"Pero lo que yo sí diría es: ¿dónde buscamos esperanza? Los cristianos buscamos esperanza en la cruz de Jesús.
Es decir, en el nacimiento de Jesús en un pesebre pobre y humilde. Los lugares más frágiles, más débiles, donde la humanidad está comprometida, son precisamente los lugares de donde brota la esperanza. Lo decía el profeta Isaías: en los momentos más difíciles brotará una rama del tronco.
Es decir, no debemos perder nunca la esperanza. La situación evidentemente es difícil. Para los cristianos, yo tengo la plena convicción de que Dios nos está acompañando.
Pero esto significa utilizar toda nuestra inteligencia, no un poco, no a tiempo parcial, toda nuestra inteligencia al servicio del bien común. Una de las cosas que ha pasado en el mundo es que nos hemos ido olvidando del bien común, y entonces los más fuertes lo que hacen es aumentar sus propios beneficios. Pero esto es trágico, porque piensan que aumentando sus beneficios van a vivir mejor, y no es cierto.
La felicidad, en gran parte, también depende de que los demás tengan acceso a condiciones mínimas. Es decir, la felicidad no es un asunto individual; depende también del colectivo, del grupo donde estamos. Yo llamo a la reflexión y llamo, otra vez, a buscar el bien común por encima de los intereses personales. Y esto significa que los colectivos que están en los márgenes deben ser atendidos adecuadamente.
Esta es parte de la esperanza y, sin duda, Dios nos acompaña en este camino".