20 noviembre 2013

San José de Samiria. "Daños colaterales" de la Reserva Nacional Pacaya Samiria. (RNPS) II

Miguel Ángel Cadenas
Manolo Berjón

San José de Samiria está ubicada en el distrito de Parinari, provincia de Loreto, en la Reserva Nacional Pacaya Samiria (RNPS), en el tramo final del río Samiria. Actualmente tiene 447 habitantes, una de las comunidades más pobladas del distrito de Parinari. Está conformada por familias que han bajado del departamento de San Martín y algunas familias kukama, que se han ido mezclando con el paso de los años. Se fundó el 19 de marzo de 1924 con la familia Apagüeño, provenientes de Chazuta, mas algunas familias que había en la zona. Desde comienzos de los años 90 se integró en AIDECOS (Asociación Indígena de Desarrollo y Conservación del Samiria). Todos conversan en castellano, pero la lengua indígena más hablada es el quechua sanmartinense. San José de Samiria ha sido una comunidad que ha tenido directivos en AIDECOS y ORPIO (Organización Regional Pueblos Indígenas del Oriente, base regional de AIDESEP), lo cual no impide que siempre haya tensiones por no querer “ser indios” y “no ser kukama”. Estos debates se han producido sobre todo en torno a la escuela y la educación intercultural bilingüe.

En San José de Samiria se encuentra el sitio arqueológico El Zapotal, cercano a la laguna de Yarinacocha relacionado con los Omagua del s. XVI. En él se han encontrado áreas diferenciadas para vivienda y cementerio. Se han hallado piruros para el hilado, vasijas con restos humanos a modo de sepulturas y material lítico. El uso de urnas funerarias, en este sitio, es posterior a los enterramientos sin vasijas. Los cantos rodados hablan de los circuitos comerciales con otras áreas que intercambiaban, tal vez, por cerámica y textiles.

La comunidad está segmentada, como mandan los cánones. Hay tres iglesias: “Dios es amor”, “Jesús es mi refugio” y la iglesia católica. Las dos primeras son pentecostales, pero en ocasiones pelean como “verdaderos enemigos”. Es fácil comprender que las alianzas no son eternas y la estabilidad no es un valor codiciado ni apreciado.

Las autoridades dependen de las “sangres”: apellidos. Aupar una autoridad depende del consenso. Son muchas las variables. Los chismes y decires van configurando la comunidad. En el día a día se va viendo el desgaste de las autoridades o su consolidación, dependiendo de los acontecimientos y los chismes. Las alianzas con instituciones y personas ajenas a la comunidad, especialmente en el distrito, provincia o en la ciudad son fundamentales para reforzar o debilitar una posición.


La circulación de dinero en las comunidades se va intensificando año tras año. Sólo hay que observar las cajas de gaseosa y cerveza que se bajan de los botes y lanchas para las comunidades, o contar las botellas de plástico que pueden navegar, cual náufragos, por el río cualquier día. Los jóvenes se están marchando a Lima en busca de un sueldo puesto que en la zona no existen remuneraciones. La extracción de recursos naturales: madera, aguaje… generan algunos ingresos. La agricultura, ya sabemos, no da nada más que para comer. Y con la pesca se va viviendo, pero nada más. El cuidado del medio ambiente no es una preocupación. “Diosito lo ha puesto ahí y nadie debe mezquinarlo”. Pero los recursos se van acabando.

© Parroquia Santa Rita de Castilla 2013, algunos integrantes del Comité

En noviembre de 2009 surge un “Comité de manejo de recursos naturales” en la comunidad conformado por setenta y siete personas para cuidar cuatro cochas: Cuycuyute, Carococha, Yarina y Salva. Desde el 2010 se produce un proceso de erosión, normal en estos casos, que va provocando la retirada de algunas personas. El abandono se debe, entre otras razones, al tiempo que se demora en cuidar para que se puedan servir. Este diferir las apetencias provoca que la gente se retire, puesto que el tiempo dedicado a cuidar es tiempo que no puedo utilizar para solventar las muchas necesidades primarias que hay que atender. Diferir la gratificación es un problema de difícil solución. Para setiembre de 2013 sólo quedan diecisiete personas en el Comité, cuidando únicamente dos cochas: Cuycuyute y Carococha. Las otras dos cochas han ido entregando a la comunidad para que se puedan servir en diversos momentos de este proceso. En realidad las han depredado.

Las autoridades van cambiando en la comunidad. El 2010-2012 estaban ocupando cargos en la comunidad personas vinculadas con el Comité. Pese a las dificultades existentes, tenían fuerza suficiente. A comienzos de 2013 en una asamblea comunal se produce un cambio de autoridades. Quienes van a ocupar ahora los cargos son personas ajenas al Comité que ve con malos ojos que “mezquinen” los recursos existentes, fruto ya de 4 años de cuidado. Mezquinar es el peor pecado que se puede cometer en poblaciones indígenas. El disfrute de los bienes por parte de todos los comuneros forma parte de la redistribución y hace honor a la igualdad radical. Equidad que se está quebrando poco a poco, pero que tiene en la brujería y la envidia dos poderosas herramientas redistributivas.

Las nuevas autoridades quieren anular el Comité. Las peleas son muy duras. La RNPS ha retirado su apoyo al Comité y la radiofonía que les había prestado para que estuvieran comunicados. Por el medio ha habido extracción de madera ilegal y la expulsión de guardaparques de las cochas que estaba manejando el Comité por los partidarios del presidente comunal, con palabras altisonantes y otras medidas de fuerza que dejamos a su imaginación. Digamos que la RNPS se retira y queda en manos de la comunidad. Por un lado el grupo de manejo, por el otro las autoridades de la comunidad: “que peleen entre ellos”.

Adobando el guiso se aproxima la festividad de Santa Rosa de Lima, patrona de la Policía Nacional del Perú (PNP). Y claro, hay que celebrarlo. Así que la PNP solicita a las autoridades de San José del Samiria un paiche, como colaboración. Las autoridades aceptan. ¿Saben dónde han ido a pescar? Claro, a Cuycuyute, la cocha que está manejando el Comité, sin haberles solicitado permiso. Sobre la PNP, ¡qué les vamos a decir que no se intuya!

En el fondo lo que hay es madera: lupuna, capinurí, cumala, copahiba, canela moena. Es sintomático, uno esperaría (¡ay, ingenuos!) maderas de primera línea: caoba, cedro. Pero solo quedan maderas de menor calidad, ¿hasta cuándo?

© Parroquia Santa Rita de Castilla 2013

Recogemos algunas frases de la conversación mantenida. Lo haremos en dos partes. En una primera nos fijaremos en la situación que se ha creado al interior de la comunidad y en la segunda, lo que piensan los integrantes del Comité que estuvieron en la reunión sobre la RNPS y el SERNANP. Nos parece conveniente tomar en serio el sentir de la gente puesto que es la posibilidad de entender los conflictos. Damos por supuesto que el conflicto es una de las formas de organizarse en sociedad, no necesariamente es negativo, aunque puede señalar límites de sufrimiento que podrían rebasar el umbral permitido y desencadenar una oleada de violencia.

La peor acusación que se puede hacer en pueblos indígenas, la que más duele: “nos dicen que somos ambiciosos y les mezquinamos que pesquen, saquen aguaje y chonta”. Unimos a esto que los recursos son para servicio de todos “porque Diosito los puso ahí para servirnos todos”. “Tienen cochas para cuidar, pero no quieren”. Tradicionalmente no existe noción de cuidar la naturaleza. Si se ha organizado un Comité ha sido por la falta de recursos. En el sustrato permanece la idea que con el agotamiento de los recursos se “voltea el mundo” y comienza de nuevo otro mundo. Sustentando esta idea subyace que el agotamiento es provocado por mal comportamiento humano. La frase: “esto se solucionaría si la comunidad se organiza, pero el Presidente Comunal no quiere”, da por supuesto que hay que organizarse para cuidar y eso no lo admite toda la población, ni de lejos. “Todo el problema es por madera”, resumen en una frase lapidaria como un latigazo. Notemos que lo que los madereros (ilegales, por cierto) pagan en las comunidades por la madera es irrisorio. Y detrás está todo un sistema que necesita dinero a costa de recursos naturales.

“Los que han salido del Comité son los que más nos están haciendo la contra”. Personas que han trabajado al principio y no se han beneficiado porque han salido antes de que se produjeran los recursos están resentidos por la posibilidad que han abandonado y prefieren eliminar cuanto antes al Comité. Una comunidad dividida, con peleas al interior de la misma en torno a los recursos naturales, no es el ideal que debemos pretender.

“El presidente comunal dice que el Comité no le deja trabajar”. Hay diferentes pareceres en la comunidad y no se llegan a poner de acuerdo. Los consensos son difíciles, pero hasta que no se alcanzan por unanimidad no son respetados. Por mientras las alianzas son muy débiles y pueden cambiar en cualquier momento.

Y lo más grave de todo, aquello que tensa la cuerda hasta límites insospechados: “ya no nos llaman en el padrón de moradores, ya no nos llaman en lista para los trabajos comunales”. “El presidente comunal dice que no nos van a firmar documentos para el Programa Juntos porque no le dejamos trabajar”. Una comunidad grande como San José de Samiria “puede estar” al borde de la ruptura; “puede estar” no significa que lo esté o que llegue a cumplirse; “puede estar”. Las comunidades grandes presionan mucho sobre los recursos naturales. En este sentido las comunidades pequeñas defienden mejor el territorio y los niveles de tensión son más manejables (entre otras razones por el tema de “las sangres”: los jefes de familia “pueden” poner más orden; “pueden” no significa que lo hagan). La división de la comunidad, si se llegara a producir, perjudicaría el número de alumnos del colegio, con lo cual perderían profesores y empeoraría, si todavía cabe, aún más el sistema “instructivo”. Dejamos para una segunda parte lo que dicho Comité piensa de la RNPS y el SERNANP.

Las autoridades distritales (alcalde, gobernador, juez de paz, policía) han sido llamadas hace tiempo para ver esta situación. No han podido resolver. La fiscalía de Nauta también ha venido, tampoco hay solución. Nuestra visita se enmarca en la programación a la comunidad cristiana de San José de Samiria. Al finalizar nuestras reuniones nos llevaron a la cocha donde nos estaban esperando el resto de participantes del Comité que no asistieron a la comunidad cristiana. Nosotros no podemos dar solución, pero señalamos que el problema es mucho más grande de lo que parecen ver (más bien oscurecer) las autoridades.

La reunión tuvo lugar en Cuycuyute, estaban presentes diez adultos y un niño de unos diez años. Tres de ellos son católicos y los siete restantes de la iglesia “Jesús es mi refugio”. La reunión con la Parroquia tuvo su origen en una petición de los miembros del Comité pentecostales, que querían “escuchar a los párrocos”. “Ellos nos pueden ayudar con lo que saben, pero en religión no saben nada”. La iglesia “Dios es amor” defiende al presidente comunal. Los católicos están divididos: algunos defienden al Comité y otros al presidente comunal. Las alianzas, repetimos, son lábiles y se renegocian constantemente.

En el Puesto de Vigilancia 1 (PV1) del río Samiria el 5 de octubre de 1998 asesinaron a dos biólogos y un guardaparques. Un crimen execrable que no se debe repetir en ninguna circunstancia. La violencia, en cambio, no está conjurada. Sólo que ahora son los miembros de las mismas comunidades, como queda demostrado en el caso de San José del Samiria, quienes combaten entre sí.

© Parroquia Santa Rita de Castilla,
Niña de San José de Samiria 2004

P. Miguel Ángel Cadenas     
P. Manolo Berjón                              
Parroquia Santa Rita de Castilla                              
Río Marañón   

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