viernes, 27 de diciembre de 2013

El husitismo después de Hus (I)

Francisco Javier Bernad Morales

Si en algún momento los padres conciliares habían supuesto que con las muertes de Jan Hus y de Jerónimo de Praga se resolvía el problema de la herejía en Bohemia, pronto el curso de los acontecimientos mostró la magnitud de su error. Ya en julio de 1415 un numeroso grupo de nobles mostró públicamente su rechazo a la condena, e incluso se negó a reconocer la autoridad de un papa que, afirmaban, obraba contra la voluntad de Dios. Fue el inicio de un proceso en el que a los asuntos doctrinales se superpusieron rápidamente las aspiraciones de justicia de campesinos y artesanos, y que llegó a desembocar en un movimiento que pretendía no solo la reforma de la Iglesia, sino el establecimiento de un nuevo orden social.

Aunque el husitismo fue fundamentalmente checo[1] y a menudo parece presentar caracteres protonacionalistas, no faltaron en sus filas algunos alemanes. Destacó entre ellos Nicolás de Desde, quien hizo especial hincapié en la necesidad de que la Iglesia retornara a la pobreza evangélica y, en una forma que recuerda al donatismo, sostuvo la invalidez de los sacramentos administrados por sacerdotes pecadores. En los años siguientes, multitud de predicadores difundieron por Bohemia y Moravia las ideas de Hus y de sus seguidores, en un ambiente de creciente exaltación. Si bien muchos de ellos sostenían que solo con el ejemplo de su  humildad y su profunda piedad alcanzarían el triunfo, otros optaron por la violencia y comenzaron a menudear los ataques contra conventos y propiedades eclesiásticas. El aumento de la tensión se vio reforzado por la difusión de ideas milenaristas, posiblemente restos de herejías anteriores. Ante un fin del mundo presentido como inminente y del que solo se salvarían quienes se encontraran en una de las cinco montañas sagradas de Bohemia, rebautizadas con nombres bíblicos, se multiplicaron las peregrinaciones y a partir de ellas se constituyeron comunidades, de las cuales la más famosa fue la del monte Tabor[2]. Sus miembros decidieron que debían participar activamente, terminando con los pecadores, en el hundimiento del viejo orden para acelerar la segunda venida de Cristo. Dado que esta se hizo esperar, los taboritas, nombre con que se conoció a partir de entonces al sector radical del movimiento husita, se vieron obligados a organizarse para asegurar su supervivencia. En Tabor se constituyó una caja común a la que cada uno aportaba sus recursos que luego eran repartidos entre todo el grupo.

El 30 de julio de 1419 se congregó una multitud armada en la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves de la ciudad nueva de Praga, para escuchar un sermón de Juan de Zeliv. Al concluir este, se dirigieron en procesión al ayuntamiento y tras tomarlo al asalto, dieron muerte a siete consejeros municipales arrojándolos por las ventanas. Poco después, el 16 de agosto, fallecía sin descendencia el rey Wenceslao, que había permanecido extrañamente inactivo ante la oleada de agitación. La corona de Bohemia pasaba a su hermano Segismundo de Hungría, señalado por todos como responsable de la muerte de Hus.





[1] Aquí y en lo sucesivo utilizo el término ‘checo’ para referirme conjuntamente a bohemos y moravos.
[2] Tabor es un monte de Galilea en el que Débora hizo concentrarse al ejército de Israel para combatir contra Sísara (Jueces, 4). Tradicionalmente se ha supuesto, aunque los Evangelios no citan su nombre, que en él tuvo lugar la Transfiguración de Jesús.

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