1912 (crueles matanzas, devastación de pueblos enteros, torturas, violaciones…), como –por ejemplo– los cometidos por los caucheros en el Putumayo y en otras regiones de la Amazonía, han sido felizmente erradicados. Pero las poblaciones indígenas continúan hoy sufriendo explotación. También en el s. XXI “los privan de sus bienes”. Siguen siendo expoliadas de sus recursos por las industrias madereras y las petroleras, que, además, contaminan sus ríos, destruyendo su fauna y envenenando a los pobladores. Y, sobre todo, la causa de tales injusticias sigue siendo la misma: “el inmoderado deseo de lucro” (2).

Una  firme y urgente apelación

En su encíclica Pío X lanza una nueva apelación a los obispos de la región en la convicción de que es imprescindible la implicación de las Iglesias locales en defensa de la dignidad humana a fin de que sean realmente efectivas las medidas gubernamentales en ese sentido. “Apelamos a vosotros, venerables hermanos, a fin de que apoyéis esta causa con especial cuidado y resolución, ya que es del todo digna de vuestro oficio pastoral y de vuestro deber. Y dejando de lado las demás cosas de vuestra solicitud y diligencia, os exhortamos encarecidamente ante todo, que todas aquellas cosas  que,  en  vuestras  diócesis, están instituidas para el bien de los indígenas, las fomentéis y promováis con toda vuestra preocupación, y al mismo tiempo cuidéis de instituir aquellas  otras  que  puedan ser necesarias al mismo fin” (5). Para el Santo Papa la causa indígena no debería ser una tarea apostólica más entre otras, sino que, dadas las circunstancias, no duda en afirmar que se trata de una prioridad “digna de vuestro oficio pastoral”. Llega a afirmar incluso que, ante esa urgencia, todo otro empeño apostólico, por importante que parezca, debe ser postergado. Así lo reclama cuando pide a los obispos que se preocupen por trasmitir fielmente esta enseñanza dondequiera que se ofrezca instrucción moral (en los seminarios, en las escuelas, en las iglesias).
           
Este claro posicionamiento pontificio no sólo representa una contribución más de la Doctrina Social de la Iglesia en el camino hacia el reconocimiento universal de los derechos humanos (1948), sino que se anticipa varias décadas a un importante aserto de la Constitución Pastoral del Concilio Vaticano II (1965). En efecto, podemos leer en ese documento conciliar un texto muy iluminador sobre la siempre controvertida cuestión de la implicación de la Iglesia en el orden temporal. Aunque su misión es principalmente de orden espiritual, la Iglesia tiene que “meterse” en política “cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas” (GS 76e).

Por otra parte, hay que subrayar que lo que podemos llamar dimensión política de la caridad transciende los postulados morales de la Doctrina Social y tiene un fundamento propiamente teológico, como reconoce expresamente también la encíclica Lacrimabili statu: “la caridad cristiana, que abraza a todos los hombres, sin distinción de nacionalidad ni de color, como verdaderos hermanos, debe ser continuamente predicada y encomendada. Y esta caridad debe manifestarse no tanto con palabras, como con hechos” (5). Dicho de otro modo, para la Iglesia, la denuncia de los ataques contra la dignidad de los indígenas no sólo es una exigencia de la moral cristiana (basada en la igual dignidad de todos los hombres a los ojos de Dios), sino que representa también una tarea pastoral, que tiene como presupuesto la fe en un solo Dios Padre de todos y en un solo Señor Jesucristo, en quien todos somos hermanos.    

Anatema sit

El Pontífice condena sin paliativos –con el lenguaje del anatema propio de la época– una pormenorizada serie de agresiones contra las poblaciones indígenas, que califica de “graves crímenes”. Los enumera por este orden: 1) el sometimiento o reducción a condiciones de esclavitud; 2) la compraventa de personas; 3) el tráfico de personas; 4) la separación forzosa de las familias; 5) la privación de sus bienes y posesiones; 6) las deportaciones forzosas. Este rico elenco de violaciones de los derechos humanos concluye con una fórmula abierta de carácter inclusivo (“cualquier otra forma de robo o privación de libertad, toda forma discriminación racial, predicar o enseñar a otros lo que es ilegal o cooperar a ello de cualquier modo”). Sirve para extender la condena también a cualesquiera otros supuestos no mencionados de forma explícita. En todos los casos, Pío X considera que se trata de pecados graves cuyo perdón queda reservado a los Ordinarios.

Con mucho pesar tenemos que reconocer que muchas de las agresiones condenadas en la encíclica hace cien años persisten todavía. Muy sutilmente mimetizadas, pero presentes a fin de cuentas. La esclavitud pervive en nuevas formas de sometimiento y dependencia. Se sigue poniendo precio a los silencios y a las complicidades. Se amasan fortunas haciendo negocios con la prostitución y el narcotráfico. Se saquea, se expolia y se fuerza a abandonar sus tierras a los que el Papa San Pío X reconocía como “los nativos que primero habitaron la tierra americana” (5).

Conclusión

Un siglo después, la encíclica Lacrimabili statu sigue siendo uno de los textos emblemáticos del magisterio pontificio en pro de la libertad de los pueblos indígenas y un referente del compromiso activo de la iglesia latinoamericana con “una causa en la que tanto la religión como la dignidad humana están implicadas” (7).

Sirvan estas líneas para rendir un doble homenaje. Ante todo, a los miembros de las poblaciones indígenas de Latinoamérica que, por desgracia, tienen que seguir luchando por su supervivencia frente a los poderosos de este mundo, para liberarse de “la esclavitud de Satán y de los hombres perversos” (6). También, en segundo lugar, a todos aquellos hombres y mujeres que, en el desempeño de su labor evangelizadora y social en el continente latinoamericano, hacen propia cada día la causa de los pueblos indígenas.

domingo, 28 de octubre de 2012

Religión y ética en Miguel de Cervantes (II)

Francisco Javier Bernad Morales

Me parece sumamente ilustrativa la manera en que Cervantes aborda el problema de la limpieza de sangre. Como es sabido, tras la conversión forzosa de judíos y musulmanes durante el reinado de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, todos los habitantes de sus reinos eran oficialmente cristianos. En consecuencia, quedaban sujetos a la vigilancia de la Inquisición, encargada de que no se apartaran de las doctrinas y prácticas de la religión verdadera. Obviamente, muchos aceptaron el bautismo como último medio de evitar la expulsión de los lugares en que sus familias habían habitado en ocasiones durante siglos; con lo que, si el objetivo era alcanzar la unidad religiosa, se creó un nuevo problema: el de los conversos.  Estas gentes recién bautizadas, son miradas con recelo, pues su sinceridad resulta siempre sospechosa. Aparece así la distinción entre cristianos viejos y nuevos: de un lado aquellos que los son por tradición familiar inmemorial, y de otro quienes cuentan con antepasados judíos o musulmanes. La situación de estos últimos no hace sino empeorar a lo largo de la segunda mitad del siglo XVI, coincidiendo con el reinado de Felipe II. Poco a poco se imponen los llamados estatutos de limpieza de sangre, por los que quienes aspiran a desempeñar cargos públicos o a ingresar en colegios mayores e incluso en órdenes religiosas,  se ven obligados a demostrar que todos sus abuelos fueron cristianos. De esta manera, lo que inicialmente fue una discriminación religiosa adquiere tintes claramente racistas.

Son varias las ocasiones en que Cervantes aborda el problema de la limpieza de sangre. Recordemos, por ejemplo, el entremés El retablo de las maravillas, una versión del tradicional cuento del traje nuevo del emperador. En esta ocasión, unos embaucadores montan un teatrillo en un pueblo y hacen creer a los lugareños que el espectáculo solo será visible para quienes no cuenten entre sus antepasados sino a auténticos cristianos. Nadie ve nada, pero todos alaban la obra por el temor de delatarse ante sus vecinos como descendientes de musulmanes o judíos. En La elección de los alcaldes de Daganzo, trata este asunto con un atrevimiento sorprendente. El bachiller interroga a los candidatos a la alcaldía:

Bach: ¿Sabéis leer, Humillos?
Hum:                                                    No, por cierto,
                ni tal se probará que en mi linaje
                haya persona de tan poco asiento,
                que se ponga a aprender esas quimeras
                que llevan a los hombres al brasero,
                y a las mujeres a la casa llana.
                Leer no sé, más sé otras cosas tales,
                que llevan al leer ventajas muchas.
Bach: Y, ¿cuáles cosas son?
Hum:                                                    Sé de memoria
                todas cuatro oraciones, y las rezo
                cada semana cuatro y cinco veces.
Bach: Y ¿con eso pensáis de ser alcalde?
Hum: Con eso y con ser cristiano viejo,
                me atrevo a ser un senador romano.
[1]

El cristiano viejo se muestra, pues, como un personaje orgulloso de su ignorancia, convencido de que la lectura conduce a los hombres a la hoguera y a las mujeres a la prostitución. Cómo no pensar al leerlo que Antonio Machado tuvo este episodio en la memoria al escribir en Campos de Castilla:

Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora.


La limpieza de sangre era un motivo de orgullo para los estratos más bajos de la sociedad. Ya que carecían de riquezas y de poder, al menos podían alardear de ser cristianos viejos, lo que les colocaba automáticamente en una situación de superioridad respecto de los conversos, cuya posición, aunque en ocasiones económica y socialmente desahogada, siempre resultaba insegura ante el constante escrutinio de la Inquisición. En El Quijote, es Sancho, nunca su amo, quien repetidas veces alude a la pureza religiosa de su linaje.  Pese a ello, cuando Sancho encuentra a su vecino, el morisco Ricote (II, LIV), quien desafiando la orden de expulsión ha vuelto a España, mantiene con él una conversación amistosa y ni por un momento piensa en denunciarle. Antes al contrario, se despide de él deseándole suerte de todo corazón. Es obvio que Sancho, aunque presuma de sus cuatro dedos de enjundia de cristiano viejo, no ve en el morisco a un enemigo, sino a un vecino castigado por la fortuna. Para él, por más que se haya hecho un tópico de su simpleza, Ricote es un ser humano al que mira a los ojos y a quien desea con sinceridad la mejor de las venturas. Puede despreciar al cristiano nuevo abstracto, pero no a la persona cuyo rostro mira.

La historia del cautivo (I, XXXVII-XLII) es una muestra más de la libertad con que Cervantes trata el problema de la limpieza de sangre. No es necesario resumir lo ocurrido. Baste para nuestro propósito  tomar una cita del desenlace: el momento en que el oidor y el capitán se reconocen como hermanos:

Viendo, pues, el cura que tan bien había salido con su intención y con lo que deseaba el capitán, no quiso tenerlos a todos más tiempo tristes y, así, se levantó de la mesa y, entrando donde estaba Zoraida, la tomó por la mano, y tras ella se vinieron Luscinda, Dorotea y la hija del oidor. Estaba esperando el capitán a ver lo que el cura quería hacer, que fue que, tomándole a él asimismo de la otra mano, con entrambos a dos se fue donde el oidor y los demás caballeros estaban, y dijo.
-Cesen, señor oidor, vuestras lágrimas y cólmese vuestro deseo de todo el bien que acertare a desearse, pues tenéis delante a vuestro buen hermano y a vuestra buena cuñada. Este que aquí veis es el capitán Viedma, y esta, la hermosa mora que tanto bien le hizo. (I, XLII)

Zoraida, enamorada, ha ayudado al capitán a escapar de Argel y se ha convertido al cristianismo, aunque aún no está bautizada. Todos saben que los hijos que puedan nacer de la unión entre ambos serán de sangre manchada, pero ninguno, empezando por el cura, muestra el menor rechazo. Poco más abajo leemos:

Allí abrazó el oidor a Zoraida, allí la ofreció su hacienda, allí hizo que la abrazase su hija, allí la cristiana hermosa y la mora hermosísima renovaron las lágrimas de todos. (I, XLII)

Es de destacar el papel que el cura desempeña en la escena. De él parte la iniciativa de revelar al oidor que Zoraida es su cuñada, pese a que la boda entre esta y el capitán aún no se ha celebrado, y lo hace sin escatimar elogios para la muchacha.

La piedad de Cervantes no se limita a los conversos. También los musulmanes que perseveran en su fe se muestran como seres humanos dotados de sentimientos nobles. El padre de Zoraida es un buen hombre que ama sinceramente a su hija y a quien duele en lo más hondo que esta le abandone para marchar con un cristiano, pero no reacciona de manera vengativa. Al quedar en tierra, mientras ella se aleja grita:

-Vuelve, amada hija, vuelve a tierra que todo te lo perdono, entrega a esos hombres ese dinero, que ya es suyo, y vuelve a consolar a este triste padre tuyo, que en esta desierta arena dejará la vida si tú lo dejas. (I, XLI).

Volvemos a ver a Ricote de manera inesperada en Barcelona, donde se reencuentra con su hija. El episodio permite al autor alabar inequívocamente la clemencia del virrey, cuando este perdona la vida a dos turcos a quienes el general de las galeras pretende ahorcar por haber dado muerte a unos soldados cristianos (II, LXIII).

Cervantes, tras varios años de cautiverio, tenía motivos para mostrar odio o rencor hacia los musulmanes, pero nada de eso se trasluce en su obra. Al contrario, en ella hallamos a menudo respeto y comprensión, no por el islam, sino por las personas que lo profesan. El modo en que los retrata, me trae a la memoria, como contraste, la forma en que Christopher Marlowe, en la misma época, deshumaniza de manera inmisericorde a los judíos[2]. Para Cervantes, el otro puede ser un adversario religioso o político, pero, por encima de cualquier enemistad, es el prójimo: alguien a quien, como manda el Señor, debe amar como a sí mismo[3].



[1] CERVANTES, Miguel de, Entremeses, Madrid, Taurus, 1982, p. 73-74.
[2] Barrabás en El judío de Malta (1589) es un auténtico monstruo capaz de los crímenes más atroces. Nada hay en él de humano. En su alma no cabe ningún sentimiento de ternura o de simpatía, ni siquiera de amor a su propia hija.
[3] Levítico (19, 17-18). El mandamiento nuevo de Jesús añade al antiguo el ejemplo de su propio amor: “Os doy un mandato nuevo: que os améis mutuamente; que como yo os he amado os améis mutuamente.” (Jn, 13, 34)

sábado, 27 de octubre de 2012

DESordenamiento territorial en el río Marañón


P. Miguel Ángel Cadenas
P. Manolo Berjón

Entre los días 8 al 12 de octubre 2012 desarrollamos un taller más con Presidentes Comunales (máxima autoridad en su comunidad) sobre “Pueblos Indígenas y Diálogo Intercultural”, con apoyo del CAAAP. El último día en la mañana se presenta un funcionario de la Municipalidad Distrital de Parinari solicitando un espacio para conversar con los presidentes comunales. Accedimos a su petición y lanzó una propuesta que ya había sido hecha públicamente en Santa Rita de Castilla, pero inédita para los presidentes comunales.

El funcionario explicó amablemente el plan: construir aproximadamente unas doscientas casas de “material noble” en Santa Rita de Castilla, para todas las personas que deseen vivir acá. Da la impresión que están concibiendo Santa Rita de Castilla “con aires de progreso”. No se trata de que abandonen sus comunidades, pueden tener casa acá y sus chacras en sus comunidades. Acá pueden seguir sus hijos la secundaria. Con el aumento de población surgirán nuevas prestaciones del Estado: un banco de la Nación, “para que no tengan que ir a cobrar a Nauta” (Nauta está situada a 8 horas en lancha, de bajada), acceso a la secundaria, luz 24 horas, se implementará el proyecto Cuna Más, habrá una enfermera que cuide de sus niños pequeños mientras sus mujeres van a la chacra a trabajar, entre otras bondades. Las casas están valoradas en unos S/. 21.000. El Ministerio de Vivienda cubre un monto algo superior a los S/. 18.000 a fondo perdido, y el interesado, bien sea con su trabajo o pagando en dinero contante y sonante, el resto, hasta completar los S/. 21.000. Repetimos: a fondo perdido, no es préstamo, es donación. El funcionario expuso correctamente el proyecto y pronto comenzaron las intervenciones de los presidentes comunales algunas en forma de preguntas y otras en exposiciones muy breves, pero contundentes.

Construcción de casa tradicional en Santa Rita de Castilla 2011.
Foto: © Parroquia Santa Rita de Castilla

En las intervenciones de los presidentes comunales se hicieron afirmaciones muy atinadas. Por un lado, si el Estado, a través del Ministerio de Vivienda y la Municipalidad, quiere apoyar a las familias debe hacerlo en sus comunidades, no en Santa Rita de Castilla. Santa Rita es una localidad donde no hay espacio para hacer chacras, “de qué vamos a vivir”. Por otro lado, Santa Rita es un lugar pantanoso, aguajal, dónde vamos a construir. No tiene ninguna cocha cerca para ir a pescar y sus moradores invaden el territorio de las comunidades vecinas: en chacras, cochas, aguaje.... El funcionario respondía algunas preguntas e inquietudes, otras quedaban en el aire: “sanear el terreno le corresponde a los ingenieros y arquitectos, de eso no se preocupen ustedes, lo sanearemos”.

El funcionario de la Municipalidad fue siempre muy correcto en la exposición de un proyecto que, según él, traerá “desarrollo a Santa Rita de Castilla”. Los presidentes comunales se sentían molestos por la propuesta. Si desean adquirir una casa tienen que abandonar su comunidad y venir a habitar a Santa Rita, donde no hay chacras nuevas para abrir, ni cochas cerca donde pescar, invadiendo el territorio de las comunidades vecinas. Construir estas casas en “un lugar seguro”, es decir, lejos del río conlleva un trayecto grande desde el puerto a sus casas, un problema añadido para cuidar su canoa en el puerto o llevar el producto desde el puerto a la casa. No hay “lugar seguro” bajo criterios occidentales en la Amazonía baja.
  
MOVIMIENTOS DE POBLACION Y ORDENAMIENTO INDIGENA

En los últimos años se han ido produciendo movimientos de población muy interesantes en el vecino distrito de Urarinas, perteneciente también a esta Parroquia. El Poder Judicial estableció un Juez letrado en la comunidad de Concordia, además de los jueces de paz en diversas comunidades nativas, sin tener en cuenta las leyes indígenas. En lugar de apoyar la justicia indígena el Poder Judicial se impone y, con él, sus criterios. El programa Juntos distribuye los S/. 100.00 a cada madre en tres puntos de este distrito: Nueva Alianza, boca del río Urituyacu y lugar fundamental para comprender las dinámicas de este río, donde habitan el pueblo kukama, urarina y los pocos sobrevivientes del pueblo indígena omurano. El programa Juntos genera un asentamiento de población en este lugar. Maypuco es la sede de las instituciones estatales. En los últimos años ha crecido en población debido a que el distrito es grande y en su territorio se extrae petróleo, amén de la base de San José de Saramuro. Esta última población, reconocida como comunidad nativa, también está creciendo al olor de las compañías petroleras: luz 24 horas, agua potable, colegio de secundaria… Y el tercer punto es Concordia, cerca de la boca del río Chambira, espacio ocupado fundamentalmente por el pueblo indígena urarina y sede de un juez letrado, como se ha indicado anteriormente.

Si pretenden hacer “más grande y más desarrollada” Santa Rita de Castilla, lo primero que percibimos es que el Estado no tiene un plan para el bajo Marañón, sino lo que se le va ocurriendo en cada momento al funcionario de turno. En segundo lugar, nos encontramos con dificultades serias: el desbarrancamiento del río. En los últimos 50 años llevamos 5 nuevos emplazamientos de Santa Rita de Castilla por el desbarrancamiento. Los grandes ríos amazónicos no tienen un curso fijo, estamos a 110 m.s.m. y el río va buscando meandros que le permitan cierta velocidad para desaguar en el Atlántico, razón por la cual el curso del río se mueve continuamente. Modificar el curso del río genera impactos dignos de tener en cuenta. Si la dieta alimentaria cambia, como es previsible por falta de chacras y pescado, el aumento de basuras inorgánicas será un problema añadido.

Proyecto del Gobierno Regional “Techo Propio”. Muy poco espacio, hacinados, y sin apenas huerta, Santa Rita de Castilla 2012.
Foto: © Parroquia Santa Rita de Castilla

Los criterios blancos pretenden sujetar la población a un lugar, sin entender las dinámicas fluviales. En cambio, los pueblos indígenas siempre se han adaptado al río. No es cierto que haya que ordenar el territorio, ya está ordenado, pero con criterios indígenas, que son mucho más sostenibles que los criterios blancos. Aunque en Santa Rita de Castilla no se habla de “ordenamiento territorial” los funcionarios del Ministerio de Vivienda que están detrás del proyecto así lo piensan. Desconocer las dinámicas fluviales conllevará un “des-ordenamiento territorial” que acarreará problemas de difícil solución. Si Perú utiliza su bonanza económica para generar más caos en la Amazonía estamos sentando las bases de un país más inequitativo todavía. Las poblaciones indígenas saben lo que quieren, es imprescindible escucharles, y no engañarles con cantos de sirena.

El mayor problema de la selva baja no es residencial precisamente, ni mucho menos. Se está produciendo una fuerte migración a Lima y costa peruana siguiendo la ruta de la bonanza económica. Construir viviendas no la frenará. Toda familia construye su casa sin mayores dificultades. ¿Para qué construirlas entonces? Tal vez pudieran existir intereses espurios que, utilizando a las poblaciones del Marañón, estén pensando en sobrevaloraciones que permitan “ensuciar las uñas” de quienes son inescrupulosos.

Un presidente comunal atestiguaba que la Municipalidad Distrital de Parinari, con sede en Santa Rita de Castilla, ha construido botiquines comunales de madera de 4 m. x 5. m., por un valor de más de S/. 30.000. Ahora con “material noble” (léase cemento y ladrillo, que no tienen nada de noble) valdrán las casas S/. 21.000. La respuesta del funcionario: “la Municipalidad ha tenido que acarrear el material hasta la comunidad”. Como si en este otro proyecto el material llegara a las comunidades caído del cielo. Ya sabemos que en un proyecto de 200 casas se abaratan los costes, pero ahí queda la reflexión de un presidente comunal.

Una penúltima incongruencia para concluir: el Gobierno Regional de Loreto está construyendo un colegio nuevo en Santa Rita de Castilla, con una población estudiantil de unos 400 alumnos aproximadamente, entre primaria y secundaria, de 6 aulas. No tendrán ni para primaria. Si pretenden aumentar la población en 200 casas más, ¿dónde estudiarán los alumnos? Un pequeño dato que alguien nos tendrá que explicar. ¿Qué clase de funcionarios proyectan el “desarrollo” en el bajo Marañón? La improvisación, la incompetencia, la verticalidad (no escuchan a nadie) son los ingredientes de este desastroso proyecto, fruto de la borrachera económica peruana.

  
P. Miguel Ángel Cadenas                                        
Parroquia Santa Rita de Castilla                              
Río Marañón                                                            

P. Manolo Berjón
Parroquia Santa Rita de Castilla
Río Marañón



viernes, 26 de octubre de 2012

Poema de la fe

Rubén Darío     
   
En medio del abismo de la duda
lleno de oscuridad, de sombra vana
hay una estrella que reflejos mana
sublime, sí, mas silenciosa, muda.

Ella, con su fulgor divino, escuda,
alienta y guía a la conciencia humana,
cuando el genio del mal con furia insana
golpéala feroz, con mano ruda.

¿Esa estrella brotó del germen puro
de la humana creación? ¿Bajó del cielo
a iluminar el porvenir oscuro?

¿A servir al que llora de consuelo?
No sé, mas eso que a nuestra alma inflama
ya sabéis, ya sabéis, la Fe se llama.


miércoles, 24 de octubre de 2012

Religión y ética en Miguel de Cervantes (I)


Francisco Javier Bernad Morales

Todos hemos escuchado en alguna ocasión a quien contrariado por la intromisión de la Iglesia o, por extensión, de otra autoridad en sus asuntos, exclama, creyendo citar a Cervantes: “Con la Iglesia hemos topado.” La referencia, por más que repetida es inexacta, pues no solo saca una frase de contexto, sino que además altera una de las palabras que la conforman. Lo narrado en el capítulo IX de la II parte del Quijote no se presta a una interpretación anticlerical a menos que violentemos su sentido. Al entrar, ya avanzada la noche, en El Toboso, el hidalgo percibe un gran edificio que destaca entre las sombras y a él se encamina  tomándolo por el alcázar de Dulcinea; mas al aproximarse descubre que se ha equivocado. Es entonces cuando dice: “Con la iglesia hemos dado, Sancho.”
Hay en la obra de Cervantes suficientes elementos como para que podamos hacernos una idea, más allá de estereotipos,  de una sensibilidad religiosa que gran parte de los estudiosos, entre ellos Américo Castro, Marcel Bataillon y José Luis Abellán, no han dudado en calificar de erasmista. Son múltiples los ejemplos que pueden aducirse en este sentido, pero quizá el más significativo, por más que Américo Castro no lo vea de esta manera, es el encuentro con don Diego de Miranda, el Caballero del Verde Gabán (II, XVI). Se nos muestra este como un personaje discreto y acomodado; dado a la caridad, pero contrario a hacer ostentación de ella; íntimamente devoto, sin aparatosos excesos; aficionado a la lectura, frecuenta más los libros profanos que los piadosos, aunque no desdeñe estos; en fin, contrario a toda maledicencia y amigo de compartir la mesa con sus vecinos y de poner paz entre los enemistados. Sancho, emocionado, no puede por menos que besarle los pies y cuando este inquiere la razón de tan extraña conducta, responde: “porque me parece vuesa merced el primer santo a la jineta que he visto en todos los días de mi vida”. Como ya señaló  Bataillon[1], don Diego de Miranda encarna el ideal moral y religioso del autor, que no es otro que la aurea mediocritas erasmista. Un modelo que tendrá larga vigencia en las letras españolas, pues José Cadalso[2] lo revivirá en el siglo XVIII  y aún a finales del XIX, inspirará a Benito Pérez Galdós la figura de Demetria de Castro en la tercera serie de los Episodios Nacionales.
Sin duda, Cervantes se mantiene dentro de la ortodoxia, pero su religiosidad reviste una interioridad y un sentido ético que nos hacen recordar las palabras de Erasmo: “Cristiano no es el que recibe el sacramento del bautismo y el de la confirmación, el que oye misa, sino el que abraza a Cristo con sus afectos más íntimos y reproduce su imagen mediante obras de piedad[3].”
Según José Luis Abellán[4] elementos sustanciales de El Quijote se inspiran en el Elogio de la locura. No falta en la obra cervantina el retrato satírico de los frailes que se procuran un buen pasar o la pintura particularmente antipática del capellán de los duques, un hombre con una ridícula estrechez de miras. No cabe, empero, concluir de aquí que Cervantes mantenga posiciones anticlericales. En contra puede aducirse la figura del cura de la aldea, amigo del protagonista y persona de buen juicio. No hay crítica de los eclesiásticos en cuanto tales, sino de determinados comportamientos que se apartan de lo que el autor entiende como piedad evangélica y, en contraste, reivindicación de la figura de laicos ejemplares, tales como don Diego de Miranda y, pese a su locura, el mismo don Quijote. En suma, un eco de la famosa sentencia de Erasmo: Monachatus non est pietas.




[1] BATAILLON, Marcel, Erasmo y España, Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1983, p. 792. La primera edición en francés es de 1937.
[2] CADALSO, José, Cartas marruecas, carta LXIX, Madrid. Editora Nacional, 1980.
[3] ERASMO DE ROTTERDAM, Educación del príncipe cristiano, Barcelona, Orbis, 1985, p. 35.
[4] ABELLÁN, José Luis, El erasmismo español, Madrid, Espasa Calpe, 1982, p. 270

martes, 23 de octubre de 2012

Oración


Juan XXIII

Oh Jesús, único “pan verdadero” y alimento sustancial de las almas, congrega a todos los pueblos en torno a tu mesa que es divina realidad en la tierra, prenda de favores celestes, seguridad de justo entendimiento entre las gentes, y de pacíficas competiciones por el verdadero progreso de la civilización.
Nutridos por Ti y de Ti, oh Jesús, los hombres serán fuertes en la fe, dichosos en la esperanza, activos en las múltiples aplicaciones de la caridad.
Las voluntades sabrán superar las insidias del mal, las tentaciones del egoísmo, el cansancio de la pereza.
Hermano nuestro, primogénito, has precedido, Cristo Jesús, los pasos de cada hombre, has perdonado las culpas de cada uno, a todos y a cada uno levantas a más nombre, más convencido, más activo testimonio de vida cristiana.
Sí, Jesús, aliméntanos, protégenos, haznos ver los bienes en la tierra de los vivos. Amén. Aleluya.

lunes, 22 de octubre de 2012

¿Qué es la fe?

Carmen Sáez Gutiérrez

IZQUIERDO URBINA, CÉSAR. Creo, creemos ¿qué es la fe? Ediciones Rialp, Madrid 2008, 20 x 13,8, 262 pp.

César Izquierdo, profesor ordinario de Teología en la Universidad de Navarra y director del Departamento de Teología Dogmática, nos presenta un ensayo sobre la fe considerada en sí misma como acto, en tres dimensiones: Dios, en quien se cree, el hombre que al creer proyecta tanto su racionalidad como su libertad, y la Iglesia, en la que se desarrolla la vivencia de fe. Tras un primer estudio de la naturaleza de la fe, acompañado de textos que fundamentan la teología del acto de fe, se aborda este desde las tres perspectivas: la teologal, la antropológica y la eclesial, entre las que existe una relación de circularidad. Finalmente, expone una reflexión sobre el encuentro con la fe, considerándola tanto gracia de Dios como libre elección del ser humano, si bien las actitudes humanas que conducen a la fe son necesarias, pero insuficientes. El planteamiento del libro nos lleva a concluir que lo trascendental en el estudio de la fe cristiana es la toma de conciencia de la presencia de Dios en el hombre, confirmada en la liturgia de la Iglesia; de modo que se traduce en una propuesta que interpela al hombre sobre el sentido último de la existencia. Solamente la relación con Dios alimenta y renueva el don que el hombre acepta. Es un libro profundo que ahonda en la esencia de la fe cristiana, reconociéndola como gracia divina, que, al tiempo, es aceptada y compartida por los hombres. La lectura requiere concentración, a pesar de que la claridad de las exposiciones es certera.

domingo, 21 de octubre de 2012

Lectura de la Escritura

Con motivo del quincuagésimo aniversario de la apertura del concilio Vaticano II, recordaremos en sucesivas entradas algunos de sus documentos.

El santo Sínodo recomienda insistentemente a todos los fieles, especialmente a los religiosos, la lectura asidua de la Escritura para que adquieran la ciencia suprema de Jesucristo (Phil 3,8), “pues desconocer la Escritura es desconocer a Cristo” (San Jerónimo). Acudan de buena gana al texto mismo: en la liturgia, tan llena del lenguaje de Dios; en la lectura espiritual, o bien en otras instituciones o con otros medios que para dicho fin se organizan hoy por todas partes con aprobación o por iniciativa de los Pastores de la Iglesia.  Recuerden que a la lectura de la Sagrada Escritura debe acompañar la oración para que se realice el diálogo de Dios con el hombre, pues “a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras” (San Ambrosio. De officiis ministrorum).

Constitución Dei Verbum. Concilio Vaticano II.

viernes, 19 de octubre de 2012

Domund. Oración

Señor,

Confiamos en tu palabra,
abrimos nuestro corazón a tu mensaje misionero
y te suplicamos con la fuerza de la fe recibida.

Que nuestra diócesis y nuestra comunidad cristiana
sean misioneras y rechacen la tentación
de encerrarse en sí mismas.

Que las Iglesias nacientes en la misión
cooperen con otras más necesitadas
y den desde su pobreza.

Que los jóvenes, enfermos y personas consagradas
partícipen en el compromiso misionero.

Que los llamados a la vocación misionera
respondan a ella con generosidad.

Que los bautizados participemos
en la actividad misionera de la Iglesia
como responsables de tu envío,

Te lo pedimos con María, reina de las Misiones.

                                                                              Amén

jueves, 18 de octubre de 2012

La perla


Francisco Javier Bernad Morales

John Steinbeck, cuya obra más conocida es Las uvas de la ira, publicó este breve y amargo relato en 1947. Es una historia sencilla. En las afueras de una pequeña ciudad mexicana sobreviven en míseras chozas unos indígenas, cuyo único modo de vida consiste en la pesca de perlas. Una mañana, Coyotito, un bebé hijo de Kino y de Juana, sufre la picadura de un alacrán. Los padres, desesperados corren con él hacia el centro. Tras ellos marcha toda la comunidad. Pero el médico se niega a atender a unos indios que obviamente no podrán pagarle y ordena a la criada que los despida. Aunque el niño parece tranquilo, la hinchazón se extiende y aparece la fiebre. Asustados, Kino y Juana suben con él a la vieja canoa heredada del abuelo y se adentran en el mar. Saben que solo tienen una oportunidad para salvar a su hijo. Hallar antes de que sea tarde una perla que el doctor considere lo suficientemente valiosa. En la primera zambullida, Kino encuentra una que sobrepasa toda  expectativa, la más grande y perfecta que jamás nadie haya visto. Pronto corre la noticia del hallazgo. Kino, se dice, venderá la perla y con lo que obtenga podrá no solo curar a su hijo, sino cumplir todos sus sueños, incluso aquellos que jamás se hubiera atrevido a imaginar. El médico no tarda en aparecer. Se disculpa del trato inferido anteriormente, escudándose en que por la mañana estaba ausente, pero señala que en cuanto se ha enterado por la criada de lo ocurrido le ha faltado tiempo para acudir a la choza.
Pero, como Juana sospecha de inmediato, lo que parecía un inesperado golpe de fortuna, se convierte en una maldición. Los comerciantes se confabulan para ofrecer a Kino un precio que este sabe muy por debajo del valor de la perla. Su intento de obtener lo que en justicia se le debe pagar, desencadena una trágica serie de acontecimientos en que se siguen la destrucción de la canoa, el incendio de la choza, un intento de robo en que, al defenderse, mata a uno de los atacantes y una angustiosa huida que termina con la muerte del niño. Finalmente, Kino, desesperado, arroja al mar esa magnífica perla que no le ha traído más que desgracias.
Steinbeck describe con simpatía, incluso con ternura, la impotencia de los humildes ante los poderosos. La historia de Kino es la de una derrota, pero también, y sobre todo, un llamamiento a nuestra conciencia. En el pobre pescador indio se revela el rostro del prójimo, cuyo sufrimiento nos interpela y nos fuerza a tomar una posición. Podemos, como por desgracia ocurre con frecuencia, desviar la mirada y fingir que nada sabemos, engañarnos con la ilusión de que la ignorancia nos hace inocentes, pero los ojos de Kino seguirán, pese a todo, fijos en los nuestros y serán inútiles cuantas argucias inventemos para esquivarlos. Mientras conservemos un resto de conciencia, la angustia, el miedo y el remordimiento estarán ahí, acechando, prestos a saltar sobre nosotros apenas bajemos mínimamente la guardia. Quizá en esas horas de la noche en que, inquietos por el insomnio, la soledad agranda los temores o nos hace mirar hacia nuestro interior, hacia esas zonas profundas que rehuimos en la vigilia, atisbemos el rostro de Kino en lo que durante el día simula ser un perchero, un espejo, una cortina o cualquier otro objeto cotidiano e inofensivo.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Día de erradicación de la pobreza

Cada 17 de octubre se celebra el día de erradicación de la pobreza desde que fuera declarado en 1993 por las Naciones Unidas. Que sea un día de reflexión para analizar de qué manera podemos cada uno colaborar para que el fin de la pobreza sea una realidad. Hoy,con este motivo, presentamos un video elaborado hace dos años por la HOAC de Córdoba.

martes, 16 de octubre de 2012

Tomás Luis de Victoria: O vos omnes

Tomás Luis de Victoria (Ávila, 1548 - Madrid, 1611) fue uno de los grandes músicos españoles de la etapa final del Renacimiento. Marchó muy joven a Roma y, ordenado sacerdote, profundizó en los estudios musicales influido por Palestrina. Parece que viajó a España al menos en dos ocasiones, antes de regresar definitivamente. Desde 1606 ocupó el puesto de organista mayor en el monasterio de las Descalzas Reales de Madrid.



Intérpetes: The Tallis Scholars (Peter Phillips)

Oh, todos vosotros que pasáis por el camino
prestad atención y mirad
si hay un dolor semejante a mi dolor.
Prestad atención, pueblos del universo,
y mirad mi dolor,
si hay un dolor semejante a mi dolor.



lunes, 15 de octubre de 2012

Nada te turbe, nada te espante. Santa Teresa de Jesús (1515-1582)


Recordamos hoy a Santa Teresa de Jesús con uno de sus más bellos poemas interpretado en su adaptación musical por uno de los coros de la JMJ, celebrada en Madrid en agosto de 2011. Las palabras escritas siglos atrás cobran plena actualidad en la voz de los jóvenes. También transcribimos la poesía a fin de que el lector pueda reflexionar detenidamente sobre su contenido.



Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda.
La paciencia
todo lo alcanza;
quien a Dios tiene
nada le falta:
Sólo Dios basta.
Eleva el pensamiento,
al cielo sube,
por nada te acongojes,
nada te turbe.
A Jesucristo sigue
con pecho grande,
y, venga lo que venga,
nada te espante.
¿Ves la gloria del mundo
es gloria vana;
nada tiene de estable,
todo se pasa.
Aspira a lo celeste,
que siempre dura;
fiel y rico en promesas,
Dios no se muda.
Ámala cual merece
bondad inmensa;
pero no hay amor fino
sin la paciencia.
Confianza y fe viva
mantenga el alma,
que quien cree y espera
todo lo alcanza.
Del infierno acosado
aunque se viere,
burlará sus furores
quien a Dios tiene.
Vénganle desamparos,
cruces, desgracias;
siendo Dios su tesoro,
nada le falta.
Id, pues, bienes del mundo;
id, dichas vanas;
aunque todo lo pierda,
sólo Dios basta.

domingo, 14 de octubre de 2012

No tienes manos

Patxi Loidi

Jesús, no tienes manos.
Tienes sólo nuestras manos
Para construir un mundo donde reine la justicia.

Jesús, no tienes pies.
Tienes sólo nuestros pies
Para poner en marcha la libertad y el amor.

Jesús, no tienes labios.
Tienes sólo nuestros labios
Para anunciar al mundo la Buena Noticia de los pobres.

Jesús, no tienes medios.
Tienes sólo nuestra acción
Para lograr que todos seamos hermanos.

Jesús, nosotros somos tu Evangelio,
El único Evangelio que la gente puede leer,
Si nuestras vidas son obras y palabras eficaces.

Jesús, danos tu amor y tu fuerza
Para proseguir tu causa
Y darte a conocer a todos cuantos podamos.[1]





[1] LOIDI, PATXI Mar adentro. Plegarias para orar. Edit. Sal Terrae, Santander, 2003, p.205

viernes, 12 de octubre de 2012

Desordenado paseo por el tiempo


Francisco Javier Bernad Morales

Corría el año 1534 y Europa se agitaba en el torbellino de la revolución religiosa. Ya Lutero había desautorizado a los extremistas que, so pretexto de seguir sus pasos reformadores, se lanzaban contra las autoridades temporales, dispuestos a edificar el Reino de Dios sobre la tierra. Vientos de jacquerie soplaban sobre Alemania y avivaban rescoldos de viejas herejías. De nuevo se escuchaba la pregunta nunca contestada: cuando Adán araba y Eva hilaba, ¿dónde estaba el señor? Los príncipes católicos y protestantes olvidaban momentáneamente sus rencillas y se unían para ahogar en sangre la revuelta campesina.

Pero la historia no ha terminado. Münster, una pequeña ciudad de Westfalia, es presa de la exaltación. La muchedumbre sigue con fervor a los predicadores anabaptistas y termina por entregar el poder a uno de ellos, Jan Matthys. Los disidentes, católicos y protestantes, tanto da, son expulsados, y comienza la construcción del Reino de Dios. Se presiente la inmediata venida de Cristo, pero esta solo se producirá si los justos terminan con los malvados. Matthys decreta la propiedad común de todos los bienes y ordena que los libros, excepto la Biblia, sean quemados. Cuando muere en combate contra las tropas del obispo, le sucede su discípulo Jan Bockelson, antiguo sastre de Leiden, quien se proclama a sí mismo rey y profeta, y establece la poligamia. Sus seguidores luchan con ardor, convencidos de ser los únicos justos sobre la tierra y de que pronto dominarán el mundo, pero su valor y su entrega no logran romper el cerco de la ciudad. El Reino de Dios se sumerge más y más en la locura, hasta que finalmente sucumbe en una orgía de muerte y destrucción ante el asalto de católicos y protestantes.

Retrocedamos unos años. Lutero acaba de publicar sus tesis en Wittemberg, pero la tormenta aún no devasta Europa. Las querellas entre príncipes y la amenaza turca proyectan algunas sombras sobre un panorama que, visto con los cosmopolitas ojos de los humanistas, se antoja risueño. Colón ha mostrado a los europeos un mundo ignorado, un nuevo escenario donde cabe toda fantasía. Erasmo y Vives abanderan una pacífica cruzada contra el fanatismo y la superstición. Moro, inspirado en Platón, esboza la sociedad perfecta.

Su obra, titulada Utopía, es un libro breve, elegante y delicioso. Como un exquisito veneno seduce el gusto para mejor oscurecer el discernimiento; como una ponzoña espiritual apela a los buenos sentimientos para justificar la más despiadada tiranía. En la sociedad utópica, el bien de la colectividad se alcanza mediante el sacrificio de los individuos.

Utopía no es el Reino de Dios imaginado por Matthys  y Bockelson. Moro conscientemente la sitúa en un lugar impreciso, quizá fuera del espacio y del tiempo, en el mundo perfecto e inmutable de las ideas. El mismo autor se desdobla: de un lado Moro, es decir, el auténtico, con su verdadero nombre; de otro Rafael Hitlodeo, el viajero que ha vivido en Utopía. El artificio permite al autor mantener la distancia entre lo real y lo ideal. Moro podrá escuchar con interés y hasta apasionamiento la exposición de Hitlodeo y, acto seguido, manifestar sus reservas. Hitlodeo, por su parte, se resistirá a las exhortaciones de Moro para que utilice su sabiduría para mejorar el mundo. No hay puente posible entre lo ideal y lo real, entre Hitlodeo y Moro. Utopía nunca existirá sobre la tierra. Hitlodeo proseguirá sus viajes y describirá Utopía a todo aquel que se muestre dispuesto a escucharle. Moro continuará su labor como consejero del rey. No aspirará en tanto que político a construir esa sociedad perfecta que le ha sido revelada, pero tampoco será un acomodaticio oportunista. Llegado el momento dará una lección de suprema dignidad, al preferir la muerte antes que secundar una decisión que estima injusta. Münster cayó en junio de 1535. A principios de julio, el hacha del verdugo segó la cabeza de Santo Tomás Moro.

Utopía no es Münster. El ensueño de un humanista cultivado, amigo de Erasmo, de Vives y de Budé, elegante latinista, conocedor del griego y admirador de Platón, santo de la iglesia católica, ha de ser por fuerza distinto de la pesadilla mesiánica y milenarista de Matthys y Bockelson. No faltan, sin embargo, puntos de contacto. En Utopía todo es común, incluso las viviendas se asignan por sorteo y por un número limitado de años[1]. No hay poligamia, pero las leyes señalan con claridad el número de miembros de cada familia. El hecho natural de que unas mujeres sean más prolíficas que otras halla fácil remedio mediante la cesión del exceso de hijos[2].

En la sociedad perfecta, según cuenta Hitlodeo, nadie posee nada propio, todos portan ropas sencillas e idénticas, comen siempre juntos y cada cierto tiempo deben dedicarse durante un año a la agricultura[3]. Quizá al lector actual todo esto le suene curiosamente familiar, como si hace poco hubiera visto algo parecido. Se trata, sin embargo, de ideas que ya fueron expuestas por Platón hace unos dos mil cuatrocientos años.

En 1602 el dominico Tommaso Campanella concluye en prisión una nueva visión de Utopía, a la que pone por título La Ciudad del Sol. Poco añade su obra a la de Moro fuera de unas plúmbeas disquisiciones astrológicas y de una curiosa insistencia, una vez más inspirada en Platón, en una estricta regulación de las relaciones sexuales. En la ciudad perfecta de nuestro fraile no existe la familia, sino que unos magistrados, imbuidos, claro está, de una alta sabiduría, determinan qué mujer debe aparearse con qué hombre y en qué momento. Se consiguen así dos objetivos: de una parte, sólo procrearán quienes se hallen en óptimas condiciones para engendrar hijos sanos, robustos y de ingenio despejado; de otra, como ningún hombre sabrá quién es su padre o quién es su hijo, todos se tratarán con tierno amor filial. No se piense, empero, que Campanella es un rígido moralista. Comprende que en ocasiones los varones, aunque por edad u otras circunstancias no se encuentren en el momento adecuado para procrear, sienten determinadas necesidades, cuya falta de satisfacción podría afectar negativamente a su serenidad de espíritu. Para aliviarlas, previa autorización del correspondiente magistrado, copularán con mujeres grávidas o estériles[4].

La última parte del libro la dedica Campanella a rebatir previsibles objeciones. Invoca en su favor la autoridad de Platón y de Moro, así como la de diversos padres de la Iglesia. La Ciudad del Sol, al contrario que Utopía, se presenta como posible. De un lado se proyecta en el pasado como la sociedad anterior a la expulsión del Paraíso; de otro se ofrece como promesa de un futuro por todos deseado.

... diremos que de nuestra parte se encuentra el ejemplo de Tomás Moro, recientemente martirizado, quien escribió su imaginaria República, denominada ‘Utopía’, la cual nos ha servido de ejemplo para las instituciones de la nuestra. Asimismo Platón presentó una idea de República que, aunque no puede íntegramente ponerse en práctica a causa de la corrupción de la naturaleza humana (como dicen los teólogos) muy bien habría podido subsistir en el estado de inocencia[5].

El mito clásico de la Edad de Oro se empareja en la mente del dominico con la narración bíblica del pecado original y de la consiguiente expulsión del Paraíso. Mas la Redención ha hecho posible la existencia de la República ideal:

... su posibilidad se demuestra con la vida de los primeros cristianos, entre los cuales la comunidad de bienes se estableció en tiempos de los Apóstoles[6].

Si no supiéramos que el autor permaneció veintisiete años en la cárcel y que sólo se libró de la pena de muerte gracias al oportuno fingimiento de un ataque de locura, algunos de sus razonamientos nos sorprenderían por lo atrevido:

Afirmo que semejante República es deseada por todos como el siglo de oro. Todos se la piden a Dios al suplicarle que se cumpla su voluntad en la tierra como en el cielo. Si, a pesar de esto, no se practica, debe atribuirse a la malicia de los gobernantes quienes, en vez de someter a sus pueblos al imperio de la razón suprema, los tienen sujetos a ellos mismos. Además el uso y la experiencia demuestran que es posible cuanto hemos dicho, del mismo modo que (según San Juan Crisóstomo) es más natural vivir conforme a la razón que con arreglo al afecto sensual; y virtuosamente, más que viciosamente. Una prueba de esto son los monjes, sobre todo los anabaptistas, que viven en comunidad y, si profesaran los verdaderos dogmas de la fe, aprovecharían más en este género de vida. ¡Pluguiera al Cielo que no fuesen herejes y practicasen la justicia, como nosotros lo hacemos! Serían un ejemplo de su verdad. Mas no sé por qué necedad rechazan lo mejor[7].

Casi con seguridad se puede afirmar que Campanella no se refiere al anabaptismo violento de Matthys y Bockelson, sino a la corriente pacífica inspirada por Menno Simmons y David Joris. En cualquier caso, queda la imagen de un futuro consistente en la recuperación del estado de inocencia, es decir, en la construcción de un paraíso en que la conciencia individual quedaría anulada, anegada por la omnipotencia de lo colectivo; un mundo en el que no sólo no existirían las palabras “tuyo” y “mío”, sino en el que incluso “tú” y “yo” habríamos desaparecido sustituidos por “nosotros”. Da por sentado Campanella que tal futuro es deseado por todos y que además responde a la voluntad de Dios. Solo la maldad de los gobernantes impide la felicidad del género humano. Parece que solo un corto paso le separa de la afirmación de que existe una voluntad colectiva que trasciende y anula las voluntades individuales.




[1]  MORO, Tomás. Utopía.  Madrid. Alianza Editorial. 1984. p. 118
[2]  Ibidem. p. 128.
[3]  Ibidem. p. 114
[4]  CAMPANELLA, Tommaso. La Ciudad del Sol. En Utopías del Renacimiento. México. F.C.E. 1975.
    p. 160-161
[5]  Ibidem. p. 205
[6]  Ibidem. p. 208
[7]  Ibidem. p. 210